16: Aceptación

Hola gente linda, pensé que tendría sólo dos capítulos más, pero tuve que incluir este (no sólo porque mi lado pervert exigían un lemon) porque era necesario una verdadera reconexión entre los gemelos, antes de que se cumpliera la promesa. Espero les guste. Besos y a leer.

Minotaurus II: Furia Taurina” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 16: Aceptación

Siete meses habían pasado, Thor acariciaba la mano de su “mate”, quien ahora lucía mucho más robusto a causa de su avanzado estado de embarazo. Bill los miraba con añoranza, sin embargo, la ira que sentía en un principio había desaparecido.

Tom siguió la mirada de su amado y soltó un suspiro. A pesar de los meses, él no conseguía quedar en cinta. Había logrado incitar a Bill para que fuera el activo en varias ocasiones, pero al parecer, cada vez que lo hacían, era con culpa, con temor y remordimiento. El gemelo mayor creía que esa la principal razón de su infertilidad.

¿Quieres salir a tomar un poco de aire? —preguntó el trenzado, acariciando la mano de Bill, tratando de alejarlo de sus pensamientos.

No —Sacudió la cabeza—. Quiero estar aquí y enterarme de todos los detalles.

Pero de todos modos, no estaremos involucrados —El mayor arrugó el ceño. Bill estaba obsesionado por saber todos los detalles de las redadas que el grupo ninja y “los siete” hacían contra los miembros corruptos del Club Bohemio.

No digas eso, Tomi —El pelinegro giró el rostro para verlo a los ojos, con fuego en su mirada—. Siempre estaremos involucrados, Tomi, somos los elegidos.

Esa frase, pareció abofetear al trenzado, quien se quedó estupefacto unos segundos, antes de arrugar el ceño y desviar la mirada, molesto. Bill encendió su conexión y notó el enojo de su compañero y tocó suavemente su hombro.

Lo siento.

Está bien, quédate. Yo sí necesito algo de oxígeno en mis pulmones —Se puso de pie, aún sin mirar a su “mate” y salió con rumbo a la puerta. Era cierto que no podía abandonar el recinto sin vigilancia, pero por lo menos podía salir al exterior, esa era la gran diferencia entre el cuartel y el bunker de Estados Unidos, y era algo que apreciaba mucho.

Una vez fuera, el trenzado alzó la vista y achinó los ojos por la fuerte luz del sol. ¡Cómo disfrutaba de los días soleados! Sobre todo ahí en Berlín, donde eran tan escasos. Sólo quería pasear, sintiendo el calorcito en su espalda, pero hacerlo solo, no era su definición de diversión y mucho menos de relajación. Estar sin Bill era estresante.

Metió la mano en su bolcillo y sacó algo que se había prometido olvidar. La cajetilla estaba cerrada, hacía meses que no probaba nada, pero desde que Bill había comenzado con su extraña obsesión por las redadas del grupo, simplemente tenía la necesidad de tener la cajetilla en su bolcillo. Era algo que calmaba su ansiedad, pese a que nunca encendiera un cigarrillo, el sólo hecho de tenerlos en sus manos, le tranquilizaba. Pero en esta ocasión, la anhelada calma no llegaba. Abrió la cajita y sacó un rollito blanco, haciéndolo girar entre sus dedos y luego sin previo aviso, lo apretó, destruyéndolo y arrojándolo lejos.

¡Diablos!

Simone lo observó desde la puerta que daba hasta ese patio. Quiso salir y abrazar a su hijo, pero una mano en su hombro la detuvo. La mujer giró el rostro, viendo justamente al causante de las tribulaciones de su retoño. Bill negó y juntó las cejas, pidiéndole silenciosamente, que los dejara solos. Ella asintió y regresó a las luces artificiales del cuartel.

Bill cerró la puerta lentamente y caminó hasta su “mate”, quien le daba la espalda. Vio cómo encendía un fósforo y lo acercaba a su boca, pero antes de que la columna de humo apareciera, el fuego se apagó. Vio como, tanto la cerilla como el cigarrillo, caían al piso. Las manos de Tom cayeron a sus costados, en una actitud de derrota. El menor de los gemelos sintió toda la congoja de Tom expandirse por su propio cuerpo y lo abrazó por la espalda.

Lo siento —repitió las palabras de unos minutos atrás.

No, Bill. Ese es justamente el problema, en verdad no lo sientes.

Tom quiso soltarse, hacerle ver al menor, todo su dolor, quiso apartarlo de su lado y volver a su cuarto, encerrarse y no dejarlo entrar, como si fuera un adolescente con una pataleta, pero no pudo hacerlo. Se quedó ahí, sintiendo como las manos de Bill acariciaban su pecho, calmándolo lentamente.

Lo siento —Volvió a decir el pelinegro, pero esta vez su voz tembló.

Imposibilitado de negarse a proteger a su amado, Tom volteó y correspondió su abrazo de disculpa. Dejó que Bill hundiera la cara, en su cuello y apretó el abrazo. Con su propio rostro, acarició el suave cabello negro y respiró su aroma. Suspiró largamente, antes de separase levemente, para verle a los ojos y buscar sus labios, en un breve roce.

Lo siento también —susurró, buscando los ojos del menor.

Todo este tiempo ha sido mi culpa, Tomi —Al decir esas palabras, sus ojos se nublaron—. Tengo miedo de que nunca se cumpla la promesa, por mi causa.

Mi amor —El mayor, pasó los pulgares, por los costados del rostro anguloso de Bill y sonrió—. No te presiones. No es tu culpa. La promesa se cumplirá.

Pero no quiero que tengamos sexo forzado —dijo suavemente como una confesión—. Sé que no te sientes cómodo con ello.

Billa… —Tom se alejó, levantando el rostro del menor con sus dedos—. ¿Cómo dices eso? Tú estás ahí, junto a mí, cada vez que tengo un orgasmo.

Sí, pero no es lo mismo. No te gusta.

Billa, no… no es lo que tú crees.

Sigues pensando que es malo, que es humillante.

¡No! —exclamó más fuerte—. Claro que no. Tú me amas, y disfruto cuando me tomas, de la misma forma en que disfruto tomándote.

El menor vio a sus ojos y pudo ver que era sincero, pero dentro de sí, podía percibir que no era del todo cierto. Ese era uno de los motivos, porque se negaba a ser el activo. Amaba a Tomi y se entregaba a él a ojos cerrados, porque lo sentía en todo su cuerpo, era su otra parte y le pertenecía. Pero, aunque Tom dijera lo contrario, había algo que todavía no hacía clic en el mayor, algo que le impedía disfrutar a fondo su entrega como pasivo. Y hasta cuando esa sensación desapareciera, Bill no podría estar cómodo con su marca en el brazo del sembrador.

Lo siento.

Deja de decir lo siento —Le regañó el trenzado con una sonrisa.

Lo siento —Sonrió al ver que había repetido lo mismo.

Te amo —Tom besó sus labios y fue correspondido.

Te amo, Tomi.

&

Los gemelos volvieron al cuartel, después de pasar horas al aire libre, caminado o simplemente sentados bajo los cálidos rayos del sol. Los gruñidos del estómago del menor, alertaron a Tom del paso del tiempo y con una sonrisa, sugirió un“¿Vamos a comer algo?”, lo cual fue recibido con una sonrisa y en esos momentos buscaban una mesa desocupada para ellos.

Bill, Tom —llamó Simone, moviendo la mano.

Los chicos caminaron hasta ellos y se sentaron junto a su madre. Ichiro acariciaba la mano de “K”, con una sonrisa y al ver a los gemelos se puso de pie.

Nosotros ya terminamos —dijo disculpándose.

Pero aún no terminan su té —comentó Bill, señalando sus tazas humeantes.

No te preocupes —agregó la chica—. Lo beberemos fuera, aprovecharemos los rayos del sol.

Ichiro —llamó el trenzado—. ¿Tienes más manzanilla? Me gustaría tomar algo, después de almorzar.

Claro —El joven japonés sonrió y “K” correspondió—. ¿Me ayudas, linda?

Por supuesto —contestó ella—. No hay mejor manzanilla que la oriental —dijo ella, tomando la mano de su esposo, caminando hasta la cocina.

Los gemelos pensaban que aquellas miradas divertidas y a la vez, misteriosas, se debían al floreciente romance de los chicos, cuya chispa nunca parecía extinguirse, tal como los elegidos. Pero desconocían que “K”, ya estaba al tanto del plan que, originalmente, habían comenzado Bushido junto al japonés.

Mientras los Kaulitz comían, Ichiro se acercó con una charola y dejó dos tazas humeantes para ellos. Con una sonrisa se retiró para acompañar a su esposa, fuera de las instalaciones.

Thor se reunió en su mesa y con una sonrisa les informó los detalles de la reunión, en la que ninguno de ellos había estado.

Esta será la última redada, ya está decidido.

Gracias por avisarnos —dijo Tom, dando un apretón de manos al rubio, de cabello muy corto.

Sí, gracias Thor —agregó el pelinegro, pero su buen estado de ánimo, estaba decayendo rápidamente.

El hombre se retiró, al igual que Simone y Gordon, quienes ayudarían con la limpieza. Tom cogió la mano de su “mate” y le ofreció una sonrisa.

Estoy seguro de que vendrá a despedirse —comentó, refiriéndose a su hija.

Karol no puede hacer nada, sin que el Minotaurus lo autorice —respondió, como refutando el optimismo del mayor.

Él sabe cuánto amamos a Karol —Insistió—. Te fe. Ella vendrá.

Quiero tener esa fe de la que hablas, Tomi. Esa fe de la que los lobos y los vampiros hablan —Bajó la cabeza.

Bebe un poco de té —Instó el trenzado, acercando la taza a Bill—. Está delicioso.

Sin poder evitarlo, el menor sonrió y acercó la taza de manzanilla a sus labios, comprobando que lo que decía su novio era verdaderamente cierto.

Está exquisito.

Te lo dije —Alzó las cejas, de forma suficiente.

Para pasar el malestar, se dedicaron a hablar de otras cosas. Los G’s se unieron a ellos y bromearon con Georg, por sentirse mareado, sin haber bebido nada en absoluto. Decidieron ver una película y la tarde pasó volando. Cuando menos se lo esperaban, eran las diez de la noche y el castaño, prácticamente roncaba sobre el hombro de Gustav. Con nuevas bromas sobre el otro taurino, los gemelos se retiraron a su propia habitación.

&

Como el trenzado había decidido tomar una ducha, Bill caminó hacia la cocina, para prepararse una infusión de manzanilla y así, poder relajarse en la noche. Al llegar, se encontró con Simone, bebiendo un vaso de leche.

¿Estás bien, Bill? —preguntó la mujer, con voz tranquila.

Sí, sólo un poco cansado y estresado —admitió y señalando la taza de hierbas, agregó—, por eso vengo por el té milagroso de Ichiro.

Hijo… —aquella palabra, congeló al menor—. Sé que Tom y tú están pasando por momentos tensos —El chico se quedó jugando con la cuchara, revolviendo sin parar la taza humeante—. Te contaré algo que muy pocas personas conocen.

Bill quiso levantar la mirada, pero tuvo miedo y permaneció con los ojos fijos en su bebida.

Yo también perdí un bebé —Esta vez, el pelinegro sí levantó la vista—. Era el gemelo de Tom —Bill contuvo la respiración—. Phillips no quería que se esparciera el rumor de la existencia de gemelos dentro de la manada, por eso, mantuvo mi embarazo en secreto.

Simone… —susurró al ver que la emoción se hacía presente en la voz de la mujer.

Él nunca vio la luz del mundo. Pero lo sentí, todo el tiempo que estuvo aquí —Señaló su estómago—. Los nueve meses que vivió en mi vientre, mis pequeños jugaron y se amaron siempre, lo sé —Sin previo aviso, apretó las manos de Bill, quien seguía sosteniendo la taza—. Cuando tú y Tom, perdieron a Karol, quise correr a abrazarlos y decirles que el dolor gigantesco, algún día pasaría.

Bill dejó su té en la mesa, sus manos temblaban y sus ojos se humedecieron—. No, Simone, el dolor está aquí, muy vivo, muy fuerte. Tan intenso como el primer día.

La mujer abrió los brazos y Bill se apretó a su cuerpo, aceptando el cariño de su madre. Involuntariamente, las lágrimas descendieron por su rostro, en un llanto silencioso, pero plenamente comprendido.

Simone susurró palabras de cariño y consuelo, así como los recuerdos que ella tenía de sus gemelos en su vientre, tratando de aliviar el dolor en el pecho del pelinegro.

Después de casi una hora, el chico dejó de sollozar. La mujer limpió con sus manos y unas servilletas, el maquillaje corrido del menor. Y le pidió que bebiera su manzanilla, y se calmara, para no alterar a Tom, llegando en ese estado a la habitación.

Gracias, Simone.

No me tienes que dar las gracias, para eso estoy aquí. Como eres el “mate” de mi hijo, eres prácticamente otro hijo para mí —Bill sintió una pequeña punzada de culpa en su pecho, pero no dijo nada.

Será mejor que me vaya.

Que descanses, Bill.

Tras lavar la taza utilizada, el pelinegro regresó a su cuarto.

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Tom dormía con las mantas cubriendo precariamente su cintura, tenía una pierna descubierta y Bill quiso reír al verlo.

Pareces un bebé —susurró y miró el reloj del despertador, sobre la mesita de noche. Habían pasado casi dos horas—. Con razón te dormiste.

Se quitó la ropa y se cepilló los dientes. El calor no era excesivo, pero lo suficiente para hacerle dormir sólo con bóxer. Se metió a la cama y sintió una extraña sensación de calor recorrer su vientre y bajar hasta su miembro. Tenía ganas de hacer el amor. Se inclinó y besó la mejilla de Tom, pero el mayor ni siquiera gruñó, estaba demasiado dormido.

Qué suerte la mía —susurró con una media sonrisa y simplemente se aferró al cuerpo de su “mate” y cerró los ojos, tratando de caer en la inconsciencia.

&

El trenzado sintió que algo duro lo rozaba por detrás, era un movimiento de fricción que se le hacía conocido. Tenía sueño y no quería abrir los ojos, pero un gemido a sus espaldas, le hizo descubrir qué era exactamente esa sensación. Dejó que Bill siguiera frotándose contra su trasero, saboreando la sensación, era como un deja vu. Bajó la mano hasta su propio miembro y lo acarició por sobre la tela de su ropa interior, estaba cobrando vida rápidamente.

Mmm —Un nuevo jadeo se dejó oír desde atrás y Tom decidió voltear.

Bill estaba con la frente perlada de sudor y la respiración ligeramente agitada. Con sólo verle en ese estado, Tom sintió que su erección se endurecía por completo. Sin pensarlo más, se quitó el bóxer y llevó la mano hasta el miembro de Bill, acariciándolo con calma, logrando sacar un nuevo jadeo al menor.

No contento con hacer las cosas de forma inconsciente, Tom besó los labios del pelinegro, mordiendo ligeramente para despertarlo, lo cual consiguió. Bill abrió los ojos y correspondió el beso del mayor, frotándose contra el cuerpo desnudo del otro, bajando las manos para tocar todo lo que le era posible. Sintió como las manos del trenzado, tironeaban su bóxer para dejarlo en igualdad de condiciones.

Los dos estaban sumamente excitados, en realidad todo el día habían tenido ese hormigueo en sus vientres, pero ambos lo habían ignorado, por las situaciones extrañas en las que se vieron envueltos. Pero ahora, en la soledad de su habitación, no había nadie que les impidiera dar rienda suelta a su pasión, a tomarse y entregarse carnal y emocionalmente.

Tom estiró la mano hacia la mesita de noche y tomó el tubito de lubricante. A tientas, lo abrió, sin dejar de besar y morder la boca del otro. Sacó una cantidad apropiada y la puso en los dedos de la mano de Bill, guiándola hasta la parte baja de su cuerpo.

Aaahhh —El gemido del pelinegro fue mucho más fuerte que los anteriores.

Tom sabía que Bill quería dominar, lo había sentido en su cuerpo, cuando se frotaba contra él, en su estado onírico. Y a decir verdad, en esos momentos, el mayor estaba demasiado caliente, que quería recibirlo con todo lo que pudiera darle.

Los dígitos delgados de Bill entraron de uno en uno, en el pequeño agujero del trenzado, realizando los movimientos que él mismo disfrutaba cuando era pasivo. Ninguno de los dos se atrevía a abrir los ojos.

Ese día se habían dicho cosas dolorosas, pero ciertas. Bill no quería tomar el rol de activo si el mayor no se entregaba cómodamente a él. Y Tom no quería entregarse, si el pelinegro lo tomaba por obligación.

Sin embrago, el mayor quería hacerlo, últimamente había desarrollado una extraña sensación de satisfacción cada vez que Bill lo dominaba y quería hacerlo sin culpa, pero en cierto modo se avergonzaba de mostrarse desenfrenadamente frente al menor, por eso sus ojos se mantenía sellados, dedicándose sólo a sentir.

Ven aquí —Tom cogió la mano de Bill y lo obligó a ponerse de rodillas en la cama, pero de una forma más cómoda, prácticamente sentado en sus pantorrillas. Para evitar que su “mate” viera lo necesitado que se sentía, giró su cuerpo y le dio la espalda a Bill, mientras él mismo se sentaba.

¿Qué haces?

Sshh.

Tom se acercó hasta pegar su espalda con el pecho del pelinegro y tomó su erección, introduciéndola lentamente en su canal. Con la libertad que le daba, el no ser visto por Bill, el mayor arrugó el ceño al sentir como la cabeza entraba en su calidez. Pero a diferencia de otras veces, la sensación de ardor fue reemplazada por la palpitante excitación. Tom sentía que su cuerpo estaba en llamas y las punzadas que sentía tanto en su pene como en su ano, eran agradables y desesperantes. Llegó a pensar que se correría sólo con eso, pero apretó los ojos y siguió descendiendo por la longitud caliente y dura de Bill, hasta que llegó a la base,

Tomi… —El susurró del pelinegro y su voz sonó una octava más aguda.

Dios, Billa….

Sin previo aviso, el mayor comenzó a alzar sus caderas para volver a dejarlas caer. Bill le ayudó a levantarse, poniendo sus manos en la cintura de Tom. No veían el rostro contrario, pero sí sentían que sus respiraciones estaban sumamente agitadas, para estar recién comenzado su acto sexual.

El mayor no quería mostrar a Bill cuando estaba gozando, porque se sentía avergonzado de ello. Pero a la vez, el pelinegro estaba conforme, porque tampoco quería asustar a Tom, mostrándole lo mucho que disfrutaba de esa posición.

El mayor siguió cabalgando la hombría de Bill, de espaldas a él, sintiendo como las olas del orgasmo se aproximaban, deseaba tanto llegar a él, así, sin tocarse, que comenzó a saltar más fuerte sobre el menor, sus caderas y los ruidos que emitía, estaban completamente alocados y descoordinados.

Bill se excitaba con sus ruidos, pues generalmente el más vocal que él, pero poder escuchar la desesperación de Tom, y los sonidos de sus cuerpos chocando, húmedos por su sudor y fluidos, era demasiado íntimo, un verdadero afrodisiaco.

Bill, Bill, Bill —gimió el mayor, como un mantra, a medida que su cuerpo subía y bajaba, por la erección del menor—. Voy a terminar.

Sí, sí, sí —El pelinegro quería verlo, deseaba sentir que Tom tuviera un orgasmo exquisito, como ocurriría ahora.

¡Aahh! —Gritó el mayor, quedándose rígido sobre Bill, empalmado en él, mientras su mano, exprimía las últimas gotas de su semen.

Por un segundo, Tom sintió que su corazón había explotado, el bombardeo fue tan intenso, que creyó que había dejado de hacerlo, pero cuando los sentidos parecieron volver a su cuerpo, escuchó otra vez el latir de su pecho. Su miembro yacía flácido en su mano, pero aún conservaba ese exquisito palpitar, al igual que su entrada trasera.

¿Billa? —preguntó al no escucharlo.

El pelinegro estaba maravillado por lo que acaba de ocurrir y simplemente no quería que terminara, pero la magia del orgasmo se extinguía y debía regresar a la tierra.

Billa lo siento… —susurró el trenzado, iba a levantarse de su posición, pero los brazos de Bill, rodearon su cintura.

¿Qué es lo que sientes? —Besó su cuello—. ¿Haberlo disfrutado realmente?

Tom sintió que los colores teñían de rojo su rostro. Bajó la cabeza, pero más besos se posaron en su cuello. Las manos del pelinegro se relajaron en su vientre y lentamente lo levantó para aprovechar la humedad de sus fluidos y salir de su cuerpo sin lastimarlo.

Al verse sobre su propio peso, Tom sintió que caería desplomado, pero una vez más, los brazos de Bill lo soportaron y lo depositaron suavemente sobre las mantas. El menor se acercó y lo abrazó, mientras una mano bajaba y los cubría con una sábana blanca.

Tom no quería hablar y Bill no lo obligaría, pero se dedicó a repartir más besos de mariposa por su rostro y cuello. Hasta que bajó y se metió bajo los brazos del mayor, besado su pecho, en la pose que siempre compartían.

Te amo, Tomi —murmuró cerrando los ojos.

Las manos del trenzado acariciaron los brazos más delgados, calmándolos a ambos con esa simple acción. De pronto y sin previo aviso, Tom buscó los labios del otro. Su beso fue correspondido brevemente, pero el mayor no quería eso, no quería calma ni tranquilidad. Mordió el labio inferior de Bill y entró a su boca, exigiendo y dominando aquello que le pertenecía.

Los gemelos sintieron como sus miembros se endurecían otra vez, y sin darse tregua, estaban girando en la cama, frotándose, en busca de una mayor excitación.

¿Me mostrarás esta vez? —preguntó el pelinegro y a cambio, recibió un asentimiento.

Bill cogió el lubricante y empapó nuevamente su carne, sentándose en la cama, estirando las piernas. A horcajadas, Tom se ubicó sobre él y descendió por toda su longitud, hasta quedar completamente enterrado en Bill.

No hay secretos entre nosotros —susurró el trenzado, sintiendo como el miembro de su gemelo palpitaba dentro de su cuerpo, llenándolo de esa sensación única que mandaba ligeras corrientes eléctricas a su columna vertebral y también a su entrepierna—. Te deseo, Billa…

La cabalgata se reinició y esta vez, los chicos apreciaron como los ojos contrarios se oscurecían de lujuria. El pelinegro disfrutó de ver a Tom gruñir y gemir, cada vez que golpeaba su punto, esta vez, sin temor a mostrar su placer al ser llenado por el otro. De la misma forma, Bill no dudó en usar su poder para mover a Tom a su antojo, en busca de mejores posiciones, para que ambos gozaran al máximo su entrega.

Oh, oh, oh, lo siento —Gimió el trenzado con la respiración entrecortada, la mano del pelinegro masturbando su miembro hacían que esta doble estimulación, estuviera enloqueciendo al mayor—. Ya viene, ya viene —Jadeaba, moviendo frenéticamente sus caderas, para que la penetración fuera más profunda.

Bill no pudo evitar curvar sus labios al ver a Tom a su merced, completamente extasiado en su entrega. No dejó de mover su mano, pero se acercó para rozar sus labios y susurrar un suave “te amo”, justo cuando la semilla caliente del mayor, bañaba sus dedos, gatillando su propio orgasmo.

Los ojos de Tom se abrieron y miró a Bill con adoración, parecía que ambos brillaban a los ojos del otro. ¡Oh, cómo se amaban! Al igual que la primera vez, se quedaron abrazados, pero en esta ocasión, mirándose fijamente, absorbiendo en sus retinas, la imagen llena de placer del otro. Cuando sus respiraciones se calmaron un poco y las piernas de los chicos comenzaron a entumecerse, decidieron acostarse en la cama.

Te amo —susurró el pelinegro.

Y yo a ti.

Creo que ahora…

Las promesas se podrán cumplir…

Sí, Tomi.

& Continuará &

Wow, ¿quieren agua fría? Yo sí, jajaja. Bueno, esta vez sí hubo una verdadera entrega, no algo sólo de aceptación, sino una verdadera entrega “al placer”. Esperemos que esta vez sí, sea suficiente para que puedan engendrar a los hijos de la promesa. ¿Qué creen ustedes? Se supone que quedaba sólo un capítulo, pero hay uno extra jajaja, espero me sigan leyendo. Besos y recuerden que los comentarios me hacen muy feliz.

Escritora del fandom

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