3: Amistad

No creí que fueran a leer tanto esta historia  >_<  Es cierto que el tema de los vampiros y hombres lobo es más viejo que el hilo negro, pero lo divertido es ponerle otros elementos a sus razas, como la magia, el M-preg y otros detalles que irán apareciendo. Así que mejor los invito a leer.

Capítulo 3: Amistad

Era tarde y Bill podía notar que Gustav estaba cansado, pero no podían irse del local sin las invocaciones mágicas necesarias. El pelinegro debía resguardar su presencia de cualquier posible atacante, ya fuera vampiro u hombre lobo, pero por sobre todo, debía cuidar a Gustav, se lo debía a Eva.

Eva había encontrado a Bill, a los quince años, un día en el bosque, solo y hambriento, ya sin deseos de vivir. El joven de cabello oscuro recordaba que solo lo sostenía un anhelo en esos tiempos: volver a ver a Tom. Sonrió y pensó en la coincidencia de que ese día hubiera conocido a otro Tom. No sabía si era su nombre o algo más, pero debía admitir que se había sentido muy bien estando con él, incluso cuando el trenzado le comentó que “olía bien”, llegó a pensar que su búsqueda había terminado. ¡Qué ridiculez! No era posible, porque si este nuevo Tom fuera un lobo, lo habría reconocido por la magia, de hecho ni siquiera habría podido entrar al pub.

—Gustav, estoy listo, ya vámonos, estoy cansado y tú también —dijo tras concluir su ritual y el hilo de sus pensamientos.

—¿Por qué lo haces todas las noches?

—¿Cómo que por qué? Pues para la buena suerte, tú madre me lo enseñó ¿recuerdas?

—Sí, pero…

—Nada de “peros”, nos ha ido increíble gracias a la magia, ya vámonos. —Bill quiso cortar de inmediato esa conversación, pues sabía que su amigo rubio se ponía triste al recordar a Eva.


Al llegar a casa, Bill se retiró a su habitación y esperó a que Gustav se durmiera. Esa noche tenía ganas de cazar, se sentía lleno de vida y quería acercarse al bosque, quería sentirse cerca de Tom. Esperó unas horas y salió.

Cuando llegó al bosque, el pelinegro pudo sentir que hubo una pelea, habían matado a un vampiro, a uno malo, lo supo por el hedor de su sangre. La pelea había sido corta, ya que no había rastro de una gran lucha, seguramente el licántropo que se hizo cargo era muy poderoso. Achinó los ojos y alertó sus sentidos, por si había otro cerca y al cabo de un momento, comprobó que estaba solo.

Se adentró entre los árboles, intentando cazar y dio con un conejo, otra coincidencia… Sonrió.

Gracias a la magia, ya no necesitaba tanto de la sangre como antes, era casi un humano más, eso lo hacía sentir muy bien, respiró profundamente y volvió a su casa. Debía descansar y prepararse para mañana.

&   Sábado   &

Tom se sentía muy bien ese día, durmió como nunca y estaba lleno de energías. Decidió ir al supermercado para abastecerse con comida para la semana. Esa noche, pensaba invitar a Bill a comer y quería cocinar para él. Con solo recordarlo, le invadió esa dulce calidez en su pecho, le gustaba, no la había sentido desde hacía diez años, cuando conoció al vampirito. Era una grata coincidencia, ya que ambos se llamaran Bill, aunque este Bill no era vampiro.

«¿Me pregunto si le gustará la pasta?» Pensó con una sonrisa e hizo una nota mental, de averiguarlo, solo esperaba que el chico aceptara. Era inevitable no sentirse cómodo con él.

Las horas pasaron volando y en la noche, Tom se subió al auto y se dirigió de vuelta al pub de Bill. Aprovecharía para preguntarle por qué la extraña inscripción de la entrada. Al no visitar mucho esa sección de la ciudad, le tomó un poco llegar al pub y al hacerlo, realizó en silencio, los conjuros de protección en el coche y entró.

Se dirigió de inmediato a la barra, donde le aguardaba Bill con una enorme sonrisa, se dio cuenta que llevaba un poco más de maquillaje en los ojos, lo que le hacía resaltar la mirada

—Hey Bill.  ¿Cómo estás?

—Tom que gusto.

—Te ves muy bien hoy.

—Gracias, toma una cerveza por cuenta de la casa, por todos los halagos que me das.

—Gracias, aunque son reales. —Ambos rieron—. Bill, hoy me percaté del nombre del local y que estaba prohibido para vampiros y hombres lobo.   —Bill se echó a reír.

—Es cosa del antiguo dueño. Él nos vendió el local con la condición de que mantuviéramos esa advertencia.  ¿Es ridículo no crees?

—Claro.   —Volvieron a reír.

—Discúlpame un momento, un cliente.

Tom analizó la situación. Si ese símbolo lo había dejado el antiguo dueño, ¿cómo era posible que aún se sintiera la magia tan fuerte? Trató una vez más de agudizar su sentido del olfato para rastrear al vampiro, pero cada vez que lo intentaba, absorbía la esencia de Bill.

Tom sonrió sin poder evitarlo, no sabía si era él el que se estaba obsesionando con Bill, pero en verdad su aroma era diferente, lo sentía… familiar… como si lo conociera de alguna parte.  Sin querer, se quedó observándolo fijamente.

—No me veas así que me gasto.  —Bromeó el otro, acercándose a su lado nuevamente.

—¿Bill?  Mañana es domingo.

—Así es.

—¿Trabajas?

—No.

—¿Querrías comer conmigo? —El pelinegro lo quedó mirando intrigado y entre tanto, Tom contuvo la respiración hasta que le dio la respuesta.

—Está bien, pero solo si tú cocinas.

—Claro, soy un gran chef… ¿Te gusta la pasta?

—Me encanta.

—¿Es una cita entonces?

—¿Una cita?   —preguntó incrédulo, alzando una ceja.

—Claro… una cita de… de amigos  —balbuceó adorablemente.

—Está bien… amigos. —Se miraron largo rato y otra vez se echaron a reír.

«Es increíble, no había reído así en años, reír por nada, solo por sentirse bien» Se dijo el trenzado en la cabeza, mientras la hermosa calidez volvía a invadirlo.

Por otra parte, el pelinegro sentía las mismas mariposas que el de trenzas.

«¿Una cita?»  Bill no había parado de repetirse la misma pregunta. Y comenzó un diálogo interno consigo mismo.

«No he tenido una cita en… nunca… una cita de amigos… el único amigo que tenía era Gustav, aunque él era como mi hermano, nos criamos juntos.

A pesar de trabajar con gente, nunca he tenido amigos, siempre he estado a la defensiva y evitando estrechar lazos con nadie, porque mis experiencias nefastas me hacían pensar que todos eran malos.

Pero Tom, él se ve diferente, se siente diferente, me siento extraño con él, lo siento cercano…familiar. Es como si su presencia estuviera en mi alma, aunque intente evitarlo, siento su mirada en mí, lo siento en todo mi ser. ¿Qué es esto?»

El chico de cabello oscuro no podía parar de sonreír cada vez que hablaba con Tom y llegó a disgustarse un poco, con la llegada de nuevos clientes. No quería dejar de conversar con el trenzado, pero ya se hacía tarde y debían cerrar el local.

—¿Nos vemos mañana entonces?   —dijo Tom resignado a separarse del otro.

—Claro.  ¿Te parece a las 12?

—Como no sé dónde vives.  ¿Te vengo a buscar aquí?

—No hay problema, aquí estaré.

—No comas nada antes, porque te haré una comida abundante, te encantará.

—Vaya que estás seguro de ti mismo.

—Ya te dije, soy un gran chef… Hasta mañana.

—Hasta mañana.

&   Continuará   &

Aaww el parcito sonríe como bobo cada vez que hablan uno con el otro. Y ninguno tiene idea que el otro es de la raza rival y enemiga. ¿Se darán cuenta ahora que no se verán en el pub de Bill? Tendrán que averiguarlo en el siguiente capítulo. Besos y gracias por su visita, recuerden comentar y compartir por las redes sociales.

Escritora del fandom

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