22: ¿Juntos?

Fashion” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 22: ¿Juntos?

What have I got to do to make you love me? What have I got to do to make you care? What do I say when it’s all over? Sorry seems to be the hardest word.

¿Qué tengo que hacer para que me ames?, ¿qué tengo que hacer para que te importe?, ¿qué dices cuando todo se ha acabado? Y “lo siento” es tan difícil de decir.

(Viernes por la noche, un mes desde la pelea)

Sólo con la idea de emborracharse, Bill se reunió con Georg en el club, mientras Andreas le sostenía la mano posesivamente, sin apartar la sonrisa de su rostro.

Creí que no llegarían —admitió el castaño en la butaca del salón VIP.

Es que Bill tarda una eternidad en estar listo —bromeó el rubio, ganándose un golpe en el hombro—. Pero ya ves que ha valido la pena.

Es cierto, Bill, luces increíble —le halagó el chico—. Si fueras una hembra, te llevaría a la cama en un abrir y cerrar de ojos.

El pelinegro se molestó ante este comentario, no porque quisieran llevarlo a la cama, sino porque lo compararon con una mujer, y aunque antes esa clase de frases no significaba nada para él, desde que perdió a Tom, el que le comparasen con una fémina, le hacía sentir en desventaja.

Querido, Geo —batió sus largas y pintadas pestañas coquetamente—, si fuera una chica, me acostaría conmigo mismo y no con alguien que se preocupa más por su sedoso cabello —dijo guiñándole un ojo, provocándole un intenso sonrojo al castaño, quien no entendió la ironía del comentario.

Mejor pídenos un trago —le dijo el rubio, al ver que Geo no salía de su aturdimiento al tener al pelinegro tan cerca y además para poder marcar territorio, puso su brazo detrás del cantante.

Está bien. ¿Quieres algo en especial, Bill? —preguntó, aun en actitud de player con el cantante, quien sólo sonrió.

Algo muy fuerte —le guiñó—, sorpréndeme.

El castaño salió disparado hacia la barra y el menor se echó a reír, ganándose una mirada seria del rubio.

Bill, él es uno de los nuestros, deja de coquetearle.

Sólo me divierto, Andi, no seas malo.

¿Quieres bailar?

Aun no, debo tener algo de alcohol en mi sistema —gruñó el cantante, recordando la razón por la que estaba allí.

&

Cerca de allí, en la barra, el rastudo sonreía al ver como Xaviera se desenvolvía tan bien dentro del bar, realmente era una profesional en la preparación de esos extraños tragos y lo bien que lucían en los vasos y copas adornados con estilo.

No se percató que Georg le vio, mientras él esperaba sus propios tragos, pero como el castaño, no entendía las discusiones entre la “diva” y su víctima, simplemente caminó hacia él y le encaró.

Hey, Tom —le saludó con la mano.

Hey Georg, ¿cómo estás? —preguntó amistoso.

Bien, los chicos y yo vinimos a disfrutar un poco del club de mi hermano —contó.

¿Sí? ¿Está Bill contigo? —no pudo evitar preguntar, sin esconder la emoción en su voz.

Claro, fue su idea venir esta noche, dijo que era un aniversario o algo así.

¿Está de novio? —preguntó aterrado el de rastas.

No, creo que es, no sé, un mes sin ver a alguien —dijo el castaño, sin darse cuenta de la dolida expresión del otro chico.

¿Un mes? —susurró, recordando exactamente que ese era el tiempo que llevaban separados.

¿Quieres unirte a nosotros? —preguntó en forma amistosa Geo.

No gracias, estoy acompañando a una amiga —dijo él, y se sonrojó cuando el otro chico le guiñó el ojo, pensando que era por su conquista.

Nunca fuiste tan nerd, después de todo. Bueno, aquí están mis tragos, nos vemos por ahí amigo.

Claro, adiós.

&

Al llegar a la mesa exclusiva con sus tragos, Bill volvió a batir sus pestañas al castaño en agradecimiento por su bebida.

Vi a tu víctima por allá —contó el chico de manera casual.

¿Eh? —el cantante se volvió a verle de manera incrédula, hacía bastante tiempo que nadie hablaba de “la víctima” en su presencia.

Tom estaba en la barra —confirmó Geo.

Oh —fue su único comentario y bajó la mirada.

No debes preocuparte, Bill —le alentó el castaño, palmeándole la espalda—, aunque ya no esté con los “pretty people», el cambio que lograste fue evidente. Así que ya ganaste la apuesta.

No hablemos de eso aquí, ¿quieres? —pidió el rubio, comprendiendo el malestar de su amigo, y levantó su copa—. Hagamos un brindis, por nosotros.

¡Por nosotros! —los dos restantes contestaron y tras golpear sus vasos, tomaron de ellos hasta el fondo.

Bill arrugó el ceño al sentir el escozor en su garganta y se puso de pie, extendiendo sus manos a los otros dos chicos.

¿Bailamos? —dijo a ambos, coquetamente.

Claro —respondieron al unísono, y partieron junto a él a la pista de baile.

Tanto Andreas como Georg estaban fascinados con la manera en que el pelinegro caminaba, contorneando sus caderas sugestivamente hasta acercarlos a la barra y bailar allí, para buscar alguna señal del rastudo. Lamentablemente para él, lo encontró justo cuando Xaviera tomaba un descanso y se sentaba a su lado. Por la fuerte música no podía oír lo que conversaban, pero sabía que era divertido, por la forma en que el chico sonreía.

Eres grandiosa —le decía el rastudo a su amiga—, me siento orgulloso de ti.

Tom, eres un ángel al haber venido sólo para estar aquí sentado —dijo ella en su oído, coquetamente.

Te lo debía, Xavi, desde que llegaste, sólo he estado aplazando este encuentro —asumió el de rastas y su mirada mostró tristeza, cosa que la chica notó de inmediato.

Estás triste por tu amigo, lo sé —dijo ella, acariciándole la mejilla—, pero creo que deberías relajarte —ambos se miraron y ella suavemente se acercó hasta rozar sus labios con los de Tom.

Gracias, Xavi, pero ya sabes que las cosas no son como antes —dijo él con una sonrisa y le revolvió el cabello.

Pero a la distancia, aquello se vio como una “relación de pareja” y el cantante, volvió a mirar a sus amigos y regresó a la mesa, exigiendo más tragos, cosa que ambos chicos estuvieron más que dispuestos a cumplir.

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Con el paso de las horas, la lucidez se alejaba a pasos agigantados del joven cantante y esto fue claramente notado por Andreas, quien comenzó a acariciarle la rodilla con suavidad, sin que el otro se diera por aludido.

En la pista de baile, Tom y Xaviera se movían disfrutando de la música, hasta que el rastudo vio una melena familiar en una de las mesas reservadas, sabía que se trataba de su pequeño y no pudo evitar mantener fija su atención en su delgada figura y así se percató de las intenciones del rubio a su lado.

Lo siento —se disculpó con la chica y a paso firme fue en busca de Bill.

¿Tomi? —titubeó el cantante al verlo, la verdad era que todo se veía borroso desde su perspectiva y no estaba seguro si soñaba o su Tomi estaba realmente allí.

Vámonos, Bill —dijo extendiendo la mano, que el pelinegro tomó gustoso, pero fue sujetado por el rubio por la cintura.

Él no se va —dijo seriamente—, Bill está conmigo ahora.

¿Para qué? —le espetó el de rastas—. ¿Para te aproveches como Oscar Manzur? Vi perfectamente que esas son tus intenciones —gruñó el chico, sosteniendo al cantante entre sus brazos.

¿Tomi, estás molesto? —preguntó el moreno dentro de su ebriedad, no notando el enfrentamiento entre los otros chicos—. Lo siento mucho, no quiero que te enojes.

Ven, Bill.

Ante los sorprendidos ojos de los otros chicos, Bill se fue con el rastudo sin dudar, y sin dar ninguna explicación. Pero tan sólo con unos pasos, el cuerpo del moreno colapsó por su estado, sujetándose de una mesa para no caer.

No puedo —gruñó riendo descontroladamente, estaba realmente ebrio.

Yo te ayudo —en un rápido movimiento, el mayor, cargó al pelinegro en sus brazos.

La gente les veía con una sonrisa, pero la mirada asesina de Tom les obligaba a darle espacio para que pudieran seguir con su camino.

Una vez fuera, el aire frío hizo temblar al cantante, que se acomodó más en el cuerpo del rastudo. Tom, llamó un taxi y dio la dirección de su departamento.

Al llegar a su destino, Bill no se soltaba del abrazo del mayor y le besaba ligeramente el cuello, sonriendo en cada ocasión como si fuera la broma más divertida del mundo. Tom sólo se dejaba hacer, sin poder impedir lo que ocurría porque sus manos estaban ocupadas sosteniendo firmemente al chico y a paso lento, subió hasta su piso.

Estoy tan caliente, Tomi —le dijo el pelinegro, cuando llegaron a su cuarto.

Estás borracho, eso es lo que ocurre.

Tomi… te deseo tanto —dijo el menor colgándose del cuello y apresando su boca en un beso apasionado—. Y sé que tú también me deseas.

Tom no pudo evitar contestar con un nuevo beso, pues él mismo lo había anhelado por tanto tiempo y recorrió con su lengua cada espacio que pudo, sonriendo cuando el pequeño gemía entre sus brazos.

Te extrañaba tanto —susurró el menor, cayendo a la cama, incapaz de mantenerse firme.

Tom sonrió al verle así con las mejillas sonrojadas y el cabello revuelto, pese a toda la laca que traía. Y con sus manos temblorosas, comenzó a desabotonar la hermosa y ajustada camisa blanca que lucía. El cantante soltaba risitas ahogadas cada vez que los dedos del mayor, rosaban su piel caliente.

Quiero que me folles, Tomi —dijo mirándole y pasando la lengua por sus labios.

Claro que no quieres eso, pequeño —respondió el otro con una sonrisa—, sólo déjame quitarte esto para que descanses, ¿sí?

No quiero dormir, Tomi, estoy muy, muy cachondo —susurró el pelinegro y tomando la mano del rastudo la llevó hasta su endurecido miembro—. ¿Lo ves? Es todo por ti —le guiñó un ojo en forma sexy y tuvo que tragar duro para no atacar al chico en su cama.

Bill… —susurró tratando de contenerse.

Sí… di mi nombre, Tomi, vamos… fóllame… —seguía con sus palabras obscenas.

Pero el mayor, terminó de desvestirlo y admiró su delgado cuerpo con deseo, pero luego lo cubrió con las mantas.

Duerme… —le dijo y besó su frente.

Quédate conmigo, Tomi —pidió el cantante, sacudiendo la cabeza, al tener un momento de lucidez.

El mayor se quitó la ropa y se metió bajo las cobijas junto al moreno, quien le abrazó de inmediato y se hundió en su cuello, aspirando su aroma y repartiendo ligeros besos de mariposa por donde pudiera.

Te extrañé… —susurró.

Lo sé… yo también te extrañé —se abrazaron fuertemente, sintiendo el calor del otro.

Lo siento… —murmuró el menor y con los ojos aun vidriosos por causa del licor y susurró—, tú nunca fuiste una víctima, Tomi… yo fui la víctima aquí, yo… porque me enamoré de ti.

Su voz cobró fuerza y el mayor no comprendió de qué hablaba, sin embargo, abrazó aun más al pequeño en sus brazos y besó su frente.

Duerme, pequeño.

Te amo, Tomi… aún te amo —fue lo último que dijo el cantante, antes de caer por completo en la inconsciencia.

&

Por la mañana, el pelinegro despertó con la cara pegada a la cadera del rastudo y como sus ojos sólo veían unos bóxers negros, el pulso se le aceleró. Un sensación de deja vú le hizo pensar en el rostro de Oscar Mazur y gritó moviéndose lo más lejos posibles del cuerpo que abrazaba.

¡Aahhh!

¡Bill! —gritó de vuelta el mayor, al escuchar el grito.

¿Tom? —preguntó el cantante extrañado de verlo a él en la cama. Y se llevó las manos a la cabeza por el fuerte dolor que le taladraba los sentidos—. Aahhh.

Bill, no es lo que crees…, no te he tocado, lo juro —confesó el mayor, pero se calló al ver al pelinegro con las manos en la cabeza—. ¿Estás bien?

Me duele.

Voy por medicina —se puso de pie de un salto y corrió a la cocina por algo para el dolor. Llegó a los pocos segundos con un vaso de agua, vistiendo únicamente sus bóxer—. Toma.

Ggññ, me duele —tomó el medicamento y tomó toda el agua. Y se sonrojó al ver el desnudo cuerpo de su adorado Tomi.

Tiéndete en la cama, así pasará más rápido.

¿Y Andi? —preguntó, cosa que tensó de inmediato al mayor.

Estás en mi casa, él se fue —respondió secamente.

¿Por qué estoy aquí? —Preguntó con los ojos cerrados, no quería enfrentar la mirada del otro chico, y apretó las mantas contra su pecho, de pronto se sentía muy expuesto.

Porque estabas borracho y te traje antes de que terminaras haciendo una tontería —gruñó el rastudo sentándose a su lado y acariciando su delgado brazo.

¿Tontería? Estaba con Andi, no habría hecho nada malo.

Justamente él es quien no pensaba lo mismo, Bill —el aludido abrió los ojos asustado.

¿Le hice algo a Andi?

No, el muy bastardo te estaba tocando —gruñó el mayor y su mano apretó más fuerte el brazo del cantante—. Te tocaba…

Me duele.

Lo siento —quitó la mano de su brazo y miró hacia el techo—. Dios estaba tan celoso. He estado tan celoso todo este mes, es aaarrrggg —se tiró unas rastas—, es extraño.

Tomi… —el menor no sabía si sonreír por esa declaración o llorar por lo tonto de la situación. Pero sin duda, estas palabras le habían aliviado el dolor de cabeza.

No quiero que nadie te toque…

Pero… tú estabas con ella, te vi —dijo el menor en apenas un susurro—, se besaron.

¿Xaviera? —miró al pequeño, quien asintió—. Ella me dio un beso, pero ella sabe que nada es como antes… es extraño, ya no es que sólo me gustes, Bill, mírame —el cantante alzó sus ojos hasta hacer contacto con los otros—. Me he enamorado.

Pero… —los ojos se le llenaron de lágrimas y peleó por contenerlas—, no quieres que nos vean, nunca será lo mismo porque no soy una mujer.

Ya no importa, Bill… —sus ojos volvieron a encontrarse—, me di cuenta que fue lo más ilógico que he hecho en mi vida. Este mes en que no has estado conmigo, he comprendido que nada importa, si tú no estás aquí a mi lado, todo pierde valor.

Pero la gente.

Toda la gente notó mucho antes que yo, lo valioso que eres, Bill, fui un idiota al haberte alejado sólo por el “qué dirán”… ese temor que tenía ya no está, porque mis sentimientos son mucho más fuertes ahora, ahora sí puedo decir que “te amo”.

Yo… no sé qué decir.

Por favor, di que me perdonas —pidió el rastudo con sinceridad.

Desearía hacerlo así de fácil, pero yo… había vuelto a estar firme, había vuelto a ser fuerte, todos estaban de nuevo a mis pies.

Lo sé, Bill, pero esa es una vida de fantasía…

Llámalo como quieras, pero en esa vida… nadie me lastimaba.

Bill, yo…

Tomi, desde que llegaste, todo ha sido sufrimiento para mí.

No… —sin poder abstenerse por más tiempo, el rastudo apresó al pequeño en un abrazo, dejándolo allí de espaldas en la cama, y con sumo cuidado, bajó sus manos por los delicados brazos, acariciando con suavidad, estremeciendo al pelinegro—. Esto ¿también es un sufrimiento?

Aahh —gimió el menor, sin poder evitarlo, pero apretando sus labios, para no soltar ningún otro sonido que lo delatara.

¿Y esto? —la boca del mayor, se hundió en el fino y largo cuello, besando allí, y rozando levemente con su lengua, tentando.

Incontrolablemente, los brazos del menor se aferraron al otro cuerpo, temblando de excitación y amor por aquel ser que por fin se declaraba ante él y correspondía sus sentimientos.

Te amo, te amo, te amo —susurró con los ojos cerrados.

Lo siento, bebé, lo siento tanto.

Giraron en la cama, ambos vistiendo sólo los bóxer con los que durmieron, sintiendo sus cuerpo calientes presionados con deseo y amor, desesperados por hacer saber al otro que estaban arrepentidos por todos aquellos días en que no se tuvieron para prodigarse cariño.

Déjame besarte —pidió el mayor, acomodándose sobre el pelinegro, buscando con ansias aquella boca que tanto deseaba y que por la noche le había dado a probar una pizca del paraíso.

Soy tuyo… —susurró el menor cuando sus labios hacían contacto. Rápidamente ambos se dieron espacio para que sus lenguas jugaran y lucharan por dominar, sin duda quien más disfrutaba era el mayor al sentir como el otro piercing le masajeaba en forma sensual.

Mmm —gimió el rastudo entre el beso cuando su cuerpo bajó un poco, provocando un roce entre ambos miembros, que con esa motivación, se endurecían velozmente.

Más y más sonidos de placer se dejaron oír por parte de ambos chicos, quienes se movían uno sobre el otro, buscando la mayor conexión posible.

Las uñas de Bill arañaban suavemente la espalda del mayor, mientras sus piernas se abrían con lentitud para darle espacio al otro y así aumentar la fricción entre sus áreas más sensibles. Tom dejó su boca y succionó aquel cuello con el que había fantaseado todo aquel mes, hasta que su pequeño estuviera marcado.

Tomi… aahhh —gimió fuertemente el menor, subiendo sus rodillas, alzando sus caderas casi con desesperación para poder lograr la liberación que su tan necesitado orgasmo le daría.

Aahhh Bill, Dios… no sé qué hacer… —susurró, sólo dejándose llevar por el placer, sin saber a ciencia cierta qué debía hacer.

Sólo… sólo, sigue así, Tomi, tocándome… —el mayor, siguió moviéndose sobre el menor, tocándole con su hombría cubierta y dejándose arrastrar por la lujuria y cediendo a la petición de su propio cuerpo—. Creo… yo…

Y yo…

Aahhh…

En un gritó, ambos cuerpo alcanzaron el éxtasis. Sus respiraciones agitadas y completamente irregulares, se dejaban oír con fuerzas y sus cuerpos ahora laxos se enterraron en la cama.

Te amo —dijo Tom, levantándose levemente y besando al cantante, para luego ponerse a su lado y abrazarlo.

Tomi… no puedo creerlo…

¿No? Yo… —llevó una mano a la nalga del pelinegro y la apretó hasta que éste gritó.

Me dolió.

Entonces no es un sueño —ambos rieron y se besaron levemente en los labios—. Dios como te extrañé. Jamás en toda mi vida me había sentido tan solo.

Oh, Tomi… —la culpa inundó al menor, porque después de todo, él tenía a su familia y a sus amigos, pero su Tomi estaba en verdad solo—. Lo siento mucho.

Prométeme que no te volverás a ir —el pelinegro asintió—, júrame que jamás me volverás a dejar.

Te lo juro. Creo que moriría si me separan de tu lado.

& Continuará &

¿Será desde ahora todo miel sobre hojuelas? ¿O Tom seguirá queriéndolo pero en secreto? ¿Serán capaces de enfrentarse al mundo? No se pierda la continuación.

Escritora del fandom

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