Bill’s Wish

«Bill’s Wish»

(El deseo de Bill)

& Bill’s POV &

Para mí, esta era la época más maravillosa del año, había dulces por doquier y tenía la excusa perfecta para perderme tardes enteras en un centro comercial comprando “regalos” y una que otra cosa para mí mismo.

Esta tarde en especial me sentía completamente realizado, pues mi amado Tomi, quien odiaba las compras, me había acompañado. Como todo un caballero, cargaba un par de bolsas con mis preciados artículos recién adquiridos.

Todo iba perfectamente bien, hasta la hora de partir. Al salir del estacionamiento, casi nos estrellamos con una chica extrañamente vestida que miraba en todas direcciones, completamente perdida. Tom salió como una flecha del auto.

—¿Estás bien, linda? —preguntó coquetamente. Inmediatamente sentí los celos arder dentro de mí y salí del vehículo, para hacerle notar mi presencia.

—¿Tomi? —Interrumpí, pero él ni me miró, estaba pendiente de la chiquilla, que no debía tener más de 17 años.

—¿Linda? —Volvió a insistir, sacudiendo un poco a la despistada niña. ¿Por qué tenía que usar “esas” palabras?—. ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? —Le acarició el cabello y eso fue el colmo para mí, caminé hacia ella y la sacudí con ganas.

—Oye… ¿estás bien? —Tom me dio una mirada reprobatoria, pero le ignoré, estaba demasiado celoso para molestarme aún más.

—Lo siento, creo que me perdí —dijo al fin la chiquilla rubia, contestándome a mí.

—¿Estabas con alguien más? —preguntó Tom, acercándose a ella nuevamente.

—Mi familia, pero creo que me dejaron olvidada —dijo en un susurro triste—. Suele pasar, me distraigo con facilidad.

«Claro, pues tienes cara de loca» Pensé con una sonrisa.

—¿Quieres que te dejemos en casa? —preguntó Tom con tranquilidad.

Yo no tenía más que rabia, así que metí de vuelta en el carro o terminaría arrancándole el pelo a la rubia y las trenzas a Tom.

—Si no es molestia —Oí a la chiquilla, justo antes de cerrar la puerta.

Tom le tomó la mano y la ayudó a entrar en el vehículo, me molesté tanto, ¿por qué tenía que ser tan amable? Si su propia familia la había dejado, ¿por qué nosotros debíamos tomarnos la molestia en regresarla a casa?

—Gracias —dijo la chica una vez instalada en el auto.

La miré por el espejo y cada vez que lo hacía descubría su mirada. Ella me sonrió un par de veces, pero yo estaba muy molesto. Podía notar su mirada, era como que me estudiaba y eso me molestaba sobremanera.

Le dio las indicaciones a Tomi de su dirección y llegamos sin ningún problema. Era una especie de tienda rara, esotérica o algo así. Nos pidió entrar y como yo no iba a permitir que estuviera a solas con Tom, entré también.

—Quiero darte algo —dijo mirándome. Tomó mi mano y me llevó a una vitrina.

—No es necesario, gracias —contesté un poco abrumado, yo la odiaba y ella quería darme algo, ugh, que sentimiento de culpa.

—Esto —Me dio un colgante de plata hermoso, tenía una extraña figura, algo como una pirámide.

—Ese pendiente es mágico —dijo una voz femenina detrás de nosotros. Volteé y vi a la versión mayor de la chica, seguramente era su madre—. Cumple tus deseos de Navidad, pero… debes tener mucho cuidado con lo que deseas —Su mirada intensa me hizo estremecer.

—Oh… tal vez no deba aceptarlo —susurré con la voz dudosa.

—Si Shana te lo dio, es porque lo necesitas —repitió la mujer, la chica rubia, Shana, sólo sonreía y Tom la miraba embobado, me volví a molestar y fruncí el ceño.

—Será mejor que nos vamos —dije fuerte—. Muchas gracias por el regalo —Sonreí a las mujeres y salí de allí, seguido de cerca por Tom.

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—¿Por qué eres tan antipático, Bill? —Me regañó Tom en el auto.

—¿Antipático? —Le miré molesto y tenía razones para estarlo—. Es por tu maldita culpa, Tom, siempre te quieres hacer el héroe con las mujeres, a veces me pregunto si realmente me amas tanto como dices, porque si lo hicieras, no andarías de coqueto con todo lo que lleva faldas —Solté ya sin poder contener mi rabia, las lágrimas amenazaban con salir, pero luché contra ellas para retenerlas en su sitio, no quería parecer actriz de novela, pero ya estaba harto de repetir la misma acción.

—¿Bill? —suspiró, como si quisiera mantener la calma—. ¿Vamos a empezar con eso de nuevo? —preguntó apretándose los ojos.

—Sí, aquí vamos de nuevo… a veces desearía que te pusieras en mi lugar y sintieras lo que yo siento por ti, que me entendieras y te entregaras completamente a mí, como yo lo hago contigo. —Sentí que el pendiente en mi mano se calentaba y lo miré, me pareció verlo brillar, pero seguramente estaba muy cansado y estaba imaginando cosas.

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El camino a casa fue silencioso. Al llegar, me fui al cuarto y saqué unas mantas, las tiré escaleras abajo, y escuché el gruñido de Tom.

—¡¿Qué demonios?!

—No quiero dormir contigo esta noche, Tom, necesito estar solo —grité y cerré la puerta con llave. Sólo quería olvidar y soñar con que yo era todo lo que Tomi necesitaba.

—Pero mañana es Navidad, no podemos pelearnos hoy —escuché a Tom con la voz más suave y claro… la puerta estaba cerrada.

—Eso debiste pensarlo antes de hacerme enojar. —Cerré los ojos y me tiré a la cama. Una vez a solas, nadie impidió que las lágrimas asomaran.

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Me levanté cuando el maldito sol me dio en los ojos. Estaba completamente vestido, pues me dormí llorando. Necesitaba algo de comida, así que bajé con la intención de hacer las paces con Tom.

Estaba en la cocina, con un vaso de agua en las manos, cuando… la vi.

—¡¿Quién demonios eres tú?! —Grité y aferré con fuerzas el vaso.

—¿Qué? —dijo la chica de cabello largo y negro.

—Oh, Dios mío —susurré. Esto era el colmo. Lo último que me podía hacer—. ¡Tom! —Grité y corrí en busca de mi novio—. ¡¿Cómo te atreves a traer una maldita mujer a la casa cuando yo estoy aquí?! —Volví a gritar, aún más furioso, las lágrimas rodando por mis mejillas. Lo dejaría, no le perdonaría esto.

—¿De qué hablas? —Me dijo la chica, que caminaba detrás de mí, su voz chillona taladrándome los oídos.

—Y tú… ¡cúbrete por Dios! —gruñí y negué con la cabeza—. ¿Cómo andar por ahí con las pechugas al aire? —dije furioso.

—Bill. ¿Qué te pasa? ¿Qué pechugas? —Vi que la chica miraba su torso desnudo y soltaba tremendo grito—. ¡AH! —La chica parecía loca—. Dios mío… Bill ¡Ayúdame! ¡Tengo tetas!

Mi mente comenzó a girar y por un momento, aquellas locas películas románticas vinieron a mi mente y la verdad o una idea de lo que podría ser la verdad… llegó a mi cabeza.

—¿Tom? —pregunté incrédulo… no podía ser, ¿cierto?

—Soy mujer, Bill… ¡Mierda! ¿Qué me pasó? —Cayó al suelo de rodillas, cubriendo los senos con sus manos y con los ojos al borde del colapso, me miró suplicante.

—Oh, Tomi —Me puse a su lado y lo abracé protectoramente—. Cálmate, debemos pensar en algo —Le acaricié el sedoso cabello y besé su frente. Al tenerla tan cerca, pude reconocer el aroma particular de mi Tomi. Dios, estábamos jodidos.

—Bill… —No pudo retener su llanto y se abrazó a mí con desesperación. Seguramente eran las hormonas, porque el Tomi que yo conocía, jamás lloraba o se mostraba vulnerable ante nadie.

—Tranquilo, aquí estoy, yo voy a cuidar de ti —dije con sinceridad, me miró angustiado—. Ven, hay que vestirte.

Lo llevé al cuarto y revisé el armario, simplemente no podía ponerle su típica ropa ancha, así que tomé unas cuantas prendas mías y le ayudé a vestirse. No podía evitar mirar el cambio asombroso que había ocurrido, como el cuerpo musculoso y firme de mi amado Tomi, era ahora uno delgado y delicado, no pude evitar lamer mis labios.

—Tu camisa es muy pequeña, mis…tetas no caben… —dijo luchando con los botones. Sonreí.

—Ten, una playera es más flexible, pero necesitamos un brasier. —Sus ojos se abrieron aterrados.

—¡No me vas a travestir! —Rugió completamente indignado. Volví a sonreír.

—Cielo, en estos momentos no serías un travesti, eres toda una chica.

—¡Ahhh! No me lo recuerdes —gimoteó y se tiró a la cama. Corrí y le abracé—. ¿Bill… qué pasará si no regreso a ser hombre? —su voz sonaba confusa y temerosa.

—Te dejaré… no me gustan las mujeres —dije seriamente, sus ojos se abrieron como plato y me largué a reír—. No, cielo, estoy bromeando jijijiji —Me golpeó en el brazo.

—¡Tonto!

—Tomi, hasta golpeas como chica jijijiji —Seguí molestándole.

& Normal POV &

Bill insistió en llevar a Tom en busca de un brasier y algo de ropa de “chica”, por lo menos hasta que solucionaran el problemita.

El centro comercial se encontraba abarrotado de gente, sin duda la mayoría en busca de regalos de última hora.

El pelinegro le indicó a Tom una tienda de ropa íntima, el chico se sonrojó a más no poder, pero siguió al menor como un cachorrito.

—¿Les puedo ayudar en algo? —Les saludó una linda y protuberante rubia, si Tom hubiera estado en su forma verdadera, sin duda le habría coqueteado, pero en este nuevo cuerpo se sentía totalmente cohibido y fuera de lugar, incluso su mente le decía que se veía “feo”.

—Hola —respondió con cortesía el apuesto chico pelinegro—. Mi… —dudó al mirar a Tom—, mi hermanita necesita un nuevo brasier. —La chica miró a Tom y sonrió.

—¿Cuál es tu estilo, pequeña? ¿Algo deportivo, casual o sexy? —Tom encogió los hombros abrumado y avergonzado.

—Ella no tiene mucho sentido de la estética, ¿qué te parece si nos traes algo de satín con encajes? —Bill sonrió y la rubia le guiñó un ojo con descaro. Tom vio todo como en cámara lenta y sintió que su pecho iba a estallar. ¿Desde cuándo las mujeres le coqueteaban a SU Bill?

La chica reapareció cargando varios modelos de brasiers y no paraba de batirle las pestañas a su pelinegro, quien sólo respondía con sonrisas. Tom quería hundirse en su chaqueta y desaparecer, además se sentía tan lejos de Bill, quien acostumbraba a besarlo constantemente, a buscar roces innecesarios y ahora… nada… era como si evitara tocarle en ese envase femenino.

—Anda To… —El moreno volvió a dudar—. Ven hermanita, vamos a probarte esto —Le indicó que le siguiera, evitando, nuevamente, tomarle la mano.

Tom entró en el probador y se quitó la playera, dejando al descubierto sus enormes pechos, tomó el sujetador y luchó para ponérselo, pero no lograba unir los broches. Bill al ver que le estaba tomando más tiempo del necesario, golpeó su cubículo.

—¿Estás bien? —preguntó con la voz tranquila.

—No… —Se oyó un sollozo, la puerta se abrió y Tom se abrazó desesperadamente al alto pelinegro—. No puedo usar esto, ni siquiera sé cómo ponérmelo.

—Tranquilo —Le acarició la espalda—. Ven —Entraron ambos al estrecho espacio y Bill le ayudó con la prenda, luego sonrió—. Te queda muy bien —Tom se negaba a mirarse en el espejo.

—No es cierto… esto no me puede quedar bien —Sus ojos se volvieron a anegar.

—Ya, Tomi, saldremos de esta, te lo prometo.

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Tras comprar dos prendas, los chicos salieron del lugar y, al caminar, Tom se percató de cómo varias mujeres miraban a Bill con descaro.

«¿Cómo es posible que antes, dejara que Bill anduviera solo en el centro comercial?» Se preguntaba Tom. Incluso hombres le miraban provocativamente.

«Claro… se ve tan hermoso con su maquillaje, su ropa ajustada y esa manera de caminar tan sexy, tan seguro de sí mismo, no como yo… que soy… su sombra» Pensaba tristemente, bajando la mirada.

Pero lo que Tom más sentía, era que su Bill no le tocaba, llevaba sus bolsas, le hablaba, pero le evitaba como a la plaga, llegó a temer perderlo para siempre si no encontraba la forma de revertir esta situación. Finalmente no aguantó más y le habló.

—¿Bill? —El aludido se volteó—. ¿Por qué?

—¿Por qué, qué, Tomi? —contestó confundido.

—¿Por qué no quieres tocarme? ¿No me das la mano ni nada? —Tom le dio una mirada suplicante.

—Tomi —El pelinegro se volteó para verle directo a los ojos—. Tú siempre me regañas cuando te toco en público, me encanta tocarte, tú sabes que sí, pero es a ti al que no le gusta que lo haga en público.

Una oleada de rabia invadió el cuerpo de Tom, ¿Cómo le había hecho eso a Bill? ¿Por qué lo alejaba? ¿Para coquetear? Pero eso nunca antes tuvo importancia, él amaba, “corrección”, ama a Bill con su alma, entonces ¿Por qué había actuado de esa manera?

—Soy… He sido un idiota —dijo bajando la cabeza.

—Tomi… —Se acercó un poco más, aún dudando—. ¿Te puedo abrazar?

—Hazlo, por favor, lo necesito como no tienes idea. —La pareja se fundió en un abrazo dulce, el más alto acariciaba la espalda de la chica tiernamente.

—Tomi… —susurró—, debemos ir por un vestido —Recibió un golpe en el pecho que le hizo sonreír.

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En la siguiente tienda, Bill le volvió a presentar como su hermana, lo que le enfureció aún más. ¿Por qué no decía que era su novia? Sin embargo, no dijo nada y batalló para no hacer una escena de celos a las descaradas asistentes que coqueteaban con Bill. ¿Acaso así se sentía Bill cuando él coqueteaba con chicas? Aunque en este caso, no era el pelinegro quien coquetea, sino las mujeres.

Al mirar todo desde otra perspectiva, el ex trenzado se dio cuenta de lo guapo y cotizado que era Bill entre las chicas y sentía que le dolía la conciencia por haberlo tenido siempre seguro, pensando que Bill jamás le engañaría, cuando sin duda no era por falta de oportunidad.

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Al regresar a casa, Tom se sentía sumamente frustrado y triste al pensar en todo el daño que le había hecho a su pelinegro. Se sentó en el sillón y pensó en qué podría hacer para revertir la situación. Y no era sólo el hecho de cambiar su cuerpo.

—¿Tienes hambre? —preguntó el pelinegro tomando el teléfono.

—¿Vas a pedir una pizza?

—Claro… ¿Vegetariana? —Tom asintió y vio como su novio se deslizó con elegantes movimientos por toda la casa.

¿Cómo no había notado antes, lo especial que era ese hombre? Tenía ganas de tocarlo, de abrazarlo y besarlo.

Bill le miró preocupado y preguntó—. ¿Estás bien?

—Siéntate conmigo —Pidió el “ahora” chica. Bill se sentó en el otro extremo del sillón.

—¿Si? —Le miró con confusión. Tom se acercó a él e intentó besarle, Bill le esquivó.

—¿Por qué huyes de mí? —preguntó molesto, más bien… frustrado—. Todo el día me has evitado. —El pelinegro se mordió el labio y miró hacia la ventana.

—Lo siento, Tomi… esto es muy raro es todo.

—Soy yo, Bill, soy tu Tomi —dijo con la voz casi chillona.

—No lo eres. —Bajó la mirada—. El Tomi que yo conozco… me evita —dijo poniendo los ojos tristes.

—Lo siento, Bill.

Tom se lanzó en un abrazo posesivo y por primera vez en este día, Bill se recargó en él, en busca de apoyo y consuelo, el consuelo que había venido buscando desde que inició esa difícil relación. Él sabía que Tom era un Casanova y aun así decidió mantener esa aventura, que luego se convirtió en noviazgo, pero que siempre lo mantenía a distancia.

—Cambiaré, Bill, lo prometo.

—Lo siento, Tom, pero… no puedo creerte —Tom abrió grandemente los ojos ante esas palabras—. Sé que, en cuanto recuperes tu cuerpo, volverás a ser el galán de siempre y yo… seguiré estando en las sombras, seguiré siendo tu amante sólo por las noches. —Tom sintió una punzada de dolor en su pecho. Pues recordó las tantas ocasiones en que susurraba las mismas palabras “cambiaré, lo prometo”.

—No, no lo haré, lo juro… Bill te amo, nadie significa lo que tú en mi vida. —La chica estaba al borde de las lágrimas cuando el timbre sonó.

—Debe ser la pizza. —Bill salió y el repartidor, un hombre joven y guapo, se quedó de piedra mirando al moreno.

—Su entrega, señor —dijo el chico.

—¿Aún está caliente? —preguntó Bill en un tono inocente, pero que el otro hombre malinterpretó.

—Y si no lo está, yo mismo puedo calentarla para ti —Tom que miraba furioso, corrió hacia la puerta y gritó.

—¡Maldito pervertido, deja de mirarlo así! ¡Toma tu maldito dinero y lárgate! —Le arrojó unos billetes y cerró la puerta de golpe.

—Ja, ja, ja —Fue la reacción del pelinegro detrás de él—. No puedo creerlo ja, ja, ja —Tom aún respiraba agitadamente, se volteó y al ver a Bill con una sonrisa, no pudo evitar reír con él.

—Ja, ja, ja. Ese bastardo no dejaba de mirarte.

—Eso fue taaaaannnn tonto, Tomi, ja, ja, ja.

—No voy a permitir que nadie te hable así.

—Hiciste lo que me gustaría hacer con muchas mujeres descaradas que coquetean contigo. —Su risa se apagó y Tom le abrazó fuertemente.

—Nunca más lo haré, te lo prometo, jamás te volveré a hacer sentir mal. —Su voz sonó completamente seria.

—Será mejor que comamos. —Cambió de tema el pelinegro, dentro de sí no creía en las palabras de la chica, estaba seguro de que cuando Tom volviera a ser hombre, volvería a sus andanzas, pero él no podía hacer nada, así lo había conocido y tendría que luchar con eso siempre, sus celos serían el pan de cada día.

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Después de comer vieron una película y se hizo la noche. Encendieron el árbol navideño y se fueron a dormir. Bill se metió en la cama y Tom se acurrucó a su lado, buscando su calor.

—Abrázame. —Le pidió la chica, lo hizo por inercia, pero su mano se topó con uno de sus senos y la retiró, Tom lo notó y se sintió rechazado.

—Duerme bien, Tomi —dijo el chico, dándole un pequeño beso en la frente.

—¿Bill?

—¿Mmm?

—¿Me amas?

—Claro que te amo, ¿Qué pregunta es esa?

—Quiero que me beses, lo necesito —pidió la chica. Bill tragó duro, cerró los ojos y presionó sus labios contra los de la chica, que eran mucho más grandes que los de su Tomi hombre, se retiró de ellos sin profundizar.

—Bien, buenas noches.

—¿Por qué haces esto, Bill? —preguntó Tom, sentándose en la cama, molesto.

—No puedo, simplemente no puedo besar ese cuerpo, siento que te traiciono, que traiciono a mi Tomi —respondió el chico sentándose también.

—Pero soy yo —chilló como una chiquilla malcriada.

—No, no lo eres… has actuado raro todo el día, me sigues, me celas, me tocas, ese… no eres tú —Estalló Bill con los ojos aguados—. Extraño a Tomi, extraño sus brazos enormes apretándome contra su pecho, ahora yo… no puedo… no sé tener el control.

—Bill, lo siento… todo esto es mi culpa —dijo la chica llorando también. Odiaba las hormonas—. Todo este tiempo te he apartado de mi lado, ignorando lo bueno que eres, ignorando tus necesidades. Yo… te amo.

—Lo sé, es la única razón por la que aún estoy contigo, porque sé que en el fondo sí me amas —Bill le dio un abrazo a la chica.

—Ahora te entiendo tan bien, me he sentido como tú todo este día y ya no lo soporto. —Apretaba su agarré en la espalda delgada del pelinegro—. Necesito lo mismo que tú, necesito saber que estás ahí, que me proteges, necesito entregarme a ti.

Bill se separó y le miró a los ojos en forma decidida—. ¿Así? ¿En ese cuerpo?

—Es lo único que tengo esta noche —dijo sincera la chica—, ni siquiera te pude comprar un regalo de Navidad.

—Eso no importa.

—Tal vez esto sea mi mejor regalo para ti.

—No lo harías si fueras hombre —dijo el pelinegro bajando la mirada.

—Ahora que comprendo cuanto te amo, sí lo haría, Bill.

El chico se acercó y fundió sus labios en un beso tierno. La chica buscó su cuello con sus manos para profundizar, sus lenguas jugando lentamente, en una danza erótica que rápidamente calentó sus cuerpos. Bill le quitó la playera gigante, dejándola desnuda del todo y él se quitó el bóxer que vestía. Sus cuerpos se unieron en una deliciosa fricción.

Tom estaba completamente dispuesto a entregarse a la persona que más amaba en el mundo y mientras se besaban una extraña luz iluminó la habitación, pero sus ojos cerrados la ignoraron, hasta que Bill sintió una extraña dureza frotarse con su erección. Sacó la mano de la espalda de Tom y la bajó sosteniendo con fuerza el bulto. Tom abrió los ojos de golpe.

—Dios mío.

—Has vuelto —Bill se sentó en la cama, la decepción marcada en su rostro. Tom se acercó a él y le besó fuertemente.

—He vuelto y te amo más que antes. —Le besó dominante y luego se acomodó bajo el cuerpo del pelinegro.

—¿Qué haces? —Le preguntó sonriendo el moreno.

—Me entrego a ti… —Le dio una dulce sonrisa—. Se gentil… es mi primera vez —Las mejillas de Bill se encendieron y abrazó el cuerpo de su amado.

—¿Estás seguro? Sabes que ya no es necesario.

—Es muy necesario, mi amor, debo demostrarte de ahora en adelante todo lo que te amo y que lucharé cada día por mantener este amor —Buscó sus labios—. Vamos hazlo… estoy muy ansioso.

Bill rió y besó con dulzura a su Tomi, él tampoco tenía experiencia y no quería lastimar a su amor. Hizo un recorrido de besos por su torso y puso todo el miembro de Tom en su boca, mientras que, con sus dedos, dilataba la virgen entrada de Tom.

Tom gimió, era incómodo, pero no se quejó, no lo haría, debía sentir todo lo que Bill vivía para poder entenderlo mejor y para no volver a dañarlo jamás.

Tras prepararlo, con mucho lubricante, Bill entró lentamente en su cuerpo y se quedó allí. Para Tom la sensación de ardor era inmensa, los dedos no tenían comparación a la erección de su pareja. Bill le vio preocupado.

—El dolor es sólo inicial —dijo acariciando su miembro para distraerlo.

El vaivén fue lento al principio y luego las embestidas aumentaron la intensidad y velocidad. Tom miró el rostro de su amado y sonrió. Eso era entrega total, eso era lo que Bill siempre le mostraba, el amor en acción, ya no se sintió triste ni humillado por estar siendo dominado, él quería ser dominado por aquel a quien amaba. Vio el rostro de placer de Bill y se sintió satisfecho, el dolor había quedado atrás, sólo quedaba la sensación de satisfacción, hasta que una nueva sensación se unió… el placer. Bill estaba golpeando un punto dentro de él que le hacía ver luces aun con los párpados cerrados.

—Dios mío, Bill, justo ahí —gimió fuertemente y Bill sonrió de gusto.

—¿Ahí? —preguntó golpeando con más fuerza.

—Aaahhh —jadeó roncamente el trenzado.

Las embestidas continuaron hasta que el orgasmo los golpeó a ambos, con fuerza. Bill salió con extremo cuidado del cuerpo del otro y aun así este se quejó.

—Lo siento. —Se disculpó el pelinegro y besó tiernamente la frente de su Tomi.

—Yo lo siento, Bill —Le abrazó fuertemente—. He sido un tonto por tanto tiempo, pero ahora cambiaré.

—No lo digas… sólo hazlo —Se besaron y se acomodaron para dormir.

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Al día siguiente, Tom se levantó temprano a preparar el desayuno. Un delicioso aroma despertó al pelinegro, quien poniéndose la playera gigante del trenzado, bajó a la cocina.

—Huele delicioso. —Se saboreó el chico delgado.

—Amor mío, quiero invitarte a casa de mis padres —dijo el de trenzas sirviéndole café, de no haber estado sentado, el pelinegro se habría caído de espaldas.

—¿Tus padres? Pero… —Dudó—. Ellos… ya sabes que no les caigo bien.

—Cielo, tú eres mi pareja y tendrán que aceptarte —Bill no podía creer lo que escuchaba, el trenzado siempre visitaba a sus padres solo, para evitar problemas y ahora, quería enfrentarlos para defenderlo… era extraño.

—Está bien.

—Y daremos una vuelta por el centro comercial de la mano, tengo que presumir que tengo al novio más guapo de toda la tierra —dijo con una sonrisa, guiñándole el ojo. Bill se sonrojó, no lo podía creer.

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Después de desayunar, subió a cambiarse y al ponerse una chaqueta negra, encontró en uno de los bolsillos el dije de plata que le regaló la chiquilla rubia, Shana.

Ten cuidado con lo que deseas” —Le había dicho su madre… y su deseo se había vuelto realidad, Tom había sentido lo mismo que él, ahora debía aprovecharlo y disfrutar del nuevo Tom.

—¿Estás listo, amor? —Le preguntó saliendo del baño.

—¿Tomi? —Le miró fijamente—. ¿Por qué haces esto?

—Porque ahora te entiendo, porque fui tú, tal vez fueron sólo unas horas, pero me bastó para darme cuenta de lo valioso que eres para mí —Le besó castamente los labios.

—¿Sabes que ese es el mejor regalo de Navidad que me pudieras haber dado?

—Tú eres el mejor regalo que la vida me ha dado. —Se volvieron a besar.

Salieron tomados de la mano, sonriendo a todos los que les miraban de manera extraña, sonreían demostrando cuanto se amaban, demostrando que ya nada los iba a poder separar… nunca jamás.

& Fin &

¿Devolverá Bill, el dije de plata? ¿Se habrá terminado realmente la historia? ¿O pedirá un deseo a la Navidad siguiente? Jejeje. Gracias por leer y si quieren hacerme feliz, comenten. Besos.

Escritora del fandom

2 Comments

  1. Ojalá Bill use el dije para alguito más que necesite 🤗😘

    • Jajajajajajaja, no lo había pensado, porque creo que esta fue lección suficiente para ambos jajajaja. Gracias por comentar. Besos.

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