Backstage 8

«Backstage» Fic TWC de LadyScriptois

Capítulo 8

Aproximadamente, cuarto mes de las vacaciones de Tokio Hotel.

Bill despertó a las siete de la mañana por el sonido insistente se su celular.

En su somnolencia pensó que el ruido era producido por la primera de seis alarmas que le recordaban comer, pero frunció el ceño al ver el reloj de cabecera que indicaba que aún faltaba una hora para su desayuno. Despertando un poco más, identificó el sonido como el de su celular al recibir una llamada.

—Hola. – contestó a medio dormirse nuevamente.

La luz de su enorme habitación estaba apagada, la temperatura era fría, pero su enorme cobertor lo abrigaba cómodamente, por lo que bostezó como un felino sin ser totalmente consiente que al otro lado lo escuchaban.

—Despierta, gatito. Tenemos mucho que hacer. – dijeron divertido al otro lado de la línea.

—Bu… – dijo Bill con tono de reconocimiento y casi suplicante.

—Se contactaron con nosotros. – y allí el de largos cabellos negros despertó totalmente.

Bushido escuchó una batalla de lo que parecía ser Bill y las sábanas, mientras el menor se sentaba en la cama con ahora toda su atención y sentidos en la llamada.

— ¿Qué dijeron? ¿Aprobaron la canción? – preguntó inmediatamente.

—Están encantados. No tiene alguna corrección ni sugerencia. Están ansiosos porque terminemos, de ser posible antes del plazo estimado. Así que, apenas puedas, ven para el estudio. Ya estoy aquí.

— ¿No se supone que deberías estar en una sesión de fotos? – cuestionó, recordando que Bushido ayer le comentó que posiblemente lo matarían por presentarse con ojeras al photoshoot de su nuevo álbum.

—Le comenté a Blass que terminamos la letra en la madrugada y fue considerado. Luzco horrible. – Anis escuchó reír a Bill y esa extraña sensación que siempre sentía junto al menor, lo invadió nuevamente.

—Por favor, busca una bolsa de papel y colócala en tu cabeza para cuando llegue. – pidió divertido.

—Lo tendré en cuenta. Entonces, te espero.

Bill colgó la llamada y sonrió ante la noticia que le dio Bushido. Él había tenido tanto temor de que no les gustara lo que habían trabajado. Se sentía tan inseguro de todo lo que hacía, pero no fue así y realmente esperaba que pudieran finalizar lo pedido con éxito.

Luego recordó: la melodía. No había llamado a David, aunque su manager posiblemente lo llamaría dentro de algunas horas, pero tal vez podría hablar con Bushido para que reconsideraran la idea.

Salió de la cama y se dirigió inmediatamente a la ducha.

Al salir, evitó mirarse al espejo y enfocó su vista en sus pertenencias, buscando una secadora para peinar su cabellera recientemente lavada. Entre sus cosas estaban esas cremas corporales que hace mucho tiempo no utilizaba y que por alguna razón empacó.

Un poco indeciso, decidió tomar una loción fragante y volcó una pequeña cantidad en la palma de su mano.

Antes de todo aquello, solía ser muy cuidadoso con todo él y su apariencia. Aunque lo seguía haciendo, era más en forma de disfraz para que no notaran lo mal que estaba. Sin embargo, esta vez lo hizo porque le nació hacerlo y una divertida sonrisa se dibujó en su rostro al hidratar su piel.

Una vez, alguien le dijo: “Al iniciar tu día, haz algo que te haga sentir bien y el resto del día será maravilloso.” Y Bill deseó que fuese así.

Aprovechando su buen humor, se tomó un poco más de tiempo en decidir que vestir y no pensando en que le haría ver menos delgado, sino en que le hacía sentir bien. Alisó sus cabellos largos, le otorgó un poco de volumen y optó por un maquillaje suave.

Terminaba de colocar sus pulseras y anillos cuando su celular sonó. Esta vez sí era la alarma que indicaba la hora de comer y su buen humor desapareció por tener que enfrentarse a eso nuevamente y esta vez solo.

Pensó que otro cambio al horario por ese día no sería tan malo.

&

Bushido colgó el celular cuando escuchó a Bill entrar. Hace varios días que le había entregado una copia de las llaves del lugar.

—Disculpa la tardanza, pero te traje café. – anunció sonriendo y Anis también lo hizo mientras se dirigía al recién llegado.

El rapero detalló a Bill un poco, se veía sonriente y tenía un aura que irradiaba buen humor. También notó que su estilo ese día era más natural: unos jeans azul oscuro, un sweater tejido blanco y holgado que recogía en sus brazos y unas zapatillas vans en café claro. Su largo cabello negro se balanceaba y parecía dulcemente adorable; no ese adorable de ternura, si no ese que hace que no puedas dejar de observarlo, que desata sensaciones en tu vientre. Se veía hermoso.

—Gracias, realmente lo necesito. – dijo casi atropelladamente, saliendo de su trance y dirigiéndose hacia el menor y, por las mejillas sonrojadas de Bill, supo que el menor notó que lo observó fijamente.

—También traje algo para desayunar. – informó rápidamente Bill.

Bushido frunció el ceño y observó su reloj de muñequera. Ocho y media. Bill hace hora y media que debió haber comido.

— ¿Tú ya desayunaste? – le preguntó ceñudo.

— No ¿Y tú? – Anis reconoció un poco de timidez y esperanza en la mirada de Bill, quien mordió rápidamente su labio inferior ante el gesto de Anis y su voz firma.

—Tampoco. – murmuró luego de observar a Bill fijamente, buscando un rastro de culpabilidad, luego le sonrió: el menor simplemente no quería comer solo. — Desayunemos juntos. ¿Qué trajiste? – revisó las bolsas y por el rabillo del ojo pudo ver a Bill más sonriente.

—Fui a ese lugar vegano que me recomendaste. Se puede comprar desde el auto. – explicó emocionado. — Las porciones son un poco grandes, pero creo que puedo dividir lo mío en dos porciones. – pensó en voz alta. —También compre té, dijeron que es la especialidad de la casa. Viene endulzado con miel y eso me llamó la atención. – decía mientras sacaba las cosas. — Y por supuesto, esos muffins de banana para más tarde.

—Se ve delicioso. – aseguró, mostrándose complacido ante el gesto de Bill, lo que provocó que el menor ampliara su sonrisa. — Y… No es que quiera ser entrometido o algo, pero creo que esta no es tu hora de desayuno.

—Eso… – Bill hizo ese gesto que Anis consideraba adorable: jugar con sus dedos, poner tras su oreja un mechón de cabello y luego morder rápidamente su labio inferior. —Ayer llegué al apartamento casi a las cuatro de la madrugada y me dio… me dio un poco de hambre. – Anis realmente sonrió. —Comí un poco quedando satisfecho y decidí rodar un tantito la hora del desayuno. – explicó un poco avergonzado. —Te prometo que es solo por hoy. – aseguró, mirándole suplicante con sus adorables ojos miel.

—No te preocupes, pero comamos ahora o me desmayaré. – pidió en una mentira.

Anis no tenía mucha hambre, pero Bill tenía que volver a comer a las diez y, posiblemente, si se hacía más tarde no querría comer a esa hora.

El menor sonrió asintiendo y cuando el rapero empezó a servir todo para desayunar él se dispuso a sacar un pequeño organizador de pastillas que tenía en su bolsa y tomó las que le correspondía.

Para Bill, todo ese protocolo que hacía a diario era un poco tedioso, pero tenía que hacerlo, estaba comprometido en hacerlo.

&

Bill se encontraba de pie con una tablet en la mano, observando el informe adjunto a la letra de la canción aprobada. Anis decidió hablar.

—Hablé con Jost antes que llegaras. – Bill le miró interrogante. —Universal le informó lo de la canción y quería hablar con nosotros. Tú no respondías y pensó que estabas conmigo. – el pelinegro dejó de lado el dispositivo y prestó toda su atención al mayor. —Puso en disposición a la banda. Al parecer ya sospechaba nuestra situación.

Bill tuvo que apoyarse en una mesa cercana ante la noticia. Se sentó en el borde y sus manos se aferraron a sus brazos cuando decidió cruzarlos en su pecho, intentando controlar esa sensación que crecía y crecía.

Tal vez lo que le dijeron no era cierto, y se sintió ridículo al haber perdido tanto tiempo en lograr sentirse bien cuando el resto de su día seguiría siendo una mierda.

—Casualmente los chicos quieren venir a Berlín, ya que Gustav quiere comprar una batería nueva y están dispuestos a ayudarnos. Quieren viajar mañana, llegarían aquí a la hora del mediodía. Sería bueno que le marcaras a alguno de ellos para que se vean y entre otras cosas ponerse de acuerdo para que trabajemos.

—Vienen ma-mañana ¿Dijiste? – Bill estaba tenso, casi parecía estar forzando a no derrumbarse. Anis lo notó.

Él aun no podía ver a Tom, no estaba listo. Aún seguía estando mal para su hermano. No, no podía. Y lo más importante: Tom aun no podía verlo a él, no hasta que dejara de estar mal.

— ¿Estás bien? – preguntó, acercándose.

—Sí, no. Yo-no. Es decir, To-Tom ¿Él viene? – cuestionó con voz temblorosa. Las palabras no querían salir, el miedo las tenía prisioneras en su garganta.

—No. – informó Anis.

Bill cerró los ojos y suspiró un poco aliviado, pero eso no ayudó a su estado. El saber que posiblemente tendría que ver a su hermano en pocas horas había sido muy impactante para él; y su mente y estómago ya estaban haciendo una fiesta a su costa.

—Está en España y no saben cuándo volverá. Solo vendrán Gustav y Georg a ayudarnos. – no recibió respuesta. Bill solo estaba allí, luciendo un poco aturdido. — ¿Bill?

—Tengo náuseas. Eso es todo. – le cortó.

Bill abrió sus ojos enfocándose en Bushido y se sintió examinado cuando este se acercó a él. Los cerró nuevamente con fuerza. Las palabras de Tom se estaban formando en su mente y no quería que el rapero las viera, que las escuchara. Eso no.

Anis acarició un poco temeroso el cabello de Bill y el menor apoyó su frente en el hombro contrario casi temblando.

El menor de los Kaulitz veía los ojos de Tom en su mente, escuchaba sus palabras, sentía lo que sintió ese día. Era demasiado para él.

—Necesito vomitar. – dijo en un hilo de voz, intentado apartarse de Bushido, quien sostuvo su cintura con fuerza y lo apegó a él.

—No lo necesitas. – le dijo con una firmeza que nunca había empleado con el menor.

—Suéltame. – le pidió, sintiéndose extrañamente nervioso y sintiendo las náuseas de una forma torturantemente intensas.

Su respiración se agitó y de un momento a otro sus uñas se estaban enterrando en los brazos de Bushido, haciendo heridas nuevas y lastimando las que accidentalmente le había hecho el día anterior, mientras intentaba apartarlo.

En su mente: ahí estaba esa noche.

Sus sueños e ilusiones rotos ante una imagen inesperada para él, donde uno de los protagonistas era su gemelo; y luego: pisoteados sus restos por ese ser que tanto amaba. Lo que hizo Tom fue lo correcto. Quien estaba mal era él.

«Soy asqueroso, soy asqueroso, soy asqueroso.»

—Déjame ir. – pidió, removiéndose con insistencia entre los brazos del otro, quien había impuesto un mejor agarre en su cuerpo. Sentía las náuseas cada vez más intensas y estaba seguro que iba a vomitar.

Hans le comentó a Anis que posiblemente Bill podría tener crisis, sin hacer mucho énfasis en que el causante podría ser un factor emocional. Lo que no esperaba el rapero, es que haya sido tan pronto.

—Tranquilízate, sabes que no es necesario que vomites. Sé dueño de tu cuerpo y contrólalo. – le ordenó.

—Anis, por favor.

—Sí estás dispuesto a hacerlo, entonces lo harás aquí. – dijo obligando a Bill que lo mirara y este desvío su mirar.

—Necesi…

—Sabes que no quieres. Tú quieres estar bien, ¿Recuerdas? – Bill cerró nuevamente sus ojos, intentando ahuyentar todo de su mente. —Bill, mírame. – le pidió y este negó. —Bill. – volvió a llamarle y suavizó su agarre al sentir la poca resistencia del menor y limpió las lágrimas que estaban manchando ese rostro de porcelana.

Bill abrió sus ojos avellanas conectándolos con los de Bushido y sus rosados labios temblaron antes de decir algo que nunca había vocalizado.

—Yo–yo soy asqueroso. – dijo en un hilo de voz y el mayor lo abrazó de forma protectora, un poco aturdido por las palabras de Bill.

Anis lo abrazó con fuerza, estaba enojado. Malditamente encabronado. Maldijo a quien se haya atrevido a hacer sentir así a Bill.

—No lo eres. – le dijo sin despegar su mirada de la de Bill. — ¿Quién te ha hecho creer eso? – preguntó acariciando sus mejillas húmedas. —No lo creas, porque es falso. ¿Me entiendes?

Bill se apoyó en el pecho de Bushido, respirando con calma e intentando creer en lo que el otro le dijo.

Anis no podía creerlo. ¿Por qué Bill se sentía así? ¿Qué le había hecho entrar en crisis?

Por un momento se preguntó si la banda tendría algo que ver en eso, pero desechó completamente la idea. Tom era su hermano y miembro de la banda, por lo que estaba más que claro que nunca hubiese permitido que alguien lastimara así a su hermano.

Dejó de darle vueltas al asunto y sólo se concentró en consolar y calmar a Bill en esos minutos donde lloró silenciosamente.

— ¿Estás mejor? – le preguntó, mientras acariciaba suavemente la delgada espalda contraria. Bill asintió contra su pecho y se apartó un poco del mayor, sin devolverle la mirada, avergonzado por haberse quebrado ante él. No lo pudo evitar. —Eres la persona más dulce que conozco. – le confesó. —Y aunque pareces ser alguien frágil, tienes un largo historial de logros que respaldan que eres fuerte. – Bill le miró por un momento. — Con tu edad has cumplido muchos de tus objetivos y eso es porque eres valiente, pero sé que aquí. – señaló su corazón. —Hay más de la pureza e inocencia que puede tener una persona. Así que, por favor, saca esos pensamientos de tu mente, porque te estás haciendo daño. – le pidió.

—Anis.

—No tienes que decirme algo, pero prométeme que dejarás de pensar en eso.

—Disculpa. – ofreció, sintiéndose pequeñito ante Bushido, pero protegido de alguna manera

—Nada de eso. – pidió. —Te dije que siempre estaría para ti. – le aclaró con una sincera sonrisa.

—Gracias. En serio, por todo. – dijo y sintió como el mayor envolvía sus delgadas caderas con sus grandes manos y besaba su frente. Se sonrojó sin poder evitarlo.

Anis amplió su sonrisa ante ese escarlata.

—También eres hermoso. – confesó antes de darse cuenta. — Y especialmente hoy luces realmente precioso. – continuó y luego reparó en lo que estaba diciendo, retirando rápidamente las manos del cuerpo del menor al sentirlo inapropiado. —Mierda, lo siento. – se disculpó sin saber por qué.

—Está-está bien. – dijo, sintiéndose un poco extraño. No incomodo, solo extraño.

«¿Por qué demonios dije eso? De seguro ahora está incómodo.» Pensó miserablemente Anis.

¿Qué sucedía con él? El chico malo, el rapero insaciable, el caballero que volvía locas a las mujeres en el día y que en la noche era la encarnación de los bajos deseos, él hombre de veinticuatro años totalmente seguro en el campo del flirteo, él que no andaba con rodeos. Y ahora, un hombre inseguro que sin darse cuenta quería ser y empezaba a actuar como el protector de un chico; un chico que lo tenía confundido y de cabeza en todos los sentidos.

Entre la preocupación y esa atracción por Bill que parecía aumentar sin control, no sabía dónde iba a parar.

—Necesito un café. – declaró, tomando paso a la cocina, alejándose del cuerpo magnético de Bill — ¿Quieres que te sirva té? – le ofreció al menor.

Y Bill, un poco confundido y sonrojado, lo aceptó.

&

— ¿No has terminado de empacar? – dijo Gustav, cuando un apurado Georg le invitó a pasar a su hogar.

—Sí, sólo no encuentro unas cuerdas de repuesto para el bajo. – dijo el de ojos verdes.

—Apúrate, que nos dejará el avión.

—Las encontré. Vámonos. – anunció el bajista y tomando sus maletas ambos salieron del lugar.

Subieron las maletas de Georg en el auto del baterista y se pusieron en marcha.

—Pensé que Bill nunca haría el proyecto con Bushido. – dijo Gustav sonriendo. Sería interesante ver que salía de esa mezcla.

—Yo también. – concedió, colocándose el cinturón de seguridad. —Jost dice que la canción en buena.

—Es lógico. Bill no permitiría que presentaran cualquier cosa.

Ambos rieron. Bill era una pequeña y caprichosa diva, pero era tierno como un algodón y cariñoso como sólo él podía serlo. Tenía una personalidad llena de ingenuidad que casi le impedía desconfiar de alguien y despertaba un instinto de protección en cualquiera que se le acercara; por lo que, luego de años siendo amigos y estando juntos día y noche, era imposible que los G’s no viesen y quisiesen a Bill como un hermanito pequeño.

—Deberíamos llamar a Tom. ¿No? – propuso Georg.

—Está bien. Creo que tiene que hacer escala en Berlín cuando vuelva de España. Si aún estamos en Berlín podremos reunirnos los cuatro a lo grande. – dijo emocionado internamente el de gafas negras, sin embargo solo sonrió un poco.

— ¡Si, Fiesta! ¡Tokio Hotel tomará Berlín! – dijo exteriorizando su emoción el ojiverde.

—Deja de moverte, sólo llámalo.

&

—Espera. – le solicitó a Anne, quien estaba sobre él a horcadas.

Su celular había sonado dos veces. La primera vez se fijó en que era Georg, pero no le prestó atención y siguió en lo suyo con Anne pensando que apenas pudiera le devolvería la llamada, pero el bajista nunca llamaba dos veces seguidas. Así que, cuando volvió a sonar, concluyó que debía ser importante.

— ¿No puedes llamarle luego? – le suplicó besando el largo cuello de Tom y luego capturando sus labios. El guitarrista le devolvió el beso, mientras estiraba su brazo para alcanzar su celular y Anne elevó y bajó sus caderas para que el trenzado estuviese más dentro de ella, arrancándole un jadeo al otro y provocando un gemido alto en ella.

—Dame un minuto. – le pidió, intentando regular su respiración.

—Pero no te salgas. – condicionó con una ceja arqueada, deseosa, y Tom asintió besándola antes de responder.

Hasta que contestas. – dijo Georg al otro lado de la línea.

—Hola, Georgi. Estoy un poco ocupado. – se disculpó y Anne con picardía se acercó a Tom, besando su clavícula, disfrutando de ese olor a hombre que desprendía de cada partícula del trenzado.

El trenzado se estremeció y apretó el celular para no emitir un sonido que revelara lo que hacía.

Entonces no te quito mucho tiempo. Te llamo para informarte que Gustav y yo estamos a punto de tomar un avión a Berlín. No sabemos por cuanto nos quedaremos, pero cuando regreses llámanos, que si aún estamos allá podemos reunirnos a lo bien. Gustav tiene planeado dominar Berlín en una noche.– Tom escuchó como el baterista le reclamaba algo a Georg y rio.

—Claro que los llamaré. Hace semanas que no nos vemos. Por cierto, ¿Qué harán en Berlín?

Anne le dio una mirada como preguntándole porque tenía que alargar más la conversación, así que la besó rápidamente y le sonrió para que le diera un minuto más. La rubia modelo le sonrió y se balanceó en el regazo del otro y él no la detuvo.

Gustav comprará una batería, sólo porque ahora es famoso y se aburrió de la que compró hace cuatro meses. Ya sabes, tiene la fama en la cabeza.– dijo molestando al rubio. —Y ayudaremos a Bill y a Bushido con su canción.– le informó Georg y el corazón de Tom se paralizó por un momento. Tomó las caderas de Anne para que detuviera sus movimientos que de pronto no eran tan placenteros.

— ¿Bill y Bushido están trabajando juntos? – preguntó con un tono ligeramente frío y casi amargo.

Sí, desde hace dos semana.– respondió Georg un poco extrañado por el tono de Tom.

A duras penas pudo finalizar la conversación con su amigo. Lanzó su celular a algún lugar y Anne, un poco confundía, permitió que Tom cambiara la posición y la dejara debajo de él, tomándola con ganas y fiereza, mientras ella gemía alto.

El mayor cerró sus ojos, intentando controlar su rabia y demás emociones. Necesitaba liberar la extraña adrenalina que sentía y que recorría sus venas casi dolorosamente.

«Bill con Bushido.»

Él no era tonto, y se daba cuenta de que cada vez que el rapero veía a Bill casi se le caía la baba. Estaba seguro de lo que estaba sucediendo o sucedería: Bushido estaría haciendo movimientos con su Bill.

Sólo deseaba, con todo su corazón, que Bill no cayera.

Continúa…

Gracias por leer.

Publico y rescato para el fandom TH

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