INCUBUS 30

Incubus” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 30

Jorg se apresuró a la salida de la Iglesia, quitándose su atuendo eclesiástico para buscar alguna noticia de su hijo. Afuera, se hallaban la mayoría de los invitados con rostros sombríos y miradas preocupadas.

¿Qué ocurre? —preguntó a su esposa, quien al verle, se arrojó a sus brazos y soltó el llanto que llevaba conteniendo desde el inicio de la ceremonia.

Se lo llevaron —respondió entre sollozos.

¿Dónde? —Siguió preguntando el preocupado padre.

No lo sabemos, señor —respondió Gustav al ver, que la mujer no paraba de llorar—. Seguramente a un hospital, pues Bill… él… —Trató de borrar la imagen del pantalón ensangrentado de su amigo—. Creo que perderá al bebé.

¿Por qué dices eso, Gustav? —Jorg apretó los labios, tenía un mal presentimiento, desde aquel sueño extraño con su futura nieta, sabía que algo malo pasaría y se esforzó todo lo que pudo en hacer correctamente la ceremonia y proteger a la pareja con los poderes celestiales, pero a pesar de confiar ciegamente en Dios, temía mucho por la vida de su hijo.

Yo… lo vi señor, su pantalón se manchó de sangre, me temo que tendrá un aborto —terminó con pesar el rubio, recibiendo de inmediato la mano en el hombro de Georg, demostrando el apoyo que necesitaba.

No te preocupes, chico, la raza de Tom es especial, tal vez la bebé pueda sobrevivir —comentó el hombre mayor, rogando al cielo que esas palabras se hicieran realidad.

Pero tiene sólo dos meses, señor —dijo alzando la voz, él no podía creerlo ¿Cuándo se había visto que un bebé naciera a los dos meses de gestación? Nunca.

Sólo tengan fe, chicos. Bill los necesita ahora, más que nunca.

¿Dónde demonios estarán? —Se preguntó el castaño, vocalizando su sentir, los demás le miraron y se preguntaron lo mismo.

Esperemos un tiempo y luego trataremos de ubicar a Tom —Sugirió el padre—. Es lo mejor que podemos hacer en estos momentos. Vamos a mi casa, para que luego todos juntos visitemos a mi hijo —pidió el adulto a todos los que se hallaban allí.

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Mientras en la “clínica” preparada por Jared y Luka, todos estaban conmocionados, nunca habían participado de un parto, excepto Katrina, quien ayudaba a las súcubus a traer a los nuevos demonios al mundo, o más bien, al sub mundo.

¡Ah! —Se oyó el fuerte gritó de Bill, quien cada vez incrementaba más el volumen de sus quejidos, completamente mortificado por las contracciones que su cuerpo de hombre jamás debería sentir.

Calma, amor, aquí estoy —Trataba de relajarlo su esposo, pero todo era completamente en vano, el pelinegro se retorcía de dolor en la cama, mientras el trenzado trataba de quitarle el pantalón empapado de un líquido viscoso y rojo.

¡Me está matando, Tom! —Gritaba el menor apretándose el estómago—. Me quema, me quema. ¡Sácala de mí! Por favor, hazlo —rogó el pequeño completamente afligido.

Tom ya no daba más, su visión se tornaba borrosa con lágrimas que no eran suyas, sentía parte del dolor de su amado dentro de su propio cuerpo, pero lo peor era la amargura que Bill sentía en su alma.

Bill, es nuestra bebé, tranquilo.

Es un demonio, Tom, ella me odia, quiere matarme —Gritaba el pelinegro asustado, con los ojos grandemente abiertos.

Katrina te ayudará y no dirás más esas cosas, amor, Eli te ama, por eso quiso venir a nuestra familia, te ama, tanto como te amo yo —Trataba de consolarlo— ¡Katrina! —Gritó pidiendo ayuda.

La mujer se estaba aseando para librar al moreno de cualquier infección, ya que el parto sería muy complicado, dada la naturaleza del mismo, sobre todo si consideramos que Bill era hombre y su bebé era mitad demonio. Ella se apresuró lo más que pudo y llegó donde los muchachos.

Ya estoy aquí —dijo, haciendo notar su presencia—. Tom ponte en la cabecera de la cama y sostenlo con fuerzas —Mandó la súcubus con autoridad—. Bill, cariño, abre las piernas.

¿Qué? —preguntó sorprendido— ¿No me va a operar o algo?

—“Algo” cariño, tendrás un parto normal —contestó la mujer, con una sonrisa divertida en la cara.

Pero soy hombre ¡Maldita sea! ¡Tengo un maldito pene! —Gritó el moreno presa del dolor y la desesperación.

Lo tienes, no te preocupes, no lo cortaré ni nada parecido, pero recuerdas que estás embarazado siendo varón, tu cuerpo será preparado por la magia Incubus—. Trató de explicar la mujer tranquilamente—. Ahora abre tus piernas.

Me da mucha pena —Se sonrojó fuertemente, pero una nueva contracción, aún más fuerte que la anterior le hizo obedecer.

Jared, Luka —Gritó Katrina con fuerza para que los hermanos entraran en la habitación— Cada uno sujetará una pierna, no dejen que las cierre, la niña debe nacer pronto o su corazón no lo resistirá.

¿Qué? —Gritó Tom— ¿A qué te refieres?

El cuerpo de un hombre no tiene el umbral del dolor tan desarrollado como la mujer, según los estudios, un hombre padecería un ataque al corazón al enfrentarse a un parto —habló la mujer mientras palpaba la creciente abertura del cuerpo del pelinegro.

¡Ah! —Gritó fuertemente el menor— ¡Me duele!

Claro que te duele, pequeño, te estás abriendo —explicó la mujer.

El trenzado, secaba el sudor del rostro compungido de su esposo, y los hermanos Incubus miraban sorprendidos como una extraña abertura sangrante se abría bajo el miembro adolorido de Bill.

Tranquilo amor, debes resistir y apresurarte —Pidió Tom lo más tiernamente posible, pero su propio corazón latía a mil por hora.

¡No quiero abrirme! —Gritó Bill, abrumado por la información.

No te preocupes, todo volverá a cerrarse. No quedará ninguna marca cuando nazca la niña, sólo apresurémonos —Volvió a tantear la abertura y pudo sentir la humedad proveniente de ella—. Ya casi estamos, pequeño, sólo un poco más.

¡Ah! —Nuevamente gritó el moreno apretando con fuerzas la mano de Tom—. Todo esto es tu culpa, tú me embarazaste ¡Maldición! —Gritó más fuerte el chico, presa de la desesperación del momento.

Perdóname por favor, amor mío, yo sólo… te amo… te amo —El trenzado se sintió tan dolido por esas palabras que quiso salir huyendo de ahí.

¡No quiero más hijos! —Volvió a gritar el chico.

Lo siento —repitió Tom, sus ojos empapados y soltó la mano del pelinegro y se puso de pie, pero la delgada mano lo volvió a aferrar con fuerzas.

No te vayas. Te amo, Tom, te amo ¡Ah! —Gritó fuertemente.

Estás listo, Bill —afirmó la mujer, al ver la cabeza de la niña en posición—. Comienza a pujar.

¡Ah! —Gritó o más bien aulló el chico, cuando sintió que lo más grande salía de él— ¡Tom!

Aquí estoy, mi vida.

¡Te amo! Sólo lo hago por ti ¡Ah! —Un nuevo grito.

Vas bien, Bill, sigue así. ¡Puja! —Mandó la mujer. Los hermanos Incubus miraban la escena completamente impactados.

Jared aterrorizado por toda la situación, la sangre y los gritos desgarradores y Luka, recordaba el parto de su Elizabeth y su mente estaba completamente abstraída por aquellos recuerdos y deseaba que en esta ocasión no pasara lo mismo, recordó a la masa deforme en sus brazos y sintió como la piel se le erizaba de dolor.

¡Puja! —Gritó una vez más la súcubus, ya sintiendo como la pequeña cabeza casi salía por completo. Bill pujó con todas sus fuerzas y con un grito angustioso la cabeza salió del todo—. La cabeza está afuera, ya falta poco.

Bien, Bill, lo estás haciendo muy bien —susurró el trenzado, dando pequeños besos en la frente empapada del moreno.

Me duele —Gimió el pelinegro.

Sólo un último esfuerzo, vamos, bebé —Le pidió con suavidad, el menor asintió y levantándose sobre sus codos, pujó lo más fuerte que pudo y gritó con todas sus fuerzas, hasta que todo se puso negro.

Ya está —dijo la mujer.

¡Bill! —Gritó Tom aterrorizado ante lo que veían sus ojos. Su esposo completamente pálido y tirado inconsciente en la cama— ¡Bill, reacciona! —Gritó con fuerzas.

Luka se acercó de inmediato al pelinegro y comprobó sus signos vitales y para alivio de todos, el chico aún tenía pulso y su respiración, aunque débil, aun estaba ahí.

Está vivo —Confirmó para Tom, quien ya no pudo contener más el llanto y se arrojó sobre el cuerpo de su marido llorando de alivio, al saberlo aún con vida. Se sentía feliz, de no haberlo perdido y su gozo fue completo al sentir el llanto de su hija. Volteó su rostro hacia Katrina, quien limpiaba a la niña y luego de cubrirla con una mantita blanca, se la entregó para que pudiera acariciarla.

Está sana —comentó ella, con una sonrisa—. Es un poco pequeña, pero es natural, sólo tuvo dos meses de protección en el vientre de Bill.

Mi pequeña —Suspiró el trenzado cogiendo a la bebé en sus brazos temblorosos por la emoción, las lágrimas cesaron, pero su rastro quedó impreso en el bronceado rostro del mayor. Repasó con su manos grandes, cada parte del pequeño, pero perfecto cuerpecito de su hija. Estaba bien, no era deforme.

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Luka miraba la escena con fascinación y un pequeño rastro de envidia, no negativa, sino de ansiedad de poseer aquello en su propia vida. Sabía que Dios le había perdonado, pero no pretendía romper la promesa que le hizo a su amada Elizabeth de mantenerse físicamente puro y por lo tanto, jamás volvería a intentar tener un bebé.

El sólo recuerdo de aquella figurita deforme en sus brazos era suficiente para rechazar cualquier posible intento.

Sin embargo y pese a su dolor interno, estaba completamente feliz al saber que sus amigos Bill y Tom, habían llamado a su adorada hija con el nombre de su ya difunta pareja.

El sólo hecho de mencionar su nombre, sería una alegría de ahora en adelante, porque él siempre estaría allí para ellos, siempre sería el “tío” de la pequeña Eli, la cuidaría y la mimaría todo lo que pudiera. Porque ella representaba todo lo que él no pudo tener, representaba el milagro que Dios había hecho al perdonar a Tom. Permitir que Eli naciera y sobre todo, que naciera sana, era en sí mismo… un milagro.

No obstante, él también sabía que el bien y el mal eran como el ying y el yang, no podía haber uno sin el otro, y por lo tanto si se había producido un milagro con Eli… él… Satanás, también entraría en acción, sólo esperaba que no lo hiciera tan pronto.

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Jared miraba la escena con una mezcla de sentimientos igual de intensa. Por un lado se preguntaba si él alguna vez fue recibido en el mundo de esa manera, rodeado de amor por sus padres, por Katrina tal vez, pensó, pero su padre…, era raro pensar en su padre de alguna manera afectiva, sabía que el diablo jamás demostraba ninguna clase de sentimientos por sus hijos, sólo satisfacción cuando ellos lograban corromper almas puras o hacer maldades sin ser descubiertos.

Hizo una mueca de desagrado y volvió a concentrar su atención en su mejor amigo sosteniendo a su bebé, era agradable ver al “gran cazador” en una forma tan tierna, tan… humana. La pequeña estaba sumamente cómoda en los brazos de su padre y pese a haber nacido un mes completo antes, ella lucía en perfectas condiciones, cosa que agradeció secretamente al Padre del cielo, que no era precisamente el suyo, pero que estaba seguro, podría escuchar su agradecimiento.

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Katrina miró a sus hijos en silencio, sintiendo una mezcla hermosa de cosas, se acercó a Jared, que parecía el más perturbado en esos momentos y tomó su mano con delicadeza, ganando de inmediato una sonrisa de su parte. Sostuvo su mirada y lentamente le besó la mejilla.

Te amé desde el primer día —confirmó, como leyendo la mente del chico, quien no pudo evitar sentir que las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

Eso creo madre, obviamente no lo recuerdo —Sonrió, bajando el nudo en su garganta y luego volvió su vista a la nueva familia.

¿Tom? —Se oyó el suave murmullo, el trenzado se puso de pie como un resorte y corrió hacia la cama, sosteniendo a duras penas la mano de su pelinegro.

Mi amor, aquí está Elizabeth —dijo con una sonrisa, el moreno abrió los ojos con pesar y miró a su esposo sonriendo. Katrina se acercó nuevamente a él y movió la sábana blanca con la que le cubrió, viendo con agrado que la abertura por la que la bebé salió, ya estaba completamente cerrada. Volvió a cubrirlo y les dio espacio.

¿Cómo está ella, Tomi? —La voz del menor era temblorosa, presa aún del dolor.

Está perfecta, justo como tú… ella es tan hermosa, Bill.

Quiero verla —Trató de moverse, pero estaba muy débil. De inmediato Luka corrió a su lado y le ayudó a sentarse en la cama. Al estar mejor acomodado, Tom le entregó a la niña con suavidad.

Mira, pequeña, aquí está papi Bill —susurró con voz melosa—. El papi más hermoso del mundo humano, porque en el otro mundo, yo soy el más hermoso —Se oyeron las risas de sus compañeros del inframundo.

Deja de presumir, Tomi —Bromeó el pelinegro, acariciando con suavidad a su hija—. Es tan, tan pequeña… mira sus manitas, Tomi —comentó el chico, admirando a su bebé.

Se ve pequeña por haber nacido antes de tiempo, Bill, pero está perfectamente sana —Aseguró Katrina, para deleite del moreno.

Es hermosa —susurró con una sonrisa.

Es igual a ti… perfecta —Añadió Tom, acariciando la frente de su marido—. Te amo, Bill, con todo mi corazón y estoy muy feliz por la hija que me has dado.

Yo… siento mucho haberte reclamado recién.

Tranquilo, Bill —Habló la mujer—. Es muy normal que en un parto, las mujeres reclamen a sus esposos el haberlas embarazado, porque obviamente ellos no sienten el dolor que tú padeces. Yo lo hago todo el tiempo —Rió divertida, los otros Incubus la miraron extrañados, jamás pensarían algo así de ella, pero debían aceptarlo, ella era… la gran madre, después de todo.

Me siento muy débil —afirmó el pelinegro, mirando directamente a Tom.

Será mejor que te limpie para que puedas descansar —Aclaró la mujer— ¿No querrás despertar sintiendo todos los fluidos secos en tus partes bajas? —Tanto ella como Bill pusieron cara de asco.

Bien chicos, ¿pueden salir? —Pidió amablemente el trenzado a los hermanos.

Déjame a Elizabeth para que tú puedas ayudar también —Ofreció Luka, tomando suavemente a la pequeña, quien apenas sintió al otro adulto, sonrió contenta en sus brazos. Luka la miró y su corazón dio un vuelco. ¿Qué era aquello? Él lo había sentido antes, pero ahora era… imposible. Dejó de pensar “tonterías” y caminó con su hermano hacia el jardín que Katrina tanto amaba.

Tom lentamente cogió a Bill en brazos y lo llevó hacia el baño, donde Katrina regulaba el agua. Con dificultad, el pelinegro se mantuvo en pie, para terminar de desnudarse, increíblemente no sintió vergüenza ante la presencia de la mujer, sólo se dejó ayudar por ella y por su marido y entró a la tina, donde la súcubus le limpió con cuidado de dañar las zonas recién curadas. Fue tratado con una amabilidad exquisita por ambas personas y con cuidado fue nuevamente vestido, con prendas holgadas y suaves previamente preparadas.

Volveremos a casa para que puedas descansar, amor mío —Aclaró el trenzado caminando con él en brazos hacia la sala.

Lo que tú digas, Tomi.

Al entrar a la sala, todos notaron las intenciones del trenzado. Jared fue por el bolso de la bebé que ya estaba vestida y Luka la cargó hasta el coche. Katrina no se movió de allí.

Debo regresar mis niños —explicó ella, antes de salir por la puerta, ya era bastante tarde, el cielo estaba tomando un tono rojizo lo cual era perfecto para regresar a su mundo.

Comprendo —agregó Tom con un gesto de agradecimiento—. Yo, yo…

Lo sé, hijo mío.

Gracias, señora —Terminó el pelinegro, recibiendo una hermosa sonrisa de la súcubus y una caricia en su sedoso cabello.

Vendré cuando pueda, a ver a la niña —comentó sonriente.

Será bienvenida —Finalizó el menor.

Gracias —Pudo pronunciar el trenzado. La mujer se acercó y depositó un tierno beso en su mejilla y luego caminó hacia el jardín.

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El grupo partió en el vehículo hacia el departamento de Tom y éste, tomando su celular, llamó a Jorg y a los G’s para darles la nueva noticia. Todos estaban felices y acordaron visitarlos a primera hora del día siguiente, para que esa tarde Bill pudiera descansar y reponerse del parto.

Los hermanos Incubus se despidieron también de la pareja y la bebé emocionada pidió ser alimentada. Tom corrió a la cocina y bajo la supervisión del pelinegro, preparó eficientemente su primer biberón.

Toma, nena —dijo tiernamente Bill al darle de beber la leche a su hija. La pequeña succionaba con fuerzas y con deseos. Los recientes esposos sonrieron al ver a su hija comer tan feliz y contenta en sus brazos.

¿Sabes lo que esto significa, amor? —preguntó Tom, susurrando en la oreja del moreno.

¿Qué cielo?

Que ella ya no nos hablará más en los sueños.

Oh —Hizo un puchero el menor.

Pero está aquí, mírala —La niña abrió un momento sus ojos y un pequeño brillo dorado se divisó allí. Bill se sorprendió y miró a Tom pensando que él vio lo mismo, pero el trenzado pareció no notarlo.

«Debe ser mi imaginación» Pensó el pelinegro.

Te amo, Tomi, gracias por darme a Eli.

No, cielo, gracias a ti por haber sobrevivido, si no lo hubieras hecho, yo habría enloquecido —Se acercó a sus labios y los besó con suavidad, la pequeña volvió a abrir sus ojos para ver a sus padres prodigarse amor y sus ojos brillaron más intensamente.

& Continuará &

¿Por qué sus ojos brillan de otro color? (y no rojos como los de Tom) ¿Vendrá efectivamente el malo? ¿O se quedarán así felices forever and ever? >.< Besos y abrazos de koala.

Escritora del fandom

2 Comments

  1. Wiiiii, quiero más!!Quiero saber como termina esto ^^

    • Ya está publicado el resto del fic. Gracias por leer.

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