11: Promesa. Parte 1

Minotaurus II: Furia Taurina” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 11: Promesa

Bill estaba inquieto en su habitación. Tom observó como cogía una revista y luego la lanzaba, para luego volverla a tomar, intentando distraerse leyendo algo sin importancia. Cuando vio que el objeto volaba hasta estrellarse en el piso, decidió que era el momento de actuar.

¿Qué ocurre, cielo? —preguntó, yendo hasta el sofá, sentándose al lado de su “mate”

Estoy preocupado.

¿Por Tobi? —Bill asintió—. Si está vivo, “los siete” lo encontrarán.

Debería estar con ellos —Alzó la cabeza—. Ambos deberíamos estar allí —Arrugó el ceño, pero en lugar de enojar a Tom, este simplemente lo abrazó, pegándolo a su pecho.

Estás justo donde debes, Bill, en mis brazos —Besó ese punto sensible tras su oreja.

Mmm —Ronroneó el menor, derritiéndose en los cálidos brazos de su gemelo.

Estás agotado, igual que yo —afirmó el trenzado, separándose un poco, para depositar un beso en la frente del pelinegro—. Y aún hay cosas que debemos hacer —Bill asintió en silencio—. Ven, vamos a la cama.

Antes de que el trenzado se pusiera de pie, Bill se aferró a su cuello, buscando su boca en un beso húmedo y profundo. El mayor soltó un gemido, al sentirse excitado por este movimiento repentino.

Cogiendo a su hermano en sus brazos, Tom se levantó del sofá y dio unos pasos, para que ambos descansaran en la cama, sin despegar sus bocas, de ese beso que rápidamente se tornó ardiente y desesperado.

Bill abrió sus piernas, para que sus cuerpos se pegaran lo más posible, logrando friccionar sus miembros cubiertos por la ropa. Producto del contacto tan íntimo, ambos lograron despertar su erección, jadeando por las sensaciones placenteras que eso les provocaba.

Sin perder tiempo, las manos de los Kaulitz, comenzaron a recorrer el cuerpo contrario, buscando quitar las ropas, y a la vez, acariciar la piel del otro, despertando su pasión taurina. Cuando se vieron libres de obstáculos y se tocaron piel con piel, Bill se movió ágilmente, ubicándose sobre el trenzado. Al ver que no había resistencia, descendió por el torso del otro, hasta la altura de la pelvis, para dar suaves lamidas a la hombría de Tom.

Ohh —Gimió en respuesta el mayor.

Entonces, el pelinegro humedeció dos de sus dedos y con mucho cuidado, bajó su mano hasta posarla sobre la entrada de su “mate”.

Tom apretó los ojos y todo su cuerpo se tensó. Bill lo notó de inmediato, así que dejó su intento y volvió a subir, para besar los labios de su amado.

Te amo, Tomi —susurró el menor, entre beso y beso—. Siempre te amaré.

El trenzado, cerró los ojos y pensó en la promesa del dios toro. Si efectivamente tendría la posibilidad que ningún otro taurino poseía, de volver a tener un bebé, entonces debería mostrar gratitud e intentar con todas sus ganas, el concebir a un nuevo hijo.

Billa… —Jadeó y sujetó la mano de su pareja y la volvió a guiar hasta su entrada.

No quiero forzarte, Tomi —respondió el pelinegro, dando besos de mariposa sobre el rostro de su “mate”.

Sólo… muéstrame lo que tú sientes —Pidió y su hermano asintió.

Esa noche sería para Tom. Bill descendió otra vez, repartiendo besos por el torso del mayor, estimulándolo con roces, soplidos y caricias, hasta que finalmente, su boca rodeó el miembro del mayor, distrayéndolo de su verdadero objetivo.

Un dedo lubricado tentó la rosada entrada de Tom, hasta que con un poco de presión, ingresó. El mayor gimió fuertemente, apretando el dígito en su lugar. Bill siguió proporcionando placer a la hombría del otro, logrando que se relajara poco a poco, para poder mover al intruso dentro del cuerpo del trenzado.

Cuando la respiración de Tom se relajó, Bill simuló embestidas con su dedo, entrando todo lo posible, una y otra vez, hasta que en un movimiento curvo, el pelinegro alcanzó a tocar aquello que buscaba.

¡Oh Dios mío! —Gimió de placer el mayor.

Cuando esa sensación eléctrica golpeó el cuerpo de Tom, Bill de inmediato ingresó otro dedo, tocando una vez más, ese punto maravilloso que había hecho gemir a su “mate”. El trenzado abrió sus piernas, para dejar que el menor se moviera mejor en aquel lugar que le ocasionaba tanto placer.

Bill lo penetraba con sus dedos, mientras que con su boca, le hacía una felación. La sensación era tan intensa para el cuerpo del mayor, quien no conocía esa doble estimulación, que a los pocos segundos, se corrió, manchando con su semilla caliente, los labios y rostro de su gemelo.

El pelinegro apenas se levantó de su lugar, cuando Tom lo llevó hacia arriba, abrazándolo fuertemente.

Pareces un gatito erótico, con la cara toda manchada de mi leche —Bromeó el trenzado, limpiando con sus propias manos, los restos de semen—. Te amo, Billa.

¿Te ha gustado? —preguntó el menor con timidez. Obviamente Tom había eyaculado, pero eso no significaba que le hubiese gustado. Necesitaba una confirmación, de ella dependería el futuro de la promesa que Karol le había hecho.

Dios, sí —Tom buscó sus labios y lo besó ardientemente, sintiendo su sabor en la boca del pelinegro—. Esta vez sí fue agradable.

Tomi… —Bill no sabía si reír o llorar de la emoción.

¿Eso es lo que sientes tú, cuando lo hacemos? —indagó con un brillo especial en sus ojos, a lo que el menor asintió—. Wow, es algo raro, pero… —Tom buscó una mano de Bill y la puso cerca de su rostro—. Tus dedos son delgados —Y luego bajó a tocar el miembro aún palpitante y erecto de su gemelo—. Dios, esta vez te veo enorme, Billa…

El aludido rió—. Tú eres mucho más grande yo, Tomi.

Eso me dolerá…

No mi amor —afirmó el pelinegro—. Sólo será incomodo al principio, pero luego todo será placentero, te lo aseguro.

Se fundieron en un nuevo beso, cosa que volvió a estimular al mayor de los Kaulitz, quien se inmediato se puso entre las piernas de Bill—. ¿Déjame tomarte como siempre? Aunque sea una vez más.

Oh Tomi, no es que de ahora en adelante yo sea el dominante. A mí… me gusta cuando me haces el amor —dijo mirándole a los ojos—, ese fue nuestro arreglo desde que supimos que éramos “mates”, ¿lo olvidaste?

Pero nuestros hijos…

Vendrán cuando sea el momento. Cuando tú estés listo —Se acariciaron nariz con nariz en un beso esquimal—. Ahora quiero a mi “mate” dentro de mí.

Billa…

Sólo jadeos y palabras se amor, se oyeron el resto de la noche en esa habitación. Los Kaulitz se amaron hasta el alba, pese al cansancio y a la pérdida de energía que tuvieron esa mañana en el ataque al Club Bohemio.

&

Por la mañana, los gemelos se dirigieron al comedor, con una sonrisa cómplice en los labios, cosa que cambió radicalmente al ver el semblante serio de sus compañeros.

¿Qué ha ocurrido? —Tom fue el primero en hablar—. ¿No me dirán que Tobi ha…?

No. No es eso. Al parecer Tobi se encuentra con vida —Se apresuró a decir Thor.

¿Al parecer? —indagó el pelinegro—. ¿No lo encontraron?

Bueno… no del todo —agregó Loki.

¿Quieren hablar claro? —Presionó Ichiro, sentado al lado de “K”—. Desde anoche nos tienen con esta intriga.

Es que no son buenas noticias —comentó Gustav, todavía recordando la palabra “vampiro” de la charla nocturna del día anterior.

Acaban de arruinar mi apetito —afirmó Bill, sentándose junto a Tom, con las manos empuñadas.

Tranquilo Bill —Le apoyó su “mate”—. ¿Debemos esperar a alguien más? —cuestionó el trenzado.

No. De hecho, los esperábamos a ustedes —explicó Thor—. Cuando sepan esto, lo que ustedes decidan, será ley para nosotros.

El semblante de los Kaulitz se contrajo por la tensión, y con un movimiento de cabeza, Tom les dio la pauta para continuar.

Anoche nos encontramos con Orión —Comenzó a relatar Thor. Al oír el nombre, Anis arrugó el ceño. Pero al ver que ni los gemelos ni los G’s comprendían, el hombre agregó—. Él es parte de los generales de los hijos de Nosferatu.

Es un vampiro —Resumió Gustav, pensando que ese término era más explícito.

¿Acaso mordieron a Tobi? —indagó el pelinegro, apretando la mano de su hermano sobre la mesa. La mezcla de razas estaba prohibida desde la antigüedad.

No —contestó Loki rápidamente—. Royal, el líder de los vampiros no les permitió alimentarse de Tobi, pero otra raza llegó y se lo llevó.

¿Licántropos? —preguntó Tom con un nudo en la garganta.

Exacto —contestó Thor, apretando los puños—. Los de pelaje gris.

El clan Moltob —anunció Gerog, recordando sus estudios masónicos sobre los clanes de licántropos—. Los más peligrosos.

¿Por qué harían algo así? —intervino “K”, quien se había mantenido silenciosa, oyendo la conversación.

¿Para sanarlo? —comentó Ichiro, sin malicia en su voz.

Pero todos los miembros de la manada le dieron una mirada de incredulidad. Así como las “razas antiguas” conocían la existencia de las otras, llámense: taurinos, licántropos y vampiros; todos los pertenecientes a ellas, sabían perfectamente de la enemistad existente entre ellas.

Había un castigo severo para quien se arriesgara a romper la prohibición de no mezclar las razas. Si los licántropos salvaban a Tobi, a base de volverlo un hombre lobo, ese pacto tácito entre ellos se rompería, y podría ser considerado una declaración de guerra. Y las condiciones actuales de la manada, no eran las más favorables, para emprender acciones hostiles contra los licántropos.

Después de unos segundos de silencio, Tom alzó la voz y su aura vibró insistentemente, logrando calmar a los más antiguos de la manada.

No habrá guerra —Los ojos de “los siete” se clavaron en él—. El Minotaurus nos prometió una limpieza en el clan. Él dijo que este día llegaría, en que las razas se unirían y ya no habría odio, ni temor entre nosotros y los humanos.

Bill lo miró sorprendido, ¿cuándo había ocurrido tal afirmación?

El dios toro dijo: todas las tribus perdidas se volverán a unir, serán un solo pueblo y los dioses serán amigos —afirmó y su “mate” sintió su seguridad, cosa que elevó también su aura, uniéndose a la de Tom, inundando todo el cuartel general.

Si Tom lo dice… —comentó Gustav, con una sonrisa en sus labios.

¿Y qué haremos con Tobi? —Insistió Thor.

Iremos por él y hablaremos con su líder —respondió el trenzado.

¿Cuándo partimos? —cuestionó el pelinegro, con el corazón rebosante de energía.

Después de desayunar.

Ante la soltura de tales palabras, toda la tensión del ambiente, se disolvió. El grupo se fue acomodando en las mesas para comer algo, reponer fuerzas y volver a partir en una nueva misión. Exigir al dios toro, que cumpliera su promesa de paz.

&

Con los datos robados de la red, Loki y Thor, fueron capaces de descubrir la ubicación geográfica del clan de Moltob. Tardarían un par de horas en llegar hasta allá, así que entre tanto, los gemelos hablaban de los planes para su futura familia. Gustav, quien conducía el vehículo, sonreía al oírles discutir sobre los nombres que pondrían a sus bebés, dependiendo del sexo de este.

Ya no necesitamos ponerles nombres que inicien con K, porque no tendremos que cambiar nuestro apellido, Tomi —Insistió el pelinegro.

Pero no puedes negar que Kathleen es un nombre hermoso, podríamos decirle Kathy —anunció el mayor, apretando tiernamente la nariz del moreno.

Es cierto.

Si ya tuvieron una hija, lo más probable es que tengan un varón —afirmó Georg desde el asiento de adelante.

Geo, ese tipo de probabilidades no existen —comentó el rubio, con voz burlona—. No se sabe el sexo del bebé, hasta el tercer o cuarto mes de embarazo —afirmó.

No importa —alegó Bill desde atrás—. Nuestro bebé será más que amado por sus padres…

Y por sus tíos… —agregó Gus.

Keneth —Soltó el trenzado—. Si es un niño, se llamará Keneth.

Tom… —Bill se llevó la mano a la frente—. Sigues con la K.

¿No te gusta? ¿Qué tal Kyle? Es un nombre con estilo —continuó Tom, pero esta vez, no pudo evitar curvar sus labios y finalmente, todos estallaron en risotadas.

&

Cuando llegaron al lugar señalado, los dos carros se detuvieron. A petición de los gemelos, sólo fueron los G’s, Thor, Loki y ellos, argumentando que si iba todo el escuadrón ninja, los licántropos pensarían que iban en plan de ataque, lo cual no era cierto. Su plan era simplemente, rescatar a Tobi.

Gustav estaba tenso, no sabía que esperar, jamás había visto un hombre lobo, y los únicos que conoció, eran fruto de las películas. Su pareja, cogió su mano, para hacerle saber que no estaba solo.

Un hombre alto y delgado, que estaba sentado en una silla mecedora frente a la enorme casona, se acercó hasta ellos. Tenía un andar pausado, que te hacía pensar en los ancianos.

Hola señores —Saludó con la voz cordial.

Buenas tardes señor —respondió cálidamente el trenzado—. Mi nombre es Tom Kaulitz, él es mi “mate”, Bill. Y ellos son mis amigos.

El anciano los miró a todos con recelo y olisqueó el aire.

¿Y qué trae a estos terrenos, a un grupo de taurinos? ¿Se perdieron de su manada, toros? —dijo a modo de broma, pero el castaño se sintió molesto ante tal expresión de “toros”, no permitiría que lo trataran como un animal y menos aun, por un hombre que sí se convertía en uno.

No estamos perdidos, señor —contestó Geo—. Pero sí buscamos a un miembro de nuestra manada que se encuentra perdido.

El lobo achinó sus ojos, escudriñando a los presentes. Buscando algo en el ambiente, que delatara a los extraños y al no hallarlo, prosiguió.

¿Y qué les hace pensar que un toro, está con los lobos?

Nuestro amigo fue gravemente herido hace un tiempo —explicó Tom, sin perder la calma, y su aura comenzó a brillar con un blanco luminoso, perceptible sólo a ojos entrenados—. En esos momentos, nosotros también huíamos y no pudimos socorrerlo, pero nos enteramos por Orión, que había sido rescatado por su clan.

¿Queremos devolverlo a su familia? —agregó Bill, uniendo su energía a la de su gemelo—. Su esposa e hijo están muy preocupados por él.

El anciano, siendo un licántropo, tenía la facultad de adaptar sus ojos a las coloraciones diferentes, fue así como en un destellar, sus pupilas se dilataron y logró ver el aura de los gemelos en todo su esplendor.

¿Son ustedes los elegidos?

Algunos nos llaman así —contestó Tom.

Vengan conmigo —Todos dieron un paso al frente, hasta que la voz del hombre volvió a sonar—. Sólo ellos.

Thor y Loki, apretaron los puños, pero Tom los calmó con su mirada, y siguieron al lobo, hasta el interior de la casa.

Con su lento caminar, el hombre los guió hasta una habitación, donde Tobi estaba acostado, con los ojos abiertos.

¡Tom, Bill! Dios que gusto —exclamó el hombre, incapaz de moverse.

Tobi —El pelinegro corrió a su lado y lo abrazó—. ¿Estás bien?

Estoy vivo —contestó el adulto.

¿Qué ocurrió? —cuestionó el trenzado—. Lo último que supimos, fue lo que Gustav nos contó.

Pensé que moriría aquella vez. Y estuve a punto de hacerlo —Tobi cerró los ojos, como rememorando aquel fatídico día—. Cuando el rubio se fue, el olor de mi sangre, atrajo a los vampiros, pero por una orden de Royal, no me mordieron. Sin embargo, uno de ellos llamó a Patril.

¿Quién es Patril? —indagó el moreno.

Oh, lo siento. Nunca me presenté —comentó el lobo—. Yo soy Patril, jefe del clan Moltob.

Patril no sólo es el líder de los Moltob, también es un excelente médico cirujano —agregó Tobi, con un aire de orgullo en su voz—. Él me operó y me salvó la vida.

Lamentablemente, se dañó una fibra nerviosa de su medula y no puede moverse de la cintura hacia abajo —explicó el lobo, con el ceño apretado.

Al menos está vivo —comentó Tom y acercándose al hombre, le tendió la mano—. Muchas gracias por salvarlo —El lobo asintió y estrechó su mano también—. Su familia lo está esperando.

¿Mi familia? —La voz de Tobi se quebró—. Pensé que ellos, pensé que Phillips, creí que… —La emoción le provocó un nudo en la garganta.

Dylan Rog los mantuvo ocultos, junto a la esposa de Saki —relató Bill con una sonrisa—. Ellos están vivos. Tu hijo te espera, Tobi.

Dígame Patril ¿Hay algo que podamos hacer, para compensar el cuidado por nuestro amigo? —cuestionó Tom, con una sonrisa.

Sólo haga que se cumpla la palabra del dios toro —expresó el lobo—. Limpie a su manada de la maldad. Y cuando todo eso esté acabado, devuélvanos los terrenos por los que siempre hemos luchado.

Ni Bill ni Tom, comprendieron sus palabras. Tal vez esa lucha a la que se refería era algo tan antiguo que nunca se los mencionaron en la escuela masónica, quizás era algo que sólo le líder conocía.

Haremos como nos pide —Prometió el trenzado, haciendo una nota mental de preguntar a Dylan sobre esos terrenos misteriosos.

Con ayuda de sus compañeros, los Kaulitz, llevaron a Tobi hasta el carro de Thor y Loki y les pidieron que volvieran al cuartel.

&

En el otro vehículo, los G’s seguían bromeando sobre el orinarse en los pantalones por temor a los hombres lobo y a los vampiros, cuando el celular de Bill sonó.

¿Qué extraño? —comentó Bill sin reconocer el número de la pantalla.

¿Quién es? —preguntó su “mate”.

No lo sé.

Contesta, tal vez sea Ichiro —agregó el castaño, mirándolos por el espejo retrovisor.

El pelinegro aceptó la llamada y se congeló al oír la voz de su madre en la línea.

¿Mamá? —Gustav se hizo a un lado de la calle y estacionó el carro inmediatamente.

Billy, era cierto, estás vivo —La voz sollozante de su madre adoptiva, le rompió el corazón al menor, pero la mirada inquisitiva de su pareja, le obligó a hablar.

¿Cómo tienes este número?

Con un par de averiguaciones, pudimos dar con tu numerito secreto —contestó una voz masculina al otro lado. La sangre de los gemelos se congeló.

¿Quién eres tú?

Soy tu líder —El color del rostro de Bill desapareció—. Y si no quieres que elimine a tu “mamita” y al estúpido de tu padre, más vale que vengas a su casa ¡AHORA!

La llamada se cortó, dejando el sonido de la línea vibrando en el oído del menor.

Phillips matará a mis padres —Apenas articuló el pelinegro.

& Continuará &

¿Odian a Phillips así como yo? El muy cretino se escapó del primer ataque y ahora amenaza a los padres adoptivos de Bill. ¿Actuará el Minotaurus ahora? ¿O el líder logrará escapar otra vez? ¿Podrán los gemelos vengarse o caerán ellos en las garras de Phillips? No se pierdan el siguiente capítulo de la “Furia Taurina”.

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *