14: Promesa. Parte 2

Minotaurus II: Furia Taurina” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 14: Promesa. Parte 2

Todos necesitaban un descanso, sobre todo los gemelos, quienes pese a saber los deseos de dios Minotaurus, estaban exhaustos mentalmente. Presenciar esos juicios y esas muertes, habían desgastado sus emociones. Necesitaban reconectarse, necesitaban amarse. Y eso harían… pronto, pero no tan pronto como el pelinegro hubiese deseado.

Ya había pasado una semana completa desde la muerte de Phillips y ellos no habían podido intimar ni una sola vez. Cada vez que Bill se acercaba con intensiones sexuales, el trenzado alegaba que estaba cansado, que le dolía la cabeza y un sin número de malestares extraños, que ocupaba como excusa para no hacer el amor.

En un principio el pelinegro no le dio importancia, pensando que era el estrés por las muertes que habían provocado al líder y a Jorg, incluso pensó que estaba adolorido por la herida de bala que recibió en el hombro y que el dios toro había sanado en esa ocasión. Pero cada vez que profundizaba un beso, su “mate” se alejaba con una sonrisa y se metía a la cama, culpando a alguno de sus dolores.

Finalmente, enojado y preocupado por este rechazo de su pareja, decidió preguntar directamente a quien había estado tratando a Tom, durante esa semana: la doctora Morgan.

Caminó hasta la habitación que utilizaba como consulta y escuchó la voz de Tom, hablando con ella. Se quedó de pie allí y tuvo ganas de entrar y exigir una explicación a ambos, cuando una frase llamó su atención.

Es un milagro, Tom —dijo la mujer.

«¿Un milagro? ¿Qué es un milagro?» Se preguntó y cuando cogió el pomo de la puerta, para abrirla, otra mano se posó en la suya. Era la hermana de la doctora Morgan.

Ritha… —murmuró su nombre. Se sintió descubierto, como si hubiese estado espiando, por eso habló tan bajito.

Clair está ocupada, Bill —dijo ella, imitando el tono de voz.

Pero…

Ven conmigo.

Él permaneció con la mano en la puerta, pero al ver que ella le daba una sonrisa de confianza, asintió y la siguió.

Luces cansado, Bill —comentó Ritha, invitándolo a sentarse en una de las mesas del comedor—. ¿Estás durmiendo bien?

La verdad, no —confesó el chico, sentándose frente a ella—. Por eso quería hablar con tu hermana.

¿Sobre Tom?

Mmm —Asintió.

¿Qué te preocupa?

Bill se sonrojó, no quería hablar de su vida íntima con otra persona, así que optó por usar una evasiva—. Se siente mal —Fue una mentira a medias, porque en verdad eso era lo que decía su “mate” para evitar tener relaciones con él.

Han pasado ciertas cosas, Bill —explicó la mujer—, desde aquel día en que el dios se vengó de la manada —El pelinegro le prestó mucha atención—. Ese día hubo luces aquí, incluso aquellos que permanecían en el bunker de Estados Unidos vieron esos destellos de luz.

Bill sabía a grandes rasgos lo que aquello había significado, el Minotaurus, había sanado a sus hijos y a todos los que contribuyeron a que la furia taurina se realizara, ya fueran parte del clan o fueran humanos.

Yo fui una de las que recibí una luz, Bill —El aludido arrugó el ceño, ella estaba perfectamente bien, no tenía ninguna lesión física, ¿por qué habría recibido una esfera de luz?

¿Estabas enferma? —preguntó, para quitarse la duda de la cabeza.

Eso es lo curioso, no lo estaba, no lo estoy, y tampoco las mujeres que recibieron esos destellos luminosos en sus vientres.

¿En sus vientres?

Sí. En mi caso fue así —Ritha miró al cielo, como recordando y relató—. Recuerdo que ese día, vi la habitación iluminarse y creí que alguien había encendido una bombilla extra, pero no era eso —Sonrió y prosiguió—. Cuando noté que la luz entró en mi cuerpo, no sentí nada físico, sino más bien, algo en mi corazón. Sentí que estaba llena de amor y que ese amor quería expandirse y hacerme flotar.

Bill siguió su relato con todos los detalles y no pudo evitar preguntarse a qué se debía todo aquello. Por un segundo pensó que podía tener relación con alguna enfermedad, pero si lo que Ritha le explicaba era cierto, entonces no comprendía.

Con el paso de los días, comencé a tener unas extrañas molestias.

¿Molestias?

Sí, dolores de cabeza, cansancio y algunas cosas más.

«Lo mismo que Tom» Pensó el chico y agudizó el oído cuando ella siguió hablando.

Por eso decidí consultar con Clair y resulta que no era sólo yo, quien presentaba esos síntomas.

¿Y qué te dijo ella? —Pues sabía que Tom era una de las personas que presentaba dichos malestares.

Me explicó que mi cuerpo había retomado su función primordial: estaba ovulando.

Bill no era un experto, pero tampoco un ignorante, así que preguntó—. ¿Estás ovulando, es decir… estás fértil? —La mujer asintió y el chico abrió más grandes sus ojos—. Pero ya tienes un hijo.

Lo sé. ¿No es maravilloso?

Ah, ya sé. Una vez, Anis nos contó que cuando el “mate” de alguien muere, el dios toro le permite volver a tener otra pareja.

Otra pareja, es cierto. Anis y yo perdimos a nuestros “mates” y ahora ambos podemos, ya sabes, estar juntos —Se sonrojó furiosamente—. Pero al parecer esta luz que entró en mi cuerpo, me ha devuelto la capacidad de procrear. ¡Podré tener un hijo con Anis! —Casi gritó y Bill se llevó las manos a la cara.

Entonces Tomi…

Tal vez está pasando lo mismo con él.

El pelinegro se puso de pie y simplemente corrió hasta la consulta de Clair. Entró justo cuando Tom se arreglaba la ropa y le dio un gran abrazo.

Te amo, Tomi —dijo con fuerzas y le besó la mejilla.

Y yo a ti, bebé —respondió el trenzado, sin estar seguro de lo que le pasaba a su pareja, quien había estado un poco gruñón esos días.

Bill, llegas en un momento excelente —comentó la doctora Morgan desde su escritorio.

¿Por qué motivo?

Tom cogió la mano del menor y lo guió para que se sentaran juntos, frente a la mujer.

He estado monitoreando a Tom durante esta semana, para comprobar la herida de bala y algunos síntomas que presentó —Bill asintió, para que prosiguiera—. Hoy hemos podido comprobar que su sistema interno se ha regenerado por completo.

¿Regenerado? —El menor no comprendió esas palabras.

Yo también estaba confundido, Bill —comentó el trenzado.

Cuando Tom dio a luz a Karol, tuvimos que hacer un procedimiento de emergencia. ¿Recuerdas que tuvo una caída? —Bill asintió, aún se sentía culpable, porque esa acción puso en riesgo la vida de su “mate”—. Cuando procedí a suturar la herida, tuve que extirpar el lugar en el que se albergó el bebé.

Oh…

En esos momentos, no creí que sería tan grave, pues todos los taurinos sólo dan a luz un hijo en la vida —explicó la mujer—. Sin embargo, desde el episodio con las luces, muchas mujeres y Tom, han mostrado una magnífica regeneración en sus tejidos y están en estado fértil en estos momentos.

La promesa, Tom —dijo el pelinegro girando en su asiento para mirar de frente a su pareja—. Ahora se puede cumplir la promesa.

Lo sé, amor —El mayor tenía una sonrisa brillante y tomó las manos de Bill, acariciándolas con el pulgar.

Ha sido un milagro —declaró Clair con una sonrisa.

Los gemelos salieron de allí radiantes de felicidad, pero pese a la nueva noticia, la doctora le dejó muy en claro a Bill, que Tom estaba muy sensible, esta regeneración lo había vuelto a dejar “virgen”, en sus canales internos, por lo que cualquier tipo de acercamiento íntimo, debía ser sumamente delicado.

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Los miembros corruptos del Club Bohemio se habían retirado, para ocultarse, temerosos de los últimos acontecimientos ocurridos en Berlín. Tras la muerte del líder, nadie se atrevía a hacer algún movimiento que delatara su presencia, por temor a recibir una muerte segura, como había sucedido con los otros.

Sin embargo, el dios toro era capaz de verlos a todos y mostraba sus conocimientos a su hija “K”, quien prácticamente era su nuevo oráculo. Ella señaló los rastros de otros miembros importantes del Club y “los siete”, procedieron a realizar un plan de ataque. Debían hacerlo, pues no estaban seguros si Karol, volvería a participar de la redada.

Cuando Thor hablaba sobre la estrategia a seguir, el pelinegro se puso de pie y alzó la voz—. Quiero saber dónde estará mi posición, llevo aquí media hora y todavía no sé cuál será mi papel, ni el de Tom.

Los presentes se removieron incómodos, todos notaban que Bill había estado “tenso”, por decirlo suavemente, y temían comunicarle la petición del Minotaurus. Pero alguien debía hacerlo, y sin dudarlo, todos miraron a Thor.

Mmm, Bill —habló, captando la atención del pelinegro—. Tom no irá a esta redada.

¿Qué? ¿Por qué?

Porque el dios todo, no quiere que se involucren, están demasiado agotados por los primeros encuentros.

¿Involucren? —Lo cortó con su interrogante.

Exacto, Tú tampoco nos acompañarás.

¡Están dementes, si piensan que me quedaré aquí de brazos cruzados! —Gruñó.

Son órdenes de la gran bestia, Bill. No puedes hacer nada al respecto.

Bill arrugó el ceño, empuñó sus manos y salió de allí, dando un portazo.

¿Por qué no le dijiste todo? —preguntó “K” con una sonrisita traviesa.

Si le hubieras dicho que debe dedicarse a concebir otro bebé, no se habría puesto tan furioso —agregó Ichiro—. Creo que le prepararé un té de manzanilla, para que se relaje.

Anis estalló en risotadas, mientras el resto del grupo los miraba con cara de “¿de qué carajo están hablando?”

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Bill salió iracundo fuera de las instalaciones, necesitaba despejarse y por primera vez en meses, no sólo apretó la cajetilla, sino que sacó un cigarrillo y lo encendió. Dio una profunda calada y trató de calmar sus nervios. Estaba histérico y sabía que era por la falta de sexo. Y saber eso lo ponía mucho más furioso. ¿Cómo era posible que su lado animal lo dominara tanto? ¿Cómo podía depender tanto del sexo? Ni siquiera era un ninfómano. Si estaba desesperado por hacer el amor con Tom y se portaba así de agresivo, esta vez no sería diferente a cuando usaron el Hechizo del Minotaurus.

¡No! —Gruñó a nadie y dio otra calada. Sus manos temblaban por la ansiedad.

A ese cigarrillo, le siguió otro y luego otro y uno más. Cuando pensó que estaba lo suficientemente relajado para volver a entrar, vio la camioneta encubierta del grupo ninja y apretó los puños.

Billa… —La voz de su “mate” le sacó de su nube de molestia.

¿Tomi, qué haces aquí?

Yo debería preguntarte eso. Llevo un buen rato buscándote —respondió, acercándose y abrazando a su pareja por la espalda—. Has estado fumando —No era una pregunta, así que el pelinegro simplemente, asintió—. No es bueno para tu salud, bebé.

Estaba un poco molesto.

Anis me contó que te enojaste porque no podemos acompañarlos —Le dio un leve beso en la mejilla, sin soltarlo del brazo, pegando sus manos al pecho del menor—. Fue una orden el Minotaurus, cielo. No había nada que pudiéramos hacer al respecto.

Lo sé, Tomi.

¿Entonces?

Quiero ver a Karol —contestó honestamente. Tom lo hizo girar dentro de sus brazos y lo miró a la cara. Tenía los ojos nublados y las cejas juntas—. La verás… no es como si ella fuera a desaparecer. Ella nos prometió…

Lo sé… —Bill abrazó a Tom y hundió la cara en su cuello, no quería que su “mate” viera lo que en realidad estaba sucediendo. Era cierto que extrañaba a Karol, pero por sobre todo, no quería forzar a Tom a hacer algo que no quería.

¿Quieres salir?

¿Eh?

Gustav saldrá a visitar a su padre. Podríamos colarnos a su aventura y pasear por la ciudad —Alzó las cejas, para tentarlo, como si fueran niños traviesos queriendo escapar a una fiesta—. Podríamos ir al cine. Hace siglos que no vemos nada nuevo.

Los ojos del pelinegro brillaron. Quizás era lo que necesitaba, distracción. Tal vez con esas cosas normales, podría olvidarse de su deseo sexual.

¡Sí! —dijo y dio un pequeño saltito—. Voy a maquillarme.

Tom observó como entró casi corriendo al lugar y sonrió.

No fue tan difícil como pensé —dijo bajito y entró para terminar los arreglos con sus amigos los G’s

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Unas horas después, los gemelos entraban de la mano al cine. El pelinegro se veía emocionado y el mayor sonreía satisfecho. Se sentaron en la última fila y se acariciaban las manos con sus pulgares. Bill parecía concentrado en la cinta, mientras que Tom ladeaba el rostro para ver los detalles del perfil de su hermano.

Cuando por fin terminó, el mayor se inclinó de pronto y besó a Bill con pasión, dejándolo sin aliento.

Oh… —Bill sonrió bobamente—. Ese final estuvo interesante.

¿Quién dijo que era el final? Estamos recién empezando, Billa.

Salieron del cine y en un taxi, se dirigieron a un hotel. El pelinegro no entendía qué bicho le había picado a su hermano, pero no puso objeciones y simplemente lo siguió.

Tom se acercó al mesón de la recepción y pidió la habitación que ya tenía reservada, el pelinegro sonrió, porque si Tom se había tomado las molestias de tener todo reservado, era porque sabía lo que harían. Sintió que la sangre empezó a hervir en su cuerpo y su entrepierna despertó de inmediato.

Caminaron de prisa hasta el elevador y casi corrieron hacia el cuarto. Tom cerró la puerta con el pie, mientras besaba salvajemente a su “mate”. Entre tirones, le quitó la ropa y se quitó la suya. Apenas con los pantalones puestos, caminaron hacia la cama y siguieron besándose apasionadamente.

¿Me extrañabas? —preguntó el mayor, recorriendo con besos el cuello y pecho del pelinegro.

Aahh… como no tienes idea —respondió jadeante, con la respiración agitada y la erección palpitante.

Deseo hacerte el amor con locura —dijo con voz ronca, abriendo el pantalón ajustado de su gemelo, arrastrándolo con bóxers incluidos.

Hazlo, hazlo Tomi. No esperes más y tómame de una vez —Al verse libre de la prenda que lo contenía, Bill abrió las piernas de manera sugerente, invitando al trenzado a tomar su ubicación.

Antes de quitarse sus propios jeans, Tom sacó un frasquito de lubricante que cargó durante todo el viaje, destinado para ese momento.

Hicieron el amor a gusto. Tom penetró a Bill y lo llenó de su esencia, cuando terminaron agotados, felices por ese intenso orgasmo.

Aahh —Suspiró el pelinegro, hundiéndose en un abrazo en el cuerpo contrario—. Como extrañaba esto.

Mmm —Tom asintió, aunque el menor no lo vio—. Te extrañaba también.

Gracias Tomi, por preparar esto para mí —Bill pensó que debían arreglarse pronto, porque estaba oscureciendo y tendrían que regresar al cuartel general.

No es todo.

¿No? —Bill se apoyó en los codos, para verlo, alzando una ceja—. ¿Tendré otro regalo?

Uno muy especial —Tom besó sus labios castamente—. Hoy es el día, Billa.

¿El día?

Para que cumplamos la promesa —Las mejillas sonrojadas del mayor, le indicaron a Bill que hablaba exactamente de eso. Su miembro dio un salto y en cosa de segundos estaba listo para el nuevo desafío, el que estaba esperando hacía mucho tiempo.

Te amo, Tomi —El pelinegro se acercó y besó sus labios dulcemente, tomando su lugar sobre el mayor.

Acarició con sus manos el tonificado pecho y abdomen de Tom, sonriendo cuando éste soltaba jadeos nerviosos. Era natural que lo estuviera, sobre todo después de lo que la doctora Morgan les dijo, sobre la nueva “virginidad” del trenzado.

Bill estaba ansioso, pero ahora comprendía por qué Tom lo había tomado antes, lo había relajado, ya no sentía la tensión de aquella mañana, ya no se sentía una bestia hambrienta de sexo. Ahora sólo quería disfrutar a Tom, quería tocarlo, besarlo, lamerlo y hacerlo sentir tan a gusto, que ese hecho se volviera a repetir.

Bajó la mano que acariciaba el torso, hasta la carne que lentamente comenzaba a endurecerse. Masturbó al trenzado con calma, mientras seguía besándolo, pasando la bolita metálica por el paladar de Tom, como sabía que le encantaba.

Después de varios gemidos de placer, Bill se soltó un momento para lubricar sus dedos y bajó para posicionarse entre las piernas del mayor. Tal como la primera vez que experimentaron, Bill engulló el miembro de Tom, con su boca cálida, mientras sus dígitos comenzaban un lento proceso de preparación.

Muchos “ah” se oían del mayor, algunos de dolor, otros de incomodidad, pero ninguno de negación. Él quería esto, tanto como Bill, incluso más, porque sabía que volvería a sentir vida dentro de su cuerpo, aquel sentimiento era tan sobrecogedor que su pecho se inflaba de gusto.

Bill no había tocado su punto mágico con los dedos, pero Tom se sentía listo para recibirlo, así que moviéndose un poco, habló.

Billa… Ya estoy listo.

El pelinegro tenía sus dudas, pero decidió confiar en el mayor. Se inclinó para besar sus labios y dejar el sabor en la boca del trenzado. Sus lenguas se rozaron juguetonas y húmedas.

Te amo —susurró el pelinegro, justo en los labios de su “mate”—. No tienes que hacerlo, si no quieres.

Quiero hacerlo, por nuestro hijo y porque te deseo, Billa —Se lamió los labios—. Quiero sentirte dentro de mí. Quiero que compartamos todo. Quiero sentir lo que tú sientes cada vez que te hago el amor. Quiero sentirlo y así darte más placer.

Bill sonrió y asintió. Se puso sobre sus rodillas y untó lubricante en su erección, con ese leve roce, la sintió palpitar.

¿Listo? —preguntó, por si acaso.

Siempre —contestó el mayor, con ese toque picarón que lo caracterizaba.

Bill se ubicó justo fuera de la entrada rosada y empujó. Primero fue sólo la cabeza y levantó la mirada para ver a su compañero. Tom cerró los ojos y respiró hondo.

¿Mírame, Tomi? —Pidió el menor, casi como un gemido. No quería lastimar a Tom, pero no podía evitar desear entrar por completo a ese túnel caliente que lo quemaba.

El trenzado abrió los ojos y los llevó a los otros tan iguales a los suyos. Siguió respirando hondamente, mientras Bill seguía empujando, hasta que estuvo dentro, del todo.

Ya está —dijo el pelinegro, con una sonrisa leve.

Estás rojo, amor —Bromeó el mayor.

Estoy luchando por no correrme —respondió entre broma y verdad.

Ven acá —Pidió el mayor y Bill se inclinó para besarlo. Al hacerlo, Tom lo envolvió con sus brazos, provocando una ligera estocada—. Aahh. Estás bien dotado, Billa —Siguió besándolo, instándolo levemente a que se moviera, pero sin dejar de besarle.

Tom no quería que viera su rostro adolorido, así que no soltó el abrazo y lo siguió besando, aprovechando que esa fricción estimulaba su propio miembro.

Entre beso y beso, las embestidas habían aumentado de velocidad y de pronto, Bill metió la mano bajo una rodilla del trenzado, colgándola sobre su hombro, cosa que lo ayudó a tocar ese punto mágico, donde Tom también disfrutaría.

Al oír los jadeos incesantes del mayor, Bill embistió una y otra vez en ese lugar, sintiendo como sus dedos se encrespaban, estaba cerca. Bajó una mano, y cogió el pene de Tom, masajeándolo fuertemente, sintiendo como lentamente el mayor se tensaba por completo, hasta que llenó su mano con su cálida semilla. Las ondas del orgasmo fueron tan fuertes, que Tom apretó sus canales internos, oprimiendo al miembro de Bill, quien reaccionó, gatillando su propio clímax. El pelinegro embistió uno poco más, vaciándose por entero y luego, con suavidad, salió del cuerpo que lo contenía.

Sentía que sus rodillas temblaban como gelatina, pero no se dejó caer sobre Tom, se movió a un lado y lo abrazó. El trenzado lo recibió gustoso entre sus brazos y lo envolvió con ellos. Buscó su frente y dejó suaves besos allí.

Te amo, Tomi —susurró con la voz entrecortada, por el cansancio—. Gracias por entregarte a mí.

Billa… —El mayor giró y Bill pudo ver lágrimas en sus ojos. Se sentó de golpe y acarició su mejilla.

¿Te lastimé? —preguntó, sintiéndose avergonzado, pero Tom negó con la cabeza.

Toda la vida pensé que esto sería deshonroso —dijo casi sollozante. Bill sintió que sus propios ojos se llenaban de lágrimas—. Mi padre, siempre lo hizo ver como un acto sucio, indigno, pero tú… —Estiró la mano y acunó la mejilla del menor—. Tú me has hecho sentir el ser más afortunado del planeta, Billa.

Oh, Tomi —Se inclinó y besó sus labios—. No llores.

No es de tristeza, es que estoy muy feliz… —Seguía sollozando.

No llores… —Volvió a pedir.

Él estaba tan equivocado. Te amo tanto, Billa.

Se fundieron en un abrazo tierno, lleno de sentimientos y emociones. Por fin, el mayor había alcanzado la paz que necesitaba, por fin había aceptado la marca en su brazo derecho, por fin había aceptado ser el receptor.

& Continuará &

¿Habrá quedado embarazado? Aún quedan algunos detalles para cerrar esta historia, pero les aseguro que no queda mucho.

Gracias por seguir leyendo, por visitar el sitio. Y recuerden que los comentarios, me hacen muy feliz.

Escritora del fandom

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