36: Comatose

No saben lo feliz que me hacen con sus visitas y comentarios *-*

Fashion” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 36: Comatose

I don’t wanna live. I don’t wanna breathe. ‘les I feel you next to me. You take the pain I feel. Waking up to you never felt so real. I don’t wanna sleep. I don’t wanna dream ‘cause my dreams don’t comfort me. The way you make me feel.

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No quiero vivir. No quiero respirar, a menos que estés a mi lado. Tú te llevas el dolor que siento. Despertar a tu lado nunca se sintió tan real. No quiero dormir. No quiero soñar, porque mis sueños no me consuelan. No me dan lo que tú me haces sentir” (Comatose, Skillet)

& Anteriormente &

Caminaron lentamente, y bajaron peldaño por peldaño, hasta llegar al piso seis. Entonces el mayor abrazó a su pequeño y susurró.

Lo siento… —Y su cuerpo cayó desplomado al piso.

¡Tooooom! —Gritó histérico el cantante.

El pelinegro estaba de rodillas en el suelo, con la cabeza del rastudo sobre sus piernas, cuando Saki llegó hasta ellos. Corriendo, tras haber escuchado el grito de Bill.

¿Qué le ocurrió? —preguntó de inmediato.

Se desmayó. Le dolía mucho el hombro —explicó el menor, con la voz ronca por el llanto y las manos temblorosas de miedo.

Lo cargaré —Se ofreció y procedió a levantarlo.

Con cuidado llegaron hasta el auto, Saki acomodó a Tom en el asiento trasero. Y se puso en marcha hasta la clínica que la familia Kaulitz utilizaba.

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Tras la llamada de Bill, una camilla esperaba en la entrada de la clínica. Los médicos internaron a Tom con rapidez, dejando al joven pelinegro, completamente preocupado en la sala de espera.

El guardaespaldas notó que el pelinegro no pensaba en nada, así que tomó su celular y marcó.

¿Señor?

Saki, ¿ha pasado algo? —preguntó con urgencia en la voz, al sentir la preocupación de su mejor agente.

Sí, señor —respondió fríamente.

¿Qué ocurrió? ¿Es mi hijo? —cuestionó Gordon, perdiendo la compostura.

Es Tom Trumper, señor. Estamos en la clínica —Trató de explicar Saki, pero fue interrumpido.

¡¿Qué?! —exclamó el padre de Bill—. ¿Está herido? ¿Lo atacaron? ¿Está con Bill?

Señor —pidió el agente—. Cálmese por favor. Estoy en la clínica junto a Bill, pero él está a salvo. No fueron atacados, pero Trumper sufrió un desmayo, causado por el dolor en su herida de bala, en el hombro.

Oh, Dios mío —Suspiró Gordon—. Por un momento pensé lo peor. Voy para allá. No dejes que Bill salga de allí. Seguramente se sentirá culpable por eso.

Comprendo, señor —La llamada se cortó.

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Al cabo de unos minutos, Gordon Kaulitz llegó a la clínica y caminó a paso presuroso a la sala de espera, donde encontró a su hijo con los ojos llorosos y un pañuelo en la nariz.

¿Estás bien, hijo? —preguntó sentándose a su lado.

No —susurró el pelinegro, y limpiando su nariz, se colgó del cuello de su padre—. Tomi está sufriendo mucho —Gimió de tristeza en sus brazos.

Tranquilo, Bill —Le calmó su padre.

Le consoló hasta que dejó de llorar y el médico entró a la sala. Ambos saltaron de sus lugares, para preguntar por el estado de salud del rastudo.

¿Cómo está? —vocalizó el adulto, pues Bill estaba demasiado acongojado y la voz no le salía, temía que le dijeran que algo peor había ocurrido.

¿Señor Kaulitz? —Se extrañó el doctor—. Pensé encontrar a los padres del joven Tom.

No tiene padres —susurró el pelinegro, pero apenas audible.

De pronto sintió, que su adorado Tomi estaba completamente solo en el mundo y la culpa le llenó el corazón, apretó los puños y trató de tragar el nudo que aumentaba de tamaño en su garganta.

Yo estoy a cargo de Tom Trumper —dijo de inmediato Gordon, ganándose una mirada sorprendida de su hijo.

Está bien, señor Kaulitz, hay información que necesito que llenen, ya saben, es política de la clínica —explicó el médico.

Está bien, ya nos haremos cargo. ¿Podría decirnos, cómo está? —exigió el adulto.

Por supuesto —El doctor, tomó sus notas y procedió—. Revisamos la herida de bala, y comprobamos que no hubiera rastros de infección.

¿Y? —pidió saber el pelinegro.

Afortunadamente, no es nada de eso —aseguró el hombre, sacándole un suspiro de alivio al menor—. Pero si me sorprendí de que el chico no estuviera usando el cabestrillo. Al tener el brazo expuesto, seguramente el dolor fue mucho más intenso —Arrugó el ceño—. ¿Saben, si estaba guardando reposo?

No, doctor. Fue a la escuela conmigo —relató el pelinegro.

Mala idea. El disparo fue hace apenas unos días, su cuerpo necesita descanso para volver a estar en condiciones —explicó el médico—. Además sin el cabestrillo, será más difícil que sane del todo.

Me encargaré de que lo use —aseguró el pequeño.

Bien. Y le daré una orden médica para que se ausente de la escuela, por lo menos una semana —agregó el doctor.

¿Entonces, está bien? —cuestionó Gordon.

Físicamente sí —Arrugó el ceño—. Lo que me tiene muy preocupado es la razón de su desmayo —Repasó sus notas—. Por los estados de presión arterial, podemos suponer que el joven Tom estuvo expuesto a un grado elevado de estrés.

¿Estrés? —Repitieron a la vez, padre e hijo.

Seguramente Tom se sintió tan tenso, que su cuerpo colapsó —dijo el médico—. Suele suceder, que a veces forzamos mucho nuestro organismo, hasta que en determinado momento, éste dice “basta” y colapsamos.

Oh, Dios —susurró Bill «Esto es mi culpa» Se abofeteó mentalmente y el nudo en su garganta, se intensificó.

Lo que hicimos ahora para poder calmar su sistema —continuó explicando el doctor—, fue suministrarle una dosis elevada de calmantes para el dolor, que le harán dormir lo suficiente, para aliviar la tensión de su cuerpo. Sus músculos estaban demasiado rígidos, cosa que no será positiva para la sanación de su hombro.

¿Cuánto tiempo dormirá? —preguntó suavemente el pelinegro.

Toda la tarde y hasta mañana.

Me quedaré. ¿Puede darme una cama a su lado? —pidió el pelinegro.

Haré los arreglos.

Yo me encargaré del papeleo —agregó Gordon, pero antes de que alguien se moviera, el médico continuó.

¿Ustedes saben, si Tom estudia con beca?

Sí, señor —contestó Bill, de inmediato.

Tal vez ese es el problema —anticipó el doctor.

¿Por qué lo dice? —indagó Gordon. Él menos que nadie, quería que su hijo sintiera remordimiento por lo que le había ocurrido a su novio.

Creo que mientras lo revisábamos, susurró algo sobre una beca.

Gracias, doctor —Terminó el padre de Bill, debía evitar a toda costa, que su hijo escuchara más sobre eso.

Cuando el médico se retiró, el cantante rompió a llorar. Gordon lo abrazó y le acarició la espalda.

Calma, hijo, todo saldrá bien.

Es mi culpa, papá. Él está herido por mi culpa. Y ahora perderá la beca por mi culpa —Se quejó el pelinegro, sollozando en el hombro de su progenitor.

Ya basta. Si estás triste, Tom se estresará mucho más y no podrá sanar pronto —Le regañó su padre, con una sonrisa—. Trajiste los papeles de Tom, iré a la recepción a llenar las formas.

Bill cogió la mochila de su novio, pero no estaba lo que buscaba.

¡Rayos! —Gruñó—. No están aquí. Será mejor que le pida a Saki que vaya por ellos.

No te preocupes. Yo iré.

¿Eh? —dijo el menor, totalmente sorprendido.

Yo iré. Así aprovecho de ver el lugar en que mi hijo, pasa la mayor parte del tiempo.

Bueno —Bill arrugó el ceño. Su padre se espantaría, cuando viera el pequeño departamento de su Tomi—. Pero no vayas a hacer nada. Tomi odiaría si cambias sus cosas. Él es muy… ordenado.

No te preocupes.

Habla con el señor Sawyer, el portero, él te dejará entrar —agregó al verle partir—. Gracias, papá.

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Gordon Kaulitz llegó al departamento de Tom, siguiendo las instrucciones que Saki le diera al salir de la clínica. Lo primero que pensó al llegar al lugar fue «Seguro me roban el coche» Pero no tenía tiempo que perder, no quería dejar a su hijo solo, por mucho tiempo, sobre todo, porque ahora no estaría Andreas para apoyarlo.

Buenas tardes —Se presentó al hombre que estaba en el primer piso—. Busco al señor Sawyer.

Soy yo —respondió el anciano.

Verá, soy el padre del novio de Tom —Comenzó a decir, pero el hombre le interrumpió.

¿Está bien? Vi como lo llevaban inconsciente —dijo rápidamente.

Sí, está bien. Ahora mismo está en la clínica y necesito llevarle algunas cosas —explicó—. ¿Podría abrirme la puerta de su departamento?

Le puedo pasar una copia extra de la llave. Pero yo no puedo subir hasta allá —dijo el viejo con una sonrisa.

¿Dónde es? —cuestionó, recibiendo la llave.

Séptimo piso, número cuatro —contestó mecánicamente.

Gracias. ¿Dónde está el ascensor?

Está en malas condiciones. No lo usamos —agregó el anciano con una sonrisa. Le pareció divertida la cara de aquel hombre de traje, ante su última frase.

Gracias.

Gordon miró las escaleras y arrugó la nariz, como tantas veces hacía Bill.

Al llegar arriba, casi con el corazón en la mano, se detuvo frente a la destartalada puerta del número cuatro y arrugó el ceño.

¿Cómo es que vives aquí, Tom? —susurró bajito.

Pero su sorpresa fue mucho más intensa al abrir la puerta. Le saludaron las viejas paredes y un frío increíble en aquel lugar. Sin embargo, lo que le llamó la atención, fue que todo estaba increíblemente limpio y ordenado.

Vaya, Bill tenía razón —Volvió a susurrar—. Este chico, es todo lo opuesto de mi “Diva”.

Entró a la sala y vio los cuadernos del rastudo en la mesita y cogió uno que estaba abierto.

Beca, beca, beca

Tenía escrito una y otra vez. «Con razón estabas tan estresado, Tom» Pensó con tristeza. Era injusto que un chico tan inteligente como el de rastas, fuera a perder su lugar en la escuela, por haber actuado heroicamente con su hijo. No podría permitirlo.

Encontró la billetera con los documentos y se disponía a salir, cuando movido por la curiosidad, decidió ir hasta la habitación de Tom.

La cama era pequeña, al igual que el cuarto en sí. El frío era intenso allí también y tomó una decisión. Tomó el celular y marcó.

Hola. Necesito una cama mediana…

Y tras dar las indicaciones y su número de tarjeta, cortó la llamada.

Bajó por las interminables escaleras y llegó nuevamente a la recepción, donde el anciano señor Sawyer le sonrió.

¿Podría usted, hacerme un favor? —pidió amablemente.

Claro, señor.

Hoy traerán algunas cosas nuevas, para el piso de Tom —explicó—. ¿Podría dejarlos entrar y asegurarse de que queden instaladas?

Claro.

Muchas gracias, señor.

Y con una sonrisa de satisfacción, Gordon salió de allí, de regreso a la clínica.

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El pelinegro estaba sentado al lado de Tom, acariciando su mano con ternura. Levantaba la vista, cada vez que le escuchaba suspirar, anhelando verle abrir los ojos, pero eso no ocurría.

Su pecho dolía, no era la primera vez que la gente sufría por su culpa, pero de todos lo que él podía recordar, Tom no merecía nada de lo que estaba padeciendo. Él, de entre todos sus conocidos, era el ser más puro e inocente, ¿cómo es que estaba en esa situación?

«De no haber sido por la estúpida apuesta, tú jamás te habrías mezclado en mis problemas, Tomi» Pensó y soltó un suspiro que pronto se volvió llanto.

Billa… —Le oyó decir en un susurró y sonrió, tratando de ahogar el llanto.

Esa iba a ser una larga noche.

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Al día siguiente, Gustav vigilaba la entrada de la escuela, como siempre. Sonrió cuando Chantelle se acercó hasta él y le dio un suave beso en la mejilla.

Buenos días, Gus —dijo coqueta.

Hola —respondió el chico, sin poder evitar mirar de re-ojo lo hermosa que lucía la chica con ropa casual, sin el típico uniforme de las porristas.

¿Algo nuevo? —preguntó ella, revisando su bolso, por algo interesante.

Nada nuevo —contestó él, paseando su mirada por cada uno de los jóvenes que ingresaba al plantel educacional.

Qué raro —comentó de pronto la chica.

¿Qué cosa? —dijo Gus, mirándola directo a los ojos, y siguiendo su mirada, hacia la banqueta de los “pretty people”.

Bill ya debería haber llegado —agregó la rubia—. Tom tampoco se ve por ninguna parte.

Tienes razón —Confirmó Gus.

Lo que fue todavía más raro para el joven, fue ver el vehículo familiar de los Kaulitz estacionarse cerca de la entrada, pero en lugar de ver descender a Bill, lo hizo el padre del cantante.

Esto es extraño —susurró el rubio—. ¿Los habrán atacado nuevamente?

Sin dudarlo un momento, tomó su celular y marcó el número de su amigo de rastas, pero los timbres sonaban una y otra vez, sólo para mandarlo al buzón de voz repetidas veces.

¿Qué estará pasando? —Estaba totalmente intrigados—. ¿Y si fue algo malo?

Odio decir esto —comentó la rubia—. Pero creo que deberías llamar a Bill.

Sí.

Gustav repitió la acción, pero esta vez sí recibió respuesta.

¿Gustav? —Saludó el pelinegro, con la voz ronca por el sueño.

Bill, ¿estás bien? —preguntó de inmediato el rubio—. No has llegado a clases, ni tú ni Tom. ¿Les ha pasado algo?

Tom está mal —susurró el cantante y su voz se quebró, había pasado todo eso solo y ya no lo resistía—. Estamos en la clínica.

Lo siento —expresó el chico—. ¿Quieres hablar sobre eso?

El dolor en su hombro fue muy grande y el estrés por su beca deportiva fue mucho para su organismo y ahora está sedado, necesita descansar —explicó el cantante.

Le diré a Gabriel, Bill. Yo te visitaré esta tarde al salir de clases —agregó en forma solidaría.

Gracias, Gus.

Lo siento, Bill. Nos vemos luego.

Está bien. Adiós.

Gustav le contó a Chantelle lo ocurrido y ella le abrazó.

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En el primer descanso, Gustav salió con rumbo a los patios traseros, lugar que las parejas solían adoptar como sitio estratégico para sus sesiones de “make out”, olvidando que estaban clausurados, por el peligro que asechaba. Sin embargo, no alcanzó a llegar a la primera puerta.

¡Gustav! —Escuchó un grito a sus espaldas.

¿Eh? —Se giró para encontrarse de frente con Karl, el modelo Ken que siempre estaba cerca de su “supuesta” novia.

¡Te exijo que me digas la verdad! —Volvió a gritar, llegando hasta el rubio.

¿De qué verdad hablas? —preguntó entre divertido y cabreado por este chiquillo, típico estereotipo de niño rico y consentido.

Hablo de Chantelle. ¿Qué le has hecho? —Exigió.

Mira, no tengo tiempo para esto —Le ignoró Gustav, y giró para salir de allí, pero recibió un empujón de parte del Ken.

¡Cobarde! —Le gritó, enfadando al rubio, quien giró y le dio un puñetazo.

Ya… ¿Estás satisfecho? —Gruñó molesto—. ¿Eso querías? ¿Qué nos peleáramos por una porrista?

¿Una porrista? ¿Eso es para ti? —cuestionó molesto el joven—. Yo sabía que tú no tienes intenciones reales de estar con ella. Estoy casi seguro, de que sólo estás con ella como guardaespaldas. —Gus abrió los ojos como plato.

¿De qué estás hablando?

Tú no tienes posibilidades de estar con una mujer como Chantelle —Bufó Karl—. Mírate, eres uno del montón. Apuesto a que ni siquiera le has tocado las tetas.

¡Plash!” —Otro puñetazo.

Chantelle es una zorra en la cama —Gritó Karl, al ver que el rubio le dejaba solo—. Ella es una mujer fácil, pero nunca estará con alguien como tú.

¡Idiota! —Gruñó Gustav y terminó de salir de allí.

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I hate feeling like this. I’m so tired of trying to fight this. I’m asleep and all I dream of Is waking to you. Tell me that you will listen. Your touch is what I’m missing. And the more I hide I realize I’m slowly losing you”

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Odio sentirme así. Estoy cansado de luchar con esto. Estoy durmiendo y lo único que sueño es despertar a tu lado. Dime que escucharás. Tu tacto es lo que extraño y mientras más me escondo, más me doy cuenta de que lentamente… te pierdo”

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Con cada paso que daba, las palabras del modelo Ken retumbaban en su cabeza “Ella es una mujer fácil, pero nunca estará con alguien como tú”. Arrugó el ceño y caminó furioso por los corredores llenos de alumnos.

Escuchaba los murmullos de los jóvenes en los pasillos, pero no podía entender nada de lo que se decía, su mente estaba molesta, él estaba furioso.

¡Gus! —Alguien gritó, justo a su lado y se detuvo.

¡¿Qué?! —Rugió furioso y giró—. Chantelle…

Ven acá —La chica le tomó la mano y lo guió hasta un aula vacía.

El rubio estaba tan desconcentrado y culpable por haberle gritado, que no opuso resistencia y simplemente bajó la mirada y la siguió, en silencio.

¿Qué te sucede? —preguntó la chica, levantándole la barbilla con suavidad.

Nada —contestó él, tratando de volver a bajar los ojos, porque encontrarse con esas orbes azules le provocaba cosas, que ahora no quería sentir. Que él se negaba a sentir.

¿Gus? —Insistió ella, pero fue ignorada.

Entonces, utilizó sus recursos femeninos. Se acercó peligrosamente al rostro de Gustav y con su nariz acarició su mejilla. Ambos con los ojos cerrados.

Haciendo caso omiso a su cordura, Gus la sujetó por la cintura y la acercó más a su cuerpo. La porrista, aprovechó esa cercanía para provocar al chico, mordiendo con suavidad su labio inferior, sacándole un ligero jadeó al joven.

Gus… —susurró Chantelle y le besó con ganas.

El beso se prolongó, hasta hacerse húmedo y caliente. La líder de las animadoras, no podía controlar sus hormonas juveniles y acercó su cuerpo frotándose contra el rubio. Y entonces la magia acabó.

Ella es una mujer fácil, pero nunca estará con alguien como tú”. Se repitió en la mente de Gus y se soltó del abrazo.

Él tenía razón —dijo, mirando a una confundida Chantelle—. Eres una mujer fácil.

La soltó de un empujón y salió del aula, dando un sonoro portazo, y sintiendo que su corazón explotaría de un momento a otro.

Soy un idiota —Gruñó por el camino y tomando su mochila del casillero, abandonó la escuela.

& Continuará &

¿Qué pasará con Gus y Chantelle? ¿Qué hacía el padre de Bill en la escuela? ¿Qué pasará con Tom cuando despierte? Muchas preguntas. No se pierdan el siguiente capítulo.

Escritora del fandom

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