9: Venganza. Parte 1

Minotaurus II: Furia Taurina” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 9: Venganza. Parte 1

El vehículo que transportaba a los elegidos, avanzó velozmente por las calles de la ciudad, sin percatarse de que una hermosa niña, los acompañaba, velando por su seguridad, hasta que abandonaron el sector riesgoso.

Aquel translúcido fantasma desapareció, para regresar al restaurant donde previamente los Kaulitz se habían reunido con un miembro del Club Bohemio. El espíritu de Karol se sentó frente a Allen, quien seguía mirando el lugar donde su supuesto hijo estuvo sentado, sin ver a la chica que ahora ocupaba su sitio. La niña lo miraba con curiosidad, leyendo su mente, escudriñando la veracidad de las intenciones de su corazón. Finalmente, la nena sonrió.

Una familia cenaba en la mesa contigua a la de Allen Kaulitz. Tenían un niño pequeño, quien no había probado bocado, pues estaba concentrado en la hermosa rubia que sonreía frente a él. Karol giró su rostro, sin perder la sonrisa y llevó un dedo a sus labios, en señal de silencio. El niño asintió y sonrió de vuelta.

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Al llegar al cuartel general, los G’s se tensaron, pues en la entrada por la que ellos habían escapado, había luz.

Chicos, creo que nos han descubierto —anunció el hombre que conducía el carro.

Yo asumiré toda la culpa —Se apresuró a decir el trenzado.

No tiene caso, Tom —agregó el castaño—. Si es Anis, nos matará a todos, antes de que empiece la venganza taurina.

Geo tiene razón —Sonrió Gustav, ajustándose las gafas.

¿Y por qué sonríes? —Le regañó su novio—. Deberías estar temblando, ya sabes cómo se pone Anis cuando está molesto.

Por eso me río, Anis tiene debilidad por mí, así que te azotará más fuerte a ti —Geo le dio un golpe juguetón en el brazo.

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El auto se detuvo por completo y todos sus ocupantes, bajaron de él. Caminaron lenta y silenciosamente, hasta quedar de pie frente a la puerta. El conductor introdujo el código de seguridad y el blindaje cedió.

Los primeros en entrar fueron los Kaulitz, quedando petrificados en mitad del corredor. Allí, semi recostado en un sofá, estaba Ichiro. Tenía un semblante totalmente serio, la línea de su frente, mostraba su preocupación y sus puños apretados, indicaron a los chicos que estaban en problemas.

¿Y cómo les fue? —preguntó el joven japonés, relajando su postura, sus labios se curvaron en una sonrisa picaresca, hasta que finalmente rompió a reír—. ¿Los asusté?

¡Ichiro! —Gruñó el pelinegro, acercándose para darle un golpe en el brazo.

¡Más vale que se asustaran! —El chico se puso de pie—. Si Anis se hubiera enterado de que no estaban en su cuarto, los habría torturado y a mí, me habría castrado. Sufro de sólo pensar en mis hijos no nacidos —Puso cara de víctima.

No exageres —Bromeó Geo, pero bastante seguro de que el miembro de “los siete” habría sido capaz de eso.

¿Dónde demonios fueron? —Ichiro volvió a su porte serio—. Pudieron haberlos descubierto, pudieron haberlos seguido hasta aquí, pudieron haberlos atrapado. O mucho peor, pudieron haberlos asesinado.

No pasó nada de eso —intervino el rubio—. Mi padre nos ayudó con el exterior.

¿Qué buscaban allá afuera? —Insistió el comandante.

Quería hablar con mi padre —Esta vez respondió el pelinegro.

Ichiro se fijó en los ojos de Bill, notó como su escaso maquillaje se hallaba corrido, señal de que había llorado. Las pequeñas bolsas bajo sus ojos, denotaban la reciente preocupación, pero lo más evidente, era el aura de protección que Tom tenía en torno a su cuerpo. El Kaulitz mayor, lo tenía envuelto en un capullo místico, otorgándole amor, calidez y paz.

¿Pudieron contactarlo? —cuestionó el chico, esta vez centrándose en los hechos y no en la reprimenda que quería darles. Al ver que Bill asentía, prosiguió—. ¿Y bien?

Phillips les engañó diciendo que habíamos muerto en Utah.

Quizás no los engañó —comentó Ichiro, dejando a todos los presentes con la boca semi abierta.

¿A qué te refieres? —indagó el rubio de gafas.

En esa oportunidad, cuando los atacaron en Utah —relató el joven—, la batalla terminó cuando los soldados de la manada huyeron, asustados. Seguramente pensaron que ustedes estaban muertos, porque vieron caer a Bill y a Tom seguirle segundos más tarde. Después de huir, ninguno de ellos se quedó a comprobar nada.

Fue por el fantasma —susurró Gustav, cogiendo la mano de su novio, quien le vio con el ceño apretado. Geo no había vuelto a tocar el tema, por el temor que se hacía presente en su pareja.

¿Huyeron? —Tom no creía lo que escuchaba—. Los soldados del Club Bohemio no pueden escapar, eso es traición, los matarían a ellos y a sus familias.

Exacto —agregó Georg. Él no había estado presente en la batalla cuando eso sucedió, porque en esos momentos, él transportaba los cuerpos inconscientes de los elegidos, hacia la doctora Morgan.

Yo no pude ver al espíritu —prosiguió Ichiro—, pero muchos de los ninjas humanos, pudieron percibirlo, y aunque tuvieron miedo, ese fantasma no lastimó a ninguno de los nuestros.

¿Eh? —dijeron al unísono los gemelos.

Al parecer, ese “ser”, debía ahuyentar a los malos… y lo logró —agregó el hombre que había conducido el vehículo, quien tras cerrar la puerta blindada, había escuchado la conversación.

Tal vez… —susurró el pelinegro, pero guardó silencio.

Ichiro vio el reloj de su mano e hizo un sonido de desaprobación.

Ya es tarde. Vamos todos a dormir. Mañana tenemos un simulacro del ataque.

Y haciendo señas con sus manos, los obligó a caminar hasta sus cuartos, pero antes de que los gemelos giraran por una esquina, los detuvo, diciendo.

La próxima vez que quieran hacer algo así, por más loco que parezca, díganme. Saben que pueden confiar en mí —Les guiñó un ojo y siguió su con su caminar pausado.

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Cuando los Kaulitz llegaron a su habitación, se desvistieron lentamente para meterse a la cama y seguir el consejo de Ichiro, de descansar y preparase mentalmente para el ensayo que se realizaría al día siguiente.

Una vez acostados, como acto reflejo, los chicos se abrazaron. Tom percibió el malestar de su pareja, pero creyendo que se debía a la reciente reunión con su padre, prefirió guardar silencio. Pero la quietud fue rota por el mismo pelinegro.

¿Tomi?

¿Mmm?

¿Crees que…? —Agitó la cabeza en el pecho del trenzado y agregó—. No, mejor olvídalo.

Pero su pareja conocía demasiado bien a su pequeño, y para evitar malos entendidos, se apoyó en un codo, quedando ligeramente levantado y vio a su “mate” directo a los ojos, pese a la oscuridad.

¿Qué ocurre Billa?

No es nada Tomi —Siguió negando, pero el mayor le acarició una mejilla e insistió.

¿Sabes que puedes contarme, cierto? —El pelinegro asintió—. ¿Confías en mí más que en Ichiro? —Volvió a asentir—. ¿Entonces?

Es una locura, una suposición —susurró el menor, desviando la mirada, un tanto avergonzado por su ocurrencia.

Cuéntame —reiteró Tom.

Es sobre el fantasma del que Ichiro y Gustav hablaron.

El trenzado, acarició nuevamente la mejilla de su “mate”, logrando que ambos conectaran tanto sus miradas como sus pensamientos.

¿Crees que es nuestra Karol? —indagó el mayor, acercándose levemente hasta rozar sus labios, en un casi beso.

No lo sé. Es sólo un presentimiento —contestó el pelinegro, cerrando los ojos, a gusto con la cercanía de su pareja—. Ella alejó a las tropas hostiles —Tom asintió, sin alejarse—. Lo que no logro entender, es el temor de los soldados del Clan.

La vieron como un fantasma, es normal que se asustaran —comentó su hermano, acariciándolo con su nariz, sacándole un jadeo de placer.

Pero es que… ella es muy linda ¿sabes? —Tom se alejó levemente y sus ojos se encontraron—. Parece una adolescente, es hermosa y tiene el cabello rubio como tú solías llevarlo.

Jamás la he visto —susurró el mayor, pero sin enfado, sólo afirmando ese hecho.

La verás, dijo que vendría a visitar a sus hermanos —Bill no reprimió una sonrisa y Tom le imitó con dulzura.

Tendremos más bebés, no puedo creerlo.

Ni yo —Se abrazaron y rodaron por la cama, con la sonrisa aún dibujada en sus rostros—. No te forzaré esta vez. Será un acto de amor entre nosotros.

Lo será —Tom movió afirmativamente la cabeza, pero suspiró—. Sólo… dame tiempo, ¿quieres?

Todo el que necesites.

¿Sabes que te amo?

Claro que lo sé.

Se fundieron en un beso tierno, que poco a poco se fue haciendo húmedo y caliente. Sus cuerpos abrazados se excitaron ante el contacto del otro y como acto reflejo, Bill abrió sus piernas, haciendo encajar sus formas, logrando más fricción y placer en ambos. El ying y el yang, una amalgama perfecta tanto cuerpo como en espíritu.

Las manos de los gemelos recorrieron todo lo que la posición les permitía, rodando en la cama, quedando uno arriba a la vez, llevando el control de la situación. Ninguno de los dos se quejaba por ello. Tom, porque sabía que Bill lo recibiría en su cuerpo y lo tomaría sólo cuando estuviera listo. Y el menor, porque comprendía que su “mate” estaba cediendo su posición de dominante, como muestra del amor que le tenía.

Entre gemido y gemido, su aura sexual se elevó a grandes niveles, llegando a cada miembro que estaba compartiendo el cuartel de los elegidos.

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A punto de caer presa de los brazos de Morfeo, Gustav cerró el libro que leía y apagó la luz en su mesita de noche. Se acomodó mejor en la cama y soltó un gran bostezo.

¿Tienes sueño? —preguntó Geo, abrazándolo por la espalda, pegándolo a su pecho, haciéndole notar su erección.

Creo que ya no —contestó el rubio con una sonrisa, girando en el abrazo, para besar los labios de su novio.

Mmm. ¿Sabes qué quiero? —susurró el castaño, bajando lentamente el bóxer de su pareja.

Lo mismo que yo —respondió Gus, levantando brevemente sus caderas, para ayudarle a completar su misión—. Te amo, Geo —susurró, volviendo a besar sus labios.

Eres el humano más divino que he conocido —comentó el aludido, subiéndose a horcajadas sobre su novio, iniciando un pecaminoso vaivén, que sólo los excitaba más.

Gemidos escaparon de sus bocas, al sentir como sus miembros palpitaban de puro deseo. El castaño estiró la mano, para coger el lubricante y entregarlo al rubio, quien de inmediato, untó sus dedos para preparar la entrada de su amante.

Oh, oh, oh —Gimió Geo, al sentir como los dígitos entraban y salían de su cuerpo, simulando lo que vendría—. Creo que es el momento.

¿Seguro? —preguntó su novio, buscando su mirada, pese a la calentura, no le gustaba dejarse llevar y terminar lastimando a su castaño.

Si no entras ya, terminaré corriéndome sólo con tus dedos —Gruñó Georg.

Cuando Gustav lo dejó con la sensación de vacío, Geo se alzó un poco, para guiar el miembro del rubio, directo a su calidez. Una vez ubicado, se deslizó sobre él lentamente, aguantando la respiración, mientras su cuerpo se acostumbraba a la nueva intrusión.

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Los Kaulitz jadeaban al unísono, mientras sus cuerpos se mecían frenéticamente, buscando la tan anhelada liberación del orgasmo. Sus miradas conectadas, brillando por el amor y el placer que sentían el uno por el otro, se decían que todo estaba bien.

Lo puedo sentir —susurró el trenzado y Bill asintió, sintiendo las mismas corrientes eléctricas enrollar los dedos de sus pies.

Tom cogió la hombría de su pequeño y lo masturbó delicadamente, deseando que ambos pudieran acabar juntos. Bill quería apretar los ojos por el intenso placer que ese simple toque le producía, pero sabía que no podía romper la conexión de sus miradas, así que se mordió el labio inferior, dejando escapar gemidos ahogados por tal acción.

Mm, mm, mm, mm —Jadeó el moreno, excitando todavía más a su novio, con esos soniditos sexuales y las muestras de satisfacción que mostraba su rostro.

Eres lo más erótico que he visto en mi vida.

Y quiero ser lo único erótico que veas —respondió el menor, pasándose la lengua sensualmente por su labio mordido.

Tom no se pudo reprimir más y se arrojó sobre esos labios, succionándolos con saña, acelerando sus embestidas y el vaivén de su mano.

Ah, ah, ah —Siguió gimiendo el pelinegro, hasta que el clímax le dejó completamente sin respiración.

Tom le observó y la sola visión de su amado, de esa forma tan sexy, le hizo eyacular en su interior.

Con la boca ligeramente abierta, Bill sonrió—. Te amo.

Aaahhh —Suspiró como respuesta el trenzado.

¿Te he dejado sin palabras? —Tom asintió y sonrió—. Soy demasiado bueno para ti.

Eres el mejor para mí —susurró Tom y acomodándose en la cama, pegó la espalda de Bill a su pecho, en una cucharita. Repartió besos de mariposa por el pálido cuello de su gemelo y suspiró.

Oh Dios, como te amo.

Y yo a ti, Tomi.

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Por la mañana, todos los que participarían de la emboscada al Club Bohemio, estaban en el lugar del entrenamiento, con sus atuendos ninja y las armas que dominaban.

Los gemelos aparecieron también, luciendo sonrisas cómplices y bolsas bajo sus ojos, por haberse quedado jugando hasta bastante entrada la madrugada.

Ichiro guiaba la operación por un altavoz, mientras el grupo de asalto practicaba. De pronto, el pelinegro vio a “K” aparecer con su traje blanco de ninja y la señaló, para que su pareja también la observara. Ambos se deleitaban viendo como la chica movía en forma profesional esa peligrosa katana japonesa, que pertenecía a la familia de su marido.

De pronto ambos gemelos sintieron una mano en sus hombros, se trataba de Thor y Loki, quienes estaban a cada lado de ellos.

Tendremos que retrasar el ataque —informó el de pelo oscuro.

¿Eh? ¿Por qué? —cuestionó el pelinegro, cogiendo por instinto la mano de su “mate”.

Hemos recibido una llamada secreta de Dylan —explicó Thor.

¿El mano derecha de Phillips? —indagó el trenzado, a lo que Loki asintió.

Dylan es de los nuestros ahora.

¡¿Qué?! —Georg nunca mencionó a los gemelos que fue Dylan Rog, quien les ayudó a escapar, cuando ambos estaban inconscientes, durante la emboscada de Utah.

Es un designio del dios toro —mencionó Loki, dando por zanjada la explicación.

Ya veo —agregó Bill, comprendiendo. Por ese motivo, Dylan no fue contado entre los enemigos del Minotaurus—. ¿Y qué debemos hacer?

Sólo mantener en alto las expectativas de los soldados —Sugirió Thor con una sonrisa—. Algo así como lo que hicieron anoche.

Los Kaulitz se sonrojaron hasta las orejas, logrando que los adultos rompieran a reír.

No se preocupen chicos, lo que hacen es perfectamente normal —Ofreció Loki.

El sexo es parte de nuestra raza —Continuó Thor, cogiendo la mano de su pareja.

¿Cómo es que ustedes no han tenido hijos? —soltó de repente el trenzado, sin meditar en sus palabras, arrepintiéndose al ver el ceño fruncido de ambos.

Oh, lo siento —agregó Bill, sintiendo lo mismo que Tom.

No tiene nada que ver con ustedes, chicos —comentó el de pelo claro—. Fue hace mucho tiempo.

No pude retenerlo —susurró Loki, con los ojos opacos—. Lo perdí con sólo meses de gestación.

Lo siento mucho —Bill se puso de pie y abrazó al moreno, con cariño.

Tom sintió un nudo en la garganta, pero no pudo dar una muestra de cariño, porque a pesar de todas las promesas, él seguía sufriendo la pérdida de su Karol.

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El primer ataque se retrasó una semana desde la fecha que habían escogido originalmente. Sin embargo, esta espera sólo sirvió para que la moral de los soldados ninjas, se viera fortalecida en su convicción sobre los elegidos. Todos y cada uno de ellos, perteneciente o no a la manada, estaba dispuesto a dar la vida por los Kaulitz, porque habían experimentado en carne propia, la bondad y el amor de los jóvenes para con todos ellos.

Estamos listos —afirmó Bill, a Thor, quien conduciría el vehículo que los transportaría.

Hemos estimado que cuando lleguemos hasta las instalaciones del Club Bohemio, la reunión de sus integrantes llevará por lo menos media hora —explicó Loki, volviendo a comprobar su reloj—. Eso nos dará un margen para abortar la misión, en caso de que la reunión se suspenda.

¿Por qué pasaría algo así? —indagó el trenzado, mirando a los mayores a través del espejo retrovisor.

La última vez que hablamos con Dylan —contestó Loki—, nos mencionó algo sobre la inestabilidad del líder, durante los días pasados.

Tal vez Phillips está teniendo visitas del dios Minotaurus —comentó Thor, guiñándoles un ojo de forma burlesca.

¿Qué ocurrirá si Phillips cambia de opinión? —preguntó de pronto el pelinegro, arrugando el ceño—. ¿Qué hará el dios toro si él se arrepiente? ¿Creen que será perdonado? —Sin poder evitarlo apretó los puños, pensando que sería injusto que ese hombre saliera impune del crimen de su hija, porque en su opinión, la muerte de Karol había sido dictada, en el momento mismo en que se usó el “Hechizo del Minotaurus”.

Eso no pasará Billa —Tom a su lado, cogió su mano y le calmó, elevando su aura pacífica, logrando disipar el ceño apretado de su “mate”.

¿Cómo lo sabes? —Insistió el menor.

Ya está en la lista —respondió Thor, también con el semblante serio, a él tampoco le pareció atractiva la idea de perdonar a un ser despiadado como el líder.

Personas como Phillips nunca cambian, Bill —agregó Loki, sereno como Tom—. El plan fue trazado, porque debía haber una limpieza en la manada. El dios toro, quiere que los futuros guías del Clan, sean personas desinteresadas, que no busquen llegar al tope jerárquico sólo para adquirir bienes materiales y honores de hombres tan corruptos como ellos.

En silencio, los otros tres ocupantes del coche, estuvieron de acuerdo y volvieron a relajarse y repasar en sus mentes, su lugar dentro de la estrategia.

Allá va el primer grupo —anunció Thor, mirando por la ventanilla.

Un enorme camión con el logo de la empresa de cerveza en la que estaban ocultos, avanzó pacientemente, mezclándose entre el concurrido tráfico de esa mañana. Pero aquel vehículo, en lugar de transportar el cotizado brebaje, albergaba en su interior, a la primera ola de asalto.

El mejor grupo de ninjas, liderado por Ichiro y “K”, emboscaría la entrada norte de las instalaciones que serían usadas este día. Sabían que el Club Bohemio tenía numerosas ubicaciones de carácter secreto, y las asambleas que se realizaban, variaban de lugar, dependiendo de los invitados y de la importancia de los temas que se tratarían. Por esa razón, fue tan importante la ayuda de Dylan Rog, ya que todos los dispositivos que habían quedado instalados por los dioses de Asgard, habían sido descubiertos y destruidos. Sin Dylan, habría sido imposible saber en qué locación se reunirían los integrantes del Club.

La entrada sur, era la más importante, ya que poseía mayor vigilancia; incluyendo cámaras de seguridad, guardias armados, perros entrenados y trampas. Ese era el punto al que se dirigían los Kaulitz.

¿No crees que vienen muy pegados a nosotros? —cuestionó Loki, mirando por el espejo, al coche blindado, con el logo de “Transporte de valores bancarios”.

No te preocupes, aún estamos lejos —Calmó su “mate”.

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El vehículo que les seguía, traía a un número más reducido de soldados. Con Anis al mando, aquel grupo, traía bombas de humo y otros artilugios, para crear distracción y asegurar la protección de los elegidos. Portando armas de fuego, y no sólo dagas y katanas, como los ninjas, este grupo, debía dar lo mejor de sí para garantizar la supervivencia de los Kaulitz. Algunos de ellos se autodenominaban “los kamikaze”, dispuestos a morir, si era necesario.

Thor detuvo el motor, en una carretera alternativa y sin tránsito. Todos descendieron del carro y emprendieron la marcha a pie.

Bill y Tom entrelazaron sus dedos, respirando hondamente, elevando su energía. Frente a sus manos unidas, la pequeña y translúcida niña, sonreía y les guiaba. La furia taurina estaba a punto de comenzar.

& Continuará &

Waaa. ¿Qué pasará? Karol está allí, ¿Cuál será su papel en esta venganza? ¿Aparecerá el Minotaurus también? No se pierdan el siguiente capítulo.

Escritora del fandom

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