12: Enojo

Fashion” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 12: Enojo

You’re my lover undercover. You’re my secret passion and I have no other

(Eres mi amante encubierto. Eres mi pasión secreta y no tengo otra “Number one”)

(Miércoles, dos días antes de la fiesta)

Después del accidente, Tom se quedó con Bill hasta que los calmantes hicieron efecto y se durmió profundamente. Un golpe en la puerta le devolvió a la realidad y se giró para ver de quién se trataba.

Deberías ir a dormir, Tom —dijo con suavidad la madre del pelinegro.

Estoy bien.

Pero te enfermarás si te quedas con esa ropa mojada y Bill se molestará si ve que su amigo se pone mal por su culpa —dijo ella dramáticamente y el rastudo sonrió reconociendo de dónde Bill había sacado esos ademanes tan dramáticos—. Ya sabes cómo se pone la “diva”.

Lo sé —sonrió—. ¿Su esposo está afuera?

Sí.

Necesito decirle algo.

Claro. Yo me quedaré con mi hijo, puedes irte tranquilo.

Gracias señora.

No. Gracias a ti, Tom, por preocuparte por él.

Sí, él es muy importante para mí —con esas palabras, salió de la habitación.

Fuera de ella, estaba su padre con una taza de café en las manos, le dio una sonrisa cálida y le dijo.

Tom, deberías ir a descansar.

Primero necesito decirle algunas cosas, señor Kaulitz —dijo con solemnidad, el adulto le dio un asentimiento y le indicó la silla a su lado.

¿Qué pasa?

Es sobre el accidente —el adulto se puso serio de inmediato y arrugó el ceño—. Esto se pudo haber evitado, señor.

¿De qué hablas?

Bill no quería estar en ese auto.

¿Qué?

David Jost ha estado obligando a Bill a fingir un romance con ese tal Bushido y justamente hoy lo obligó a irse con él, separado de la banda.

Esa acusación es muy seria, hijo.

Lo sé, pero temo que Bushido intenta propasarse con Bill. Señor, le pido por favor que haga algo para poder alejarlos. —El adulto le miró con seriedad.

¿Estás celoso, chico? —Tom abrió los ojos con molestia.

No es eso, señor, es por proteger a su hijo.

Pero esa clase de acusaciones son muy serias, yo creo que estás haciendo esto para separar a ese chico rico de mi hijo.

No lo entiende —dijo Tom apretando las manos—. No quiero que algo como lo de hoy se repita.

Si lo que dices es cierto, ¿por qué no fue Bill quien lo mencionara?

Porque tiene miedo. David lo está presionando por la banda.

Bien, hablaré con el manager.

Gracias señor.

¿En serio te preocupas por Bill o es sólo por su popularidad? —insistió el adulto.

No se ofenda, señor, pero creo que en las últimas semanas, yo me he preocupado más de Bill que usted mismo —y con eso, el joven se fue del hospital.

El adulto entró al cuarto de su hijo y miró a su mujer.

¿Qué opinas de Tom, Simone? —preguntó con el ceño fruncido.

Creo que si fue capaz de correr a través del monzón para rescatar a Bill, es un gran amigo.

¿Sólo un amigo?

No lo sé.

Después de lo que pasó con el chico Manzur —se llevó la mano a las sienes—, no me gustaría que Bill volviera a sufrir.

Gordon, Bill nos dijo que estaba bebido aquella vez, no estamos seguros de que sea gay.

Pero Tom, estaba tan…

¿Preocupado?

Celoso, creo que calza mejor.

(Jueves, un día antes de la fiesta)

Muy temprano por la mañana como en todo hospital, las enfermeras realizaban la ronda, asegurándose de que cada uno de los pacientes se encontrara estable o mejorando. Sin embargo, uno de aquellos pacientes, lejos de sentirse mejor, se hundía entre las mantas de su cama enojado por los eventos pasados y cuando por fin pudo volver a cerrar los ojos para descansar, las luces de su cuarto se encendieron.

¡Qué demonios! —gritó, cubriéndose con el brazo sus achocolatados ojos.

Buenos días a usted también, joven Kaulitz —dijo la joven enfermera, tomando con rapidez, los estados que indicaban los modernos aparatos, cerca de la cama.

¿Qué demonios haces aquí tan temprano? —volvió a gruñir, sin importarle, que la chica estuviera siendo amable con él, ni que de paso, ella le tratara de coquetear.

Revisamos que siga con vida —dijo ella, bromeando, pero lejos de causarle gracia, el pelinegro, frunció el ceño.

¿Qué hora es?

Faltan diez minutos para las siete de la mañana. No es tan temprano, después de todo —dijo ella, nuevamente con una sonrisa coqueta.

Genial, llamaré a mi Tomi —la chica, dejó de sonreír, no se imaginaba que ese chico tan guapo, fuera gay.

Bueno, yo ya terminé aquí, en cualquier momento le traerán el desayuno —dijo ella, esta vez con una sonrisa fingida, y Bill simplemente la ignoró y siguió buscando el número en su celular.

Hallo Tomi —saludó, pero no pudo evitar soltar un bostezo.

Buenos días pequeño, estás madrugando —aseguró con una sonrisa, que el menor no vio, pero pudo adivinar.

Estoy muerto.

¿Y por qué no seguiste durmiendo?

Estás enfermeras estúpidas vinieron de madrugada a revisar los aparatos —dijo molesto, cosa que causó gracia al de rastas.

Pobres chicas, no les causes demasiados problemas, pequeño.

¿Por qué me dices eso? Cualquiera diría que soy un monstruo —reclamó el moreno, fingiendo indignación—. Sigo insistiendo en que todos me odian.

Vamos, Bill, no te enojes. ¿Cómo estás? ¿Te sigue doliendo mucho? —preguntó realmente preocupado, cosa que le sacó un suspiro al pelinegro.

No… la verdad es que fue sólo el susto, no tengo más que golpes, nada que no sane.

Afortunadamente. Iré en un momento para allá.

En realidad te llamaba por eso, Tomi —suspiró—, no quiero que te atrases con las clases, sé que tienes entrenamientos extra, por las competencias, así que no es necesario que vengas —dijo el pequeño, arrugando el ceño.

¿No quieres verme?

Claro que quiero verte, Tomi —respondió Bill casi gritando en el teléfono—. Es que no quiero causarte más problemas, es eso.

¿Quién estará contigo? —volvió a preguntar con un gesto de preocupación.

Papá volverá al trabajo, pero anoche Andreas llamó a mamá y le dijo que faltaría a la escuela para acompañarme, él busca cualquier excusa para faltar —dijo el menor, mirando al techo—. Te extraño…

Y yo a ti, pequeño.

¿Vendrás en la tarde? —pidió casi suplicante.

Hablaré con el señor Collins, para poder salir un poco antes del trabajo y me voy corriendo a tu lado —dijo el rastudo con una sonrisa.

Gracias Tomi, estaré esperándote. Ahora vete a entrenar.

¿Bill?

¿Mmm?

Si te sientes mal, sólo llámame, y llegaré en un momento.

¿En serio?

Sí, a cualquier hora.

Gracias Tomi.

Cuídate —«Te quiero» Pensó, pero no pudo vocalizarlo—. Nos vemos pronto.

&

Después de luchar contra el insípido desayuno, el pelinegro volvió a recostarse, tratando de conciliar una vez más su preciado sueño, pero cuando por fin, el anhelado país del descanso llegaba, la puerta se abrió con fuerte sonido.

¡Buenos días, mi dramática “diva”! —saludó estruendosamente, Andreas.

¡Maldición, Andi! —gritó de vuelta el menor.

Vaya, estamos de malas. ¿Acaso Romeo no vino a saludarte? —le molestó el rubio.

No le digas a Tomi, Romeo, él es todo menos un Romeo —dijo frunciendo el ceño.

¿Eh? Pero si tu madre, hablaba maravillas del joven que corrió a través del monzón para salvar a su hijo de ese terrible accidente —dijo con gracia.

Sí lo hizo, Tomi fue el primero en llegar allí, él me mantuvo consciente hasta que llegaron los médicos.

¿Entonces?

Ayer me dijo que me quería como su hermano pequeño, como el hermanito que nunca tuvo —se hundió en la cama, y se cubrió el rostro con las mantas.

¿Y qué hay con eso? —siguió molestando el rubio.

Su hermano, Andi, su maldito hermano pequeño —gruñó el pelinegro.

¿Acaso quieres que te quiera como algo más? —le picó el rubio.

¿De qué hablas? —trató de fingir ignorancia.

Vamos, Bill, a mí no me engañas —se acercó a su cama y le acarició la mejilla—. Has estado hablando de lo mucho que te molesta que Trumper…

Tom —le corrigió.

Que Tom te trate como un hermano, es porque obviamente deseas ser algo más.

Oh my God! —los colores tiñeron el rostro de Bill—. No estarás insinuando que me gusta Tomi… porque si es así…

No estoy insinuando que te “gusta” Tom —hizo comillas con sus dedos—, estoy afirmando que te enamoraste de Tom.

Oh my God! —volvió a repetir el pelinegro, y miraba alternadamente entre el rostro de su amigo y sus manos—. Oh my God!

¿Bill? —el rubio se estaba preocupando de la falta de reacción de su amigo.

¡¿Qué demonios voy a hacer ahora?! —fue el casi grito que emitió el moreno, sentándose de golpe en la cama.

¿A qué te refieres?

A la apuesta y todo eso. No podré exponer a Tomi a una humillación pública, no podría hacer una estupidez como esa.

Bill, ¿estás escuchando lo que dices? Te acabo de aclarar que estás enamorado y tú mente sólo piensa en la estúpida apuesta —le regañó el rubio, rodando los ojos.

Es que… sobre lo que tú dices, pues, ya estoy jodido —suspiró el pelinegro.

¿Jodido? ¿Por qué?

Porque al parecer tienes razón, estoy enamorado, eso aclararía muchas dudas que rondaban mi cabeza, pero eso no importaría, porque Tom es super hétero y jamás me verá más que como su adorado “hermano pequeño” —fue su turno de hacer comillas.

Oh vamos, Bill, mírate —le animó el rubio—, cualquier hétero se volvería gay por ti, eres hermoso —el moreno se volvió a sonrojar—, además siempre has tenido una actitud vencedora, siempre se hace lo que tú deseas, ¿por qué no luchas por él?

Andi… —suspiró—, con Tomi las cosas no son así de simples —volvió a suspirar—, él es tan… tan dulce, tan ingenuo, que no podría pensar en nada malo para obligarle a quererme, estoy feliz así, siendo aceptado por él, siendo su “hermano pequeño”, prefiero mil veces esto a no tenerlo en absoluto.

Estás completamente enamorado —murmuró el rubio, sintiendo de pronto un nudo en su garganta. Se llevó las manos a la cabeza y suspiró, debía pensar las cosas, esto ya estaba yendo demasiado lejos.

&

Tal y como había prometido, el rastudo se presentó en el hospital con una amplia sonrisa y con varios paquetes ocultos de dulces para su delgado amigo. Llevaba una inmensa sonrisa que desapareció cuando se acercaba a la habitación de Bill. Escuchó unos gritos y luego una enfermera salió de allí con lágrimas en los ojos.

Hey —saludó abriendo la puerta con cuidado. En un principio pensó que el menor estaba teniendo un ataque de “diva”, pero esa idea salió de su mente al verle desvalido en la cama—. ¿Estás bien? —preguntó de inmediato, al no recibir respuesta de su amigo.

Los odio, odio los hospitales —gruñó ocultándose entre las mantas.

Bill… —susurró el rastudo acercándose y quitando las mantas para poder verle a los ojos, que brillaban temerosos—. ¿Qué ha pasado?

Quieren que me quede hasta mañana, según ellos, tengo anemia.

Si es así, deberías hacerlo —aconsejó el mayor, acariciando una mejilla sonrojada.

Pero mañana es la fiesta y debo estar ahí.

Es sólo una fiesta, Bill, ya se las arreglarán sin ti —el pequeño se mordió el labio y Tom supo enseguida que había un motivo oculto—. Pero hay algo más ¿cierto?

Ya te lo dije, odio los hospitales.

¿Qué es aquello que odias tanto? —insistió Tom.

Cada vez que he tenido que quedarme en uno, ha sido por algo terrible —el menor suspiró e intentó tragar el nudo en su garganta, ¿por qué no podía guardar un secreto? ¿Por qué Tom siempre le desarmaba?

¿Quieres contarme? —Y ahí estaba de nuevo, él nunca le forzaba a nada, pero siempre le obligaba a hablar.

Bueno, esta es la tercera vez y ya conoces la razón.

El estúpido de Bushido —esta vez fue Tom quien apretó los dientes. El moreno asintió.

La segunda vez fue por lo de Manzur y mi intento de…

No es necesario que lo digas —por alguna razón Tom odiaba juntar las palabras Bill y suicidio, le provocaba una sensación de malestar que no lograba explicar.

Y la primera vez fue después de mi primera decepción amorosa con Sophie, me puse a comer cuanta hamburguesa se cruzaba en mi camino y termine con peritonitis, casi muero esa vez.

Dios…

Terminé inconsciente por varios días y una cicatriz horrenda, tanto en mi corazón como en mi cuerpo —dijo el pelinegro sonrojándose—. Traté de cubrirla lo mejor que pude.

¿Cómo?

Con un tatuaje.

¿Eh?

Este —Bill bajó las mantas y levantó un poco la parte superior de su pijama, revelando parte de la estrella de su cadera.

Las manos del mayor, se atrevieron a dirigirse al lugar entintado y con uno de sus dedos recorrió cada una de las puntas de la estrella, ambos chicos contuvieron la respiración y evitaron mirarse a los ojos, pues la situación era muy íntima y ninguno estaba preparado para aceptar ese hecho.

A simple vista no se ve —dijo el rastudo, pero sin quitar la mano del vientre del pequeño, quien seguía sonrojado.

Pero si la tocas, sabes que está allí.

Pero sé que no permitirás a cualquier persona tocar ese lugar —dijo él, seguro de sus palabras y ya considerándose alguien especial para el cantante.

Claro, tendría que desvestirme para ello y por el momento… —suspiró y negó con la cabeza—, creo que soy un caso perdido.

Creo que eres un encanto —confirmó el mayor—. ¿Qué pasó con la enfermera de hace un rato? —recordó a la mujer con lágrimas en los ojos.

Ah, esa tonta —volvió a su actitud de “diva”—, quería inyectarme no sé qué cosa.

Pero Bill…

No dejaré que me vuelvan a dormir —suspiró y luego miró a los ojos a Tomi con su puchero irresistible—. Quería estar despierto cuando llegaras, es eso…

«Aawwww» pensó el de rastas y luego sonrió.

No sé si sentirme halagado o regañarte por portarte con un niñato.

Mejor la primera opción —dijo el menor sonriendo.

Joven Kaulitz —dijo la chica coqueta de la mañana, que acababa de entrar a la habitación—. Vengo a la revisión.

Hágalo rápido y pida que me den el alta, quiero irme de aquí lo antes posible —gruñó el pelinegro cruzándose de brazos. Tom rió ante esto y la chica le guiñó un ojo al rastudo, provocando la ira de Bill—. Deja de coquetear y haz tu trabajo, tonta.

Qué gruñón —dijo ella juguetona—, te pondrás viejo antes de tiempo.

Y tú te quedarás sin trabajo si no te das prisa —le amenazó.

Bill… —le dijo Tom con tono de regaño, aunque le parecía muy gracioso lo que estaba presenciando.

Ya… ya me voy —dijo ella y salió del cuarto, volviendo a guiñarle un ojo al de rastas.

Maldita perra —gruñó el chico y el mayor le revolvió el cabello con cariño.

No te pongas así, recuerda que vine a verte a ti y no a ellas —esas simples palabras, alegraron el corazón del pelinegro.

& Continuará &

Bill está celoso y no puede evitarlo, pero mañana es la fiesta y Bill se lucirá ¿será el turno de Tom de mostrar celos? ¿O será verdad que sólo lo quiere como un hermano? No se pierda la continuación y no olviden comentar, así me hacen feliz, cariños a todos.

Escritora del fandom

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