13: Furia Taurina

Minotaurus II: Furia Taurina” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 13: Furia Tarurina

¿Estás seguro de lo que nos estás diciendo, Dylan? —cuestionó Ichiro con un brillo especial en sus ojos.

No lo diría si no lo hubiera autorizado el mismo dios toro —respondió el pelinegro con una sonrisa, la cual perdió al oír el ruido insistente en el celular de la chica junto a ellos.

Soy “K” —Se identificó rápidamente, antes de preguntar—. ¿Ya tienen a Tobi? ¡¿Qué?! —La exclamación que soltó, puso en estado de alerta a sus dos acompañantes—. ¡No lo hagas, Tom! —Su esposo quiso quitarle el aparato, pero ya era demasiado tarde, Tom había terminado la llamada, dejando a “K”, completamente furiosa y con la cara roja por la ira contenida.

¿Qué sucedió? —indagó el japonés.

¡Estos idiotas! —Gruñó y emprendió el camino hacia la puerta más cercana—. Les han tendido una trampa.

¡Espera! —Ichiro apretó su hombro para detenerla—. ¿Los lobos los emboscaron? —indagó, buscando en sus ojos, encontrando sólo desesperación—. ¿Están heridos?

Es algo mucho peor —intervino Daylan, caminando hasta ponerse junto a la joven pareja—. Será mejor que vaya con ustedes —El semblante del adulto, provocó un escalofrío en la espalda del chico—. Ha llegado la hora.

¡Sean claros! —Mandó el japonés, exigiendo una respuesta de cualquiera de los dos.

Thor y Loki van en camino a la base, con Tobi en su vehículo, vivo, pero inmovilizado —comenzó a explicar la mujer—. Tom me llamó para contarme que Phillips interceptó el número secreto de su móvil y los llamó, ordenándoles ir a la casa de Allen Kaulitz, o lo matará a él y a su mujer —La chica también conocía el verdadero lazo entre los gemelos.

¡Es una puta trampa! —Casi gritó el chico.

Lo sé —“K” apretó su katana, completamente cubierta por una bella tela negra—. Por lo menos nos avisaron. Tenemos un par de horas para llegar allá —agregó, tras comprobar el tiempo en su reloj.

Esperemos llegar antes que los elegidos —comentó Ichiro, pero Dylan apretó sus labios en una fina línea, al parecer, aquello no sería posible.

Los tres subieron al coche negro. El japonés al volante, Dylan a su lado y “K”, en el asiento trasero, para maniobrar la katana con facilidad en caso de ser necesario.

Condujeron en silencio, cada uno meditando en sus propios pensamientos. La ex mano derecha del líder, temblaba ligeramente y daba miradas de soslayo a Ichiro, hasta que finalmente alzó la voz y dijo.

Pase lo que pase, chico, no pierdas tu sonrisa —“K” no se percató de aquella frase, pues iba concentrada en la ventana de su izquierda, tratando de identificar a algún coche enemigo o a algún rostro encubierto.

No lo haré —Y justamente le ofreció una sonrisa.

Dylan lo observó y permaneció en silencio. Hacía meses que había estado recibiendo este tipo de visiones sobre la venganza del Minotaurus. Imágenes que se repetían una y otra vez, hasta que cobraban sentido en su cabeza y se ordenaban, hasta formar una secuencia completa de un evento que sucedería, y del cual, debía ser el testigo principal.

Había sido perdonado por el dios toro, pero a la vez, debía expiar su culpa y que mejor manera que observando lo que ocurría a los traidores de la gran bestia. Presenciando como ellos revivían sus culpas hasta que su cerebro explotaba dentro de sus propias cabezas. Era como su propio castigo, ver previamente y luego en vivo, como los pecados de los miembros influyentes del clan salían a la superficie para recibir su condena. Era cierto que él no los cometió, ni los ordenó, pero sí fue consciente, de cada vejamen, de cada golpiza, de cada crimen.

El tiempo seguía trascurriendo y otra vez la imagen del joven a su lado aparecía en su mente. Empuñó las manos y confió en que todo se arreglara, la furia taurina había comenzado, sabía que podía confiar en su dios, pero aquel chico no era miembro de la manada y pese a sus buenas intenciones, algo malo le ocurriría.

—“K”, a la derecha —llamó el japonés y la chica se movió a la ventana contraria, buscando la referencia de su esposo.

Es su coche —confirmo la mujer y de inmediato, Ichiro aparcó detrás del otro carro oscuro.

Los tres descendieron y revisaron someramente el vehículo, hallándolo vacío. El joven buscó con la mirada alguna señal y luego emprendió el camino, siendo seguido por Dylan y su señora.

No hay ningún indicio de tiroteo —informó el chico, haciendo uso de sus conocimientos estratégicos de combate—. El coche fue estacionado cuidadosamente y aún conserva calor, lo que indica que posiblemente estén recién llegando.

Bill ha vivido aquí la mayor parte del tiempo, seguro fueron por detrás —agregó “K”.

Entonces iremos por el frente. Debemos llamar la atención hacia nosotros —comentó el chico, sabiendo la importancia de los elegidos, pero una mano en su hombro lo detuvo momentáneamente.

¿Estás seguro de hacer eso? —Dylan sabía que no debía intervenir, pero ese joven era una persona honesta y la visión en su cabeza se tornaba nebulosa y muy injusta.

Los gemelos no van armados y si algo ocurre, debemos protegerlos —afirmó, sin ninguna duda en su mirada.

Bien —El pelinegro bajó la mano y continuaron su camino.

El condominio era un lugar tranquilo y silencioso, el único ruido que podía oírse, eran los aspersores regando los bellos jardines.

Al ver la casa de los Kaulitz, la postura de los guerreros cambió. Sus cuerpos se tensaron y la chica se acercó a una ventana frontal, mientras que Ichiro se ubicaba junto a la puerta, listo para derribarla de una patada. “K” vio un vistazo dentro y habló.

Hay un herido y está apuntando a Bill.

&

Hijo mío —llamó la mujer.

Oh, ya basta de lloriqueos. Él ni siquiera es tu verdadero hijo —El líder escupió las palabras con saña, sorprendiendo al matrimonio Kaulitz.

¡Cállate! —Rugió el pelinegro, encendiendo furiosamente su aura roja. Tom a su lado hizo lo mismo, dándole a entender a Phillips, que si atacaba a uno, tendría que destruirlos a ambos o moriría en el intento.

El líder sintió la energía que los jóvenes irradiaban y les apuntó con el revólver.

Ha llegado la hora.

Un golpe sordo se dejó oír, mientras la puerta principal caía estrepitosamente. El joven Ichiro alzó la mano y arrojó una estrella ninja que pasó muy cerca de la cabeza del líder, desviando su atención a un nuevo blanco. Phillips movió el brazo y simplemente disparó, encubriendo el ruido con el cañón silenciador.

¡NO! —Escucharon el grito femenino de “K”, al ver caer a su marido, con la mano en el estómago, mientras una mancha oscura se asomaba por entre las ropas.

Dylan había visto la escena incontables veces en su cabeza, Ichiro lanzando la estrella, el disparo y luego su sangre ensuciando todo el lugar. Él sabía que debía ocurrir tal y como lo había visto, pero aun así, no pudo evitar derramar una lágrima por el joven. Entró en el salón y caminó hasta un rincón, sin llamar la atención de nadie, él simplemente debía ser un testigo, debía ver, sin decir nada, sin hacer nada, sólo ver.

«¡Es injusto!» Era la primera vez que pensaba algo sobre todo esto. Se había dedicado a aceptar sin reparos, pero esto no era parte del plan, esto se salía de los márgenes establecidos por el Minotaurus, esto era “injusto”.

K” lloraba abrazando el cuerpo de su marido, viendo como sus ojos perdían enfoque, pronto se desmayaría y moriría. La mujer quiso gritar, saltar sobre Phillips y matarlo con sus propias manos, pero no podía abandonar a Ichiro, no lo dejaría morir solo, no dejaría que lo último que viera, fuera a su esposa arrebatando una vida. No, lo último que el japonés vería sería a ella.

El aura de los Kaulitz brillaba intensamente, roja y llena de furia. A los pies de la escalera, Karol había presenciado la escena, su cabello largo y negro, flotó furiosamente detrás de su cabeza, dándote la idea de que era la mismísima hija de Medusa, dispuesta a atacar y destruir. Pero la idea de Karol distaba mucho de petrificar a Phillips, no, el maldito no tendría una muerte tan rápida, tan limpia.

El fantasma abrió los ojos, mostrándolos del mismo tono del aura de sus padres y en un brillante centello, el arma del líder quedó suspendida en el aire. Phillips vio con terror como su única defensa, se alejaba de él, en dirección a la escalera y cuando sus ojos se posaron en la figura que flotaba allí, se congeló.

Aquella visión, aquella niña sin rostro, aquellos pies que no tocaban el suelo.

¡Eres… eres… eres! —Su voz tembló y él mismo trastabilló hacia atrás, intentando huir de su inminente futuro.

Karol flotó hasta el hombre que temblaba incontrolablemente. La chica lo miró, ladeando un poco la cabeza, burlándose de él, porque sólo segundos atrás era él quien se mofaba de los presentes en esa habitación.

Bill dio un paso al frente y Tom se sujetó de su hombro. Ambos miraban a su hija y por primera vez, vieron lo molesta que estaba.

¡Ha llegado la hora de tu castigo, Phillips! —El mayor de los Kaulitz dijo con la voz fuerte y clara—. Comenzarás con todos los bebés que no debieron ser concebidos a la fuerza, por el hechizo del Minotaurus.

Karol entró en la cabeza del líder y le mostró todo el horror que sintieron mujeres y hombres al ser violentados sexualmente por sus parejas, cuando se practicó el hechizo. Pero no se quedó sólo en el dolor mental, Karol tenía el poder de su padre, para hacerle sentir físicamente lo que significaba una violación. Phillips se retorció en el piso y se movió bruscamente, mientras padecía por sí mismo la fuerza de las embestidas brutales de una vejación.

Susan, estaba tan concentrada en apretar la herida sangrante de su esposo, que no se percató de lo que ocurría a su alrededor. Lo mismo sucedía con “K”, quien estaba pendiente de susurrar palabras de cariño a su amado esposo.

Pero los gemelos y Dylan presenciaban todo con detalle. Tom sabía por la naturaleza de los movimientos que veía en el hombre, lo que le estaba ocurriendo y aunque sintió asco, no desvió el rostro, pues aquel ser perverso se merecía eso y más.

Los G’s bajaron por las escaleras principales y vieron el final de la escena, quedándose petrificados en medio de los peldaños. Sabían que Karol estaba efectuando el juicio, y habían notado que en esta ocasión, la sentencia era diferente.

¡Serás castigado por las torturas que has realizado contra gente inocente! —anunció Dylan, exponiendo su posición—. Donde obligaste a otros a hacer el trabajo sucio por ti —dijo con los dientes apretados «Y las que me obligaste a presenciar» Terminó para sí mismo.

El fantasma de Karol alzó una mano y lentamente fue bajando cada uno de sus dedos. Y cada vez que lo hacía, uno de los dedos de Phillips se fracturaba, haciéndolo llorar de dolor. El hombre estaba imposibilitado de gritar, pues había un sello en su boca, esa venganza debía realizarse y nadie llamaría a la policía para impedir que sucediera, nadie escucharía gritos, nada.

Bill apretó la mano de Tom, sintió que vomitaría en cualquier momento, pero ese no era el momento de ponerse sensible, ese era un juicio y debía estar presente, porque eran los jueces, representantes del juez superior. Su gemelo le dio una mirada de fortaleza y regresaron su atención a Phillips.

Karol traspasó sus pensamientos a su padre pelinegro, quien vocalizó su siguiente sentencia—. ¡Serás castigado por las golpizas innecesarias que recibieron los hijos de la manada, por no seguir tus órdenes!

Entonces la pequeña fantasma, extendió sus brazos al frente, con las palmas hacia arriba y luego las volteó, dejando las palmas mirando hacia abajo. En esos precisos instantes, el cuerpo del líder se sacudió violentamente, como si fuera brutalmente golpeado, recibiendo patadas y todo tipo de golpes, tal como taurinos inocentes recibieron alguna vez, por culpa suya.

Cada momento de agonía para Phillips, sólo eran un par de minutos en la vida real, que para él se sentían infinitos. Porque a pesar de toda la ira que el Minotaurus quería derramar sobre él, ese rufián era su hijo y un padre, nunca permite que los pesares de sus hijos se extiendan más allá de lo necesario.

¡Y ahora, pagarás por cegar las vidas de quienes no debían morir! —Finalizó Tom, apretando la mano de su “mate”.

Phillips escuchó esa frase, como si fuera un bálsamo, por fin la muerte le daría descanso y tranquilidad. Pero no contó con que el pequeño ser que flotaba frente a él, se acercara y tocara una parte de su sistema nervioso, activando todas las fibras del dolor, haciéndolo convulsionar en el piso, como si estuviera recibiendo una descarga eléctrica. Su cuerpo saltó hasta que su cerebro no lo soportó más y finalmente, murió.

Karol, con su cabello rubio y sus ojos azules, giró para ver a sus padres y sin poder darles una sonrisa, les pidió disculpas.

«Lamento mucho que tuvieran que ver esta escena tan terrible» Dijo ella directamente a sus mentes y sus cejas se unieron un poco, para mostrar que amaba tanto a sus padres, que no quería que presenciaran ese feo suceso.

«Yo lamento que hayas sido tú quien lo realizara» Contestó Tom, del mismo modo mental, sintiendo como su pareja apretaba su mano.

«Yo estaba dispuesto a matarlo con mis propias manos» Las palabras del pelinegro, hicieron sonreír a la niña.

«No padre, tú sólo defendiste lo tuyo, no necesitas mancharte las manos con nadie más» Esas palabras, indicaban a ambos, que el crimen de Bill contra Jorg, había sido absolutamente justificado «Ahora debo retirarme»

«¡Karol!» Bill la llamó casi desesperado. Era cierto, ahora que la gran venganza había acabado, tal vez no volverían a ver a la pequeña rubia tan a menudo.

«Ya te dije que volvería, confía en mí, papá»

Los ojos del pelinegro se llenaron de lágrimas y Tom lo envolvió en un semi abrazo, por causa de su lesión.

¡No! —El grito de “K” los volvió a la realidad—. ¡No me dejes!

El trenzado iba a dar un paso y cayó de rodillas.

¡Tom! —Bill cayó a su lado, nervioso al ver la gran cantidad de sangre, pese al torniquete que había hecho.

Entonces una luz intensa brilló en el salón. Los G’s ya estaban junto a los gemelos, cuando aquella claridad, los encegueció unos segundos.

No tengáis temor —Todos los presentes oyeron esa voz, que sonaba como una melodía.

Los G’s se miraron, ya la había sentido antes, no tan nítida como ahora, pero si con la misma intensidad. Fue esa “música” la que los guió en el Laberinto del Minotaurus, y la que los llevó a volverse amantes.

Yo sanaré a los heridos y bendeciré a mis hijos.

Dylan estaba esperando aquello, esa era la parte de la profecía que aún no había visto y la que ciertamente, más anhelaba. La luz se dispersó en seis fragmentos y voló, hasta introducirse en las personas del salón.

El testigo observó como una luz entraba en el cuerpo de Ichiro, llenándolo y brillando especialmente en puntos que debían ser sanados. Dylan parpadeó sorprendido, el chico era humano, pero aún así estaba recibiendo el cuidado y la atención del dios toro. Su sentimiento de “injusticia” había quedado en el olvido, su dios era misericordioso y bendecía a sus hijos, aun cuando éstos no pertenecieran a la manada. El joven japonés abrió los ojos y sonrió a su esposa, quien aún lloraba.

Estoy bien, siento haberte asustado —susurró el chico y sonrió, recordando las palabras de Dylan.

La mujer lo abrazó y fue entonces que el testigo notó que también había luz en el cuerpo de la chica, en su vientre para ser exactos.

¿Allen, te sientes mejor? —preguntó su esposa, acariciando su rostro, con sus finas manos, manchadas de sangre—. ¿Te duele algo?

Dylan vio que al igual que Ichiro, Allen Kaulitz también había sido sanado del impacto de bala y ahora sonreía a su mujer. Entonces desvió la vista a los elegidos, quienes aún se hallaban en el piso, rodeados de la hermosa luz blanca. Sus cuerpos resplandecían y se abrazaban con un cariño único, existente sólo en parejas de “mates”. Estaban de rodillas y la luz era tan intensa, que Dylan no pudo percatarse de en qué lugar había brillos especiales, pero pudo percibir una coloración diferente en el vientre del trenzado.

«Sólo falta el renacer» Pensó el pelinegro y procedió a salir de aquel lugar. Su misión había acabado ese día. Había sido testigo de la muerte del líder corrupto, como también del amor del dios por sus hijos. Con eso era suficiente, necesitaba descansar y abrazar a su esposa. Ahora que Phillips no existía, podía respirar tranquilo, el resto del Club Bohemio, estaría demasiado asustado, como para hacer algún movimiento. Podría darse unos días de paz.

Todos necesitaban un descanso, sobre todo los gemelos, quienes pese a saber los deseos de dios Minotaurus, estaban exhaustos mentalmente. Presenciar esos juicios y esas muertes, habían desgastado sus emociones. Necesitaban reconectarse, necesitaban amarse. Y eso harían.

& Continuará &

Bueno, matamos a Phillips ¿Qué les pareció? ¿Esperaban algo más monstruoso? ¿Les gustó el regalo del Minotaurus de sanar a sus hijos, tanto taurinos como humanos? ¿Y qué eran esos brillos especiales? No se pierdan los últimos capítulos. Y recuerden que los comentarios me hacen muy feliz. Besos.

Escritora del fandom

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