Perfect Love 2: The devil Inside (By MizukyChan)

Capítulo 22

La puerta se abrió de golpe y Georg entró corriendo—. ¡¿Qué demonios?!

¡Tom se va a suicidar! —Gritó Gustav y agregó un—. ¡Detenlo!

Pero fue la india quien hizo algo inesperado—. ¡BASTA! —Gritó tan fuerte como pudo—. Basta por favor, desátame, te daré el antídoto, lo tengo conmigo, pero por favor… no hagas una locura.

Nuevamente, todos los ojos se voltearon a ella, quien tenía lágrimas descendiendo por sus mejillas. El castaño fue quien tomó la iniciativa y se acercó para desatar las ligaduras que la sostenían. Al verse libre, la chica metió la mano dentro de sus ropas, entre sus senos y sacó un pañuelo doblado en cuatro, lo abrió y lo entregó al médico de gafas, mostrando un polvo blanco.

—Mezcla esto con agua y haz que lo beba ahora mismo. —Mandó y luego se frotó las muñecas, rojas por sus amarres.

—¿Puedo confiar en ti? —preguntó el trenzado y ella bajó la mirada, incapaz de verlo de frente. Asintió, apenada y caminó hasta la policía mujer.

—No merezco la libertad, soy un peligro.

—Lo sé.

—¿Dónde está el niño? —cuestionó Listing, pensando en el pequeño metamorfo, llamando la atención de Amanda.

—Adam salió al patio.

El sheriff corrió hasta la puerta, buscando con la mirada al pequeño, pero no se veía, pese a que comenzaba a amanecer. Entonces agudizó el oído, temiendo lo peor. Un aullido se oyó a la distancia y emprendió la carrera hasta la fuente del sonido.

—¡¿Qué demo…?!

—¡Tío Geo! —Gritó el de cabellos claros, jugando en el suelo con el pequeño lobezno de pelaje castaño.

—¿Es Thomas? —El niño no comprendió de qué hablaba—. ¿Dónde está el otro? ¿Has visto otro lobo?

—Pepe —contestó el pequeño y señaló con su dedo a un niño moreno, que temblaba desnudo a unos metros de distancia—. Me pidió que lo dejara solo un momento.

—¿Tienes frío? —cuestionó el policía, quitándose la chaqueta, para abrigar al infante.

—Lo siento, no quise hacerlo.

—Tranquilo, no fue tu culpa. Ya todo está bien.

El castaño regresó a la casona, con los dos pequeños y el lobezno en sus brazos, demasiado cansado por haber jugado toda la noche. Sonrió ante el divertido bostezo del animalito y caminó con él hasta la habitación, donde todos estaban.

—¿Cuánto tiempo tardará en hacer efecto el antídoto? —preguntó Tom, sintiendo que le faltaba el aire al ver a Bill aún sin consciencia.

—Hay que dejar que descanse, su cuerpo hará el resto —contestó Ixchel, quien nuevamente tenía las manos atadas y una postura para nada agresiva.

—¿Amanda, podrías acostar a los niños? —Pidió el sheriff desde la puerta.

La mujer anciana se levantó de la silla y asintió. Tomó la mano de los dos niños y los sacó de ese cuarto, para llevarlos a la habitación de la segunda planta.

—Tom, el pequeño Thomas continúa en su forma animal, ¿es eso normal?

—Dámelo. —Tom no quería quitarle atención a su amado pelinegro, pero también era padre y debía cuidar a sus pequeños. Cogió al cachorro quien aulló levemente y sonrió—. Estás preocupado, ¿no es así?

—Reconoce mi aroma, por eso no quita su pose defensiva. —Reveló la india—. Será mejor que me vaya, para que todos en esta casa puedan descansar.

Pero cuando la oficial Tappe la tomó de un brazo para sacarla de allí, el ruido de muchas pisadas se oyó en la habitación.

—¡Señor! —Gritó uno de los hombres que había irrumpido en la mansión.

—¡¿Qué pasa?! —indagó Listing, reconociendo al guardia de la entrada de la estación de policía.

—El grupo de avanzada que solicitó, venía en camino y uno de ellos regresó para pedir refuerzos, han visto una manada de lobos salvajes venir en esta dirección. —El rostro pálido y sudoroso del hombre, les mostró tanto al sheriff como al resto de los presentes, que no hablaba de una manada de lobos normales, sino de una jauría de hombres lobo.

—¡Dios mío! —Se oyó la voz de Ixchel en un rincón—. ¡Han venido! ¡Tom, tienes que irte, ellos vienen por ti!

—¿De qué estás hablando? —Tom aún estaba sentado en el piso, junto al sofá en que el Bill estaba inconsciente.

Georg se llevó una mano a la barbilla, recordando los detalles de la conversación del “Gran Jefe”. Miró a sus soldados y dijo con voz enérgica—. ¡Rodeen el perímetro! No dejaremos que ninguno de ellos entre a la mansión. ¿Está claro?

—¡Sí, señor! —El que entregó el mensaje y los otros, se retiraron a tomar sus posiciones.

—¿Me pueden decir qué sucede? —Tom se levantó de su lugar y caminó hasta la chica india—. ¿Quiénes son ellos y por qué dices que vienen por mí?

—Ellos son los gitanos, los enemigos de mi tribu, viene a destruirte por causa de la profecía —respondió la mujer con los ojos brillando con determinación.

—¿De qué profecía hablas? —Georg vocalizó la pregunta que todos se hicieron.

—Nuestras tribus han estado en guerra, ambas veneran a la luna, pero ahora compiten por dominar. Ellos se contagiaron con la maldición de los licántropos, pero los metamorfos son más poderosos. —El castaño asintió, reconociendo la verdad de las palabras del “Gran Jefe”—. Algunos tiene el don de ver visiones —dijo y bajó la vista, porque ella era una de esas sacerdotisas—, hubo una profecía en luna llena, hace muchos años, de que un ser especial con trenzas en el cabello, liberaría a la tribu y vencería al mal. Tú eres ese ser de la profecía, Tom.

Tom quiso reír ante lo estúpido que sonaba todo eso, en esos tiempos muchos llevaban el cabello trenzado o en moños, para evitar que molestara a la hora del trabajo, esa no era indicación de que él fuera algún tipo de salvador. La mujer pareció comprender lo que pensaba y añadió.

—No todos los trenzados son metamorfos, Tom.

—¿Y por qué ellos vienen por mí? Si voy a ser el que los libre del mal, no deberían buscarme para tratar de volverme parte de su pueblo. ¿Por qué entonces quieres que huya?

—Porque ellos ya saben que estoy aquí, creerán que eres de los nuestros.

—Pues solo aclararemos las cosas, porque jamás he sido parte de ustedes, de hecho, estoy en contra de ustedes, por haberme drogado y manipulado, sin contar que mataste a un miembro de mi familia y envenenaste a otro. —Tom estaba sulfurado y comenzó a pasearse de un lado a otro en la sala.

En su mente estaba tratando de procesar un curso de acción. No podía huir, porque tenía a Bill enfermo y Adam era muy pequeño para montar por sí mismo. Además, no podía simplemente dejar a sus amigos ahí tirados, mientras él trataba de salvar a los suyos. Geo, Gus y la oficial Tappe, también eran importantes en su vida, no podía permitir que se enfrentaran a una manada de licántropos, porque la diferencia de poderes era exorbitante, morirían sin dudarlo. Por otra parte, él podría pelear, pero no sabía cuántos de ellos había, saldría muy mal parado, si es que lograba sobrevivir. Y aún si se entregaba en sacrificio, no tenía la seguridad de que fueran a ser leales a su palabra y que dejaran con vida a su familia.

—To… Tomi. —Como un balde de agua fría, la débil voz de Bill lo sacó de inmediato de sus cavilaciones.

—Cielo. —Corrió hasta volver a quedar de rodillas, junto al sofá—. ¿Cómo te sientes?

—Cansado, pero bien. —Su voz estaba ronca, pero la fiebre había comenzado a descender.

—¿Puedes levantarte?

—No lo sé. —Hizo un esfuerzo y se sentó, mirando a los presentes.

El pequeño lobezno aulló y tras el sonido, al menos diez aullidos más y con mucha más potencia, se escucharon muy cerca.

—¡Mierda!

—¿Tomi, qué pasa?

&

Fuera de allí. Rodeando la mansión Kaulitz, decenas de hombres lobo se ocultaban entre las hierbas, prestos para atacar apenas se les diera la orden.

Un hombre cubierto por una capucha gris, caminó directamente hacia la casa, mirando a los soldados que estaban de pie, dispuestos a morir por esa gente. Arrugó el ceño, los seres humanos hacía mucho que habían perdido la capacidad de ser leales a sus puestos de trabajo, debía haber algo más que motivaba a esas personas a entregarse a la misión de proteger esa casa y a sus habitantes, algo que iba más allá de una recompensa material u honores de hombres.

Los policías apostados no parecían ver al ser cubierto por la capucha gris, sujetaban firmemente sus armas, moviéndose nerviosamente, temiendo que en cualquier momento un licántropo les arrancara el cuello de un mordisco, pero a la vez, cada uno de ellos tenía un pensamiento en mente.

«Bill Kaulitz siempre ha sanado a mi familia, aunque no tuviéramos el dinero para el pago de la atención o de las medicinas»

«De no ser por Bill y Tom, muchos niños habrían muerto cuando atacó la epidemia»

«Sin la capacidad de cacería de Tom, muchos habríamos muerto de hambre con las heladas de invierno»

«Gracias a Tom y su don de cambiar, ya no hay tanta delincuencia en nuestro pueblo»

El hombre de la capucha se detuvo a escasos pasos de la entrada principal, no podía creer lo que había leído en la mente de aquellos soldados. Todos ellos sabían que Tom era un lobo, lo sabían y estaban dispuestos a sacrificarse por él y por el tal Bill, que sin duda era su consorte. Todos ellos lucharían por un ser diferente porque el lobo los había ayudado a cambio.

«No puedo creerlo. Las personas de este pueblo han encontrado la forma de cohabitar con la bestia, sin temerle, al contrario… la protegen y también a los suyos»

Las imágenes que había visto en su mente un sinnúmero de veces, comenzaban a cobrar sentido. Cerró las distancias y entró silenciosamente a la casa.

Los presentes voltearon, solo cuando el hombre lobo de las trenzas giró para verle, claro que podía verle, o más bien olerle.

—¡¿Quién eres tú?!

—Brujo… —susurró Ixchel y sin poder evitarlo, comenzó a temblar.

La oficial Tappe y Georg quisieron sacar sus armas, pero sus cuerpos se petrificaron.

—¡¿Qué demo…?! —El castaño, ni siquiera pudo terminar de gruñir su frase.

—¡¿Qué brujería es esta?! —Tom se puso defensivamente delante de la figura de su amado, pero Bill apretó las manos.

«¡No es posible!» Pensó el hombre extraño, al ver que el pelinegro también podía moverse, pese a su hechizo.

—He venido a buscar al futuro libertador. —Declaró y se quitó la capucha.

Su rostro barbado parecía mostrar las facciones de alguien que ha tenido que pasar por muchas cosas, sin embargo, para el pelinegro el ceño arrugado que portaba, no era un símbolo de amenaza, sino más bien de incredulidad.

—¿Quién eres? —preguntó Bill, sujetándose del brazo de Tom, para terminar de ponerse de pie.

—Soy un druida del norte, mi nombre es amo de los vientos y he venido por Tom.

—Pero ya sabes que no me iré, ¿verdad?

El druida asintió y puso una sonrisita de lado—. No irás… aún.

—¿Qué quieres decir? —indagó el pelinegro, dando un paso al frente, tratando de acercarse a este hombre, que le llamaba poderosamente la atención.

—Aún no ha completado su misión en estas tierras. —El druida se quitó un anillo y lo puso en un dedo de Bill. Pese a su instinto protector, Tom no se acercó, no sentía maldad en el hombre—. Soy un sacerdote de mi pueblo y vengo a completar el ritual.

—¿De qué estás hablando? —Esta vez fue Tom quien se atrevió a pronunciar la pregunta.

—Justicia.

Alejándose de Bill, caminó decidido hasta la india y sin aviso previo, sacó una daga y la clavó en su pecho sin contemplaciones. Bill se llevó ambas manos a la boca por la sorpresa y de pronto sus ojos se fijaron en la sangre que brotaba de la herida. En cosa de segundos, los ojos del pelinegro se nublaron y cientos de imágenes pasaron por su mente, sus labios se abrieron tenuemente como murmurando algo que jamás llegó a ser oído.

—¿Bill? —La mano de Tom en su hombro, lo sacó de su trance—. ¿Estás bien?

En esos mismos momentos, el druida dio unos pasos y se acercó hasta Ixchel, realizando exactamente lo que Bill había presenciado tan solo segundos atrás. Sus ojos se nublaron y esta vez oyó a lo lejos, la voz de Tom gritando su nombre.

—Ya está consumado. —La voz del amo de los vientos llegó a sus oídos—. Ahora también posees el don y serás parte de la manada. Hasta que la tormenta nos vuelva a unir, joven Kaulitz.

Bill abrió los ojos al sentir una pequeña punzada en su hombro. Se llevó la mano a la zona afectada y notó una gota de sangre, pero al parecer no había más herida que eso.

—¿Qué…

—¡Nooo! —La oficial Tappe gritó, al ver caer el cuerpo de Ixchel sin vida junto a ella.

—¿Dónde está? —preguntó Listing, saliendo en busca del hombre de la capucha gris, sin hallar rastros de él.

—¿Qué rayos ha ocurrido? —Gruñó Tom, quien sintió la mano fría de Bill sobre la suya.

—Justicia —contestó en un susurro.

—¡Señor! —Gritó uno de los policías—. ¡Los lobos se retiran!

—¡¿Qué demonios ha pasado?! —murmuró el sheriff, pasándose la mano por el cabello.

—Justicia celta —contestó la oficial Tappe—. He leído algo sobre ello, pero nunca creí que sus rituales aún existieran.

—¿Rituales? —susurró Tom, abrazando a su pequeño pelinegro, quien de pronto parecía completamente restablecido de su envenenamiento. Giró el rostro y lo miró de lado. ¿Sería posible que él hubiese sido parte del ritual? Pese a sus amplificados sentidos, no fue capaz de ver del todo el crimen, sin embargo Bill…

—¡Hay que llamar a su padre! —Gerog dio la orden al oficial frente a él, quien le miró interrogante, así que aclaró—. Debes traer al anciano indio, al “Gran Jefe”, él es padre de Ixchel.

—Pero señor, debemos realizar la autopsia. —La mujer policía, pese a ser amante del sheriff, lo respetaba y lo trataba a acorde a su cargo en todo lugar, incluso en esos momentos en que no estaba de acuerdo con sus procedimientos.

—Está claro lo que acaba de ocurrir, Sonja. Ixchel fue asesinada por la banda rival, fin de la historia.

—Señor. —La chica apretó los dientes, pero aunque sonara frío, tenía razón. Además, ninguno de los presentes estaría dispuesto a arriesgar una batalla con decenas de hombres lobo, por una mujer que solo vino a interferir en sus vidas. Nadie lloraría a una culpable de homicidio y como decía el refrán “si a hierro matas, a hierro mueres”.

&

Casi una hora después, el “Gran Jefe” estaba de rodillas, junto al cadáver de su hija. Pero en lugar de llorar su partida, como la gente normal hubiera pensado que haría, estaba revisando el corte en su pecho.

—Fue un brujo —dijo suave, pero la oficial Tappe oyó sus palabras.

—Un druida del norte, según escuché.

—¿Él la ajustició? —preguntó y la oficial asintió—. Bien.

El anciano se levantó de su lugar y achinó los ojos, mirando a cada uno de los presentes, hasta que se centró en el pelinegro y caminó hasta él.

—¿Te dio algo? —Todos los presentes lo miraron, extrañados, ¿cómo sabía lo que había ocurrido?

—Esto. —Bill lazó la mano y le mostró el anillo, pero no se lo quitó.

—Entonces eres tú. —Se quitó un collar que portaba en su cuello, lo besó y luego dio unos pasos para estar frente al joven, y colgarlo en él—. Que la diosa luna te proteja todos tus días. —Terminó su frase, con dos palmaditas en los hombros de Bill—. Ahora debo pedir que me den al pequeño Pepe.

Solo entonces los ojos del anciano se oscurecieron. Bill percibió su tristeza y preguntó—. ¿Qué ocurre con Pepe?

—Él es defectuoso. Debe ser eliminado.

—¡¿Qué?! —Cada músculo de Tom se tensó. Pepe era un niño de la misma edad de su hijo, no permitiría que mataran a un infante y mucho menos si él podía evitarlo.

Tanto Gustav como Georg escucharon el intercambio de palabras y se acercaron hasta ellos, para prestar atención.

—Aquiles es el actual líder de la manada de nuestra tribu, él es muy fuerte, pero es viejo y su último hijo, Pepe, salió defectuoso. —Tomó aire y continuó su discurso, sin mirar a los otros—. No puede controlar sus cambios, se vuelve agresivo en luna llena, ni siquiera puede evitar el cambio hasta el cenit, él simplemente se transforma y se vuelve un “fantasma”, un “monstruo”, un “chupa-cabras” como le han llamado. Debe ser eliminado.

—¿Es por eso que Ixchel huyó con él? —preguntó el sheriff—. ¿Para que no lo asesinaran?

—Debimos haberlo hecho hace mucho tiempo.

—Yo me encargaré de él —dijo Tom con la voz decidida—. Soy fuerte, le enseñaré a controlarse.

—No es una cosa que se pueda enseñar, Tom. Está mal, es un problema de sus genes, será problemático como su hermano. —Georg gruñó, no quería que Tom fuera a recordar haber matado al padre de Thomas, pero no sería posible, ya que el “Gran Jefe” había sellado su memoria—. Tarde o temprano, él te dará problemas.

—Pero como Tom dijo —intervino el pelinegro—, él es fuerte y podrá controlarlo y contenerlo, en caso de que se vuelva más agresivo.

El anciano negó con la cabeza, al verlo Bill, se acercó hasta él y puso su mano en el hombro del viejo. Ambos se miraron y una imagen se cruzó en sus ojos al mismo tiempo. El pelinegro se sorprendió, pero el indio… no.

—Está escrito…

&

Una semana más tarde, Georg y la oficial Tappe, habían concluido y cerrado el informe sobre el caso del “fantasma”.

Pepe había pasado a formar parte de la familia Kaulitz, al igual que Adam y Thomas. Amanda seguía cuidando de los niños y habían contratado los servicios de una joven doncella ciega de nacimiento, quien había quedado huérfana.

Los Kaulitz seguían siendo benefactores del pueblo, amados por sus pobladores, pero un nuevo cambio comenzaba a formarse en la familia, algo que nadie más que el pelinegro notaba o más bien… veía.

—¿Estás bien, cielo? —preguntó Tom, abrazando a su amado, después de haber hecho el amor.

—Sí, pero…

—¿Qué ocurre?

—Creo que debemos prepararnos, Tomi.

—¿Para qué?

—Para cumplir con la misión que tendremos que desempeñar tarde o temprano.

—No entiendo a qué te refieres, Bill. —Tom lo pegó más a su cuerpo, hundiendo su rostro en las hermosas rastas que había decidió hacer en su cabello.

—Tendremos que luchar, Tomi. Algún día tendremos que hacerlo. Ya nos tocó una vez y perdimos a Juliet. —Bill giró para ver de frente a su amado trenzado—. Esta vez estuvimos rodeados y estábamos completamente a su merced, amor mío.

—Pero no fue así, Bill. Nada malo pasó.

—Volverá a ocurrir, Tomi, lo sé. —Instintivamente se llevó la mano al hombro, donde encontró aquella misteriosa gota de sangre, en aquel encuentro con el druida.

—Pero yo estaré aquí, cielo.

—No serás solo tú, Tomi… todos estaremos aquí. —La imagen que tenía vívida en su retina fue trasmitida a la mente de su amante.

Bill lo sabía y ahora Tom lo sabía. Toda la familia tendría que luchar, en algún momento, todos estarían en riesgo, había que prepararse, había que hacer arreglos y tomar precauciones. Pero por el momento, debían disfrutar de la paz que les traía la compañía del otro. Tom volvió a apoderarse de los labios de su amado y le hizo el amor como si no hubiera mañana, porque tal vez… no lo habría.

& FIN &

Sí, lo sé, me odian jajaja. Bueno, les dije que quedaba muy poco tiempo para hacer todo el asunto del embarazo. Terminamos la etapa de los celos y todo el lío de Ixchel y su tribu, pero la llegada del druida nos dio una oportunidad de incluir algo maravilloso que solo los fics poseen, el M-preg.

Había pensado en poner un capítulo doble con lo que había visto Bill en la visión, pero luego me dije, mejor hago una mini temporada y termino con la historia del lobo con un final bien cerrado. Claro que lo haría, si ustedes lo desean. A propósito, ¿qué les pareció el druida? Creí que Hugh Jackman (Guepardo) era ideal para ser el sacerdote celta, con toda esa pose de chico malo, ok, soy fan jajaja. En fin. Pueden quedarse con este final o pueden seguir con la tercera temporada, si lo piden. Beshoshs y hasta siempre.

por MizukyChan

Escritora del fandom

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