3: Al rescate

Irreplaceable” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 3: Al rescate

Bill regresó cabizbajo al hotel. Debía seguir mostrando imágenes de lo glamoroso que resultaba la Fashion Week, sin embargo, no se sentía muy feliz de estar ahí.

Tomó su celular y revisó las redes sociales, arrugando el ceño con cada nuevo comentario que veía en contra de Tom. No era culpa suya, él lo sabía, pero no tenía a nadie a quién decirle aquello.

Se recostó en la cama y abrió la galería de su teléfono, una imagen de Tom que le encantaba se abrió de inmediato y se quedó largo rato mirándola, sintiendo como el nudo volvía a aparecer en su garganta. No podía llorar, no debía, no cuando horas más tarde debía mostrarse en público.

Arrugó el ceño, molesto consigo mismo—. Mierda —gruñó y lazó el celular al otro extremo de la cama, suspirando al notar que no cayó al piso. Casi dio un bote, al escuchar que comenzaba a sonar—. Mierda —accionó la llamada y saludó—. ¿Hola?

Hola, Bibi, ¿cómo va todo por allá?

El cantante gruñó, el idiota lo tenía echo un lío y lo llamaba feliz de la vida—. Estupendo, acabo de almorzar con tu clon —espetó, con más ira de lo que intentaba.

¿Mi clon?

Sí, un italiano muy guapo, Giotto —respondió Bill, apretándose el puente de la nariz—. Hablamos de filosofía y parejas.

Oh —dijo Tom al otro lado de la línea—. ¿Van a salir?

Es probable, ya sabes cómo me aburro en estas fiestas.

Mentiroso —bromeó el gemelo mayor—. Te encanta todo eso.

Es cierto, a quien engaño. Me encanta todo lo superficial. Me encanta que aprueben mis ideas y me hagan sentir como una diva —dijo como si nada, pero Tom notó el cambio en su actitud—. Y hablando de divas, te dejo, debo arreglarme para esta noche. Adiós, Tom —cortó sin siquiera oír la respuesta—. ¡Idiota! —Gruñó a nadie.

Sabía que estaba siendo ridículo. Sabía que todo esto era por su propio bien, pero ya estaba harto.

El teléfono volvió a sonar, pero no contestó, simplemente entró al baño y comenzó a llenar la bañera, agregando sales, pensando en quedarse allí hasta que su piel se viera como pasa.

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En otro extremo de Europa, Tom arrugó el ceño y canceló la llamada cuando le lanzó a buzón de voz. «¿Qué rayos está pasando con Bill?» se preguntó mentalmente.

Y antes de olvidar el nombre, pinchó la aplicación de Instagram y buscó el nombre de Giotto. No tenía idea quién podía ser, así que buscó cada perfil, hasta que encontró a su clon.

Mierda —gruñó, mirando las fotografías del hombre.

El tipo no era exactamente igual a él, pero con la barba y la coleta, se parecía bastante. Además, la extraña actitud de Bill le puso los sentidos en alerta. El hombre estaba relacionado con la moda, así que era perfectamente posible que se hubiera encontrado con Bill.

Debo estar volviéndome loco —dijo a nadie en particular.

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Aquella noche, Bill se veía radiante, él amaba la moda casi tanto como amaba la música, así que daría lo mejor de sí para disfrutar de la jornada y hacerse un nombre entre los diseñadores que abundaban en la fiesta.

Bill —el rubio giró al escuchar su nombre y arrugó el ceño al no reconocer a la persona que lo saludaba con tanta familiaridad—. Soy Giotto —El italiano llevaba el cabello suelto, por eso lo desconoció, pero lucía increíblemente guapo con el atuendo que llevaba.

Oh, wow, te ves diferente —dijo, dándole un abrazo.

¿Para bien o para mal? —Preguntó el hombre, dándole un guiño coqueto.

Para bien —respondió Bill con una sonrisa sincera.

Seguro no sabes qué hago aquí, ¿verdad?

Ni idea —respondió Bill, tomando una copa de champange de uno de los sirvientes—. Pero me da mucho gusto, ya me estaba empezando a cansar de mantener una sonrisa estática en mi rostro, lo tengo entumecido.

Es lo peor —afirmó Giotto, haciendo reír a Bill—. Es como mascar chicle, después de un rato, sientes que tienes las mejillas entumecidas —rieron los dos.

Me da gusto verte —dijo el cantante.

Te ves mucho más animado esta noche —comentó el italiano, saludando con la cabeza a unas mujeres que caminaron junto a ellos.

Sí, estoy más relajado. Me gusta esto, la moda y sus cosas —se acercó un poco, como para contarle un secreto—. La gente no mucho, pero la moda sí.

Concuerdo contigo —Giotto alzó su copa y las hicieron sonar.

Algunas personas los veían con sonrisas, algunas de admiración, otras de envidia, pero para ellos no era importante. Al fin habían encontrado a alguien con quien pasar el rato, sin sentirse incómodos.

Bill sintió vibrar su teléfono en el bolsillo y lo sacó, viendo el nombre de Tom en la pantalla. Giotto también lo vio, pero no dijo nada, hasta que notó que Bill cancelaba la llamada.

¿Estás bien?

Necesito un cigarrillo —respondió el rubio.

Vamos al balcón —sugirió el italiano y, sosteniendo el codo de Bill, lo guió a través de la multitud hasta el balcón más cercano.

Bill sacó sus cigarrillos y ofreció uno a Giotto, quien sacó la lumbre para encenderlos. Se quedaron en un silencio cómodo, mientras el humo ascendía al cielo gris.

Pensé que lo único que querías era hablar con Tom —mencionó Giotto, como si nada.

Antes solíamos tener una conexión tan fuerte que… —se detuvo, dudando si contar o no algo tan personal a un extraño—, que si uno estaba triste el otro se sentía igual. Lo sentía en su propio pecho.

¿Y ahora?

Puedo estar sumido en la más profunda de las miserias y él está como si nada —respondió, apagando el cigarrillo, sin consumir.

Giotto vio como empuñaba las manos y apagó su propio cigarrillo para sujetar las manos de Bill, sintiéndolas frías.

¿Y qué hay de malo con eso?

Es que tenías razón sobre lo que hablamos esta mañana —dijo Bill, intentando mantener bajo el volumen de su voz, pese a la rabia que tenía—. Soy un maldito egoísta y no quiero sufrir solo. Quiero que él siga sintiendo lo mismo que yo, quiero que lo sienta, que sepa lo que sufro.

Giotto no se contuvo y lo envolvió en un abrazo—. Será mejor que salgamos de aquí.

No puedo —respondió Bill—. Debo estar aquí.

Ya has estado. Te han visto. Te han fotografiado. Ahora estás vulnerable y debes refugiarte —dijo el hombre, viéndolo a los ojos—. No puedes dejar que los paparazzi te vean así. O mucho peor, que alguna serpiente del medio te provoque y te haga decir cosas que lamentarás por la mañana. Las Karashian están aquí y ellas, dios me libre, son el demonio en persona.

Bill sonrió—. Gracias, Giotto.

Vámonos. Eres mi excusa perfecta para salir de aquí —le dio un guiño—. Me estoy portando como un caballero rescatando al guapo príncipe de las garras de las brujas.

Bill rió con ganas y dejó que lo sujetara de la mano, para salir de la fiesta.

& Continuará &

Sólo queda un capítulo y Giotto acompañará a Bill a su habitación. Este fic tiene un final feliz, pero ¿para quién? ¿Para Bill y su dolor con Tom, encontrando un reemplazo perfecto? ¿Para Giotto encontrando a un Bill vulnerable que cederá a sus deseos? ¿O para Tom, que apenas ha aparecido en esta historia? No incluyo a Shermine porque nadie quiere un final feliz para ella muajajajaja. (Estoy siendo infantil y qué)

Escritora del fandom

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