INCUBUS 21

Incubus” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 21

¡Bill! —El pelinegro escuchó la familiar voz a sus espaldas y aceleró el paso.

No podía comprender cómo Tom le había engañado… Él se había entregado al trenzado con todo el corazón, le había costado tanto hacerlo, se enfrentó a su moral, a sus temores, a su padre, a su religión, a Dios mismo, por amarle, se había expuesto a las penas más terribles del infierno sólo para poder corresponder sus sentimientos por completo, para entregarle todo su ser y cómo le pagaba… dejando a una mujer embarazada por ahí.

¡Bill! —Volvió a oír el grito.

«¡Rayos!» Pensó el moreno. Corría a todo lo que le daban las piernas y Tom aún estaba siguiéndole. Cruzó sin pensar una calle y escuchó el chillar de unas ruedas y el claxon fuertemente… y luego sintió que voló por los aires. Se quedó absolutamente sin aire.

¡Dios mío, Bill! —dijo fuertemente Tom, en el suelo, con él firmemente atrapado en sus brazos.

¡Auch! —susurró el pelinegro al darse cuenta del duro golpe que se habían dado, su codo dolía horrores, pero no podía llevarse la mano allí, porque estaba envuelto en los brazos del trenzado.

¿Estás bien, cielo? —preguntó rápidamente el mayor, sentándose y ayudando al pelinegro para revisarlo y ver si tenía algún daño profundo.

Mi brazo… —Se quejó el menor y de inmediato Tom sacó un pañuelo de su bolsillo para limpiar la herida sangrante de su codo.

Es sólo un rasguño, te pondrás bien, sólo hay que limpiarlo bien —Tom lo miró fijamente y con un poco de temor reflejado en su rostro le habló de nuevo—. ¿Querías morir?

No… —afirmó el moreno, haciendo un puchero y bajando la mirada—. Lo siento.

Si algo malo te pasa… yo me moriría, Bill… —aseguró el trenzado, completamente sincero, pero el recuerdo de lo oído en el baño sólo momentos antes, salió a flote nuevamente en la mente del pelinegro.

No puedes morir y dejar un hijo sin padre, Tom —Le soltó fríamente mirándolo a los ojos. Tom palideció al oír aquella oración.

¿Qué? —preguntó casi tartamudeando.

Te oí hablando con Luka, tienes a una mujer embarazada, vas a tener un hijo, Tom… —Se puso de pie con dolor en todo su cuerpo, el golpe había sido duro.

No, Bill, espera… —Le sujetó la muñeca y se levantó también.

No, Tom —Gritó—. Me has engañado todo este tiempo diciéndome que me amas.

Pero te amo…

Si me amaras, no embarazarías a otras mujeres, Tom… ¿Cuánto tiempo tiene? —cuestionó con ironía—. Lo hiciste con ella, cuando yo no te dejaba tocarme… —Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Tom acortó las distancias y lo abrazó… él quiso zafarse, pero en realidad dejó de luchar para llorar sobre su hombro y soltar todo su dolor.

No es lo que tú piensas… —susurró en su oído al sentirle estremecerse por los espasmos del llanto.

¿Y qué es entonces? —indagó con dolor—. Dime, Tom, porque esto duele y mucho.

Yo… yo… —El pelinegro vio como todo el cuerpo del trenzado temblaba.

No tienes explicación, ¿verdad?

Si te cuento todo… me odiarás… —Su voz estaba quebrada.

Sólo dime. Esto me está matando —El trenzado pensó que sus palabras eran tan reales y no sólo hablaban de sus sentimientos, sino también de su cuerpo físico.

Vamos… a casa…

Yo… ya no tengo casa… —Su voz rota de dolor.

No te puedo decir la verdad aquí, Bill. Vamos… por favor —Le tendió la mano y el menor la aceptó. Caminaron de regreso al “Sweet Land” Tom dejó a Bill en el auto y él regresó a informar a sus amigos que se hicieran cargo de todo.

El trenzado condujo lentamente al departamento, pensando mentalmente qué decir y cómo decirlo.

Bill por su parte, miraba por la ventanilla, limpiándose a cada momento las lágrimas que bajaban por su rostro sin cesar. No quería que Tom le viera así de débil, sin embargo no podía hacer nada para evitarlo, le amaba con locura y el pensar que ahora debía dejarlo para que se hiciera cargo de su hijo era… aterrador. Pensar que ahora, que conoció el amor, debía dejarlo y abrazar a la soledad, le hacía sentir miserable.

Caminó tras Bill, al verle salir corriendo del auto en dirección al departamento. Mil pensamientos rondaban en la cabeza de Tom, no tenía claro aún cómo poder contarle la verdad a su preciado pelinegro. Al llegar a la puerta, tomó una gran bocanada de aire y entró dispuesto a enfrentar de una vez por todas, esta situación. Con la única intención de salvar la vida de Bill.

Estoy aquí —anunció el moreno con un tono de exasperación en la voz.

Bill… yo… —Comenzó despacio.

No trates de inventar ninguna excusa, Tom, quiero sólo la verdad, aunque me destruya por dentro —pidió, quitándose con violencia una lágrima negra.

No inventaré nada. No te lo mereces —explicó el trenzado, atragantándose con las palabras.

¡Claro que no lo merezco, Tom! —Gruñó, terminando de enfurecerse—. Me has engañado todo este tiempo. Desde cuando está embarazada esa mujer.

No es una mujer.

¡¿Qué?!

Es algo complicado…

¡Habla!

Soy de una raza diferente.

¿No eres europeo?

Es más confuso que eso —dijo defendiéndose.

Continua.

Mi raza tiene la característica de embarazar a cualquier persona: hombre o mujer —relató Tom, terminando la frase casi sin respirar.

Estás completamente loco.

No miento, lo juro.

¿Qué raza es esa, Tom?

Soy un Incubus —Soltó y el tiempo se detuvo.

El pelinegro dejó de parpadear y contuvo la respiración. Había ido a la iglesia lo suficiente para saber el significado de esa palabra.

¿Eres un demonio sexual? —preguntó con la voz apenas audible.

Lo soy o más bien era, porque te amo y no lo he hecho más —Trató de excusarse el trenzado, tomándose la cabeza con ambas manos, desesperado.

Eso quiere decir que mis sueños contigo… no eran sueños —El moreno sentía como las cálidas lágrimas, corrían escandalosas por sus mejillas.

Nunca fueron sueños.

¡Me violaste! —Gritó histérico. Tom corrió a su lado.

¡No! Yo te amo, Bill —Le apresó los brazos, pero el moreno se agitaba en su agarre.

Y ahora… mi dolor estomacal.

Es nuestro hijo.

¿Es un demonio? —preguntó temeroso de la respuesta.

En parte sí —Bill salió de su estupor.

Corrió hacia la cocina, tomando un cuchillo afilado y le encajó con fuerza en su vientre.

Jamás traeré un demonio al mundo —dijo suavemente mientras un hilillo de sangre bajaba por sus labios. Tom lo abrazó y lloró desesperado.

¿Por qué, Bill? Yo te amo.

Me usaste, Tom, y yo… yo te amaba tanto —Cerró los ojos con lentitud y el corazón del trenzado se rompió en mil pedazos.

Un claxon le sacó a ambos de sus pensamientos, aún faltaba un poco para llegar, pero si Tom no ponía atención a la carretera, corrían el riesgo de sufrir un accidente, así que prefirió ahorrarse las posibles teorías y enfocarse en el camino.

&

Al llegar, Bill no pareció darse cuenta hasta que el mismo Tom le abrió la puerta y le tendió la mano, ayudándole. El pelinegro tenía los ojos rojos y la mirada perdida.

Vamos, Bill —Le dijo suavemente el trenzado y sin soltarle la mano le llevó hasta el departamento. Al entrar, el moreno se fue a la sala y se sentó cerca del balcón… esperando.

Cuéntamelo todo, Tom —exigió lo más sereno que pudo, mientras Tom se sentaba frente a él con los ojos húmedos y una expresión de terror en su rostro.

Bien… Yo, yo no soy de aquí —comenzó lentamente, Bill le miró y asintió—. Soy de otra raza, una muy rara —Prosiguió, el pelinegro asentía pensando que provenía de algún otro país o algo así—. Los que son como yo tienen una característica especial —agregó, sin dejar de mirarle a los ojos—. Cuando tenemos relaciones, embarazamos a nuestra pareja.

¿Me estás tomando el pelo, Tom? Eso ya lo sé —murmuró un poco molesto el chico.

Es aquí donde viene lo diferente, Bill… yo puedo embarazar a una mujer, pero también a un hombre —El pelinegro se puso de pie molesto y salió hacia su habitación. Tom corrió tras él—. ¿Qué pasa, no me crees?

No soy idiota, Tom…

No, Bill, no lo eres, pero es la verdad.

¿Me estás diciendo que embarazaste a un hombre?

No a cualquier hombre… al hombre de mi vida —Estiró la mano y rozó su mejilla—. Tú estás embarazado… de mí —El pelinegro sitió una náusea y corrió al baño a vomitar.

¡Oh, Dios mío! —dijo el moreno lavándose la boca.

¿Te sientes bien? —preguntó preocupado el trenzado.

Creo que estás loco, Tom —susurró el pelinegro—. Además, sólo nos hemos acostado anoche. Y, suponiendo que te creo ¿Cómo podría quedar embarazado de una sola vez? —cuestionó, tratando de calmar la extraña sensación en su estómago que había vuelto a aparecer.

Es por mi raza, es todo.

¿Y qué raza es esa? —Insistió el moreno, pero Tom le abrazó tiernamente.

Eso no importa realmente. El problema es que creo que el bebé te hará daño, amor, y no quiero que nada malo te vaya a suceder —Le besó la mejilla y el pelinegro se entregó al cálido contacto—. Estuve hablando con Luka que es de mi pueblo.

Por eso dijo que te conocía… —Recordó el pelinegro.

Sí, él me aconsejó que lo mejor sería practicarte un aborto —Bill se soltó del abrazo y le miró horrorizado.

¡No! Jamás me haría un aborto. ¡No! —Movió frenéticamente la cabeza, negando y Tom lo volvió a abrazar—. Aun, si todo esto fuera real, no me haría un aborto.

Pero te hará daño, amor… no quiero que nada malo te pase. Si algo malo te ocurre, yo… —Las lágrimas brotaron descontroladas.

¿Por qué, Tom? ¿Qué podría pasar?

Podrías morir… —Su llanto fue sofocado por un beso del moreno. Se abrazaron fuertemente y se acariciaron con dulzura.

No te preocupes, Tomi —Le miró con tranquilidad—. No moriré, sé que parezco debilucho, pero tendré a este bebé y estaré bien.

Las entrañas de Tom se apretaron, por una parte se sintió orgulloso de su pareja por afrontar el “raro” embarazo y por otro le aterrorizaba la idea de que algo malo le ocurriera a su hermoso pelinegro por no realizarse un aborto a tiempo.

Necesito ir a ver a mi padre, Tom —demandó el moreno de pronto. El trenzado se alteró.

¿Te llevo?

Sí, pero hablaré con él a solas.

Claro.

&

Tom condujo con tranquilidad hacia el otro lado de la ciudad, donde Jorg les esperaba con impaciencia. Necesitaba aclarar varias cosas con su hijo antes de que cometiera una tontería.

El pelinegro por su parte, necesitaba el consejo de su padre, su aprobación; tanto como padre, como obispo. Y Tom sólo manejaba apretando el volante, aún un poco temeroso de la reacción tan simple que tuvo su pareja. Llegó a pensar que aprovecharía el estar bajo el techo de Jorg para buscar protección y alejarse para siempre de él.

Tom se quedó bastante tiempo en el auto esperando por Bill, temeroso y aguantando unas ganas enormes de entrar en la casa y exigir que le devolvieran al pelinegro, pero luego recapacitaba.

«Unos minutos más» Se decía así mismo para darse ánimo y volvía a respirar pesadamente, contando de uno a diez y de regreso, de diez a uno.

En el interior de la casa, Bill se bebía un refresco preparado por su madre, mientras su padre llegaba con unos libros religiosos antiguos a la sala.

Querida, ¿Nos permites? —pidió a la mujer, quien con una sonrisa, se retiró.

Bien, Bill, debemos hablar seriamente.

Lo sé padre. Déjame empezar, por favor —El hombre asintió—. Siempre he honrado la religión, amo a Dios y he guardado todos los mandamientos que he podido, pero debo decirte algo grave.

Te has enamorado de Tom —Continuó Jorg, notando la inseguridad de su hijo.

¿Co-cómo lo sabes? —preguntó, sonrojándose rápidamente.

Me di cuenta cuando te visité. Pero dime… ¿Estás seguro?

Completamente… y es por eso, que necesito que me perdones… siempre pensaste que era gay porque me maquillaba y eso. Bueno, al final sí te decepcioné —El pelinegro parecía hundirse en el sofá, sus hombros temblaban ligeramente y Jorg pensó que de un momento a otro su hijo estallaría en llanto.

Tranquilo, Bill… no me has fallado, ni a mí ni a Dios. Esta es una clase de amor diferente, es todo —Lo calmó tanto como pudo.

Pero padre… soy homosexual. Eso es terrible —Se cubrió el rostro con las manos, totalmente avergonzado.

El hombre se sintió miserable, su hijo estaba así de mal por causa de su tan estricta enseñanza, debió enseñarle más sobre el perdón que sobre el castigo, se reprochaba a sí mismo.

¿Bill, has tenido relaciones con Tom? —El chico no descubrió su rostro por vergüenza y asintió—. Dime hijo ¿Te maltrató? ¿Te hizo daño?

¡No! —respondió apresuradamente el pelinegro enfrentando la mirada de su padre—. No, Tom me ama y siempre cuida de mí, no me dañó, al contrario, fue muy tierno conmigo.

Bien, eso confirma mis sospechas —agregó, sonando realmente aliviado.

¿Qué sospechas?

Cuando le vi, supe que estaba enamorado de ti, pero me preocupaba que sólo quisiera sexo —comentó un poco molesto al pensar en el Incubus.

No es eso, padre, él ha estado conmigo desde que apareció en el “Sweet Land”.

Cuéntame sobre eso.

Él apareció un día como cliente y yo quedé completamente idiotizado por tanta belleza, pero ya me conoces, no dije absolutamente nada —Comenzó con su relato. —. Luego llegó a tomar un café y tuvimos problemas con los cocineros y él me ayudó a atender, incluso se puso a trabajar conmigo, cuando tú mismo viste que no necesita, y nunca ha necesitado dinero. Tom nunca me ha abandonado y aunque él me había declarado sus sentimientos, yo siempre me escapaba, hasta que ya no pude negar más mis propios sentimientos por él, porque me daba cuenta de que el que más sufría era él —Le contó el moreno a su padre mientras éste le oía atentamente comprobando la versión que le diera Luka, días antes.

Bill… tienes cara de qué hay algo más… —opinó su padre… buscando.

Hay algo más, padre, algo realmente extraño, tal vez sea un castigo de Dios por esto que estoy haciendo —dijo el pelinegro nuevamente angustiado y por fin revelando sus miedos.

¿Qué es, hijo? —Bill pareció dudar, una cosa era que él lo hubiera aceptado, ahora mismo se maldecía por no haber hecho más preguntas al respecto, no tenía idea de cómo lo tomaría su padre.

Estoy embarazado —explicó suavemente, sin dejar de mirar a su padre, y la tan temida reacción nunca llegó, así como la bofetada que creía que merecía.

Oh… —susurró, sin apenas parpadear.

El hombre estaba asombrado, finalmente le habían hablado a su hijo con la verdad y aun así él se veía sereno, y más preocupado por su amenaza como religioso, que por el verdadero peligro.

¿No vas a decir nada? —preguntó, parándose y caminando hacia su progenitor.

Es raro… eres hombre —comentó, mostrando lo que su hijo esperaba.

Claro, es por algo que me dijo Tomi, él es de una raza diferente —explicó con la mirada extrañada, su padre lo notó y preguntó.

¿Qué raza es esa?

No lo sé, estaba tan extrañado con lo del embarazo que no pregunté —Jorg dio un suspiro, prefirió dejarlo así, tenía los libros allí mismo en la mesilla, pero si abría la caja de Pandora, el que más sufriría sería… su hijo.

¿Qué te dijo sobre el embarazo? ¿Es peligroso? —Eso era lo que realmente le importaba al obispo.

Sí… —contestó en un susurro—. Tom dijo que debía abortar, porque podría morir —Alzó la mirada suplicante a su padre—. No puedo, papá… jamás abortaría. A pesar de lo raro que suene, es el fruto del amor —Suspiró nuevamente—. No me importaría morir si el bebé se salva.

Bill, si tú mueres el bebé no podría sobrevivir sin ti —agregó el reverendo, recordando las palabras de Luka.

No padre, Tom lo cuidará, sería un padre excelente.

Pero si tú mueres, muchos sufriremos y Tom quedará desolado —Él lo sabía, lo había visto en Luka cuando Elizabeth murió. Vio su transformación y le costó mucho sacarlo de ese estado, fue un verdadero milagro que volviera a razonar.

Oraré mucho, padre, tal vez Dios se apiade de mí y me perdone y mi bebé pueda nacer —Jorg se compadeció de su hijo y le abrazó.

Yo oraré también hijo, es tu decisión y yo la respetaré, sólo quiero que estés feliz.

La madre entró a la sala con el delantal puesto y les sonrió al encontrarlos en esa posición tan poco común entre ellos.

Tengo lista la comida. ¿Almuerzas con nosotros?

No sé… Tom está afuera —dijo dudando, un tanto avergonzado.

Llámalo —Le pidió su padre—. Debemos contarle a tu madre la noticia —Bill se sonrojó y asintió saliendo por la puerta y caminado lentamente hacia el elegante vehículo.

¡Tom! —llamó fuerte para asustar a su novio que estaba perdido en sus pensamientos.

¡Ah! Me asustaste.

Jajaja ¿Quieres que almorcemos con mi familia? —El trenzado analizó la situación, su amado se veía tranquilo y además, había reído.

Claro —Se bajó del auto y puso la alarma. Le tomó la mano y caminaron hacia la casa—. ¿Bill? —Le dijo en la puerta—. Te amo.

Y yo a ti.

& Continuará &

Bill decidió NO abortar, aunque eso le cueste la vida. Pero ¿Acabará todo en un final feliz? ¿Podrá Tom soportar el trastorno que su hijo le causará a Bill? Y la mejor de las preguntas… ¿Seguirá ahí el bebé? ¿O aquella vez en el baño fue su final? No se pierdan la continuación. Y tampoco dejes de comentar. Muchos cariños.

Escritora del fandom

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