2: La visión

Tinta” (Fic de MizukyChan)

Capítulo 2: La visión

—¡Alguien que me ayude! —Gritó el pelinegro a todo pulmón, apenas el carro llegó al hospital.

Un guardia hizo unos gestos y luego dos paramédicos aparecieron con una camilla, ubicándose junto a la puerta trasera del coche.

—¿Qué ha pasado?

—No lo sé, se desplomó y todavía no responde —respondió Bill, con las manos temblando.

—Tiene una cortada en la frente.

—Se golpeó con la mesita de la entrada de la casa a caer. Seguro ahí se hizo el corte —dijo el pelinegro, con la voz entrecortada por el shock y los nervios.

—¿Está drogado?

—Puede ser —Bill vio como lo ataban a la camilla y caminó junto a ellos por el blanco pasillo del hospital.

—¿Qué substancias consume? —Preguntó el paramédico, tomando el pulso y preparándose para medir la tensión arterial del trenzado.

—No, no es eso. Él no es drogadicto. Es por el tatuaje, me dijeron que podía estar infectado por el tatuaje.

Los hombres compartieron una mirada seria, hasta que uno de ellos habló—. Iré por el oficial Beckham —y salió del lugar.

—¿Cómo se encuentra? —Pidió saber el pelinegro, asustado, viendo como el hombre hacía varias anotaciones en una ficha médica.

—Sus signos están estables. Dejaré la ficha aquí, hasta que venga el médico de turno a atenderlo. El corte es pequeño, no necesitará sutura. Necesito que me de algunos datos.

—Está bien.

Bill respondió todas las preguntas del hombre.

—Pronto vendrá el oficial. Puede sentarse en esa silla mientras espera, si gusta.

—Gracias.

Bill se quedó de pie junto a la cama y tomó la mano de su gemelo, acariciando sus dedos. Escuchó un carraspeo y giró el rostro.

—Buenas noches, soy el oficial David Beckham —el hombre extendió su identificación policial y lo miró atentamente.

—Ho-hola —respondió balbuceante el pelinegro.

—¿Está usted bien? —Preguntó de inmediato. Bill negó con la cabeza—. ¿Fue atacado por esta persona? —Cuestionó, señalando el cuerpo sobre la camilla.

—Es mi hermano —respondió el chico, como si eso descartara todo tipo de agresión.

—¿Qué le ocurrió aquí? —Preguntó, acercándose lo suficiente para tocar un golpe en su frente, que estaba rojo y comenzaba a inflamarse.

Bill levantó la mano al lugar señalado y arrugó la nariz, le dolía—. Esto, no estoy seguro, creo que me golpeé al intentar subir a Tom al coche, estaba inconsciente y pesaba mucho. Me siento un poco desorientado y asustado.

—Es comprensible —dijo el oficial con gentileza, pero tomando notas mentales al respecto—. ¿Podría repetirme lo que dijo al paramédico, sobre el tatuaje?

—Sí, claro. Mi hermano se hizo un tatuaje ayer. Este —señaló el brazo del trenzado—. Durante el día presentó fiebre y actuaba un poco extraño. Hoy me habló Frank, el chico que nos hizo los tatuajes y nos pidió que viniéramos al hospital a hacernos un examen de sangre, porque algunas de sus tintas estaban infectadas con algo —respondió rápidamente, casi sin respirar, sus manos temblaban mucho y sus ojos se habían llenado de lágrimas.

—¿Por qué no se sienta? —Pidió el hombre.

—Estoy aterrado de que algo le pase a mi hermano —confesó el moreno con labios temblorosos—. Él no quería tatuarse y yo lo molesté hasta que accedió y ahora estamos contagiados y no sé qué demonios nos está pasado —no pudo contener el llanto.

El policía lo dejó llorar y le extendió unos pañuelos desechables que había en la habitación—. No se desespere, no se ha contagiado de SIDA, ni de ningún tipo de enfermedad venérea, si es a eso a lo que teme.

—Por Dios… —susurró el chico—. ¿Y de qué se trata entonces? —Intentó controlar el temblor en su voz al formular la pregunta.

—Antes de responder, dígame algo… acaba de hablar en plural, ¿también se hizo un tatuaje?

Bill asintió—. Lo hice un día antes que Tom. Y a él le gustó tanto que decidió tatuarse el mismo diseño —el chico tomó el borde de su playera, que tenía manchas de sangre de su gemelo y la levantó lo suficiente como para mostrar el dibujo del pecho.

En esos momentos entró un médico, quien los saludó con un movimiento de cabeza y tomó la ficha clínica, leyendo los datos del paciente. Se acercó hasta la herida de la cabeza, la revisó con cuidado y la cubrió con un parche blanco—. No necesitará sutura —dijo suavemente—. Tomaré las muestras de sangre. —Con rapidez y en forma prolija tomó la jeringa y luego agregó—. Lo dejaré con un sedante, es mejor que duerma toda la noche, en caso de que sus resultados sean positivos.

—Doctor, este joven también debe tomarse las muestras —señaló al pelinegro—. También tiene un tatuaje y está dentro de las 72 horas de peligro.

—¿Usted es…?

—Bill, Bill Kaulitz, el hermano de Tom.

—Bien —el médico giró, tomó otra de las jeringas y procedió a atar el brazo de Bill, para tomar la muestra—. ¿Cómo se siente? —Preguntó—. ¿Ha notado algo anormal desde que se realizó el tatuaje?

El pelinegro arrugó el ceño—. No, no lo creo.

—Al menos se ve bastante lúcido. Quédese aquí con el oficial. Apenas tengamos los resultados, los trasladaremos a la sección que ha dispuesto el departamento de policía para tenerlos en cuarentena.

—¡¿Cuarentena?! —Su voz sonó una octava más elevada—. Acaba de decir que no es grave —dijo, mirando con pánico al oficial.

—Es sólo una medida cautelar. Nada de qué preocuparse.

—Es para evitar que se lastimen a ustedes mismos —agregó el médico—. Le aseguro que no existe riesgo vital, si eso es lo que piensa.

Bill sentía que la cabeza le daba vueltas. Sintió nauseas y de un instante a otro, colapsó, desmayándose.

&

La mente inconsciente de Tom se debatía entre los recuerdos y la ilusión generada por la fiebre.

—Me matarás si te dejo salir con los ojos como mapache —bromeó, tirando del pequeño hasta el baño.

Bill se miró al espejo y estalló en risotadas. Tras lavarse y retocarse, el pelinegro tomó la mano del trenzado y dijo—. Estoy listo.

Tom lo miró y nuevamente la chispa de la lujuria se encendió en él. Tiró la mano de su gemelo, para envolverlo por completo en un abrazo—. Te amo, pequeño.

—Lo sé, Tomi, yo también te amo.

El trenzado sintió una punzada de dolor, al estar seguro de que aquel “te amo” era muy diferente al suyo—. Perdóname.

—¿Por qué? —Preguntó ingenuamente el pelinegro, separándose para verlo a los ojos.

—Por… —No terminó la frase y lo aprisionó en un nuevo beso. Su fortaleza física le ayudó a mantener a Bill pegado a su cuerpo, sin dejarle reaccionar.

—To… —quiso alegar el chico, pero las manos de Tom lo volvieron a apresar, para tomar su boca con violencia.

Bill quiso retroceder, pero no pudo huir más allá de la pared, donde el trenzado se friccionó contra él, haciéndole sentir su dura erección—. Te deseo tanto —dijo jadeante.

—No así… —susurró el menor, sintiendo como su propio cuerpo reaccionaba ante las forzadas caricias.

Tom ignoró su frase y continuó invadiendo su boca con la lengua, en su pasional frenesí, hasta que sintió como el piercing del otro se frotó con la suya. Al igual que antes, Bill estaba respondiendo su beso, con igual o más pasión. Se separó un momento sólo para confirmar que no soñaba y vio los ojos brillantes del otro.

—No por la fuerza —pidió el pequeño, temeroso.

Tom se separó y en dos fluidos movimientos, lo tomó en sus brazos y lo cargó hasta su habitación, depositándolo en la cama con suavidad. Se puso sobre el menor y volvió a besarlo, siendo nuevamente correspondido.

Sus respiraciones se aceleraron con cada nuevo beso, pues la pasión era más fuerte. Tom se movió sutilmente, para quedar entre las piernas de Bill y así buscar más contacto entre sus erecciones.

—Aahhh —gimió el pelinegro, con los ojos cerrados.

Tom metió las manos bajo la playera del chico, para quitarla, pero Bill se resistió.

—Espera, no. No puedo, no más allá.

Pero el trenzado estaba demasiado dominado por la pasión como para pensar, simplemente hizo caso omiso a sus palabras y quitó la playera, casi rompiéndola en el proceso. Bill se quejó cuando el material arañó el tatuaje que aún dolía. Tom no quitó la playera del todo, la dejó entre las muñecas del pelinegro, para usarlas como amarre, dejándolas sobre la cabeza de este.

—Te sentirás bien, lo prometo.

Tom mantuvo una mano arriba, para sostener las manos de Bill y descendió, besando el torso ahora desnudo del pelinegro, quien pese a la situación se retorcía de placer bajo su cuerpo.

—No, Tomi, no por la fuerza… —susurraba, pero sus susurros se oían como gemidos placenteros en los oídos de Tom.

—Este tatuaje es mi favorito —dijo al llegar a la estrella de la cadera. Lamió decididamente y tironeó del pantalón hacia abajo, para verla por completo.

La erección de Bill era palpable sobre la tela de sus jeans, pero entró en pánico cuando Tom comenzó a introducir su mano allí, para tocarlo con descaro.

—No, Tomi, no —Jadeó, arqueándose ante las deliciosas sensaciones del contacto de otra mano contra su piel desnuda.

—Tranquilo, te cuidaré, lo prometo —susurró en respuesta, el mayor, sin dejar de acariciar la carne de su gemelo.

Pasaron unos agónicos minutos para Tom, porque su polla palpitaba dentro de sus propias vestiduras, así que con sólo una mano, terminó de quitarse sus pantalones y ropa interior, haciendo lo mismo con Bill, quien se quejaba verbalmente, pero no hacía nada para evitarlo, como si de verdad deseara lo que estaba a punto de suceder.

—Te haré el amor lentamente —dijo Tom y se apresuró a engullir el miembro del menor en su boca.

Bill, entre jadeos y gemidos, se las arregló para deslizar una mano fuera del agarre de Tom y la estiró hacia un costado, cogiendo una lámpara en el proceso y, tras sujetarla con fuerza, la estrelló en la cabeza del mayor, dejándolo inconsciente sobre su cuerpo.

&

Bill abrió los ojos, recordando el cabezazo que se dio cuando metió el cuerpo de Tom dentro del coche y arrugó la nariz—. Me duele —se quejó.

El médico se acercó a él y encendió una pequeña linterna directo en sus ojos—. Te desmayaste hace unos instantes, al parecer tanta información te hizo caer en shock, pero tus pupilas están bien ahora. ¿Cómo te sientes?

—Me duele la cabeza.

—Debe ser el golpe que te diste en la frente —respondió el médico—, te saldrá un chichón por la mañana, pero si tienes suerte, no se pondrá morado —sonrió.

—¿Dónde está mi hermano?

—Junto a ti —el doctor giró y señaló la camilla de junto.

—Hola Bill —habló el oficial Beckham—, te hemos trasladado a ti y a los otros pacientes del “Caso Tinta” a esta sección. Será sólo por esta noche.

—¿Por qué tan poco tiempo? ¿Creí que dijeron que nos tendrían en cuarentena? —Preguntó Bill, tratando de sentarse en la cama.

—Quédate recostado, Bill, por favor —pidió el doctor.

—Los médicos les han puesto un suero que limpiará su sistema durante unas doce horas —explicó el policía—, durante todo ese tiempo, permanecerán dormidos.

—Será por su propio bien —agregó el doctor, terminando de agregar algo en la bolsita transparente que colgaba sobre la camilla de Bill.

—Tengo mucho sueño —dijo el pelinegro, girando el rostro hacia su gemelo—. ¿Tomi?

—Él no ha recuperado el conocimiento, pero no te preocupes, está bien, todos sus signos vitales son estables —afirmó el doctor.

—Quiero que me cuente qué es lo que está pasando, oficial —pidió Bill, tratando de mantener los ojos abiertos.

—Lo haré. Les daremos todos los detalles que no estén bajo el timbre de “confidencial”, pero no sacarás nada con escucharlo hoy. Será mejor que descanses, Bill.

—Pero me tiene que contar todo, porque estoy realmente muy confundido. Necesito saber qué le pasó a mi Tomi.

—Lo sabrás. Ahora duerme.

—Tomi… —susurró y sus ojos se terminaron de cerrar.

& Continuará &

¿Y ustedes quieren saber la verdad? Bueno, el siguiente capítulo se llama justamente así “La verdad”. Pero ¿será realmente lo que Bill quiere escuchar? Eso lo sabrán con la lectura.

PD: les dejo una imagen del Oficial Beckham. Apuesto a que más de alguien lo conoce.

Escritora del fandom

2 Comments

  1. Excelente ! me encantó !!! ya quiero seguir leyendo. Yo creo que ese parásito solo despertó la pasión que Tom tiene por Bill y le dio coraje para hacerlo realidad. Gracias por actualizar. Un beso grande. Feliz fin de semana.

    • Yo estoy de acuerdo contigo, que despertó algo que YA existía en Tom, ahora nos toca ver qué pasará con ellos.
      Muchas gracias por el apoyo. MUAK

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