12: Profecía cumplida

Minotaurus II: Furia Taurina” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 12: Profecía cumplida

Soy tu líder —El color del rostro de Bill desapareció—. Y si no quieres que elimine a tu “mamita” y al estúpido de tu padre, más vale que vengas a su casa ¡AHORA!

La llamada se cortó, dejando el sonido de la línea vibrando en el oído del menor.

Phillips matará a mis padres —Apenas articuló el pelinegro.

Los G’s habían girado en sus asientos para mirar a los Kaulitz. Gustav sintió pena por el pelinegro, sus ojos mostraban desesperación, mientras Tom trataba de consolarlo apretando su mano. Pero todos sabían que Phillips era un hombre despiadado y que no podrían confiar en sus palabras. Existía la posibilidad de que al llegar allá, el líder ya hubiera asesinado a los padres de Bill. Lo más prudente era pensar las cosas con calma y tomar las mejores decisiones.

Llama a Thor, Gus —Mandó el castaño, mirando a su pareja. Pero fue detenido por el mayor de los hermanos.

No. En las condiciones en las que se encuentra Tobi, no podemos arriesgarlo —Miró a su “mate” y agregó—. Tendremos que ir nosotros.

El rubio giró de inmediato retomando su posición frente al volante y encendió el motor.

¡¿Estás loco?! —Gruñó Geo, tratando de moverse en su lugar, para enfrentar al trenzado—. Los matará apenas los vea.

Bill no dijo nada, sabía que su primo tenía razón, el líder no era de fiar y su único objetivo era matar a los elegidos, sobre todo ahora que Karol ya no existía, en esos momentos ni Tom ni él, le eran de utilidad.

Si analizamos las cosas —intervino el trenzado, sin soltar la mano del pelinegro—. Ayer, Phillips escapó del ataque sólo con una persona. Tal vez su primera prioridad fue ocultarse.

Es posible —Estuvo de acuerdo el rubio—. Pero si pudo conseguir el número secreto de Bill, quiere decir que está con alguien de su confianza, alguien como Thor o Loki. Quizás está con más de una persona.

¿Se están oyendo? —Gruñó el castaño—. Por supuesto que está con más de una persona. De lo contrario no podría mantener a la familia de Bill como rehenes. Ellos son dos, más la servidumbre. Requiere de más gente para lograrlo.

No necesariamente —alegó Gus—. Piensa en lo siguiente: Phillips llega a casa de Bill, como el líder de la manada, ¿qué hace la gente de allí? —El rubio seguía conduciendo, aumentando la velocidad para llegar pronto a su objetivo—. ¿Lo atacan?

No podrían. Sería traición al Clan —respondió el pelinegro, logrando que Geo abriera los ojos grandemente, comprendiendo el punto de su novio.

¿Crees que sería así de fácil? —Insistió el castaño.

Sería rápido —contestó el rubio, dándole una mirada de lado—. Podría ser una oportunidad.

Tom miraba a los G’s a medida que hablaban, con una sonrisa de lado. Sabía que Georg estaba preocupado, el chico no era un cobarde, pero no quería arriesgar la vida de Gus, ni la de sus primos, para él nada había vuelto a ser simple después de presenciar la muerte de su “mate” y el bebé que ella esperaba.

Tal vez la única oportunidad —Puntualizó el trenzado—. Y la tomaremos.

Creo que están siendo unos ingenuos —De inmediato abrió la pequeña cajuela del vehículo y sacó las únicas dos pistolas que tenía allí—. Pero si nos vamos a enfrentar a Phillips, no lo haré desarmado.

Gracias Georg —susurró el pelinegro, quien temblaba ligeramente en el asiento.

Avisaré a Ichiro y a “K” —dijo Tom, cogiendo el celular—. Creo que son los más cercanos a la ciudad en estos momentos.

&

Cuando entraron a la zona residencial de la casa de los Kaulitz, el pelinegro habló súbitamente, como recordando algo.

¡Detente, Gus! —El rubio dio una frenada en seco, provocando un salto en todos los tripulantes del coche.

¡¿Qué rayos?! —Gruñó Geo, volteando su rostro.

Si entramos por aquí seremos un blanco fácil —explicó el joven—. ¿Geo, recuerdas la casa del árbol? —El aludido alzó una ceja y una sonrisa cómplice se formó en sus labios.

Sabía que no eras un suicida, Bill —comentó el chico, quitándose el cinturón—. Estaciona correctamente, Gus. No queremos llamar la atención —Los otros dos miraron a Bill y simplemente hicieron caso.

Todavía quedaban algunas calles por caminar, pero como dijo el pelinegro, si se acercaban frontalmente, serían un blanco fácil para el enemigo, suponiendo que no estaba solo.

Tom caminaba junto a su gemelo, dando miradas furtivas en todas direcciones, buscando no sólo enemigos, sino también, alguna señal de Karol o el Minotaurus, después de todo, se enfrentarían a Phillips, la causa principal de su venganza, pero no había nada, ningún rastro, ninguna vibración especial, nada. Eso lo desconcertaba un poco, pero no importaba, confiaba en la promesa hecha por el dios toro, si ese era el día indicado, acabarían con el líder, pero si no lo era, ya llegaría la ocasión.

¿Dónde vamos exactamente? —preguntó Gus, sacando al trenzado de sus pensamientos.

Cerca de mi casa, en la parte trasera, hay un pequeño parque —relató el menor—, Geo y yo solíamos ir ahí cuando pequeños.

Y de adolescentes —intervino el castaño—, nos colábamos a la casa por ahí, cuando regresábamos a alguna fiesta a la que no nos habían permitido asistir.

¡Bill! —La voz de Tom quiso sonar severa, pero la verdad es que quería bromear con el pelinegro, para soltar la tensión de su cuerpo, cosa que sentía en su propia piel.

¡Georg! —Gruñó a la vez el aludido—. Tom pensará mal de mí, por tus comentarios sin sentido —El plan del trenzado había funcionado, porque su “mate” sonrió abiertamente ante eso.

Bueno, aclaremos un poco… —agregó Geo con una sonrisa—. Nos escapábamos juntos, pero Bill ya no se divertía como antes, por una estúpida regla que le pusiste —Señaló a Tom con el índice en forma de acusación—. No quería acostarse con nadie.

Porque estaba enamorado —corroboró el pelinegro, cogiendo la mano de su gemelo con dulzura.

Y supongo que tú te acostabas con medio mundo —Gruñó el rubio, sintiéndose celoso de repente, cosa que alegró a su novio.

Eso era antes de conocerte —Georg se acercó al rubio y pese a sus quejidos, le robó un beso, haciéndolo reír.

Bill se detuvo, señalando con su mano el lugar. Todos se miraron, tensando sus cuerpos, había una aura extraña en el aire, seguramente eran los nervios que todos sentían pulsar en sus cuerpos.

Guarden silencio —Pidió Bill, aunque todos sabían que debían hacerlo, porque sólo deseaban terminar lo antes posible con este problema.

Llegaron al límite del parque, a una pared cubierta de hermosas enredaderas. Bill metió las manos entre las hojas, buscando.

Aquí está —Escucharon un leve clic y de pronto, el pelinegro se inclinó hacia un pequeño hueco en la pared.

¿Qué es eso? —indagó el rubio, curioso.

Solía ser un lugar para sacar la basura —respondió en susurros el castaño—, pero mi tío Allen era demasiado cursi para dejar que hubiera puertas detrás de su casa, así que la cubrió con plantas.

No es ser cursi, creo que era paranoico como mi padre —comentó el rubio, pero Bill arrugó el ceño, pidiéndoles silencio.

Lo siento —murmuró Gus.

Entraron agazapados al jardín trasero de la mansión. Bill les indicó la puerta de la cocina y casi corrieron hasta el lugar. El pelinegro giró el pomo con mucha lentitud, como tratando de evitar hacer algún ruido, pero nada se oyó.

Tom movió a su “mate” y fue él, el primero en asomar la cabeza. La cocina estaba despejada, no había nadie y un aroma a café se podía palpar en el aire. Abrió más la puerta, entrando del todo y dejando espacio para permitir el acceso de los demás.

Bill le dio una mirada a Georg y señaló una entrada que daba al sector izquierdo de la mansión: la escalera hacia las habitaciones. Asintiendo, el castaño cogió la mano del rubio y se dirigió hacia allá.

Tom caminó hasta la otra entrada y se congeló, cuando el cañón silenciador de un revólver, le apuntó directo a la cara. Retrocedió dos pasos muy apegado a la pared, evitando de este modo, que su agresor viera a Bill.

Debí suponer que estarías aquí —dijo mordazmente el trenzado—. Eres un maldito traidor al dios Minotaurus.

Al oír sus palabras y ver la peligrosa escena, el pelinegro se petrificó.

¿Un traidor? —repitió irónicamente Jorg Kaulitz—. ¿Quién es el que pretende asesinar al líder de la manada? —Chistó con los dientes—. Creo que no sabes muy bien los conceptos de lealtad, Tom.

¡Cállate! —Gruñó.

Debiste decírmelo desde un comienzo, Tom, que tú y el otro marica eran los padres del heredero.

No te atrevas a llamarle…

Me atrevo todo lo que quiero —Le interrumpió el hombre—. Siempre supe que te gustaba que te dieran por el culo. Lo supe desde que vi la puta marca en tu brazo.

Tom apretaba los puños enfurecido, elevando su aura roja e intensa, pero Jorg no parecía intimidado, es más, parecía disfrutar instigando la furia del trenzado.

Bill por su parte, también estaba furioso, podía sentir todo el odio que irradiaba Tom. Padecía en su pecho, todo el miedo que sufrió su “mate” durante su infancia, veía en su cabeza, cada vez que Jorg golpeó a Simone, su madre biológica y eso le hizo temblar de furia. Su aura era tan roja y poderosa como la del trenzado, pero Jorg estaba tan concentrado en burlarse de su hijo, que no percibió la enorme onda de energía a unos pies de distancia.

Y ese marica que tienes por “mate”, salió más marica que tú, con los ojos pintados y eso, no sé si reírme o sentir asco de ustedes.

¡Cállate! —Gritó Tom y saltó dispuesto a matar a su progenitor, pero un tiro silencioso salió de su revólver, impactando en su brazo.

Afortunadamente, Jorg Kaulitz no era un hombre entrenado en el manejo de armas, y pese a la mínima distancia, la fuerza del disparo, movió su mano ligeramente, acertando sólo al brazo del elegido y no a su pecho, como intentaba.

«¡NOOO!»

El grito del pelinegro quedó ahogado en su garganta, viendo casi en cámara lenta, como su compañero caía manchado de sangre.

Al sentir la presencia bestial, Jorg soltó lo único que podía haberlo salvado en esos momentos. Sus piernas flaquearon, esa imagen se había repetido cientos de veces en su cabeza como una profecía, desde que vio al chico por primera vez: el aura del toro, rodeando al “mate” de su hijo, corriendo hacia él y luego… el dolor.

Bill lo había congelado con el poder de su ira, sus manos fueron directamente al cuello de Jorg, apretando sin piedad. Sus ojos brillando con el mismo tono de la furia taurina, rojo como la sangre que pensaba derramar con sus propias manos.

Te dije que jamás tocaras a mi “mate” —susurró las palabras con los dientes apretados.

El hombre frente a él se ahogaba por la falta de oxígeno, pero no podía decir nada, sabía que venía algo peor.

Maltrataste a Tom todos estos años por tu absurda homofobia, golpeaste a nuestra madre por tus celos infundados —Los ojos de Jorg se abrieron grandemente, ante esa nueva revelación—. Por supuesto que no lo sabías —dijo sarcásticamente el pelinegro—. El traidor de Phillips, al que tanto quieres defender —arrastró las palabras, sin dejar de presionar con fuerzas—, ese hombre cambió a tus hijos, Tom y yo somos gemelos, somos “mates” y somos los elegidos del dios Minotaurus.

Yo… —Quiso decir algo, pero el menor no se lo permitió.

Y ahora tu otro hijo, será quien te mate —Una sonrisa macabra se pintó en el rostro de Bill y Tom supo lo que vendría, pero no haría nada para interferir, Karol a su lado asintió, dando la autorización para acabar de una vez.

Las manos del pelinegro subieron de la garganta de Jorg Kaulitz, hasta sus ojos, incrustando los pulgares en las orbes que los veían con terror. El resto de sus dedos, presionó su cráneo como los tentáculos de un pulpo y oprimió.

Jorg sentía todo el odio del joven frente a él. La visión de su muerte se hacía realidad, lo que nunca esperó era el trozo de información que recibió justo en esos segundos, el verdugo de todos sus crímenes, sería justamente el hijo que nunca conoció, al que creyó muerto y en esos últimos momentos de vida, algo hizo clic en su cerebro, ellos no eran suyos, nunca lo fueron.

La presión se intensificó, al igual que el dolor. Jorg quiso gritar, gemir, llorar, pero algo no se lo permitía. Sus ojos carnales no veían, estaban destrozados, pero en su mente, la imagen de una pequeña de mirada furiosa era tan nítida como el sol al medio día. Era ella quien le impedía gritar, pedir ayuda y alertar al líder, para que por lo menos él pudiera matar a los hijos de la perra de su mujer.

La niña pareció escuchar sus pensamientos, porque frunció el ceño y estiró su mano, tocando justo en su frente y luego todo fue negro.

Bill vio con horror, como la cabeza entre sus manos, se hacía pesada. Alertándole que ya no había alma dentro de ella, que sólo era un cuerpo vacío, inerte. Lo arrojó al suelo con asco y se limpió las manos, como si quisiera sacar todos los virus que le pudo haber contagiado aquel ser despreciable.

Billa… —Gimió Tom desde un costado y el pelinegro corrió a sus brazos.

¿Estás bien?

Me hirió, pero no creo que sea muy grave.

Déjame hacer un torniquete —La voz de Bill era muy clara, pese al episodio de ira que acaba de terminar.

Se puso de pie y tomó un paño de cocina, cortándolo a tirones, para usarlo como vendaje. Se sentó junto a su “mate” y vio superficialmente la herida, no tenían tiempo de limpiarla, porque en esos momentos se veían muy vulnerables.

¡Ay! —Se quejó el trenzado, cuando Bill dio un tirón a las telas.

Lo siento —susurró el pelinegro, pero lo volvió a hacer, terminando el nudo.

¿Crees que ya saben que estamos aquí? —preguntó Tom, mirando hacia la entrada por la que Jorg los había sorprendido.

No lo creo.

Esperemos no haber arruinado la sorpresa —Trató de bromear el mayor, pero Bill permanecía serio.

Ven, trata de ponerte de pie —Se apoyó en el piso y trató de ser un soporte para Tom, quien se sujetó de él y logró levantarse—. Bien hecho, Tomi.

&

En la segunda planta de la mansión, Los G’s sostenían firmemente sus armas, mientras revisaban cuarto por cuarto. Al llegar a la habitación del pelinegro, Gustav abrió bruscamente la puerta, sorprendiendo a un hombre de gafas.

¡Quieto y callado! —Ordenó Georg con la mirada fría. Todos los entrenamientos con Anis estaban dando sus frutos, porque ninguno de los chicos titubeó y el agente frente a ellos, puso las manos detrás de su cabeza.

¿Quién eres tú? —interrogó el rubio, buscando algo para atar al hombre en la misma silla en la que estaba sentado.

Malcon Guinn, controlador —respondió y el rubio comprendió al ver su portátil, que fue él quien descubrió el número secreto del celular de Bill.

¿Cuántos más hay aquí? —cuestionó el castaño, acercándose poniendo el arma en la frente sudorosa del hombre. Sabía que debía presionarlo, atemorizarlo, o de ninguna manera traicionaría al líder.

El hombre apretó los labios, no diría nada. Si ese joven lo mataba, moriría como un héroe. Pero si decía algo y Phillips se salía con la suya, entonces no sólo él moriría, sino también su mujer y su hija pequeña.

La muerte es muerte al fin y al cabo —comentó Gustav quitando el arma de Georg de la cabeza de Malcon, quien le miró con miedo—. Sé lo que estás pensando, prefieres morir tú a que maten a toda tu familia, ¿no es así? —El hombre no dijo nada, pero sus ojos confirmaron las palabras del rubio—. ¿No confías en el poder del Minotaurus? ¿No es acaso tu dios? —Ni el castaño ni el agente, parecían comprender al chico de gafas—. Lo que trato de decir es que los elegidos están ganando esta guerra.

¿De qué lado estás, Malcon? —preguntó Geo, ayudando a su novio.

¿Seguirás a Phillips a su muerte? —El hombre pareció sorprendido antes sus palabras y titubeó.

Yo… no quería.

Lo sabemos. Sólo seguías órdenes —El rubio palmeó su hombro.

De pronto, Malcon se quedó pasmado, mirando de frente con mucho temor. Los G’s giraron en dirección a la puerta, descubriendo a la pequeña y hermosa Karol, flotando hacia ellos.

Ella te juzgará —explicó Georg, recordando lo ocurrido en el primer ataque al Club Bohemio.

El rubio cogió la mano de su novio, sintiéndose nervioso. Sabía que ese hombre, era una persona de ciencia, alguien común y corriente, pero trabajando para el bando equivocado. Tuvo temor de que su mente lo traicionara y Karol lo ejecutara como hacía con los traidores del dios toro. Dentro de su pecho, quiso que aquel hombre tuviera una oportunidad y regresara con su familia, quienes seguramente no tenían idea de lo que tuvo que hacer para mantenerlos con vida.

Karol era bella a los ojos de los G’s, pero Malcon la veía con su cabello revuelto, agitándose ante una brisa ficticia, y con los ojos más amenazantes que jamás hubiera visto en su vida. Apretó los párpados al sentir un frío intenso cubrirlo, ella lo estaba abrazando, pero de algún modo no era sólo eso. Sintió una punzada de dolor en sus sienes, como cuando comienza una migraña y luego… calma. Abrió los ojos y la criatura que le causó pavor, tan sólo segundos atrás, ya no estaba. En su lugar, una bonita niña rubia le sonreía.

Has sido perdonado —afirmó Gustav, al ver que Karol desaparecía.

Dios, Dios, ella, ella.

Ella era la hija de los elegidos —explicó Georg—. Aquella que Phillips ha intentado matar, desde que estaba en el vientre. La hija de la venganza.

Ella destruirá a todos los que son verdaderos traidores —agregó el rubio.

Yo no… —El hombre aún estaba perplejo—. Nunca quise, sólo estaba enojado con los dioses de Asgard, nunca quise dañar a nadie —Confesó.

Ella vio tu mente y tu corazón —prosiguió el castaño—. Tanto ella como el Minotaurus, te han perdonado. Vete, regresa con tu familia.

Gracias…

Los G’s se apresuraron a seguir investigando. Pero Malcon no pudo moverse, sus piernas temblaban por la extraña experiencia.

&

Los Kaulitz caminaron hacia el salón que daba a la entrada principal de la mansión. Tom se sostenía el brazo herido, mientras Bill se adelantaba, para evitar exponer a su “mate” ante otra posible amenaza.

El cuerpo del pelinegro se tensó al escuchar los sollozos de su madre.

Por favor, déjeme llevarlo a un hospital —Le oyó decir.

Tom apretó su muñeca, al ver que intentaba lanzarse frente al hombre, quien sostenía un arma. Negó con la cabeza, y estiró la mano para señalarle la figura fantasmagórica de su hija, el cual había aparecido a los pies de la escalera.

No te molestes Susie, de todas formas acabaré con Allen —Se burló el líder.

¡No! —Gritó el pelinegro, alertando a todos en el salón.

¡Hijo!

¡Bill! —Gritó la mujer, temblando al lado de su esposo, quien sangraba profusamente.

Bienvenidos —Saludó Phillips, con parsimonia.

Hijo mío —reiteró la mujer.

Oh, ya basta de lloriqueos. Él ni siquiera es tu verdadero hijo —El líder escupió las palabras con saña, sorprendiendo al matrimonio Kaulitz.

¡Cállate! —Rugió el pelinegro, encendiendo furiosamente su aura roja. Tom a su lado hizo lo mismo, dándole a entender a Phillips, que si atacaba a uno, tendría que destruirlos a ambos o moriría en el intento.

El líder sintió la energía que los jóvenes irradiaban y les apuntó con el revólver.

Ha llegado la hora.

& Continuará &

Sí, queridos lectores, ha llegado la hora de ver el enfrentamiento entre los Kaulitz y Phillips. ¿Quieren hacer sus apuestas? Jajaja, no se pierdan la continuación. Besos y que tengan un día hermoso.

Escritora del fandom

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