5: Descubrimiento

En este capítulo pasa algo hace que uno de los dos se entere de la identidad del otro. ¿Qué hará al respecto? No esperen más y corran a leer. Besos y gracias por continuar con las lecturas.

Capítulo 5: Descubrimiento

La alarma despertó al trenzado, quien sonrió al ver que seguían abrazados. Besó el pelo de Bill y olió su esencia.

—¿Sabes? Me encantan tus rastas. Yo solía llevarlas cuando joven, eran rubias. —Bill se sorprendió mucho al oír esta nueva coincidencia.

—¿En serio?  Wow el mundo es pequeño.

—¿Por qué lo dices?

—Tuve un amigo muy querido, con rastas rubias y también se llamaba Tom.

—Espero que no te enamoraras de él, porque me sentiría celoso. —El trenzado puso su rostro en el cuello de porcelana buscando más contacto.

—Éramos unos niños… ven acá.  —Bill lo besó y las mariposas revolotearon en ambos estómagos.

—Ya señor super sexy, debemos levantarnos.

—Tienes razón.

—Supongo que tú te tardas más, así que ve a la ducha y yo te prepararé desayuno.

—Eres un ángel.

—Claro que no, el ángel eres tú.   —Otro beso espontaneo. Tom sonrió, pensando que esa  mañana era incluso, más luminosa.

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Bill se duchó con calma, sintiendo una gran paz en su interior. Tom lo hacía sentir tan querido, porque a pesar de no conocerlo como vampiro, había aceptado lo más sucio de su vida. Comprendía que en verdad, no había sido culpa suya, pero él siempre había alejado a la gente, porque no quería que algo así de trágico, le volviera a suceder en la vida, nunca jamás. Si los humanos lo habían lastimado de esa manera, no quería ni pensar en lo que podrían hacerle los de su propia especie cuando lo descubrieran, acusándolo de traición. Esa era la razón principal de usar la magia protectora, y ahora debía usarla para cubrir a Tom, no se perdonaría que algo malo le pasara, aunque fue él quien le aseguró que lo protegería.

Ahora que meditaba al respecto, cuando Bill le contó su historia, mientras estaba ahogado en su propio dolor, pudo sentir una gran cantidad de energía emanando de su amado. El pelinegro sintió que Tom estaba realmente furioso, por eso aceptó de inmediato quedarse con él, porque se sintió a salvo entre sus brazos, porque con esa fuerza, nadie podría dañarlo.

Tras arreglarse, desayunaron y se besaron mucho.

—Prométeme que me llamarás cuando vuelvas de tu viaje. —Pidió Tom, en la puerta de la casa del pelinegro, ya que como los antiguos caballeros, insistió en llevarlo hasta allí.

—Ya te dije que volveré hoy mismo, es solo una reunión con una antigua tía.

—¿Por favor?  —Insistió el trenzado.

—Está bien, te llamaré y si no regreso muy tarde, tal vez cenemos. —Una sonrisa le iluminó el rostro a Tom y el pelinegro se sintió feliz.

—Hasta la noche entonces. Te quiero.

—Te quiero. —Bill se agachó hasta la ventanilla y le volvió a besar. Tom era la primera persona a la que el vampiro besaba, con él estaba compartiendo todas estas emociones y no se sentía mal por ello, al contrario, se sentía vivo y completo.

Lo vio marcharse desde su puerta y tras escuchar todas las bromas de Gustav, se puso en camino a la siguiente ciudad. Se reuniría con Eva y le contaría sobre Tom.

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Eva le había llamado por teléfono porque necesitaba contarle algo, insistió en que no era urgente y que no se preocupara, pero de todas formas, Bill estaba ansioso.

Le debía mucho a esa mujer, gracias a ella estaba vivo. Ella lo encontró sin ganas de vivir, después del ataque de la pandilla que lo vejó. Era cierto que era un vampiro, pero desde que había escapado de su familia a los doce años, no se alimentaba mas que de animales, por tanto no tenía la fuerza sobre-humana de los inmortales. Esa había sido la principal causa de su imposibilidad de defenderse ante aquellos antisociales. Todavía apretaba los dientes ante el recuerdo, pero ahora, que lo había compartido con Tom, sentía una ira enorme contra todos aquellos malditos que lo ultrajaron. Él por voluntad propia se negaba a alimentarse de personas y esas mismas personas, se habían aprovechado de su vulnerabilidad física.

«Me pregunto ¿qué haría si los volviera a encontrar?» La mente del pelinegro le mostró mil una opción de tortura, cada una de ellas, más terrible que la anterior. Pero al darse una mirada en el espejo retrovisor, se dio cuenta de que seguramente se pondría a llorar y gritaría el nombre de Tom, rogando que esta vez, llegase a tiempo y lo salvara.

Bill sabía que era demasiado cobarde como para tomar su propia vida, en ese entonces, como ahora mismo, pero después de aquel ataque, se había negado a comer, esperando que la naturaleza lo matara.

Mientras viajaba, Bill recordó que en ese tiempo, cuando sentía que estaba a punto de fallecer, fue a un bosque para recordar a su pequeño amigo Tom, buscando algo le ayudara a morir en paz, fue en esos momentos en que ella lo vio. Se desmayó por la falta de alimento y Eva lo llevó a su casa y le dijo a Gustav que lo adoptarían.

Ella supo lo que Bill era en realidad, pues ella misma era vampira también. Lo alimentó de animales, hasta que recuperó fuerzas y Bill le contó sobre su familia. Ella pareció aceptar su voluntad, pero le explicó y advirtió, que si no se alimentaba de humanos, sería muy vulnerable, habría sentidos que no desarrollaría, como el olfato. Además le costaría reconocer a sus enemigos más temibles, los hombres lobo. Y lo peor de todo, era que si no conseguía la fuerza para defenderse, un ataque como el anterior se podría repetir.

Sin embargo, existía una manera en que Bill podría protegerse y fortalecerse: la magia. Como ella era una vampira antigua, conocía los viejos conjuros y se los enseñó sin reserva.  Solo puso una condición: Gustav.

Eva le explicó que el rubio no era su hijo natural,  ni siquiera era de su especie, era un chico al que había encontrado cuando una pandilla de vampiros “locos”, asesinó a su familia y de no haber sido por “el concejo”, el pequeño habría muerto también. Ella accedió a criarlo y protegerlo hasta que él pudiera hacerlo por sí mismo.

Ella le explicó a Bill, que a diferencia de lo que todos creían, los vampiros no eran inmortales; se alimentaban de sangre muerta, así que tarde o temprano sus células también morirían. La gran diferencia entre los vampiros y los humanos, era que no envejecían a la misma velocidad y, por esa razón, tarde o temprano Gustav notaría que su madre seguía siendo joven.

Fue así que el año pasado, fingieron su muerte y con ello, le destrozaron el corazón.

—Pero te tendrá a ti para cuidarle hasta que forme su propia familia, y así me aseguro de protegerlos a ambos, al sacarlos de mi vida y alejarlos del concejo. —había dicho en esa ocasión.

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“El concejo” estaba formado por los ancianos del clan del país, había consejos en todo el mundo, ellos se encargan de contener a los vampiros que no lograban controlar su sed de sangre, antes de que los mataran los lobos. Además, ellos decidían quién podía ser convertido en vampiro.

A Bill nunca le quedó claro cómo es que decidían quién era apto y quien era solo basura, como había escuchado.  Para él todos eran iguales, unos asesinos sin escrúpulos.

Estacionó el auto y llamó a la puerta.

—Hola lindura.   —Saludó la mujer y lo abrazó, separándose casi de inmediato con una expresión de terror en el rostro—.   ¿Bill?   ¿Fuiste atacado?

—¿Qué?  ¿Por qué lo dices?   —preguntó intrigado el otro, arrugando el ceño.

—Ven, pasa… estás impregnado a lobo.

—¿Qué?   ¡NO!

—¿No viste uno en la calle?   Llevas su olor.

—Te aseguro que no he estado con nadie. —El chico mintió. Tom no era un lobo, lo habría reconocido, ¿cierto?

—Tienes razón, tal vez estoy exagerando, pero déjame encubrir el aroma porque tendremos una visita pronto y no quiero meterte en problemas, si en verdad no los tienes.

—Está bien. —Eva comenzó a conjurar unas palabras, mientras Bill en su mente tenía más de mil preguntas que lo llevaban a Tom. Él no podría estar mintiéndole y estar cazándolo. No lo haría. En realidad, no quería pensar que él también lo traicionaría.

—Ahora estás listo. Ven, quiero contarte algo. —Se sentaron en el sofá—. El concejo aceptó convertir a un hombre.

—Eso no es novedad   —comentó el pelinegro.

—Este hombre es especial, es MI hombre, yo lo presenté. —El joven alzó la ceja invitándola a continuar—.  Bill, me gusta este hombre por eso lo llevé, lo pedí de compañero.

—¡¿Te vas a casar?!

—Sí, después de todo soy mujer y tengo mis necesidades. —Ambos rieron, hasta que el timbre sonó—.  Ya llegó.

Fue a abrir con una sonrisa y entró con un hombre de unos treinta, tez morena, bien fornido, cabello corto, que la traía de la cintura.

«Puede que no tenga el olfato desarrollado, pero este tipo no me da buena espina» Pensó el pelinegro, esforzándose por no arrugar el ceño, ni hacer una mueca de desagrado.

—Bill, te presento a Raymond, mi prometido   —dijo con una sonrisa.

—Mucho gusto.   —El aludido le ofreció la mano.

—Un placer —respondió el recién llegado, pasando uno de sus dedos de una manera no muy bien intencionada por la mano del más delgado, quien la retiró un poco más brusco de lo pensado.

Eva comenzó a hablar de los planes de la boda y cada vez que los ojos de Bill chocaban con los de Raymond, este lo miraba de una forma lasciva y repugnante. El chico sintió odio y asco. Pero más que nada, mucha pena por su amiga.

A pesar de sus protestas, Eva insistió en que Bill almorzara con ellos. Y fue cuando ella se apartó a la cocina, cuando el otro maldito mostró sus verdaderas intensiones.

—Eva me comentó que eras guapo, pero no te hizo justicia, eres muy sexy —dijo tratando de tocarle el trasero. Bill, enfurecido, golpeó su mano.

—¡No te atrevas a tocarme, cabrón!

—¿O qué? ¿Me golpearás? Se nota que soy mucho más fuerte que tú, así que ¿por qué no haces las cosas más divertidas y jugamos un rato?

—Asqueroso… —dijo con los dientes apretados—. Eva lo siento, recordé que tengo una cita y debo irme.   —No esperó respuesta.

Salió lo más rápido que pudo, quería abrazar a Tom y pedirle que lo cuidara, pero entonces recordó que tal vez Tom era un hombre lobo y que quizás, lo había estado engañando todo ese tiempo.

Sin embargo, algo dentro de su corazón, le decía que el trenzado era sincero, así que debía asegurarse.

Tomó el celular y le marcó.

—Tom necesito verte.

—¿Estás bien?  ¿Pasó algo?   —El otro se preocupó.

—No, solo quiero verte.  Hoy no abrimos el pub.  ¿Puedes venir a las seis?

—Encantado precioso. —Le lazó un beso por teléfono, lo que hizo suspirar al vampiro.

«Ojalá esté equivocado»   Pensó el moreno, empuñando las manos.

Puntual como siempre, Tom llegó al pub. Saludó con beso al pelinegro, quien lo llevó a la barra.

—¿Quieres una cerveza?

—Bueno, en verdad la necesito, este día ha sido agotador.

Bill le tendió la bebida y el lobo la bebió, sin sospechar que tenía algo. Conversaron un rato, hasta que la droga hizo efecto.

—Bill, mi amor, no quiero alarmarte, pero me siento un poco mal.

—Ven, tenemos una pequeña habitación al fondo, recuéstate ahí hasta que te sientas mejor.

—Lo haré, solo si estás a mi lado.

—Claro.

Una vez dormido, Bill notó que el otro era realmente fuerte. La pastilla que le puso en la bebida, era para dejarlo inconsciente en el acto, sin embargo, Tom luchó hasta que ya no pudo más.

Para asegurarse de que no lo dañara, Bill lo ató y comenzó a analizar la situación.

Se acercó al trenzado dormido y lo olió. Ese sentido en particular no lo tenía bien desarrollado, pero debía intentarlo. Aunque lo único que consiguió fue suspirar, porque de todo el cuerpo del lobo emanaba un olor tan masculino, que le daban unas ganas locas de besarlo.

«Nota mental:  Esto no está dando resultado»

Cambió de táctica, se sentó frente a la cama y lo miró detenidamente. Tom ni siquiera tenía vello corporal, como el común de los lobos. Ayer lo había comprobado, cuando se quitaron la ropa. El vampiro, pese a su palidez, se ruborizó de solo pensarlo.

Prosiguió con su examen. Intentó con magia, pero no logró nada. Finalmente admitió que solo habría una manera de saber la verdad. Encarándolo. Esperó un largo rato, hasta que Tom se movió, abrió los ojos  y se descubrió atado.

—¿Qué es esto?

—Eres un hombre lobo —dijo Bill, fingiendo certeza, pero rogando por dentro, que el trenzado se riera y le dijera que estaba loco.

—¿Cómo lo supiste?

—¡¿Qué?!   ¡¿En verdad eres un lobo?!  ¿Viniste a matarme?

—¿De qué estás hablando, Bill?  ¿Por qué iba a intentar matarte?  Yo te amo.

—Soy un vampiro, Tom.  —Soltó de pronto.

—Claro que no. Te habría reconocido, tú no hueles a muerte, tú hueles muy rico.

Al oír esas palabras, Bill conjuró sus hechizos y se mostró tal cual era.

—Bill, tu aroma… lo conozco… eres el vampirito que conocí en el bosque. —Los ojos de Tom se iluminaron—. Cuando te vi por primera vez pensé que eras tú, pero entonces no sabía que eras vampiro. Por fin te encontré, no sabes cuánto tiempo te he buscado.  —Ni siquiera le importó la situación en la que estaba, allí atado en una cama, a merced de un vampiro, sus enemigos por naturaleza. Tom simplemente sonrió.

Bill por su parte, no pudo evitar sonreír de vuelta, al recordar su primer encuentro.

—Pero entonces… ¿tu, tu cabello?   —balbuceó el pelinegro.

—Sí, llevaba rastas rubias, me teñí el pelo de moreno después de mi primera luna llena y me hice trenzas para el trabajo, eran menos llamativas.

—Tooommm.   —Saltó de la silla y corrió para abrazarlo, con lágrimas en los ojos.

—Desearía poder abrazarte también.  ¿Me sueltas?  —Pidió el trenzado, sin dejar de sonreír.

—Espera Tom, respóndeme algo primero. ¿Por qué aún no puedo reconocerte como lobo?

—Porque como este lugar está inundado de magia, yo también tuve que usar magia loba para protegerme, pero si vamos afuera o a mi casa lo notarás.

—Pero ayer fui a tu casa y no lo sentí.

—Es que estaba tan distraído contigo, que olvidé quitarla, eso es todo. Dios, me siento tan feliz.

—Y yo… déjame quitarte esto.  —Tras soltarlo, se volvieron a abrazar, Tom  sostenía muy fuerte al vampiro.

—¿Sabes que me enamoré de ti en ese mismo bosque, Bill?

—Y creo que yo de ti también, porque siempre luché y sufrí, solo porque te lo había prometido y quería volver a verte y contarte que lo había logrado.

—Perdóname, Bill.

—¿El qué?

—Debí irme contigo, debí protegerte.

—No podías y no sabíamos nada de la vida. Las cosas no habrían sido diferentes.

—Pero ahora sí pueden ser diferentes…  por favor, déjame cuidarte ahora.

—Acepto encantado.

Se besaron felices, por fin se habían reencontrado. El destino los había separado una vez, pero ahora lucharían contra él para no volverse a separar jamás. Sin embargo, el destino movía los hilos a su antojo y esos deseos de mantenerse unidos, serían puestos a prueba, más pronto de lo que creían.

&   Continuará   & 

¡Aahh!  ¿Qué hará el destino? ¿Cuál será la primera prueba contra la que tendrán que luchar?  ¿Logrará su cometido?  No se pierdan el siguiente capítulo.
Sé que parece demasiado idílica su unión, pero como les conté en el resumen, no son ellos quienes quieren separarse, son sus razas las que se profesan odio eterno. Ya vimos la primera reacción de Eva, ante el aroma de lobo de Tom, ¿qué harán las otras personas cuando descubran sus verdaderas identidades?

Escritora del fandom

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