21: Juntos

Lazo de Sangre” Fic Twc de MizukyChan

Capítulo 21: Juntos

 &   Año 2005   & 

Tanto los gemelos como los G’s prepararon todo para disponerse a abandonar el monasterio por un par de días. Los menores no podían evitar la ansiedad que eso les producía. Llevaban cinco años ocultos en el monasterio, aprendiendo a vivir en estos nuevos cuerpos inmortales, disfrutando del amor del otro en una forma que siempre desearon, pero que nunca creyeron posible y por sobre todo, lidiando con otras formas de vida, cosas que sólo Bill conocía por literatura fantástica, pero que habían probado existir allí, en el mundo real.

Finalmente, cuando la noche cayó, tanto el Cardenal, como su escolta personal y todos aquellos a cargo del entrenamiento de los gemelos, les acompañaron hasta la puerta del monasterio.

—Muchas gracias Cardenal —dijo dulcemente el pelinegro, besando el anillo del sacerdote.

—Cuídense mucho mis niños —respondió el hombre, cual si fuera el abuelo de los hermanos—.  Eviten los problemas y las confrontaciones de cualquier tipo.

—Lo haremos señor   —respondió Gustav—.  Nosotros cuidaremos a los gemelos.

—Bill, Tom, cuídense el uno al otro y no pierdan la cabeza por los celos —Aconsejó el anciano—.  Sé cuanto se aman y los celos convierten a buenas personas, en seres irracionales.

—Lo sabemos señor   —respondió el mayor, sosteniendo la mano de su pareja.

—Bien. Ya han aumentado sus destrezas para el combate, pero ya saben…

—Si podemos evitar la lucha, lo haremos   —Repitió Bill, recitado de memoria.

—Está bien, pueden marcharse —agregó el hombre y olvidándose de los protocolos, se acercó y abrazó a los Kaulitz y les dio una bendición, haciendo la señal de la cruz.

Al ser de noche, Jorg utilizó sus poderes para abrir las enormes puertas del monasterio y dejarles salir, para poder respirar el  aire puro de las montañas.

—Mis contactos exteriores se encargaron de dejar este vehículo para ustedes, espero sea de sus satisfacción —comentó el anciano, señalándose un hermoso Cadillac Escalade. Tom sintió que su corazón daba un vuelco.

—Yo conduzco    —Gritó y corrió hacia el auto.

—Hombres —dijeron Gus y Bill al mismo tiempo. Y emprendieron el camino, cargando sus maletas para iniciar el viaje.

Después de muchas protestas, fue Georg quien dirigió el vehículo, ya que Tom no conocía la ruta por el bosque que los alejaría del monasterio y los llevaría de regreso a la ciudad natal de los gemelos.

Ocuparon gran parte de la noche sólo en el viaje, y al llegar los G’s decidieron que lo mejor era buscar un alojamiento seguro para protegerse del sol de la mañana. Pero había algo que inquietaba la mente del pelinegro, algo que trataba de ocultar incluso de su hermano.

Todos se retiraron a descansar, aunque en realidad los gemelos, sólo querían alimentarse y llenarse del amor que se tenían el uno al otro. Finalmente, agotados por el intenso clímax, los Kaulitz cerraron sus ojos.

Avanzada la mañana, Bill despertó, por aquello que lo tenía inquieto desde la noche anterior. Sonrió al sentir el cálido aliento del mayor en su rostro y se liberó del abrazo de éste.

Miró con asombro la tenue luz que se filtraba por las ventanas y recordó cuanto odiaba el sol cuando tenía una vida normal con sus amigos “los brujos”, como les decían el resto de los compañeros de la escuela, cuando todos sus problemas se resumían a “un amor no correspondido”, “un amor imposible”, “un amor con su Tomi”.

Dio un profundo suspiro y a paso firme se dirigió hacia las cortinas.

—¿Qué haces? —Escuchó a lo lejos, la voz de su gemelo. Había olvidado que cuando él estaba despierto, finalmente Tom también lo estaba.

—¿Ah?

—Aléjate de las cortinas   —Se oyó la voz del rastudo, con más fuerza esta vez.

—Sólo quiero…

—No lo hagas…  —La voz de Tom  era más suplicante esta vez.

—Quiero saberlo, comprobar… es todo.

—No Bill… por favor… no lo soportaría… no como Constantine y Seth… —Sus ojos se anegaron de lágrimas y Bill retrocedió automáticamente y abrazó a su hermano con cariño.

—Lo siento… —susurró, sintiendo los brazos de su gemelo envolverle posesivamente—. Lo siento   —Repitió, hasta que el mayor asintió.

—No vuelvas a hacerlo o intentarlo —pidió, mirándole a los ojos con una mezcla de emociones, entre enojo, súplica y mucho amor.

—No lo haré.

—Ven acá… —Lo acomodó en sus brazos y se volvieron a dormir.

Al atardecer los gemelos tomaron una gran ducha juntos y se prepararon para visitar a su madre. Hasta que el mayor se puso frente al espejo y se quedó estático.

—Oh Dios, estamos en problemas   —dijo y su rostro palideció.

—Tomi,  ¿qué ocurre?

—Míranos Bill  —Ordenó, señalando sus reflejos en el espejo. El menor seguía con cara de interrogación—.   Estamos igual que cuando cumplimos dieciocho y ahora…

—Tenemos veintitrés   —Finalizó el menor.

—Exacto.

—Estamos iguales.

—¿Qué hacemos?

—Bueno… no creo que la gente cambie mucho en un par de años, ¿no crees Tomi?

—No han sido sólo un par de años Bill, son cinco malditos años —comentó el rastudo, paseándose por la habitación al borde del colapso.

—Ya lo tengo   —dijo el menor, saltando frente al espejo—.  Es una gran idea.

—Dime   —pidió el mayor, sentándose derrotado en la cama.

—Iremos a la peluquería.

—¿Ah?

—Eso, iremos a la peluquería, cambiaremos nuestros looks y nos veremos mayores —explicó el pelinegro, contento por lo brillante de su idea.

—Tiene sentido.

—Soy genial. Asúmelo   —agregó con una enorme sonrisa.

Lograron convencer a dos chicas que cerraban una peluquería bastante popular en la ciudad, para que los atendieran a esas horas. Con una encantadora sonrisa, el pelinegro les pidió consejo a las chicas para hacerse algún tipo de corte que les aumentara la edad y ellas dudaron, alegando que los chicos eran tan guapos así como estaban, que no sería necesario hacerse nada. Sin embargo, los chicos lograron salirse con la suya y terminaron con Tom y unas encantadoras trenzas negras y Bill con su cabello muy corto y un mechón largo en el centro para hacerse peinados englobados.

Con una sonrisa de satisfacción, ambos hermanos emprendieron el camino de regreso a la que había sido su casa durante toda su niñez y adolescencia.

Tomados de las manos, tocaron a la puerta, y se sorprendieron al ver a su madre sonriente también de la mano de un hombre que ellos no conocían.

—Bill, Tom, por fin están en casa —Les abrazó con fuerzas, casi quitándoles la respiración y les dio espacio para pasar.

—Mamá, estás muy bien —comentó el menor, con una sonrisa en su cara. Comprendió de inmediato que su madre se veía radiante porque estaba enamorada, él conocía a la perfección ese sentimiento.

—Gracias mi niño. Ustedes se ven muy bien, están radiantes —dijo ella y acarició el cabello de ambos chicos—. Se ven tan mayores, pero a la vez sus caritas están iguales, siempre serán mis niños —Suspiró. Y el carraspeo del hombre a su lado la sacó de su ensimismamiento—. Oh… perdón —Le cogió la mano—. Quiero presentarles a Gordon.

—¿Gordon? —dijeron al unísono los gemelos.

«¿No es el hombre que los G’s dejaron a cargo de proteger a mamá?»  Preguntó en su mente el menor y su hermano asintió.

—Gordon ha estado conmigo, desde que ustedes se fueron a trabajar —contó ella sentándose al lado de su pareja—.   Era mi vecino, hasta hace un par de meses.

—¿Era?   —preguntó el mayor, levantando una ceja.

—Ahora vive conmigo —agregó ella, un poco sonrojada y temerosa de la reacción de sus hijos.

—Me parece esplendido —comentó el pelinegro, levantándose de su lugar, para darle un abrazo a su madre y apretar la mano del hombre—.   Felicidades.

—Sí, felicidades  —asumió el trenzado—. Me van a decir entonces que han esperado más de cuatro años para vivir juntos   —Rió—.   Eso es bastante.

—Tu madre es una gran mujer, Tom —dijo el hombre—, y siempre pensó que les debía respeto a sus hijos.

—Qué tontería mamá —afirmó Bill sonriendo—. Tienes mucho derecho a ser feliz.

—Bill tiene razón mamá, eres una gran mujer, tienes que ser feliz —subrayó Tom, poniéndose al lado de su hermano y rodeándolo por los hombros.

—Me alegra tanto que ustedes se lleven bien —comentó ella, viendo como estaban juntos y sonrientes—.   Antes ustedes…

—Lo sé, era tan tonto —asumió el pelinegro, Tom jugueteó con su cabello y se sentaron juntos en el piso—.   Éramos unos inmaduros.

—Bueno, ahora viene lo más difícil   —dijo Gordon apretando la mano de Simone.

—Niños… Gordon me ha pedido matrimonio —Los chicos sonrieron de oreja a oreja y saltaron del piso a abrazarlos.

—Eso es genial.

—¿No se oponen?   —preguntó ella, casi aterrada.

—Por supuesto que no   —respondieron a la vez.

Estuvieron celebrando y conversando de todo y de nada a la vez, hasta avanzada la noche y los gemelos emprendieron el regreso al hotel. Debían contarle a los G’s de las nuevas noticias y que esto prolongaría su estadía en la ciudad, había que dar aviso al Cardenal Caro, para que no se preocupara y obviamente había que empezar con los preparativos de la boda.

Mientras, en alguna parte del submundo un ser oculto por las sombras, se inclinaba ante los pies de Lestat.

—Los elegidos han vuelto señor   —La voz rastrera sonó en toda aquella habitación.

—Perfecto, no tardaron tanto como pensé —comentó el vampiro, jugando con un mechón de sus rubios cabellos—.   ¿Están solos?

—No estamos seguros señor   —Recibió un golpe en la cabeza.

—Ineptos.

—Seguiremos espiando, señor.

—Hazlo, debes decirme si están solos o si hay alguien que los ayude.

—¿Quiere que ataquemos a su madre, señor?   —cuestionó, temeroso aquel ser.

—No, no haremos nada hasta asegurar el éxito de nuestro ataque.

—Pero señor… ¿Y la señora Lilith?  —preguntó aun más temeroso aquel ser.

—Ella, menos que nadie debe saber que los elegidos están en la superficie. ¿Está claro?    —Amenazó el rubio, con una mirada asesina.

—Sí señor, lo que usted ordene.

Tras retirarse, Lestat sonrió de manera macabra, esta sería su oportunidad de cobrar venganza por el castigo que le infringió Lilith años atrás.

Los G’s estuvieron de acuerdo con prolongar su estadía en el pueblo para ayudar a Simone y Gordon con su matrimonio. Gustav sería el encargado de salir durante el día y hacer las llamadas pertinentes para informar al Cardenal Caro de sus planes.

—No puedo creer que Gordon se enamorara de su madre —Rió Geo con los gemelos, mientras esperaban a Gus.

—Nosotros también nos sorprendimos de ello —Le secundó el pelinegro—. Pero ella está muy feliz.

—A propósito, me gustan sus nuevos peinados —comentó el castaño—. Aunque ya saben que si hay alguna pelea o utilizan sus poderes, volverán a su estado original.

—¿En serio?   —Tom se sorprendió.

—Es algo que sucede con nuestra raza, si pasa cualquier cosa como una herida o la utilización de nuestros poderes, volvemos al momento en que fuimos convertidos —explicó el otro “vampire”—, es por eso que Gus y yo mantenemos nuestros peinados igual, porque de todos modos vuelven a reacomodarse.

—Vaya, eso será un inconveniente   —agregó el pelinegro, tocando su corto cabello.

—No, si no tienen que hacer algo extra —aclaró el castaño—, sólo asegúrense de no cortarse o hacerse algún daño.

—Has descartado una pelea    —comentó el trenzado de forma automática.

—Esperamos que nadie sepa de su estadía aquí —dijo Geo—, hemos vigilado el área y al parecer nadie sabe nada. Además Gordon habló con nosotros la misma noche en que llegamos y él también sigue con su función de guardaespaldas de su madre, siempre asegurándose de que nadie pueda hacerle daño.

—Entonces, ¿todo está despejado?   —preguntó el más delgado.

—Sí.

—Genial    —Corroboró el trenzado.

Tras un par de horas, el rubio llegó con una mirada de extrañeza que desconcertó a los gemelos y a su lazo.

—¿Qué ocurre?   —preguntó Georg completamente preocupado.

—Sebastián viene hacia aquí —explicó el rubio y se sentó cerca del castaño, tomando su mano con firmeza.

—¿Quién es Sebastián? —indagó Tom, imitando el acto del rubio y cogiendo fuertemente la mano de su gemelo.

—Jorg nos contó que él es otro “vampire” que vivía en el monasterio —relató el rubio.

—¿Vivía?  —interrumpió el pelinegro.

—Sí, justo cuando llegamos allí, junto a ustedes, Su Eminencia le envió en busca de una leyenda   —Siguió hablando Gus.

—¿Qué leyenda?   —Insistió Bill.

—No lo sé   —contestó el rubio.

—¿Y por qué Sebastián viene hacia acá? —preguntó Geo, comprendiendo que Gus no tenía más información que esa.

—Tampoco estoy seguro. El Cardenal Caro dijo que él no sabía de la misión que le asignó su Eminencia a Sebastián, y que cuando éste se puso en contacto, sólo pidió saber de su ubicación para poder transmitirles la información lo más rápido posible, porque sus datos los pondrían en peligro —explicó el rubio, y su mandíbula se tensó, los G’s consideraban a los Kaulitz, como sus hermanos pequeños y la palabra “peligro” los estresaba, al punto de querer volver a llevarlos al monasterio y mantenerlos protegidos de por vida.

—¿Qué haremos? —indagó Tom de inmediato, él tampoco quería poner en riesgo a su pequeño, aun cuando sabía que sus habilidades de lucha estaban completamente desarrolladas.

—Volver   —dijo resuelto el castaño.

—No    —Bill se puso de pie—.   No dejaremos a mamá, en estos momentos.

—Pero Bill…  —Trató de intervenir el trenzado.

—No Tomi, mamá nos necesita. Además… —titubeó—, si estamos en peligro, ella también lo estará, no podemos dejarla.

—Tienes razón.

—¡Rayos!   —Gruñó el rubio.

—¿Cuándo llegará Sebastián? —preguntó Geo, sabiendo que no dejarían el pueblo, pues los Kaulitz eran obstinados, cuando tomaban una decisión.

—No lo sé, el Cardenal, no sabía desde dónde le estaba llamando —respondió el rubio.

—Bien, nos quedaremos hasta que él llegue y hable con nosotros —comentó el pelinegro.

—Entretanto, visitaré a mamá durante el día, en caso de cualquier eventualidad —Ofreció Tom, mirando a su gemelo—. Gus te cuidará a ti y a Geo, mientras yo no esté —Ambos asintieron, pero un nudo en la garganta de Bill, les hizo pensar que tal vez eso no era una buena idea. 

&   Continuará   &

¿Recuerdan a Sebastián? ¿Qué información traerá que pondrá a los gemelos en peligro? ¿Podrán vencer a esta nueva amenaza? No se pierdan los últimos capítulos.

Escritora del fandom

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