4: Cita

Hola gente linda, hoy los chicos tendrán su “cita de amigos” pero ¿existe algo así como una cita de amigos? Con toda la tensión y las chispas que saltan cada vez que ellos están cerca, ¿creen que pase algo menos inocente? Para averiguarlo, los invito a leer. Besos.

Capítulo 4: Cita

Bill se levantó temprano, pese a que no tenía que trabajar, quería arreglarse y verse bien para la cita que tendría con Tom. Era extraño llamarle “cita” a su encuentro, de hecho no era algo romántico, era una “cita de amigos”, así le había llamado Tom por la noche. Sin embargo, Bill estaba nervioso, nunca había tenido una cita de ninguna clase, no sabía cómo comportarme, además estaba esa extraña sensación que Tom le provocaba. Le hacía sentir bien, demasiado bien, pero al ser vampiro, no podía confiarse. La confianza no era propia del pelinegro. Sentía que siempre debía estar en guardia, para protegerse y proteger a los que quería, en este caso Gustav, quien era como su hermano y a… Tom.

Al estar listo, el pelinegro bajó a la cocina a tomar algo, encontrándose con el rubio, que ya estaba levantado.

—Vaya alguien está muy arreglado para ser domingo.

—Sí, voy a salir.

—Por el esmero en tu apariencia, podría jurar que saldrás con Tom.

—¿Se nota mucho?   —preguntó nervioso, mordiéndose el labio.

—Te ves genial, y además se ve que Tom es un buen chico, solo recuerda que nada de sexo en la primera cita   —comentó, moviendo el índice como advertencia.

—¡¿Qué?! —Los colores subieron al rostro del moreno y se cubrió la cara con ambas manos.

—Jajaja    —Se burló Gustav—.   Ya Bill, que no eres un niño.

—Pero es que nosotros somos solo amigos, apenas nos conocemos —Bill hablaba rápido, como sacando los pensamientos lujuriosos de su propia cabeza.

—¿Qué? Me bastó con ver como se miraban y sonreían para darme cuenta que eso fue un flechazo de Cupido.

—Que no, no y no.

Avergonzado, el pelinegro subió corriendo las escaleras hasta su cuarto y dio un portazo a su puerta. Gustav estaba muy equivocado, eso no era nada parecido al amor, Bill juraba que jamás se enamoraría, esa palabra había sido excluida de su vocabulario, nadie jamás llegaría a tocar su corazón. No sería vulnerable nunca más.

&


En otro lugar, Tom estaba tan nervioso y ansioso como Bill. El trenzado quería que todo estuviera perfecto, quería hacer sentir bien a Bill, él se lo merecía, era muy bueno y especial.

Dejó todo listo para cocinar apenas regresaran y tras una nueva mirada a su departamento, salió a tomar su auto.

Frente al pub y antes de bajar del vehículo, Tom hizo las invocaciones de protección y salió.

Al no verlo en la entrada, pensó que de seguro Bill estaba en el interior. Caminó y efectivamente estaba sentado con la mirada perdida, en uno de los pisos altos de la barra, no lo sintió entrar, ni lo escuchó saludarlo, así que Tom se acercó y acarició su mejilla… solo entonces pareció notar al chico de trenzas.

—¿Estás bien?  Si estás muy cansado podemos dejarlo para otro día.

—No te preocupes solo estaba distraído.

—¿Vamos entonces? —Tom cogió su mano y salieron del pub. Bill cerró con llave y se fueron al departamento.


—Así que aquí vives    —dijo el moreno  inspeccionando.

—Sí… es un poco pequeño, pero es que soy solo yo… pero ven te mostraré —De nuevo tomó la mano de Bill y lo llevó por cada habitación, él no lo soltó, cosa que le revolucionó el estómago al de trenzas. Se sintió de nuevo extraño, pero bien.

—Y ahora a cocinar    —Ofreció Tom, emocionado.

Conversaron y rieron durante horas, Bill admitió que Tom era un buen cocinero y finalmente, con una botella de vino, se fueron al sillón.

—Lo he pasado de maravilla.   —Confesó el de trenzas.

—Y yo. Tu vida de oficinista no es tan aburrida después de todo, Tom.

—Pero la tuya es mejor, te ríes mucho en el pub.

—Es que el lugar es diferente, la gente va a alegrarse, a relajarse.

—Como yo.

—Exacto. —Tom le vio llevarse la copa a la boca y no pudo evitar mirar esos labios y desearlos.

—¿Qué pasa?

—¿Bill… te asustarías si te digo algo?

—Depende de qué   —contestó, alzando una ceja de forma… ¿sexy?

—Creo que me gustas.

—Eso me lo dicen mucho y también sin mucha  sinceridad.

—No… en serio. —Insistió el de trenzas, acercándose—. Me gustas y me gustaría que me dejaras probarlo. —Cogió la pálida mano entre las suyas y la acarició. Bill no la retiró y lo miró directo a los ojos.

—Yo no soy como crees.

—Ssshhh, no digas nada, déjame a mí descubrirte. —Con mucho cuidado, Tom se acercó y lo besó.

Era un beso calmado y casto, solo un roce de labios, se separaron y se miraron a los ojos, sonrieron y por primera vez en mucho tiempo, Tom sintió que un simple beso pudo mostrar su alma. Nunca se había sentido así de expuesto con tan solo un beso. Antes había salido con chicas, pero nunca mostró su alma, siempre se sintió maldito, aun con chicas de su propia raza. Y sin embargo con Bill, había bajado la guardia, gratuitamente y sin ningún temor. Él lo liberaba de ese peso que había cargado toda la vida.

—¿Ves que no fue tan difícil? —dijo con los ojos iluminados, a lo que Bill sonrió de manera maravillosa y lo abrazó, siendo obviamente correspondido.

—¿Quieres ver una película?  —preguntó el de trenzas, para relajar más el ambiente.

—Claro, pero nada de terror porque me  da susto.

Buscaron en la TV y encontraron una romántica, se acomodaron en el sillón, abrazados y felices. De pronto, salió una escena donde la pareja se besaba apasionadamente y Bill se giró hacia su acompañante y lo besó.

Al ver a la pareja besándose en la pantalla, Bill no quiso que Tom la viera a ella. Admitió en su mente que sintió celos. Y quiso llamar su atención besándolo, con igual intensidad que en la película. Pero no contó con que ese beso se volviera más y más  apasionado. Bill no quería ir de prisa, pero tampoco podía evitarlo, sentir la lengua de Tom en su boca lo electrizó, incluso más cuando sus manos recorrieron su espalda.

¿Qué estaba sintiendo? ¿Deseo? Jamás lo había experimentado. Era algo muy fuerte. Nunca en su vida se había sentido excitado con nadie y su entrepierna le estaba alertando de ello, sin embargo no podía parar, no quería parar… pero tampoco sabía qué hacer.

Al parecer Tom sí sabía, pues metió sus manos debajo de la playera del pelinegro y  solo con esos simples roces, Bill ya veía estrellas.

Sentir las fuertes manos de Tom en contacto directo con su piel era demasiado para el moreno, pero él quería que Tom sintiera lo mismo que él, así que tomó su camiseta hasta quitársela. ¡Dios, que cuerpo tenía!

Se acercaron todavía más y de pronto, Tom levantó al pelinegro como a una novia y sin despegar  sus labios, se dirigieron a la habitación.

Tom era tan sutil y delicado, que con mucho amor lo dejó en la cama y bajó sus pantalones, Bill solo se dejó hacer, estaba tan aturdido por el deseo, que sus ojos solo lo veían a él. Le ayudó a quitarse la ropa a él también y lo dejó seguir besándolo.

Pero entonces, al ponerse sobre el más delgado y al sentir que sus sexos se frotaban, una imagen llegó a la cabeza del pelinegro que lo hizo gritar y arrojar a Tom lejos de él.

—¡NO! —Gritó Bill horrorizado. Se fue a un extremo de la cama y abrazando sus rodillas, se puso a llorar desconsolado.

—Bill, lo siento, no quise lastimarte, lo siento, no debí ir tan de prisa, por favor perdóname. —Tom se sujetó la cabeza con ambas manos, no sabía qué hacer, porque Bill seguía llorando—.    Por favor Bill dime algo…

—Yo… no te merezco    —dijo con la voz entrecortada por el llanto.

—Soy yo el estúpido que no te merece, perdóname por obligarte a hacer algo que no querías, lo siento.

—Tú no hiciste nada… soy yo el sucio   —comentó con la voz pequeñita, confundiendo al trenzado, mientras seguía llorando.

—No lo eres, tú eres puro e inocente.

—No, no, no, no.    —Lloraba tan amargamente, que le rompió el corazón al lobo.

De pronto sucedió, la mente de Tom se conectó con la de Bill y pudo sentir su dolor.

Sin levantar la cabeza, el pelinegro carraspeó y relató su historia.

—A los doce años escapé de casa porque intentaron  obligarme a hacer algo que yo no quería. Me fui a otra ciudad y allí tuve que soportar malos tratos y humillaciones de todo tipo. A mí no importaba sufrir, al menos estaba vivo. —Su voz sonaba ronca y en ocasiones temblaba, como si fuera a romper en llanto de un momento a otro—Conseguí trabajo en un bar, atendiendo mesas, limpiando, acarreando borrachos, limpiando porquerías y aceptando que me toquetearan porque eran clientes. A los quince, mi cabello largo siempre hacía que me confundieran con una chica, como te dije ya no me molestaba, pero un día, al sacar la basura al callejón, un grupo de hombres me confundió, pero ellos no se conformaron con solo mirar y molestar, me atraparon entre varios y me…  —su voz se quebró aun más—   y me violaron   —Lloró.

En su cabeza, Tom lo pudo ver todo: esos hombres, sus intensiones asquerosas y reconoció en uno de ellos a otro lobo, tocando a Bill contra su voluntad y abusando de él. Lo vio todo y se sintió furioso, su aura se llenó de odio y fijó sus rostros en su mente. Él era cazador de vampiros, pero ahora, esta sería una cacería personal, los destruiría a todos por malditos, por dañar algo tan puro.

Tom sintió otro golpe en su pecho, era el dolor desgarrador de Bill, podía sentirlo en su propio cuerpo. ¿Cómo era posible tener esta conexión tan cercana con alguien a quien apenas conocía? El “cómo” ya no importaba, pero sí la agradecía, porque de ahora en adelante él se encargaría de proteger a Bill, él se encargaría de que nada malo le pasara, ni que nadie más lo lastimara, nunca más.

Tom se acercó, lo tomó en brazos y lo puso en su regazo, abrazándolo. Al ser empático con el sufrimiento de su pelinegro, ambos lloraron juntos, por mucho rato. Y cuando se calmaron, sin dejar de compartir el abrazo, Tom le dijo.

—No estuve allí para protegerte, pero estoy aquí ahora, y no dejaré que nada te pase, es una promesa.    —Bill le creyó, porque sabía que Tom no mentía, así que movió su cabeza asintiendo—.  ¿Sabes? —El trenzado se separó un poco, para verle a la cara—. Creo que hay un lazo muy fuerte entre nosotros, ya no creo que me gustes… yo siento algo más, yo “te quiero” —dijeron ambos en sincronía, como si en sus mentes estuviera el mismo sentimiento—. Quédate conmigo esta noche, no haremos nada, solo quiero tenerte cerca.

—Sí, necesito que me protejas porque estoy vulnerable.

El lobo acostó a Bill en la cama, lo cubrió con una manta y fue a apagar las luces. Viendo el celular del pelinegro, le envió un mensaje a Gustav.

“Bill se queda conmigo esta noche. No es lo que parece. Tom”

Regresó a la habitación y se metió en la cama con él. Solo tenían puestos los bóxers, pero no importaba, no necesitaban más ropa. Se abrazaron como si se acabara el mundo y Tom aprovechó para acariciar su pelo, relajándolo.

Besó su frente y susurró—.   Duerme amor, yo estoy aquí.

—Tengo que despertar temprano, porque debo viajar mañana.

—No me dejes, Bill. No aún.

—No es eso, no quiero alejarme de ti, Tom. Es un asunto familiar, por decirlo de algún modo.

—Está bien, yo debo trabajar también, así que yo te despierto.

—Gracias Tom.

—¿Por qué?

—Por quererme.

&   Continuará   & 

Las violaciones parecen muy típicas, pero lamentablemente son más comunes de lo que parecen, solo basta con ver las noticias para enterarse de ellas. Lamento haber puesto una aquí, pero será importante para los hechos que siguen. Los invito a todos a seguir leyendo para ver qué hará Tom con malditos que abusaron de su pelinegro. Pero, ¿hará algo en verdad cuando se entere que Bill es vampiro? ¿Será el saber sobre sus razas, una razón suficientemente fuerte, para separarlos de esa conexión que parece tan fuerte?

Escritora del fandom

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