Backstage 6

«Backstage» Fic TWC de LadyScriptois

Capítulo 6

Aproximadamente, tercer mes de las vacaciones de Tokio Hotel.

Bushido no supo que hacer. No podía llegar con Bill a una clínica y exponerlo de esa manera al ojo público. Consciente de ello, hizo lo primero que se le ocurrió y llamó a su médico de confianza.

Recostó nuevamente a Bill en la cama y limpió lo que había expulsado el menor, demasiado preocupado como para siquiera pensar que era asqueroso. Sólo pudo llegar al pensamiento de que nuevamente se mostraba sangre y se preguntó con qué frecuencia ocurría aquello.

Mientras esperaba que el medico llegara, Bushido pasó una toalla humedecida con agua fría por el rostro de Bill para refrescarlo, consiguiendo que despertara un poco, pero inmediatamente pareció quedarse dormido.

Apenas el timbre sonó, no pudo evitar besar su frente y desear con todo su corazón que no fuese algo grave.

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Quizás anemia, posiblemente un grado de desnutrición y deshidratación, y tal vez lesiones o úlceras estomacales. Eso fue lo que pudo predecir el doctor al ver el estado del chico y por algunos datos que le dio Bushido, pero necesitaba comprobarlo con análisis más específicos. El desmayo fue sin duda causado por la debilidad de su cuerpo debido a su alimentación deficiente y le colocó algunos sueros por vía intravenosa.

—Él ahora está durmiendo. – le informó a Bushido, mientras salían de la habitación donde se encontraba Bill. —No hay de qué preocuparse por hoy. Cuando despierte sería recomendable que le prepares algo nutritivo pero liviano, una sopa sería lo ideal. Sin embargo, me preocupa que haya vomitado sangre. ¿No sabes con qué frecuencia ocurre?

—Solo ha sucedido dos veces en mi presencia, eso ha sido en las últimas semanas. – explicó el rapero tomando asiento en el sofá.

—Me gustaría que vaya a verme a la clínica, quisiera hacerle algunos exámenes para eliminar algunas dudas y para recetarle algunas medicinas para combatir la anemia. Te dejaré estas. – le tendió unas cajitas a Bushido y un récipe con las indicaciones. —Son genéricas en el ámbito anémico, pero me gustaría hacerle análisis de sangre para indicar un tratamiento más acorde.

— ¿Bill… él está muy enfermo? – preguntó, un tanto mortificado.

—No lo sabremos hasta que sea sometido a las pruebas.

Bushido realmente estaba preocupado. Y es que, mierda, él mismo sabía que Bill no estaba bien del todo. Algunas veces sufría de pequeños mareos y eran muy pocas las veces que lo veía comiendo, y cuando lo hacía era en pequeñísimas cantidades, su color era un poco enfermizo aunque el intentara disimularlo con el maquillaje y el mismo Bill le había comentado sobre ese cansancio y sueño casi extremista y que no podía controlar ni durmiendo más de las correspondientes ocho horas.

Definitivamente, así sea a rastras, él se encargaría de que Bill estuviese mañana en la clínica.

—Mañana estaremos allá, Hans. Muchas gracias por venir. – dijo poniéndose de pie.

—Entonces, puedes llamarme para confirmar a qué hora estarán y les atenderé sin problemas. – respondió el doctor encaminándose a la puerta del apartamento.

—Y doctor.

—No te preocupes, Anis. Nadie sabrá.

—Muchas gracias. – agradeció nuevamente.

Apenas despidió al doctor, Anis se dirigió a la habitación percatándose de que Bill dormía plácidamente y al verlo sonrió levemente, casi con melancolía. En ese momento algo extraño invadió su pecho, y es que verlo ahí, tan pequeño e indefenso, nada comparado a su imponencia en los escenarios y a su mirada miel alegre e inocente que deseaba comerse al mundo.

Esta vez Bill parecía un trozo del más hermoso y fino cristal, abandonado en la intemperie, vulnerable a que los vientos lo gastaran y arrastraran, y a que los rayos del sol le lastimaran. En ese instante realmente deseó ser un refugio para él, capaz de protegerlo de lo que le quisiera hacer daño y que le ayudara a dejar de ser un débil cristal roto y se transformara en un diamante brillante.

Dejó de observarlo al ver que se removía y apagó la luz de la habitación para luego encender una pequeña lámpara de pared, dejando el lugar con una leve luminosidad que le permitiría descansar mejor a Bill, pero que lo alejaría de la oscuridad que posiblemente le asustaría al despertar y no saber bien que ocurría. Dejó la puerta levemente abierta para poder escuchar si le ocurría algo al menor, y se dirigió a la cocina.

Sonrió pensando que hace mucho no preparaba una sopa que no fuese instantánea y agradeció mentalmente que su madre le haya obligado aprender a cocinar.

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Observó la hora del reloj, habían pasado casi dos horas desde que el doctor se fue y tomó el récipe que él le dejó. A Bill le tocaba a las nueve y media una pastilla y eran casi las nueve de la noche. Considerando que lo mejor sería que el menor primero comiera y luego tomara el medicamento, decidió despertarlo.

Sirvió en una bandeja una taza de la caliente sopa de vegetales y un jugo de moras, había llamado a su mamá y esta le dijo que era la mejor fruta para subir la hemoglobina y ayudar a la anemia, así que él lo hizo, dejándolo bastante líquido para que favoreciera a contrarrestar la deshidratación.

No era seguro que Bill padeciera algo de lo que dijo el doctor, pero lo mejor sería prevenir y Bushido confiaba en cada palabra de lo que decía Hans y posiblemente el diagnóstico superficial que hizo fuese correcto. Colocó también un vaso de agua y al lado las pastillas. Entró a la habitación principal dejando lo que llevaba en una mesita y encendió las luces para luego dirigirse a Bill.

—Bill… – le llamó casi susurrando, lo cierto era que le daba un poco de pena despertarlo. —Bill… – volvió a llamarlo, consiguiendo que se removiera. —Vamos, despierta… – le movió un poco, logrando que despertara, pestañeando y bostezando mientras lo miraba con sus enormes ojos miel un poco perdido. —Hora de comer. – le dijo y el menor arrugó un poco el ceño.

— ¿Qué…. Uhm… ¿Qué hora es? – preguntó, mientras observaba con curiosidad la bandita redonda que tenía en su antebrazo.

—Tuvieron que colocarte suero. – le explicó. —Pero hablamos de eso después. Mejor come.

—Yo… no tengo hambre. – se negó.

A Bill no le gustaba comer mucho, sabía que luego lo vomitaría y por Dios que lo menos que él quería era vomitar, nunca lo quiso, pero simplemente sucedía. Su estómago se mantenía en una batalla constante y comer en cantidades normales últimamente se le hacía imposible, tenía demasiado miedo de vomitar nuevamente.

—Pero tienes que comer aunque sea un poco.

—Anis… – sus ojos se empañaron sin saber por qué. —Yo… yo realmente no quiero. – una lágrima se deslizó por su mejilla. Bill no entendía que le sucedía. ¿Por qué ahora lloraba?

—Bill… – se sentó a su lado, limpiando sus mejillas y apartando sus cabellos. —Es solo un poco ¿De acuerdo? Esto te ayudará a recobrar fuerzas. – le explicó y la mirada de Bill conectó con la suya. —Vino un doctor a verte y dijo que le gustaría examinarte. Está preocupado por tus valores y vómitos. – informó, expectante de la reacción del menor. No le gustaría que se sintiera ofendido por hacerlo examinar sin su consentimiento.

Bill nuevamente empezó a lagrimear. Ni siquiera podía controlarlo. Él no era una persona solitaria, él se podría comer al mundo mientras Tom tomara su mano, y ahora él no estaba. Tom no lo quería, estaba enfermo, era asqueroso y estaba completamente solo. Se llevó una mano a su abdomen al sentir unas ligeras náuseas, sus lágrimas silenciosas comenzaron a ser incontrolables y su labio inferior comenzó a temblar.

—Hey… Hermoso… – Bushido tomó la mano que reposaba en su abdomen y la unió con la suya, para luego besarla ante un atónito cantante. —Haremos que se vayan. – le aseguró, adivinando el malestar del menor. —Respira conmigo. – le pidió, secando sus lágrimas. —Inhala. – le indicó. —Exhala. – de no ser porque estaba sumergido en hacer sentir bien al menor, posiblemente Bushido se hubiese reído al verse haciendo eso, pero en esos momentos no le importó.

Bill lo hizo sin ser consiente. Su mente estaba un poco perdida y en un momento sólo viajó al gesto que tuvo Bushido hace instantes y se distrajo preguntándose porque Anis hizo aquello.

Sus náuseas empezaron a irse.

— ¿Mejor? – le preguntó el rapero, luego de indicarle el ritmo de la respiración durante unos minutos y Bill asintió recibiendo una sonrisa. El mayor lo abrazó y Bill sólo se recostó en el pecho del otro, mientras su espalda era acariciada.

En ese momento el pelilargo confirmó lo que creía creer. Si no estaba eso en su mente, podía contra esas náuseas, pero no contra las que regía su propio cuerpo.

—Solo son unos análisis, verás que todo está bien contigo. – le reconfortó. —Sólo tienes que comer un poco más de carne, leche e ingerir todos tus vegetales. – Bill recordó que eso le decía Simone cuando era pequeño acompañado con un “si no, no serás grande.”

—Ahora, ¿Será que la princesa Kaulitz puede probar el banquete que se le ha preparado?

Bill se despegó del mayor.

—No me digas así. – le pidió.

—No te diré más de ese modo, si pruebas un poco de la sopa.

Bill vio la verdadera preocupación en Bushido, como aquella vez en los baños de la discográfica y sólo asintió no muy seguro. La bandeja humeante fue colocada ante él y estuvo a punto de desistir. —Solo un poco. Cuando sientas que realmente no puedes más, lo dejas y yo entenderé.

El cantante de Tokio Hotel asintió y tomó una cucharada. Lo cierto es que sabía bien y sonrió levemente cuando el mayor le sonrió.

— ¿Y qué tal?

—Esta rica. –admitió tomando otra cucharada.

—Mi mamá sufrió de gastritis crónica. – le comentó. —Y hubo un tiempo en que se le dificultaba comer, debido al ardor que sufría en el estómago. El doctor Hans le dijo que comiera lento y masticara bien para que se le fuera más llevadero el comer. Tal vez tú puedes intentarlo, para evitar las náuseas.

Bill nuevamente asintió.

Bushido le contó algunas anécdotas de su gira anterior y le expresó ciertas ideas que tenía para la canción y él agradeció aquella distracción.

—Ya no quiero más. – le dijo con un poco de vergüenza y Anis sonrió al ver que un poco más de la mitad de la sopa fue consumida.

— Ahora, ¿Puedes beber un poco de jugo? – Bill lo hizo con la misma dinámica que antes y tomó la mitad del jugo. —Son para la anemia. – le explicó tendiéndole el vaso de agua y las pastillas.

— ¿Eso es todo? – preguntó el menor. Ya no quería ingerir algo más.

—Eso es todo. – le confirmó el rapero.

—Uhm… Creo que debo irme. – dijo mirando la hora en el reloj de la mesita de noche.

—No. – dijo rápidamente Bushido. —Es decir, quédate esta noche. Me sentiré más tranquilo. Solo por hoy, por favor. – le pidió.

—No quiero ser una molestia, ya has hecho suficiente. – le dijo avergonzado el menor.

—Sabes que no eres molestia para mí. – le dijo serio Bushido. —Puedes bañarte si lo deseas. – dijo, recogiendo la bandeja de las piernas del menor y yendo a su closet. — Y usar estas prendas. – indicó, sacando varias piezas de ropa de pijama.

—Bushido…. – iba a replicar.

—Te dejaré para que te pongas cómodo. – le cortó tomando la bandeja y saliendo de la habitación para llevarla a la cocina.

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El día que temía Bill llegó, apenas y pudo dormir deseando que realmente todo saliese bien con él. Agradeció que el mayor le dejara toda la habitación para él y así no se dio cuenta de su trasnocho.

Salieron temprano del apartamento de Bushido, que estaba ubicado en el mismo edificio familiar que recordaba. El mayor le explicó que ese era su guarida y que su verdadero apartamento estaba ubicado en otro lugar, posiblemente en las zonas de clase alta.

Llegaron al lugar donde vivía Bill temporalmente, el cual sí estaba ubicado en una de las mejores zonas de la ciudad y este se arregló lo más rápido que pudo. Apenas estuvo listo, tomaron rumbo a la clínica.

— ¿Estás asustado? – le preguntó Bushido al ver que Bill tenía inquieta sus manos.

—No, estoy bien. – suspiró. —Ese medico… él-él será discreto ¿Cierto?

—Claro que sí. Es de confiar, te lo puedo asegurar. – le respondió. Bill asintió y se removió intranquilo en su asiento.

— ¿Tienes ganas de vomitar? – le preguntó, al ver que Bill respiraba como le enseñó ayer.

—No, yo-yo solo estoy muy nervioso. – se confesó y puso tras su oreja algunos de sus largos y negros cabellos ondulados.

—Bill, verás que saldrás bien. Eres joven, nada malo pasará. – le dijo.

—Tengo algo que pedirte.

—Lo que sea.

—No puedes… No puedes decirle a alguien, ni a David, ni a alguien más.

—Bill, alguien de tu familia debe apoyarte…

—Yo podré solo. – le cortó, sus ojos los sintió humedecerse y rápidamente se colocó sus lentes de sol.

—Bill…

—A nadie. – le repitió.

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La sala de espera del consultorio era privada, solo estaban Bushido y Bill, todo era blanco y el menor se sentía sumamente nervioso. Cuando la secretaria le pidió que pasara, Anis le dio unas palabras de ánimo y entró sin más.

Bill odiaba a los doctores, odiaba realmente las agujas, odiaba que lo examinaran, se sentía claustrofóbico y quería salir corriendo, pero eso nunca le importó, porque Tom nunca lo dejaba solo, siempre estaba a su lado, tomando su mano o permitiendo que se escondiera en su cuello para no ver cómo le introducían ese duro hilo de metal por sus venas. Bill respiraba su olor, se calmaba, se olvidaba del dolor y solo se concentraba en su hermano, en que luego de aquel martirio su gemelo le haría mimos y lo consentiría en todo, y esta vez: Tom no estaba.

—Mucho gusto, Bill. – dijo amable el doctor. —Soy el doctor Hans Miller. – le tendió su mano y el menor respiró profundo para presentarse y someterse a todo lo que debía.

El doctor Miller era muy amable, pero el menor se sentía demasiado examinado y casi al descubierto. Así que, no puedo evitar apretar sus manos en su bolsa hasta que sus nudillos estuvieron blanco, para poder responder el interrogatorio del doctor.

Nunca se había sentido más pequeño que en esos momentos, mientras le confesaba al especialista de edad avanzada que vomitaba con regularidad y que comía muy poco. No pudo evitar bajar la mirada y no la quería alzar, posiblemente el doctor lo estaría mirando con asco.

—Y dime Bill… ¿A qué crees que se deban esos vómitos? ¿Tú los provocas?

¿Qué si el los provocaba? Él no los provocaba, él era la causa.

—Yo-no–no, es decir. – intentaba explicarse, pero sentía que iba a llorar en cualquier momento. Se sentía tan humillado. —Algunas veces… a-algunas veces las náuseas vienen solas y no las puedo controlar. – explicó Bill, pero sabía que era mentira, las náuseas siempre venían luego de recordar aquello y el simplemente no podía erradicarlas. —Comienzan muy suaves y tiempo después se intensifican y a veces las puedo controlar, pero recientemente ciertas náuseas simplemente son muy fuertes desde el principio y vómito casi inmediatamente. – eso era lo que le preocupaba a Bill, cuando vomitaba y no estaba pensando en algo relacionado a eso.—Y últimamente…. hay sangre y yo… – Bill sin poder evitarlo derramó unas cuantas lágrimas silenciosas que eliminó de su rostro casi inmediatamente — Estoy muy asustado. Yo–yo no quiero volver a hacerlo. – el doctor tomó su mano y Bill quedó sorprendido porque Miller no lo estaba rechazando, al contrario, parecía querer reconfortarlo.

Hans sabía que había algo más a fondo, sin embargo Bill no parecía mentir cuando decía que él no provocaba los vómitos voluntariamente. No presionó más en cuanto el tema y decidió basarse en la respuesta del menor y en los exámenes físicos.

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Bushido estaba bastante intranquilo en su asiento. Había pasado casi una hora y se preguntaba si Bill estaría bien, ya que se veía muy nervioso antes de entrar. Él le había propuesto si quería que entrara con él, sin embargo Bill se negó. Consideró que tal vez al menor le incomodaba su presencia y simplemente se rindió a esperarlo.

La blanca puerta del consultorio se abrió y mostró al doctor canoso, quien avanzaba hacia él.

—Está nervioso. – le informó, comprensivo. —Quiere que vayas.

Anis asintió sin dudar y se dirigió con el doctor nuevamente al consultorio.

—Está en la habitación de revisión y análisis, pasa, yo esperaré aquí hasta que él esté más tranquilo.

—Gracias.

Bushido sabía dónde quedaba esa área debido a que su madre también pasó varias veces por ese lugar, se encaminó al pasillo que estaba dentro del consultorio e inmediatamente abrió la puerta que lo llevaría a Bill.

Estaba con una bata de la clínica, sentado en la camilla con sus hermosas piernas blancas balanceándose y con sus brazos apoyados en la superficie suave. Levantó su rostro cuando sintió la puerta abrirse y sus cabellos negros se dispersaron por sus hombros y su espalda ante el movimiento.

—Hey…

—No me funciona el ejercicio de respiración. – le dijo con sus enormes ojos de pestañas rizadas totalmente húmedos y a punto de lagrimear. —Lo siento… Estoy muy nervioso. – le informó, intentando tragarse sus ganas de llorar.

La imagen de Bill le partió el corazón. Su voz sonaba tan pequeña, tan asustado. Quería abrazarlo y protegerlo por siempre.

En otra ocasión, posiblemente el menor hubiese evitado todo lo posible que alguien lo viese vestido de esa forma, y es que se notaba un poco su delgadez, pero en esos momentos el nervosismo era insoportable, sentía que iba a colapsar y por alguna razón su lagrimar tenía la producción de lágrimas a toda marcha.

Necesitaba a alguien a su lado. No podía sólo.

—Está bien. – le sonrió cálidamente acercándose. —Estoy aquí si me necesitas. – le aseguró, tomando su mano que temblaba levemente.

—Mañana quieren poner un tubo en mi garganta. El doctor dice que no la dañará, pero ¿Y si la daña? – dijo atropelladamente.

—No lo hará, es un tubito realmente fino.

—Y-y también tienen que tomar mi sangre y yo-yo le tengo miedo a las agujas y… – Bill empezó a sollozar para calmar sus lágrimas y Bushido rápidamente lo abrazó.

— Solo tienes que cerrar los ojos y todo pasará rápido. – le aseguró, acariciando sus largos cabellos y sintiendo a Bill tranquilizarse entre sus brazos.

—No te vayas, por favor. – pidió tan bajito que fue casi como un hilo de voz que acarició el oído de Bushido.

—No lo haré. – le aseguró y besó su frente, estrechándolo en sus brazos.

Continúa…

Gracias por leer.

Publico y rescato para el fandom TH

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