4: Academia

Regalo Especial” Fic Twc de MizukyChan

Otro capítulo lleno de ternura y nuevos personajes. Bill acepta el trabajo en la Academia, donde será el asistente de Tom, pero allí se enterará de algunas cosas sobre su pasado. ¡Vamos a leer!

Capítulo 4: Academia

Tom despertó al sentir un vacío en la cama. Se levantó y descubrió que Bill estaba en la ducha, tarareando un tema de su iglesia, así que fue a la cocina a preparar el desayuno. Cuando Bill salió del baño llevaba el cabello mojado.

—Bill estamos en otoño, debes secarte el pelo o terminarás con una pulmonía.

—Lo sé, lo siento. —Sacó la lengua juguetona y adorablemente.

—Ven, yo te seco. —Tom lo llevó a la pieza y con el secador comenzó su tarea, el menor simplemente se relajó.

—¿Sabes? —comentó Bill con un tono melancólico—. Mi madre hacía esto, a ella no le molestaba que llevara el pelo largo, siempre me peinaba y me lo secaba y algunas veces, me ayudaba a hacerme peinados exóticos, siempre terminábamos riendo —sonrió con tristeza y el mayor lo acarició.

—A mi me encanta hacerlo, sé que no soy tu madre, pero lo hago con el mismo cariño.

—Lo sé Tomi y te lo agradezco. —No tardaron tanto y luego fueron por el desayuno.

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Camino a la academia, en el carro, Tom miraba a Bill de reojo y se sorprendía que un chico tan guapo como él aún estuviera solo, sin duda habría muchas chicas detrás de sus huesitos y seguro a él le daría una crisis de celos, al pensar en las mamás de sus alumnas cuando lo vieran.

«Tendré que controlarme para no parecer un marido celoso, tal vez debería hablar con Bill y contarle que estoy locamente enamorado de él y así terminar con mi calvario» Se dijo mentalmente, apretando el volante, más de lo necesario.

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Al llegar, Tom debía presentarlo a la dueña de la academia. Esa sería la primera prueba para él, porque esa mujer era una zorra, se había tirado a todos los profesores y siempre contrataba hombres, exceptuando a la secretaria, la pobre señorita Estella, ella había tenido que pasar muchas humillaciones por culpa de esa mujer tan poderosa.

—Señorita Albornoz, este es Bill Trumper. Bill, ella es la señorita Albornoz, jefa de la academia.

—Mucho gusto, señorita —dijo el moreno, con una hermosa sonrisa.

—Hola Bill, que guapo estás y que joven, dime ¿qué edad tienes?

—19. Terminé el instituto el año pasado.

—Ya veo. Bill, aquí trabajarás como asistente de Tom, él es el profesor con más alumnos y me extraña que no pidiera un asistente antes, él siempre quiere hacer todo por sí solo. Pero en fin, él sugirió que tú le serías de utilidad y que confiaba mucho en tus habilidades. Yo no sé exactamente qué harás, él te informará cuando estén en su aula. ¿Algo más que necesites saber?

—¿Cuál será mi horario?

—Deberías tener el horario completo, pero Tom insistió en que terminaras la jornada junto con él, y como Tom es uno de mis profesores estrella lo dejo hacer lo que quiera.

—Genial.

—Y recibirás el salario de un administrativo, no será mucho, pero podrás aumentarlo conforme progreses. Pagamos cada dos semanas.

—Gracias.

—Bueno, si no hay más preguntas. Bienvenido Bill.

—Muchas gracias, haré mi mayor esfuerzo.

Tom llevó a Bill a su aula y le explicó sus tareas, suspirando más tranquilo, porque la jefa no había intentado nada con su pequeño.

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La labor de Bill consistiría en pasar la mañana confirmando las clases particulares. Fue a secretaría y le pidió a Estella que le entregara la carpeta de los alumnos de Tom, la hojeó y no pudo evitar molestarse al ver sólo mujeres, y muy guapas. ¡Rayos!

Obedientemente, el pelinegro llamó a todas las chicas y todas confirmaron muy contentas, alegando que nunca faltarían a las clases del “mejor profesor de la academia”. Con el ceño fruncido y un poco molesto, Bill le preguntó a la secretaria:

—¿Por qué todas las alumnas de Tom son sólo mujeres? —La señora le sonrió y suavemente contestó.

—Tom es muy popular entre las mujeres, siempre ha sido así.

—¿Y por qué? —Levantó las manos, como rindiéndome, sabía que se estaba portando como un crío, pero no podía evitarlo.

—No lo conoces mucho, ¿verdad?

—No.

—Muchas de las mujeres adultas fueron amantes de Tom Kaulitz y han traído a sus hijas también y las jovencitas se enamoraron de él, porque es muy guapo.

—¿Y Tom sigue conquistándolas?

—No, si alguna vez ellas tuvieron amoríos con Tom, todo quedó en el pasado. Tom es muy profesional y no mezcla las cosas. Y ahora no le da alas a ninguna, por mucho que lo provoquen.

—Oh ya veo.

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Habían acordado almorzar juntos en la cafetería de la academia, así que allí se reunieron. Comieron tranquilos, pero Bill tenía esa espina clavada en el corazón, de que su Tomi había sido un Casanova.

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Por la tarde, el menor acompañó a Tom a clases y se dio cuenta de que lo que dijo la secretaria era verdad. Él era un profesor serio y las chicas lo miraban con ojos soñadores y se pregunto si él también se vería de esa forma cuando conversaba con Tom.

Al llevar a las chicas a la puerta para despedirlas, las madres empezaron a preguntarle a Tom por el joven pelinegro. El chico se sonrojó ante comentarios como que “Tom y él hacían una gran pareja”, “que eran los más guapos de la academia” y cosas así. Tom salió en su rescate y lo sacó de en medio de las jóvenes madres. Bill no pudo evitar sentir que el mayor estaba un poco molesto.

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—Billy te daré un regalo hoy.

—Me encantan los regalos, ¿qué será?

—Una cama. —Bill arrugó la nariz.

—¿Eh?

—Claro, necesitas comodidad.

Fueron a una tienda y el trenzado compró una cama exquisita, regresaron a casa siguiendo al camión que llevó el nuevo mueble. La instalaron en una de las piezas desocupadas y se fueron.

—Ya Billy, ahora tendrás toda la comodidad e independencia que necesitas.

—Gracias —respondió serio.

Bill tenía mezcladas las ideas en su cabeza y todas eran negativas. Primero, enterarse que Tom tuvo tantas amantes “mujeres” y ahora, sentía que lo sacaba de su cama y lo echaba a una pieza solo, con la excusa de tener “independencia”, tal vez tenía una nueva amante.

El celular del trenzado sonó y contestó. Bill paró la oreja, hablaba con una mujer, muy chillona. La mente del chico gritó «¡Aaahhh, Tom me está engañando! ¡Aún no somos novios y ya me está engañando!» Achinó los ojos, claramente enfurecido.

—¿Estás cansado, Billy? Te noto tenso —dijo masajeando los hombros del pelinegro en el sillón, pero el chico se puso de pie, seguía molesto.

—Me voy a dar una ducha.

—¿Billy, quieres que ordene pizza o te cocino yo?

—Como quieras. —Fue al baño y cerró la puerta.

Mientras el agua caliente caía por su pálido cuerpo, se relajó un poco, quizás había sido muy duro con Tom. Después de todo, no podía exigir fidelidad si no tenían una relación. «¡Pero nos hemos besado y tuvimos sexo oral!» Gritó su mente. No sabía si eso significaba que sí tenían una relación, o tal vez Tom quería que Bill se lo pidiera. El pelinegro tampoco quería que pensara que se estaba aprovechando de su generosidad o peor aún, que pensara que le quería pagar con sexo su estadía en casa, ¡NO! Bill quería darle sus sentimientos puros. Oh Dios, estaba tan confundido. Salió del baño con una toalla y se fue a su nueva habitación, Tomi estaba ahí.

—Salgo en un momento, estoy revisando que la calefacción funcione bien en tu pieza, no quiero que te resfríes.

—Gracias. —Cuando estuvo satisfecho con lo que hacía, Tom lo vio detenidamente y Bill se sonrojó.

—Ya no tienes tan marcados los moretones. ¿Te pongo crema? —Al recordar cómo se sentían las manos de Tom en su cuerpo, no se pudo resistir.

—Sí, por favor. —El trenzado fue al baño y el menor se puso un bóxer.

—Acuéstate. —Pidió. Y Bill se preguntó si era idea suya o Tom se había puesto nervioso.

—Gracias Tomi.

—Ordené pizza con queso extra.

—Mmm rico. —Esta vez Tom se sonrojó y Bill creyó que lo había mal interpretado.

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Más tarde, comieron y vieron una película en silencio, Bill no quería hablar, se sentía confundido. Finalmente, el menor se fue a acostar y trató de dormir. No podía, definitivamente extrañaba al mayor. Después de varias vueltas en su nueva cama, decidió que era mejor levantarse y caminó con las pantuflas de conejito que Tom le había regalado, hasta su habitación. Abrió la puerta, nuevamente lo encontró leyendo.

—¿Billy, estás bien?

—Tengo frío. ¿Puedo dormir contigo?

—Claro, ven. —Otra vez guardó su misterioso libro y lo abrazó, pero Bill se removió.

—Tomi, estoy molesto. —Confesó.

—Sí, has estado extraño todo el día, dime… ¿es por el trabajo? ¿No te gustó? ¿Te hicieron algún desaire?

—No es nada de eso.

—Billy, si no quieres trabajar, con mi sueldo puedo mantenernos a los dos.

—¡Que NO es eso! —Gritó.

—Dios Bill, me asustas, ¿qué pasó?

—Pasó que me mentiste Tom, desde el primer día me mentiste.

—¿De qué estás hablando? Yo no te he mentido. No puedo mentirte, si me miras a los ojos, yo simplemente no puedo mentir. —Bill encendió la lámpara y lo miró a los ojos.

—Entonces dime, ¿por qué me dijiste que eras gay, si has tenido puras novias mujeres? Y para empeorar las cosas, son tus alumnas o madres de tus alumnas. —Soltó todo lo que estaba en su pecho, furioso.

—Billy, cálmate.

—No me calmo, ¿siquiera has tenido un novio, varón?

—No quiero hablar de eso. —Los ojos de Tom se oscurecieron, pero Bill se estaba portando obstinadamente.

—Si quieres arreglar las cosas conmigo me lo contarás Tom. —Pero pese a la rabia, el menor tocó su cara con el pulgar y cambió el tono de voz, a uno más suplicante—. Por favor Tomi, dímelo, hazme saber que no me mentiste.

—Tú me tienes completamente loco Billy. Bien… te contaré. —Suspiró largamente—Pasó a los 15 años, me enamoré de mi profesor de historia. Yo sabía que el maestro lo notaba y finalmente me habló. Me explicó que como yo era menor de edad, si nos descubrían él iría a la cárcel, así que guardé silencio. —Volvió a suspirar—. Me manipuló para tener sexo con él y me convertí en su juguete sexual. Me utilizó, por seis meses hasta que lo despidieron por haber acosado a otros alumnos. Te das cuenta, nunca me amó, sólo me utilizó para satisfacer sus bajas pasiones, y no le bastaba conmigo, sino que buscó otros alumnos.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, así que Bill no lo dejó continuar, se lanzó sobre él y lo besó. Tom se aferró al otro con desesperación y correspondió el beso, respiraron apenas y se volvieron a besar. Al separarse, el pelinegro lo miró a los ojos y le sonrió.

—Estás a salvo ahora, estás en mis brazos. —Repitió sus propias palabras.

—Gracias Bill. Ya no quiero que me dañen, ya no quiero volver a sufrir como esa vez.

—No te preocupes, yo no te haré sufrir.

—Me siento más aliviado. Nunca antes había revelado este secreto de mi doloroso pasado.

—Y yo nunca había estado tan a gusto con alguien hasta que te conocí. —El pelinegro puso la cabeza en su pecho y acarició su torso—. Ni siquiera con mi mejor amigo Andreas, me había sentido así como cuando estoy contigo Tomi.

—Gracias Bill, por estar aquí.

—¿Y las mujeres, Tomi?

—Ese fue mi lado V. Cuando el profesor se fue, me sentí tan decepcionado del mundo que me puse malo. Me volví un pandillero, me metía en muchas peleas. Tenía el cabello largo y me hice rastas. Empecé a salir con muchas chicas, tuve sexo para saber que sentía el profesor al utilizarme, pero cada vez me sentía peor, era una escoria. En ese tiempo mi mami empezó a salir con Gordon y él me regaló una guitarra, me enseñó a tocarla y me puse a estudiar música, esa fue mi salvación. Luego comencé a trabajar y he tenido algunas relaciones serias, pero todas han acabado en nada. Todos esos encuentros no fueron significativos.

—Hasta ahora.

—¿Hasta ahora?

—Sí, nuestro encuentro fue muy significativo, fue producto de la mano divina, y será eterno. Porque planeo estar contigo para siempre. —Tom lo abrazó fuerte.

—Y yo quiero tenerte en mi vida para siempre. —Besó la frente del pequeño, pero no contento con eso, Bill se incorporó y lo besó en los labios.

—Qué bueno que ya estamos bien. Ya no estoy enojado, porque no me mentiste después de todo.

—Billy, en primer lugar si te hubiera mentido y no fuera gay, ¿crees que te besaría como lo hago? ¿O te hubiera hecho sexo oral?

—Tienes razón, lo siento, pero quería estar seguro. Además, ¿por qué esas mujeres siguen acosándote?

—Muchas de ellas se convirtieron en buenas amigas y me apoyan, siguiendo clases conmigo y no con otros profesores. O me han dejado a sus hijos a cargo, siento que es una gran responsabilidad.

—¿Y no intentan nada contigo? ¿No quieren volver a conquistarte? Porque eres muy guapo, Tomi.

—A veces lo intentan, pero soy profesional y si hablamos de trabajo es sólo eso: trabajo.

—Muy bien dicho. —Nuevamente Bill lo besó en los labios.

—Últimamente me besas mucho —afirmó el trenzado y el pelinegro se sonrojó.

—¿Te puedo confesar algo?

—Claro, pequeño.

—Tú besas mejor que todas las novias que he tenido, y me gusta mucho, espero que no te moleste.

—En absoluto, me halagas, el mundo se pondrá celoso de mí por arrebatarles a este ángel tan guapo. —Se volvieron a besar.

—¿Tomi? Tengo una duda.

—Dime, cielo.

—¿Qué es ese libro que tanto lees? —Esta vez fue el turno del mayor de sonrojarse.

—¿Te lo muestro? —Se sentó y lo sacó del velador.

—¿“El arte de amar”?

—Aquí te explica que el amor es un arte y como todo arte, debes aprender técnicas para disfrutarlo y hacerlo mejor.

—¿Estás enamorado, Tomi? —Bill se asustó, no quería que lo abandonara ahora que acababa de conocerlo.

—Quiero darle lo mejor a la persona indicada.

—No me has respondido.

—Y no lo voy a hacer.

—Entiendo.

—Pero no te enojes por favor. —Tom lo abrazó y los cubrió a ambos, apagando la luz. Le acarició los brazos a Bill, hasta que se durmió.

&

El día siguiente pasó rápido, Bill era una gran ayuda para Tom. Las alumnas lo veían embobadas y quien no, siendo tan lindo.

En el almuerzo la jefa se acercó a la pareja y le habló al trenzado con el rostro muy serio, diciéndole que al terminar su jornada tendría que acompañarla, tras oponerse lo más posible, no le quedó más remedio que aceptar, pero ella tuvo que acceder, a que Bill los acompañara.

Antes de salir, Tom le advirtió a Bill, que la mujer era una zorra, que había tratado de meterse en su cama y que tal vez, lo intentaría nuevamente esa noche. Y quizás no sólo lo haría con Tom, sino también con Bill. El pequeño abrazó al trenzado y dijo que estarían bien, que se cuidaríamos el uno al otro.

Siguió las instrucciones de su jefa y llegaron a un pub karaoke.

—Vamos chicos, tengo una sala privada reservada —informó la mujer. La pareja la siguió, Bill se sentó en el medio, muy seguro de lo que hacía.

—Señora Albornoz usted sabe que yo no canto —dijo Tom un poco molesto.

—Pero a mí me encanta el karaoke. Pediré los tragos. —La mujer se retiró y luego llegó con una bandeja con tres vasos y una botella de whisky.

—Yo no bebo, gracias —afirmó el moreno.

—Pues lo harás bombón. —Usó un tono demandante y llenó los vasos. Tom le dio un sorbo al suyo, pues estaba molesto y Bill lo imitó, arrugando la cara, se vio muy mono.

—Yo cantaré —dijo Bill, con mucha seguridad. Se puso de pie y los otros dos quedaron con la boca abierta al escucharle, tenía una voz maravillosa. Era delicada, pero masculina y muy, muy sexy. Tom tragó saliva y aplaudió, con una sonrisa.

—¡Bravo Bill, cantas excelente!

—Sólo he cantado en el coro de la iglesia —admitió avergonzado.

—Tom tiene razón, mañana entrarás a la clase de canto.

—Pero… ¿y mi trabajo?

—Tendrás una beca para la clase y en tus horas libres ayudarás a Tom.

—Perfecto —dijo Tom, abrazando a Bill.

—Muchas gracias.

—No será gratis chico.

—¿Qué? —Gruñó el trenzado, molesto— ¿No es una beca?

—Sí, me refiero a que cuando se hagan las exposiciones, serás una estrella y me traerá más alumnos. Y así me lo pagarás.

—A bueno, si es así, entonces acepto. —Sonrió bellamente. Siguieron cantando y bebiendo o, más bien, la jefa bebía, hasta que la botella se acabó.

—Tomi cariño, ve por otra botella.

—¿Está segura? Ya ha bebido suficiente.

—Vamos Tomi, no seas malito. —Le agarró la mano al de trenzas.

—Ve, Tomi —dijo Bill tranquilo.

—Está bien. —Salió de ahí y se dirigió al bar.

Entre tanto en la sala privada, el pelinegro giró en su asiento y enfrentó a la mujer.

—Señorita Albornoz.

—Dime Eva, bombón.

—Eva, creo que no estás actuando bien con respecto a Tom.

—¿Por qué lo dices?

—Yo soy su amigo y te digo que no podrás forzar una relación con él.

—Pero soy su jefa, si no me hace caso… lo pierde todo.

—Todo el tiempo que has trabajado con él ¿y aún no lo conoces? Si tú lo obligas, él renunciará, no cederá a tus caprichos, su corazón es indomable. Además sabes que con las habilidades que tiene, no le costará encontrar otro trabajo y además se llevará a la clientela.

—Sabes bombón, tienes razón. Puedo estar ebria, pero no soy tonta y antes que mujer, soy empresaria y no me puedo dar el lujo de perder a Tom.

En eso llegó Tom con una nueva botella y se sentó junto al pelinegro.

—¿Sabes Tom? Tienes razón, es demasiado por hoy. Tomaré un taxi y volveré a casa.

—¿En serio? ¿No quiere que la lleve?

—No, llévate al pequeño bombón y nos vemos mañana, y no se preocupen, yo pago.

—Bueno, adiós… vamos Billy.

—Sí, Tomi.

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Apenas subieron al auto, Tom empezó con el interrogatorio.

—No fue nada cariño, sólo te protegí, como prometí.

—¿Y ella cedió, así nada más?

—Es que ocupé buenos argumentos. Creo que ya no serás acosado.

—Bien, te mereces un pastel de fresas.

—Mmm que rico.

—Sólo espero que la jefe no empiece a acosarte a ti, porque te juro que renuncio.

—No te preocupes, yo correré a tus brazos por protección.

—Eso me gustó, corre a mí por lo que quieras.

—jajajaja

—Ya vámonos a dormir, estoy cansado.

—Tomi estoy un poco bebido, yo no tomo nunca y ahora bebí whisky.

—Al llegar a casa te daré un café para que se te pase.

—Gracias, y perdóname por ser tan inútil y no conocer el mundo.

—La verdad, prefiero que seas así, yo te mostraré el mundo, pero estaré siempre contigo para protegerte de lo malo de él.

—Eres un amor. Desearía darte algo especial, Tomi, algo que perdure, que sea para siempre…

—Con tu presencia me basta, el que estés a mi lado es un regalo para mí. Yo sé que puedes pensar que es muy pronto o que estoy loco, pero te quiero Billy, te quiero mucho.

—Y yo a ti. —Bill le acarició la mano que sostenía el volante—. Desde que Dios te puso en mi camino supe que te querría. Es la primera vez que quiero a alguien que no sea mi familia y me siento feliz.

—El que estés feliz, me hace feliz a mí.

& Continuará &

¿Gusto? Espero que sí. Ya saben que pueden opinar. Además sus comentarios me animan mucho. Besos, gracias por visitar el sitio

Escritora del fandom

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