4: Bambi, el bebé

Romance Navideño” Fic de MizukyChan

Capítulo 4: Bambi, el bebé

Bill tenía frío, quería que le tocara trabajar en el calor de las cocinas, no le importaba que su ropa oliera a sopa todo el día, sólo quería dejar de temblar.

Toma, hoy usaras esto —dijo Tom, entrando a la habitación con dos enormes parcas de nieve.

El pelinegro arrugó el ceño, eso sólo significaba que tendría que salir al exterior.

¿Qué pasa? —Preguntó Tom al ver su expresión de fastidio.

Tengo frío —respondió el chico, poniéndose otro jersey de lana, antes de enfundarse la enorme parca.

Tom se puso frente a él y lo miró achinando los ojos. Bill no se había portado agresivo, ni quejumbroso en ninguna de sus asignaciones previas, así que esta queja no tenía malas intenciones. Estiró una mano y la puso en la frente del chico.

¿Te duele algo? ¿La cabeza, la garganta, el cuerpo en general?

No, Tom —respondió el otro, quitando su mano—. No estoy enfermo. Sólo tengo frío.

Tal vez estás incubando algo —agregó el de rastas, siguiendo a Bill por el cuarto—. ¿Quieres que le diga al tío Benjen que te quedarás aquí?

¿Y estar encerrado todo el día? No, gracias.

Bill… —Tom giró al pelinegro para que se vieran a la cara—. Las condiciones aquí no son como en la ciudad, aquí un resfrío es de cuidado. No quiero que te pase nada, ¿está bien?

¿Qué me podría pasar? Sólo vamos a… ¿qué se supone que haremos afuera?

Caminar por el bosque.

¿De verdad? —Los ojos de Bill se abrieron emocionados—. ¿Crees que podríamos ver un bebé Bambi?

Tom sonrió—. Un bebé siervo. Bambi era el de la tele.

Son tan hermosos —agregó el pelinegro, casi con un suspiro—. Vamos, vamos, ¿qué esperas?

Tras comprobar que la radio funcionaba bien, los jóvenes dejaron el refugio.

La idea del refugio, era evitar que la gente que quedaba varada en medio del bosque en invierno, tuviera un desenlace fatal, por eso nos dividimos para hacer caminatas y asegurarnos que ningún coche se quede sin gasolina o sufra algún desperfecto, provocando la muerte de sus ocupantes.

Eso es muy trágico. Estamos en pleno siglo XXI nadie muere congelado así como así —respondió Bill, pero se estremeció, porque su propio cuerpo sentía más frío que de costumbre.

El chico de rastas sólo sonrió y continuó a paso regular.

Cuando llegaron a una bifurcación, miraron en ambas direcciones. En condiciones normales, se habría separado de su acompañante, pero ahora era impensable la idea de dejar solo a Bill en medio del bosque, sobre todo viéndole temblar como lo hacía.

¿Qué opinas tú, Bill? —Preguntó Tom con una sonrisa—. ¿Qué te dice el instinto?

El pelinegro miró en ambas direcciones una vez más y luego alzó el rostro y aspirando el aroma—. Por allá —señaló la derecha.

¿Y por qué lo dices?

Porque he sentido un delicioso aroma, creo que es un perfume Cacharel.

Tom no pudo contener una risotada—. Estamos en medio del bosque, rodeados de naturaleza, huele a pino, eucaliptus y flores silvestres ¿y tú hueles un perfume de marca?

Bill arrugó el ceño, pero asintió—. Es uno muy rico.

Sin mirar atrás, Bill emprendió la marcha hacia donde lo guiaba su nariz. No caminaron mucho cuando vislumbraron un coche.

Tom abrió mucho los ojos y aceleró el paso—. ¡Hola! —Gritó. En el vehículo no había nadie. Hizo un rodeo al auto, buscando a alguien en las cercanías, hasta que finalmente vio a una chica dormida junto a un árbol—. ¡Oh, Dios mío!

Bill que no entendía lo que sucedía, sintió la urgencia en la voz de Tom y lo siguió de cerca. Al ver a la chica dormida, intentó abrir el carro y tuvo suerte cuando una de las puertas cedió, así que sacó una manta del asiento trasero.

Está helada —dijo y mientras Bill la abrigaba con la manta, tomó la radio y marcó al refugio, señalando lo acontecido—. Llegarán rápido —agregó y suspiró—. Ayúdame a llevarla al auto, al menos ahí no estará mojada.

¿Mojada?

La nieve los moja, Bill, eso aumenta la posibilidad de hipotermia. Hay que sacarla de aquí, lo más rápido posible.

El pelinegro asintió y entre los dos, levantaron a la mujer, que no reaccionaba, y la cargaron hasta el vehículo, recostándola en el asiento trasero.

Tom intentó encenderlo y descubrió que no tenía combustible, no había forma de encender la calefacción.

Bill, frota sus piernas. Mira, de esta forma…

Le indicó que frotara de arriba hacia abajo desde la rodilla hasta el borde del botín de la chica. Bill lo hizo con ambas piernas.

El pelinegro sintió que el tiempo se detenía y tuvo pavor de pensar que la chica moriría ahí, justo en sus manos. Pero cuando los pensamientos oscuros aparecieron, también lo hizo una camioneta de rescate.

La voz del tío Benjen se oía en la radio de la camioneta, repitiendo las instrucciones para llegar a la localización de Tom. Cuando el hombre confirmó que los había encontrado, la voz del tío se relajó.

Los especialistas tomaron a la mujer y se la llevaron, dejando a los adolescentes mucho más tranquilos.

Vaya, nunca pensé que además de tener buen corazón, salvaras vidas, Tom.

Ese fue el ideal del viejo Patrick Kaulitz, por eso fundó el refugio en estos sectores —respondió el rastudo, girando para ver al pelinegro y arrugó el ceño de inmediato—. Debimos irnos con ellos.

¿Qué, por qué?

Mira tu frente. Estás sudando y eso se enfriará rápido —Bill llevó una mano hacia su frente y entendió de lo que Tom hablaba—. Vamos, debemos regresar pronto.

Pero… ¿y el bebé Bambi?

Prometo traerte otro día, sólo los dos a pasear, pero ahora debo llevarte al refugio.

Tom —llamó el pelinegro, haciendo girar al otro—. No te preocupes, estaré bien. Acabamos de salvar una vida, es increíble.

La única vida que me interesa en estos momentos, es la tuya, ¿está bien? —Dijo Tom, sin despintar la arruga que se había formado en su frente. Bill nunca lo había visto tan preocupado, así que asintió y lo siguió.

No habían caminado ni diez minutos, cuando Bill comenzó a sentir que se estremecía cada dos por tres. Su cuerpo temblaba. Tenía frío, mucho frío. Y sueño, estaba cansado, demasiado cansado y no había caminado tanto.

Continuó caminando detrás de Tom, viendo las huellas que dejaba en la nieve, hasta que las huellas se volvieron borrosas y ya no pudo seguir el paso del otro. Inevitablemente cayó de bruces.

Tom escuchó el ruido sordo de un cuerpo al caer y se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron de terror y se arrojó contra el cuerpo de Bill, girándolo para que su rostro no quedara enterrado en la nieve.

¡Bill, reacciona! —Gritó.

Todo su entrenamiento se fue al caño, al ver al indefenso pelinegro, con la cara amoratada de frío—. ¡Maldición, no!

Sacó la radio y marcó a su tío, explicó rápidamente la situación y le indicó dónde estaban. Afortunadamente, estaban muy cerca de una camioneta del refugio y ellos los recogieron.

Tom no pudo ayudar, sus manos temblaban y sus ojos estaban nublados de lágrimas cuando llegaron al lugar. Su tío Benjen y otros adultos se encargaron de reanimar a Bill y luego lo metieron en su cama, cubierto con mantas.

Tom, ya sabes lo que debes hacer —dijo su tío.

El chico asintió y fue hasta su habitación, metiéndose en la cama sólo con bóxer, abrazando el delicado cuerpo contra el suyo. Bill todavía estaba frío, así que comenzó a mover las manos por la espalda del chico, para prodigarle calor. Lo hizo sin parar y por mucho tiempo. Sus manos dolían, pero no le importaba. Lo mantendría caliente, así se le fuera la vida en ello.

Cuando sintió un leve movimiento en su pecho, se detuvo—. ¿Bill?

No te detengas, se siente muy rico —dijo el chico con la voz ronca.

Tom retomó sus movimientos en la espalda del pelinegro, pero con mucha más suavidad esta vez, casi como una caricia.

¿Esperaste a que me durmiera para meterme en tu cama? —Bromeó el pelinegro.

Tom río y luego dejó un beso en el cabello de Bill—. No sabes lo asustado que estaba —dijo muy bajito.

Sólo fue un desmayo, no me quedé dormido en la nieve como la otra chica —se defendió el pelinegro y sintió que su garganta dolía horrores.

¿Sabes lo que es la hipotermia? —Preguntó Tom y sintió como Bill negaba con la cabeza—. Comienza con el frío, pero luego eso pasa, te entumece y te da sueño, tu cuerpo cede al sueño, porque es la única forma de mantenerte vivo, pero luego, si el frío persiste, se dañan los pulmones y eso… lentamente te mata. Y ni siquiera te das cuenta de que estás muriendo —besó el cabello de Bill y lo apretó contra su pecho—. Debí darme cuenta antes. Ni siquiera debí dejar que salieras cuando vi lo helado que estabas esta mañana. Yo… esto es mi culpa.

Sshh

Bill por fin se movió de entre los brazos de Tom, quien al verle con los labios todavía morados, arrugó el ceño y sintió que dos lágrimas se escapaban.

Mira tus pobres labios… —dijo el rastudo en apenas un susurro.

Sí hay algo que puedes hacer por ellos —Tom no entendió, hasta que sintió el aliento del otro cerca de su boca. Sólo atinó a cerrar los ojos y dejar que la presión de los labios contrarios, lo confortara.

Abrazó a Bill como si no hubiera mañana y sonrió al sentir el suspiro de Bill contra su cuello.

La cena está lista —se oyó una voz desde el otro lado de la puerta.

Gracias, tío Benjen —dijo Tom, sentándose para que el adulto no los viera en esa posición tan comprometedora.

Tom abrió la puerta y dejó que el adulto entrara con una charola de sopa humeante.

¿Cómo te encuentras, Bill? —Preguntó con el ceño apretado.

Mucho mejor, gracias.

Espero que no te moleste que Tom pase la noche metido en tu cama, pero ya sabes que no hay nada mejor que un cuerpo humano para calentar otro y así aliviarte rápido de la hipotermia.

Está bien. Se lo debo por robarle la cama —bromeó.

Llamé a tu padre —dijo el adulto y notó la expresión tensa en el rostro del adolescente—. Vendrá a recogerte en dos días.

Bill asintió, pero no dijo nada más.

Si necesitan algo más, no duden en pedirlo —dijo el hombre y se retiró.

& Continuará &

¿Qué les pareció? Bill estuvo a punto de morir, por no saber que la naturaleza es despiadada fuera de la ciudad. En el siguiente capítulo sabremos por qué Bill llegó ahí y por qué se pone mal cuando se menciona a su padre. No se pierdan “en la noche”.

Escritora del fandom

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