3: Sangre

Minotaurus II: Furia Taurina” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 3: Sangre

Cinco días habían pasado desde la muerte de Karol y la ira aún gobernaba la mente del menor de los Kaulitz. Cada vez que alguien tocaba el tema de su hija o del dios toro, el aura roja, cargada de furia de Bill se hacía presente y los muebles temblaban, como esperando el momento de estallar en pedazos a la menor indicación del pelinegro.

La mayoría de los miembros aliados a los elegidos, prefería pasar su tiempo libre, alejados de los chicos, por temor a gatillar el enfado del menor de ellos. Sin embargo, los G’s permanecieron siempre allí.

Tom, te ves muy pálido esta mañana, ¿te sientes mal? —preguntó la doctora Morgan, preparándose para revisar los estados de su paciente.

Estoy bien, sólo un poco cansado, Clair —respondió el chico, sentándose en la cama, con un poco de dificultad.

El parto había resultado bien, pero la posterior caída del trenzado, abrió la herida abdominal, obligando a la mujer a cerrarla nuevamente, dañando el tejido, cosa que había causado que la evolución de Tom fuera mucho más lenta.

No ha querido desayunar nada, Clair —Reclamó el pelinegro, dándole una mirada de padre angustiado a su “mate”.

Es que tengo nauseas —Se defendió el chico, cosa que la mujer no pasó desapercibida.

Extiende tu brazo —Pidió y procedió a tomar la tensión del chico, arrugando el ceño al notarla demasiado baja, al igual que la temperatura corporal del trenzado—. ¿Tienes frío? —preguntó de manera casual.

Ahora que lo mencionas, sí —contestó Tom, arreglándose la ropa.

Creo que estás anémico, pero te tomaré una prueba de sangre, para asegurarme —explicó la mujer y buscó entre sus cosas, los materiales necesarios.

Bill arrugó el ceño, al ver la sangre de su novio, llenar la pequeña jeringa. No podía borrar de su memoria el golpe que su Tomi se había dado, sólo por su culpa, sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Si su “mate” hubiera muerto por su causa, habría sido el fin del mundo para él.

Eso será todo por hoy —anunció la doctora, guardando su material—. Bill, insiste con la comida. Si es anemia lo que tiene, lo mejor será alimentarlo bien, ¿está claro?

Por supuesto —respondió el moreno, con una enorme sonrisa. De eso sí podría encargarse, le encantaba cuidar de su novio.

Clair dejó la habitación y Tom se volvió a recostar. Bill se acercó a él y alzó una ceja, en forma coqueta, se quitó los zapatos y se metió en la cama junto a su amado, abrazándolo y pegando la espalda del trenzado a su pecho, en su posición favorita, cucharita.

¿Sabías que te amo? —cuestionó, apretando más su abrazo, cuidando de no tocar el sitio de la operación.

Claro que lo sé —respondió el mayor, suspirando, sintiendo que su cuerpo se relajaba ante el contacto de su adorado pelinegro.

¿Y sabes que quiero lo mejor para ti? —Insistió el menor.

¿Qué pretendes, amor mío? —preguntó Tom, al sentir que esas interrogantes tenían un fin oculto.

Quiero hacerte comer —afirmó el moreno—, y sé que te pone muy hambriento.

¿Qué cosa? —indagó el trenzado, pero ya sabía la respuesta y una onda cálida inundó sus mejillas.

El sexo —El cuerpo de Tom se estremeció, hacía bastante tiempo que no habían tenido sexo, por su avanzado estado de embarazo, luego el ataque y ahora el parto, sin contar la tristeza por la pérdida de Karol.

Billa…

Sé que no podemos hacerlo —Bajó una mano delicadamente hasta posarla por sobre las vendas—, pero puedo hacer que tú lo disfrutes igual.

La imagen de la boca de Bill devorando su miembro, fue suficiente para el trenzado y su cuerpo de inmediato cobró vida. Giró su cuerpo y buscó los labios de su “mate” para unirse en una mezcla de saliva y brazos, hasta que Bill descendió y con mucho cuidado, quitó los bóxers de su amado. La longitud erguida que le saludó, fue gratamente recibida y sin perder el tiempo en meditaciones, lo acarició con el piercing de su lengua. Gemidos incesantes sonaron por toda la habitación, hasta que el mayor se derramó en la boca de Bill, quien tragó toda la semilla de su amado y sonrió, al sentir como los muslos de Tom se relajaban, junto a su respiración.

Mmm, Bill, que gusto —susurró el mayor, completamente hundido en las sábanas.

Dame un segundo —Bill corrió al baño y se cepilló los dientes—. No te duermas —Gritó, mientras se secaba el rostro.

Eso fue genial, ¿quieres que haga lo mismo contigo?

¿Qué, estás loco? Es acerca de ti, Tomi —Lo reprendió como un niño y posó sus labios tiernamente sobre los suyos—. ¿Tienes hambre ahora?

Eso creo, dame un segundo, y ven aquí —Pidió y el pelinegro volvió a acostarse a su lado, para acariciar sus trenzas y sus mejillas.

Te amo Tomi.

Lo sé Billa, te amo igual.

Se quedaron un rato así, tranquilamente abrazados, compartiendo caricias y palabras de amor y tranquilidad, hasta que el pelinegro nuevamente se sentó.

Es hora de comer —Se puso de pie y tomó la bandeja que estaba en la mesita del cuarto y cogió lo más liviano, un yogurt. Lo agitó y al abrirlo, se volvió a sentar en la cama—. Es de damasco, tu favorito.

Cuando el aroma del lácteo llegó a las fosas nasales del trenzado, una ola de nausea lo invadió y simplemente no pudo más. Se inclinó hacia un lado de la cama y vomitó todo lo que escasamente había en su estómago.

¡Dios, Tomi! —Gritó el menor, corriendo hacia el baño, en busca de una toalla húmeda, para limpiar a su amado—. ¿Estás bien?

Lo siento Billa —Se disculpó.

Tranquilo —El moreno, pasó la toalla por los labios de Tom, y tras limpiar los restos, lo volvió a recostar—. ¿Estás bien?

No lo sé.

Llamaré a Clair.

No, no Billa —Pidió el mayor—. Fueron sólo nauseas, no es nada grave.

¿Estás seguro? —dijo alzando una ceja, al ver que el rostro de su amado volvía a descomponerse. Tom se volvió a erguir con rapidez y devolvió otra vez su estómago. Pero esta vez, una mancha rosácea apareció entre los restos y Bill se espantó—. ¡Sangre! —Gritó y corrió hasta el pequeño teléfono, marcando con rapidez.

¿Bill? —La voz de la doctora se oyó alerta.

Tom está vomitando sangre —Casi gritó por la línea.

Voy para allá —Y cortó.

Bill corrió hacia el baño y volvió a empapar la toalla, para limpiar a su novio.

Tranquilo mi amor, todo estará bien.

He dejado un desastre —Trató de bromear el trenzado, pero la sonrisa no alcanzaba a llegar a sus ojos, que habían perdido el brillo de la vida.

Tranquilo cielo, todo estará bien, sólo relájate.

&

Tom yacía al borde de la inconsciencia, en la camilla del bunker en el que se encontraban, apretaba las sábanas, tratando de evitar el deseo constante de vaciar, su ya desocupado estómago. Bill temblaba a su lado, esperando la confirmación de la doctora Morgan, que revisaba los resultados del análisis de sangre de esa mañana.

Me temo que es una anemia bastante agresiva —explicó, dejando los documentos a un lado en su escritorio—. Necesita una transfusión urgente —Miró al pelinegro a los ojos, que se veían al borde del llanto—. Después del parto, su cuerpo quedó muy débil y no ha podido retomar la capacidad normal de fabricar suficientes glóbulos rojos.

Clair, deja de explicarme esos tecnicismos de mierda y ponle a Tom lo que necesita —Gruñó el menor, volviendo el rostro a su “mate” que cada vez se volvía más pálido.

No es tan simple Bill —Ella se paseó por la sala, nerviosa.

¿A qué te refieres? —El pelinegro alzó la mirada, asustándose al ver a la doctora en ese estado de inquietud.

Tom no tiene un tipo normal de sangre. Es más, creo que su tipo sanguíneo no es compatible con… —Miró de frente a Bill—. Creo que no es compatible con nadie que no sea algún familiar directo.

Dios mío… —susurró el moreno.

No… —Se oyó un suave quejido. Las dos personas volvieron su atención al trenzado.

¿Tomi?

No llames a mamá, es peligroso —Pidió el mayor, con el rostro sudoroso.

Llamaré a “los siete” —dijo Morgan y corrió al teléfono.

Bill no escuchó claramente la conversación de la mujer, pues se dedicó a limpiar la frente de su amado, con un pañito húmedo. Tenía tanto miedo de verlo allí, con el rostro pálido, la piel sumamente fría, pero a la vez sudando a mares, no quería ni pensar en perder a su Tomi por causa de una estúpida anemia. Y si tenía que arrastrar al mismísimo Jorg hasta el bunker, lo haría a punta de pistola.

No están aquí —Sentenció la mujer, llamando la atención de Bill.

¿Eh?

El grupo completo salió. Están planeando el regreso a Alemania.

Pero, ¿qué haremos con Tomi?

Bill… —llamó la voz temblorosa del trenzado.

No hables cielo, calma, todo saldrá bien. Yo estoy aquí —susurró el pelinegro, depositando un tierno beso en la frente de su “mate”.

Tú puedes hacerlo Bill. Tu sangre puede ayudarme —dijo entre gemidos de dolor.

¿Mi sangre? —El menor de los Kaulitz, llegó a pensar que su amado deliraba, pero la doctora que escuchaba atentamente, procedió a preparar el equipo.

Tal vez tiene razón, Bill —dijo ella, acercándose hasta el menor y apretando la parte superior de su brazo con una liga quirúrgica—. Ustedes son “mates”, quizás a eso se refiera Tom.

Comprendo —Bill se sentó y se relajó, dejando que la mujer clavara la aguja en su brazo.

Presiona esto —Le entregó una pelota de goma—. Aprieta una y otra vez, para ayudar a bombear la sangre —indicó con suavidad, procediendo a checar los signos del trenzado en la camilla.

Billa… —Gimió el mayor, abriendo apenas los ojos.

Aquí estoy, mi amor.

Tranquilo —Sonrió lentamente—. No puedo morir aún —susurró, pero sus palabras quedaron en el aire, pues cayó en las profundidades de un desmayo.

¿Tomi? ¡Tomi! —Bill se asustó y quiso levantarse, pero Clair lo detuvo.

Tranquilo Bill, es mejor que Tom se duerma ahora, que la sangre entre en su sistema y lo fortalezca —explicó ella.

El silencio llenó la estancia por unos cuantos minutos, hasta que la puerta se abrió de golpe, revelando a los G’s con los rostros totalmente ansiosos.

¿Cómo está Tom? —preguntó Gus, apenas cruzó el umbral.

Sólo duerme —informó la mujer.

¿Qué pasará con la transfusión? —interrogó el castaño, sin haber visto a Bill.

Su “mate” está donando —respondió otra vez la mujer.

Pero tú dijiste que necesitabas a un familiar directo, Clair —inquirió el rubio, dando un paso al frente, notando que Bill también se volvía más pálido, por la pérdida de sangre.

¿Qué ocurriría si no soy compatible con Tom? —preguntó el moreno, tras haber notado que Tom no volvía en sí.

Podría haber consecuencias —Comenzó Morgan—. Si el cuerpo de Tom rechaza la transfusión, podría empeorar, pero como vez, sólo duerme, sus signos vitales no han dado ninguna señal adversa.

¿No probaste la sangre de Bill, antes de hacer esto? —cuestionó Geo, sintiéndose totalmente mareado ante la posibilidad de que algo pudiera empeorar la situación de sus primos.

Fue el mismo Tom, quien dijo que la sangre de Bill le ayudaría —Se defendió la mujer—. Creo que él sabe algo, tal vez recibió una visión del Minotaurus. Hasta el momento, él ha sido el más tocado por la mano del dios toro.

Buen punto —afirmó el castaño.

¿Bill estás bien? —preguntó Gus, al notar que el pelinegro palidecía cada vez más.

Sólo estoy nervioso —aclaró el menor, pero sentía que su cuerpo se debilitaba.

&

La transfusión había acabado con éxito, Tom había recobrado el conocimiento, pero ahora yacía dormido, sedado por la doctora Morgan, quien había mandado a todos a descansar. Aunque los G’s se habían quejado, alegando que querían permanecer allí, en caso de que sus amigos se agravaran, finalmente accedieron a los mandatos de la mujer.

Clair vigiló los signos vitales del trenzado y tras cerciorarse de que todo marchaba bien, ella misma se retiró a sus aposentos.

Bill, sin embargo, se quedó en vigilia. Una vez que trasladaron a su “mate” hasta su habitación, él se acomodó a su lado y acarició sus brazos con cariño. Alternó la mirada entre el techo y el rostro de su amado, hasta que sintió como se estiraba a su lado. Se quedó en silencio, para no alterar su sueño, pero el mayor susurró…

¿Billa? ¿Billa?

Aquí estoy —respondió a su llamado.

Te amo.

Y yo a ti, Tomi —Con mucho cuidado, posó sus labios sobre los otros, permaneciendo allí por un segundo.

Lo siento mucho Billa —Se disculpó el mayor—. Sé que te asusté.

Ya todo terminó, amor mío.

¿Cómo estás tú? —preguntó, acariciando el brazo más delgado, que poseía un parche, en señal de lo que había hecho.

Ahora que tú estás bien, yo estoy bien —contestó el moreno, respirando el aroma de su novio.

Se quedaron en silencio un rato más, Bill pensó que su “mate” había vuelto a dormir, pero al sentir un beso en su mejilla, no pudo evitar sonreír.

Duerme Tomi. Clair me matará si estás despierto por mi culpa —Regañó el pelinegro, pero la verdad estaba feliz de sentir la compañía de su amado. Además había algo que aún daba vueltas en su cabeza y quería interrogar a su Tomi sobre eso.

La verdad es que no puedo dormir, porque me muero de hambre —comentó el trenzado, cosa que hizo reír al menor.

¿Hablas en serio?

¿Acaso no escuchas el rugir de mi estómago? —Bromeó el trenzado.

Bill se sentó en la cama y encendió la lamparilla que estaba junto a ellos. Sonrió al recordar que su precavido amigo Gustav, le había dejado un yogurt en la mesita, por si necesitaba reponer fuerzas.

¿No sientes nauseas? —preguntó el pelinegro, batiendo el lácteo.

No, nada raro, nada como lo que pasó antes. Estoy como nuevo —Para probar su punto, Tom alzó los brazos, mostrando los músculos de sus bíceps, cosa que causó gracia en el menor—. Realmente me salvaste la vida.

¿Tomi? —Le entregó el envase junto a una cuchara—. Hablando de eso —El mayor, comenzó a comer ávidamente su merienda, mientras alzaba la vista para ver a su “mate”, quien cada vez lucía más extrañado.

¿Qué ocurre? —Devoró el yogurt en un par de cucharadas, prestando atención al menor, quien no decía nada—. ¿Qué pasa, Bill?

Es que… no entiendo.

¿Qué cosa?

¿Cómo supiste? —Tom sintió un nudo en el estómago, y no tenía nada que ver con un dolor físico, sino más bien, con la verdad que tendría que revelar.

¿Eh?

¿Cómo pudiste saber que mi sangre te serviría, Tomi? Clair dijo que tu tipo de sangre era tan rara, que posiblemente no fueras compatible con nadie, salvo algún familiar directo. Yo sólo soy tu primo —Bill soltó toda la información, hablando rápidamente, sin mirar realmente a su compañero, tenía un raro presentimiento—. ¿Tuviste una visión? ¿Fue el Minotaurus quien te lo dijo? ¿Por qué estabas tan seguro de que nosotros seríamos compatibles? Y… —Alzó el dedo índice, como amenazante—. No me salgas con eso de que somos almas gemelas, porque eso no tiene nada que ver con el aspecto físico.

Billa, ven acá —Palmeó el espacio a su lado en la cama. El pelinegro, obediente llegó hasta él y se ubicó allí, mirándole de frente.

Dime Tomi, quiero… necesito saber.

Hay una razón Billa y el ser almas gemelas está intrínsecamente relacionado con esa verdad —El aludido arrugó el ceño.

Hablo en serio, Tomi.

Y yo —El mayor tomó la mano más delgada y tras suspirar, habló—. Anis me contó algo, un secreto que sólo “los siete” saben, además de Phillips, relacionado con nosotros dos.

¿Hablas de nosotros, como los “elegidos”? ¿O nosotros, como Bill y Tom Kaulitz?

Ambos.

Me asustas, Tomi.

Es una verdad que ni nuestros padres conocen, Billa, pues el líder se encargó de mantenerlo en secreto desde nuestro nacimiento —explicó el trenzado. El moreno tragó saliva y asintió, pidiendo que continuara—. Tu madre y la mía estaban embarazadas y entraron en labor de parto al mismo tiempo, las trasladaron al mismo hospital y Phillips en persona supervisó nuestros nacimientos.

¿Por qué?

Porque debía matar a uno de nosotros —Los ojos de Bill se abrieron grandemente ante esa explicación.

¡¿Qué?! —Su voz sonó temblorosa—. ¿Por qué?

Mi madre, Simone estaba embarazada de gemelos.

Imposible —Fue lo primero que soltó el pelinegro, pues los Taurinos sólo concebían un hijo en la vida, y si llegaban a tener dos, los nacimientos eran separados por años.

Fue lo que yo pensé —agregó Tom con una sonrisa—, por esa razón Phillips estaba allí, debía matar a uno de los gemelos, para que no se corriera la voz de que algo raro pasaba dentro de la manada.

Pero tú dijiste que quería matar a uno de nosot… —Bill se quedó con la palabra en la boca, cuando la verdad lo golpeó—. No es posible…

Sí, así es. Billa… nosotros…

No… —susurró—. Mi madre es Susie Hohner y mi padre es Allen Kaulitz.

Tu madre es Simone —aclaró el trenzado—. Susie perdió a su bebé y Phillips decidió que lo más sabio era entregar a uno de los gemelos a tu padre Allen, para mantenerlos contentos y a la vez, se libraba de la tarea de matar a otro infante. “Los siete” estuvieron allí, Saki fue quien hizo el cambio, te entregaron a la otra familia Kaulitz, de esa forma se aseguraban de alejarnos, pues nuestros padres se odiaban desde ese entonces.

No, no, no…

Eres mi hermano Billa, mi gemelo.

¡No! —Gritó el mayor y se levantó de la cama, soltándose de la mano de su pareja.

Eres mi hermano y mi alma gemela. Estábamos destinados a estar juntos, el mismo Minotaurus nos mandó a este mundo de esa forma. Somos un ser en dos cuerpos.

¿Cómo pudiste? Tú lo sabías y me follabas a gusto.

Te amo Billa. Siempre te he amado, el saber que eres mi gemelo sólo ha intensificado mi amor por ti.

Eso es enfermo.

No lo es —Negó con la cabeza—. Debes entenderlo. Vinimos juntos a este mundo, tan juntos como nos fue posible.

¡Hermanos, Tom!

No sólo eso Billa. Almas gemelas.

Ya basta —Caminó hacia la puerta.

¿A dónde vas? —preguntó aterrado el mayor, al sentir la incertidumbre de su hermano.

Lejos de aquí —«Y de ti» Pensó el menor con dolor.

¡Espera! —Gritó, pero la puerta sonó bruscamente al cerrarse.

& Continuará &

Nooo. Tom aceptó tan bien el hecho de que fueran gemelos, ¿por qué Bill no hace lo mismo? Últimamente es el pelinegro quien ha sufrido todas las decepciones, pero ¿podrá perdonar a Tom? ¿Podrá seguir estando a su lado como “mate”? Y lo más importante ¿Podrán cumplir con la venganza? No se pierdan la continuación.

Escritora del fandom

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