INCUBUS 3

INCUBUS”

Capítulo 3

& Anteriormente &

Quiero ayudarte… es más… quiero trabajar aquí —dijo completamente seguro.

Yo… yo… claro… necesitamos un ayudante —Sonrió sin poder evitarlo y nuevamente sus miradas se conectaron, haciendo que sus corazones latieran de prisa. ¿Qué significaba esto?

¿De verdad? Vaya que fue fácil… no que era tan difícil conseguir empleo —Bromeó Tom para molestar al moreno.

Si no quieres, no hay problema —Arrugó el ceño.

Claro que quiero, tontito —Le apretó la mejilla.

¡Auch! No soy un crío, Tom —Se quejó quitándole la mano y quedándose con ella.

Pero luces muy pequeño, ¿qué edad tienes, Bill? —Le preguntó el trenzado.

¿Cómo sabes mi nombre? —El demonio se sonrojó, y luego recordó la noche anterior.

Está escrito en tu uniforme, pequeño —Le volvió a molestar. Bill miró su camisa y claro, ahí estaba bordado su nombre.

No soy pequeño, tengo 20 años —Se defendió.

Chicos, no hay tiempo para jugar —Gritó Georg desde la cocina—. Tengo listos dos pedidos.

Yo voy —Se ofreció el pelinegro.

Yo tomo el otro —Secundó el trenzado.

&

Estuvieron todo el día así, trabajando juntos, hablando cada vez que tenían la oportunidad y sonriéndose a escondidas. Cada uno de ellos rememoraba en sus pensamientos lo que habían hecho y sentido la noche anterior, Tom disfrutando de sus poderes demoníacos y Bill pensando que había sido el mejor sueño húmedo que había tenido en siglos. Cuando ya iban a cerrar, el trenzado decidió que era su turno de hablar.

¿Bill?

¿Mmm? —Giró para mirarle y añadió de inmediato—. Gracias, Tom, por todo lo que has hecho en este día —habló el pelinegro, sin siquiera respirar.

No es eso… Bill… ¿qué harás ahora? —preguntó haciendo que el moreno se quedara estático de repente.

Yo… ¿por qué? —cuestionó de vuelta, sintiendo como el color subía por sus mejillas.

Porque hemos trabajado todo el día y no has comido más que dulces… me preguntaba… ¿si quisieras comer algo real, conmigo? —susurró, acercándose peligrosamente al moreno, quien instintivamente retrocedió un paso.

Nosotros… ¿Los dos? ¿So-so-solos? —Tartamudeó, completamente nervioso.

Claro que los dos. Georg y Gustav ya se fueron, sólo estamos nosotros… solos —Le guiñó un ojo y las llaves de Bill cayeron al suelo—. Déjame —Se agacharon al mismo tiempo y se rozaron las manos al intentar recogerlas.

Acepto —respondió Bill, al estar de frente al trenzado.

Perfecto —Le tendió la mano para que se levantara y terminaron de cerrar el local.

¿Tom? Has estado todo el día aquí y no has usado tu celular, ¿no te extrañarán en casa? —preguntó, en realidad quería saber si había alguna novia esperándole.

No te preocupes por mí, tengo 21, vivo solo y soy muy feliz —Le volvió a guiñar un ojo, sólo para provocar más los nervios del pelinegro.

Oh, ya veo…

Y tú, pequeño, ¿vives solo? ¿Hay alguna novia en tu vida? —El negó con su cabeza—. ¿Novio tal vez?

¿Por qué la pregunta? —Se sintió de pronto intimidado, le gustaba Tom, pero por su religión, sabía que no podría siquiera intentar algo con él, por muy guapo que fuera.

Porque un chico tan atractivo como tú debe tener toda clase de pretendientes, tanto hombres como mujeres —Le vio esquivar la mirada.

No es tan fácil como crees —Cortó Bill.

¿A no? —Insistió el demonio, debía enterarse cómo un chico tan guapo estaba tan condenadamente virgen.

Es por mi padre —Tom le abrió la puerta de su auto y le dejó entrar para cerrar él mismo, como todo un caballero.

¿Qué tiene tu padre? —preguntó al sentarse junto a él, en el vehículo.

Es obispo en nuestra religión —contestó seriamente, esperando el comentario sarcástico.

Oh… eso explica muchas cosas —Encendió el auto y manejó hasta su departamento. Siguieron en silencio, hasta que llegaron.

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¿Dónde estamos? —indagó el pelinegro, al darse cuenta de que se habían detenido.

En mi casa, ven, es bonita —Otra vez le abrió la puerta y lo guió hasta el ascensor. Marcó el 7 y entraron al departamento.

Es enorme —dijo Bill paseándose por toda la sala—. Wow…

¿Quieres una cerveza?

No bebo, Tom, ¿tienes soda?

Claro —Tom abrió su refrigerador y sólo chasqueó los dedos y apareció lo que deseaba—. Toma, pequeño —Le dio su bebida.

Gracias.

¿Qué quieres comer? ¿Pizza? ¿Comida china? ¿Tailandesa? ¿Mexicana?

Cualquier cosa está bien —comentó un poco inseguro el moreno.

Pizza entonces… —Tomó su teléfono y la ordenó.

Dime la verdad, Tom… tú no necesitas trabajar, ¿cierto? —Interrogó el pelinegro bebiendo de su vaso. El trenzado se sentó a su lado y le sonrió.

No, no lo necesito, pero me gusta, me aburro cuando no tengo nada que hacer y hoy te veías realmente atareado, a propósito, ¿qué sucedió?

Nuestros cocineros se fueron de viaje y me avisaron recién esta mañana, Gustav y Georg, que también son buenos en la cocina, decidieron ocuparse de ella, pero eso me dejó solo al frente de la cafetería y bueno así estaba cuando llegaste —explicó soltando un suspiro—. Y gracias a tus encantos, hoy aumentamos nuestras ventas —agregó sin pensar y al darse cuenta, ya estaba completamente rojo.

Eres adorable cuando te sonrojas —Le dijo también sin filtrar la información, sonrojándose él también.

Ya basta, Tom —Sonrió el moreno.

¿Pongo música? —Bill asintió y se relajó un poco.

A los 10 minutos llegó la pizza y se instalaron a comer.

Así que tus padres son abogados… —Continuó la charla Bill.

Podríamos decir que son abogados del diablo jejeje —Rió irónicamente el trenzado.

¿Y tú qué haces, Tom?

Trabajo en una cafetería desde hoy —Le sonrió coquetamente.

En serio, Tom… —Le pidió el pelinegro.

Les ayudo con algunos casos, nada importante… soy más de… disfrutar la vida y los placeres que ella brinda, como el cenar con alguien tan agradable como tú.

Gracias, Tom… —El aludido recordó cuando la noche anterior el moreno le dijo las mismas palabras después de llegar al orgasmo y sintió mariposas en su bajo vientre.

Nada de gracias, más vale que te valores, eres increíble, Bill —Le acarició la mejilla.

Será mejor que me vaya, mañana será un día largo —susurró al sentir como la mano de Tom, bajaba hasta sus labios.

Te iré a dejar.

Puedo tomar un taxi —Se defendió.

Claro que no, desde hoy tienes chofer particular. Te iré a dejar y mañana pasaré por ti —Aclaró el trenzado poniéndose de pie y ayudando a Bill a levantarse.

Estás loco… —Sonrió, pero no dijo nada, a él le servía cualquier ayuda que Tom quisiera brindarle, además que tan hermosa compañía jamás sería una carga para él—. Acepto, aunque creo que el ofrecimiento sólo te durará un par de días.

Con tan buena compañía, sería chofer para siempre.

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A la mañana siguiente, Tom puntualmente se presentó ante la puerta de Bill, con su seductora sonrisa y su tan acostumbrado guiño de ojo, le saludó.

Hola, pequeño, ¿listo para una nueva aventura?

Claro, galán —respondió siguiéndole el juego y bajaron bromeando hasta el vehículo.

Llegaron al local, lo abrieron y comenzaron a poner orden, hasta que se les unieron Gustav y Georg, que traían unas oscuras ojeras.

Vaya nochecita, ¿eh? —Los chicos sólo sonrieron cómplices.

Tom podía oler sexo en cualquiera de sus formas, por eso el aroma de Bill le encantaba, siempre protegiéndose, cuidando de no levantar las pasiones, y sin embargo, le había demostrado con creces que era una bestia en la cama, completamente apasionado y entregado, aunque sólo lo había hecho embriagado por el poder demoníaco del Incubus, esa espina clavaba en la cabeza de Tom y de una manera extraña… le afligía… quería ser el causante del placer de Bill sin poderes ocultos que nublaran la mente del pelinegro, quería sentirlo libremente y para ello… lo conquistaría.

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Pasó una semana y el hambre de sexo del Incubus se desató… su sentido del olfato estaba más despierto que nunca esa mañana, apenas salió de su departamento los aromas del ambiente le decían que era su hora de salir a cazar.

Llegó puntual al departamento de Bill y apenas éste abrió su puerta Tom tuvo que dar un paso atrás.

Dios Bill —Se sintió abrumado por el aroma descomunal del moreno.

¡¿Qué?! —Se asustó el pelinegro—. ¿Me veo mal?

No es eso… hoy hueles diferente —Las sensitivas fosas nasales de Tom le decían que pese a que Bill ya no era virgen, su cuerpo estaba inmaculado y deseaba ser profanado nuevamente.

El demonio no pudo evitar lanzarse sobre el pelinegro en un abrazo fuerte y posesivo. Bill que anhelaba más contacto con Tom correspondió el abrazo con la misma intensidad.

¿Tomi? ¿Estás bien? —preguntó de pronto preocupado por la extraña actitud de su amor platónico.

Yo… sólo necesitaba hacer esto —Se soltó de Bill y le sonrió—. ¿Nos vamos? —El otro asintió.

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Durante todo el día, Tom estuvo distraído, sentía el aroma de las chicas vírgenes y ahora también podía distinguir el aroma virginal de los hombres, ¿cómo era posible? A él no le gustaban los tíos… aunque su mente le repetía sin cesar que Bill era hombre y que lo había pasado fantástico con él gimiendo bajo su cuerpo.

Sacudía la cabeza cada vez que lo recordaba, ya que el hacerlo, le producía mariposas y ganas de repetir la hazaña. Pero él no repetía… varias veces su mente le recordaba que la virgen sólo era virgen una vez… Bill ya fue profanado.

Pero huele exquisito —dijo en un susurro.

¿Quién? —Le preguntó la maravillosa voz cantarina a su lado. Giró y vio esos hermosos ojos chocolate mirarle con curiosidad.

Tú… —respondió, acariciando su mejilla—. Tú hueles riquísimo.

No Tomi… son los dulces los que huelen tan bien —susurró tímidamente, alejándose con una sonrisa y una bandeja en las manos.

Esta noche, Bill… —murmuró al verle partir—. Esta noche volverás a ser mío.

& Continuará &

¿Lo hará? ¿El Incubus demoníaco caerá con una presa que ya no es virgen? Averígüenlo en el próximo capítulo. Y no olviden comentar. Gracias por leer.

Escritora del fandom

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