INCUBUS 6

INCUBUS”

Capítulo 6

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¿Quién es Paul? —cuestionó el trenzado, sin soltar al moreno.

El dueño de mi departamento. Debo dejarlo hoy —explicó separándose de él, dejando caer una lágrima—. ¿Qué voy a hacer? No tengo dónde ir.

Te vienes a mi casa —No era una sugerencia, era una orden.

No es tan sencillo, Tom, además… —Se soltó del abrazo.

Sigues pensando que soy sólo un extraño, ¿verdad? —comentó el trenzado, dando un suspiro de resignación.

No, Tom, pero ya te expliqué…, soy, soy muy desconfiado con la gente, y aunque tú eres muy amable… sólo nos conocemos hace una semana —razonó el moreno, agitando la cabeza negativamente—. Creo que hablaré con Georg —Tom se sintió mal y desplazado, pero aceptó en silencio.

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A la hora del almuerzo decidieron cerrar el local para discutir el problema con los otros amigos del pelinegro. Las personas se agolpaban en las puertas del “Sweet Land” preocupados por el repentino cierre de su lugar favorito. En el interior, Bill explicó rápidamente que Paul había regresado, que tuvo problemas económicos y vendió su única posesión: el departamento, por lo que el pelinegro debía desalojar el lugar esa misma noche.

¿Y qué piensas hacer? —Preguntó Gustav, dudando si invitarlo a su casa, ya que desde que vivía con Georg, su relación había cambiado, ahora eran pareja, y tener a otra persona en la casa sin duda les quitaría intimidad.

Aún no lo sé —respondió sincero el moreno.

¿Has hablado con tu madre? —Intervino Georg, pensando exactamente igual que el rubio.

No. Sé que ella me aceptaría gustoso, pero ustedes saben que no me llevo bien con papá, además su casa está al otro lado de la ciudad, me tomaría demasiado tiempo llegar hasta aquí —Siguió razonando el pelinegro.

Yo le ofrecí mi casa —Comenzó Tom, tratando de adivinar lo que pasaba por la mente de los otros amigos—. Está cerca del local, tengo una habitación disponible, y sé que soy desconocido, pero no le haría daño a Bill, por nada del mundo —Terminó, poniendo su mejor cara de “niño bueno”. Los chicos se miraron cómplices y hablaron.

Es una buena idea, Bill —afirmó el rubio, el pelinegro se sonrojó.

Sólo será provisional —Secundó el castaño.

Te podrás quedar conmigo, hasta que encuentres un nuevo lugar, o cuanto gustes —Le picó el trenzado.

¿De verdad no seré una molestia? —preguntó, mirándolo tímidamente.

Para nada, al contrario, me ahorras el ir a buscarte a tu departamento por las mañanas —comentó sonriendo de lado.

Bien, no se diga más… —Todos sonrieron—. Pero… Tom —dijo el castaño con un tono amenazante—. Te mantendremos vigilado.

Lo que digas, hombre —Sonrió el trenzado.

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Cerraron más temprano ese día y Tom llevó a Bill a casa para ayudarle a empacar. Por suerte sólo debía sacar su ropa y efectos personales, ya que todos los muebles eran también de Paul.

Al estar listos, emprendieron el camino de regreso, en silencio. Bill estaba muy temeroso de sus sueños nocturnos, sabía que éstos habían aumentado en intensidad y le daba pánico pensar que pudiera gemir en las noches mientras soñaba y que Tom pudiera oírle y preguntarle por la mañana qué sucedía. Él se había encargado de alejarse de todos los posibles romances en su vida con tal de no faltar a las reglas de la religión de su padre, no podría arruinarlo todo por unos estúpidos sueños eróticos.

Tom en cambio, estaba feliz, pensaba que no podía tener más suerte por tener a Bill ahora de compañero de piso, eso le facilitaría mucho las cosas, podría conocerle mejor, podría retomar su plan de batalla y finalmente “conquistarlo” sin su poder de Incubus.

Antes de entrar al departamento, Tom chasqueó los dedos y preparó una habitación grande, con muebles y un baño propio, pero… sin ninguna cama.

Ya llegamos, Bill —Le dijo ayudándole a bajar las maletas, que eran bastantes, el pelinegro gustaba de la ropa, así que tenía todo un arsenal.

No sé qué decir, Tom —Susurró tímidamente.

No digas nada, considéralo como un regalo de cumpleaños —comentó sonriente.

Pero no es mi cumpleaños —contestó el moreno, sin poder contener una risita.

Lo sé, pero lo estarás, así que este será mi regalo. ¿Lo aceptas? —El otro asintió—. Bien, ¿subamos?

Sí, vamos —Se acomodaron con todo y subieron. Dejaron las cosas en la entrada y el de trenzas le guió hacia la habitación vacía.

Este será tu cuarto —Le indicó el mayor.

Wow es enorme, pero… —Vio que estaba vacía—. No tiene cama.

Es verdad, no esperaba visitas, pero no hay problema. Hoy nos acomodamos y mañana, tendremos ya una cama nueva para ti —aseguró Tom sin dejar de sonreír, tenía un plan para esa noche y jugueteó con el piercing de su labio.

Mira ese closet, es lo suficientemente grande para toda mi ropa —aseveró feliz el pelinegro, al ver todos los espacios de su nuevo cuarto.

Me alegra que te guste —agregó Tom, regresando a la sala a traer las maletas, quería que su pelinegro se instalara cuanto antes—. Toma, Bill, si quieres puedes guardar tus cosas, mientras yo me encargo de la cena.

¿Tom? —El moreno abrazó al de trenzas—. Gracias —Susurró en su cuello.

Para eso están los amigos —Sonrió el mayor y por primera vez sintió algo especial en su pecho, esas raras emociones se estaban haciendo habituales en él por el contacto tan estrecho que estaba formando con Bill.

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Después de cenar, Bill comenzó a bostezar notoriamente cansado por todo el estrés que pasó durante el día.

¿Bill? Creo que deberías irte a dormir —Sugirió el de trenzas, terminando de lavar los platos.

Me acomodaré en el sofá —declaró, caminando hacia la sala.

Creo que mejor te vas a mi cuarto. Te ves muy cansado y uno nunca descansa bien en el sillón —afirmó, tomándolo de la mano y llevándolo contra su voluntad a su propio cuarto.

No creo que sea correcto, es tu habitación, Tom —susurró, sonrojándose de repente al ver la cama tan grande y tan “sexy” ¿Cómo una cama podía ser sexy? Él no lo sabía, pero se le antojaba que todo lo que tuviera que ver con Tom tenía ese aire a sensualidad que le enloquecía.

¿Y si dormimos juntos? La cama es gigantesca —propuso en forma casual, como si fuera lo más normal del mundo. Bill se paralizó… ¿y sus sueños?

No creo que… —Quiso excusarse.

No se diga más… Además yo duermo como una roca, ni siquiera sabré que estás allí —Le aseguró y comenzó a quitarse la ropa.

Bueno… —No podía negarse, estaba demasiado cansado. El pelinegro quedó rojo hasta las orejas al ver el torso desnudo del trenzado—. ¿Acaso no usas pijama? —preguntó al borde de la hiperventilación.

No, duermo desnudo, pero como estás tú, me dejaré éstos puestos —Señaló su sexy bóxer negro y le sonrió de lado.

Bien… —Bill trató de calmarse mentalmente y procedió a quitarse sus prendas. Al estar sin playera, corrió a su cuarto y sacó un pijama muy largo y se lo puso. Regresó a la habitación del trenzado y se metió en la cama, lo más alejado que pudo y cerró los ojos. Tom apagó las luces.

Buenas noches, Bill —Le dijo bajito.

Buenas noches, Tom, y nuevamente gracias —Ambos cerraron los ojos.

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Al cabo de unos minutos, el pelinegro yacía en el mundo de los sueños y Tom se acercó a él y le acarició el rostro. Extendió sus manos y aplicó su poder sobre el chico.

Deseaba tanto tenerte en mi cama, Bill —Le dijo cerca del oído.

Toooomiiiiii —Susurró el moreno abrazándolo y buscando su boca.

Se besaron apasionadamente. Tom amaba los labios jugosos del pelinegro y disfrutó de esa entrega. Bill, que ya no se quedaba quieto, bajó de su boca hasta su cuello y succionó. El trenzado gimió de gusto y se dejó marcar, aprovechando el momento para recorrer la suave espalda del chico.

Me harás una marca, pequeño —comentó, con una sonrisa de lado.

Mío… Tomi… —Jadeó el chico, soltando el cuello rojo del trenzado.

No puedo ser tuyo, Bill, no aún…

Hicieron el amor salvajemente esa noche, como siempre Bill se entregó por completo al placer que el Incubus le proporcionaba y tras alcanzar el orgasmo, se acomodó en los brazos del mayor.

Tom disfrutaba de sus momentos post sexo, le encantaba admirar las hermosas facciones del pelinegro y le hablaba de cosas sin sentido. Incluso… podía dormir a su lado, como si nada importara. Al sentir la mañana llegar, limpiaba el cuerpo de su pequeño y lo volvía a vestir. Se acomodaron en un nuevo abrazo y fingió que dormía.

Bill abrió los ojos al sentir una suave respiración en su rostro y se dio cuenta de que estaba fuertemente abrazado a Tom, quiso moverse, pero el brazo del mayor lo tenía retenido, aprovechó que éste dormía para apreciar su masculino rostro y descendió la mirada hasta su cuello, donde había una marca roja.

¡Dios mío! —Susurró—. Eso lo hice yo…en mis sueños… —Se aterró y recordó el fogoso sueño húmedo de horas atrás.

¿Mmm? —Gimió el trenzado en sueños y abrió los ojos encontrándose con un atónito Bill—. Hola —Le saludó y al darse cuenta de la reacción o más bien la falta de reacción del pelinegro lo soltó—. oh… Lo siento… creo que te atrapé mientras dormía…

No… no pasa nada —dijo Bill completamente rojo. «¿Qué hará Tom cuando vea esa marca»? Se preguntó el moreno, totalmente abochornado.

¿Quieres… darte una ducha? —preguntó tentativamente el de trenzas.

Sí —respondió con un solo monosílabo.

El baño de tu cuarto está en funcionamiento. Puedes usarlo sin problemas —Bill casi corrió hacia su cuarto y tomando su ropa, se metió a bañar. Al salir de su cuarto, olió un delicioso aroma, Tom preparaba el desayuno.

Huele delicioso —Anunció al entrar a la cocina.

Comida real para ti, pequeño, no debes comer sólo dulces, ¿lo sabías? —afirmó con cariño el mayor. Bill pudo ver la marca en su cuello y se sonrojó nuevamente. Tom lo miró y también sonrió, él se había percatado del chupetón, y también sabía que para Bill había sido sólo un sueño, pero lo que no tenía claro era si él podía recordar ese sueño… y obviamente no podría preguntarle nada al respecto sin delatar su identidad de Incubus, así que guardó silencio.

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Llegaron al trabajo y abrieron el local, luego se les unieron Gus y Georg, quienes apenas vieron el cuello de Tom no se abstuvieron de hacer la pregunta.

¿Qué te pasó en el cuello, hombre? —interrogó fuertemente el castaño y todos miraron en dirección del trenzado, quien no pudo evitar sonrojarse ante la atención.

No lo sé, tal vez me picó un mosquito —contestó, tratando de sonar lo más convincente posible. Los G’s se dieron una mirada cómplice y volvieron a sus quehaceres.

Ese día la clientela disminuyó un poco y Tom se preocupó, no que le importaran mucho los negocios, pero vio la mirada triste del pelinegro y decidió tomar cartas en el asunto.

Creo que debemos hacernos publicidad —propuso el trenzado a sus compañeros, al hacer el cierre de la caja.

No creo que lo necesitemos —agregó Gus—. La gente corre la voz acerca de este lugar.

De todas formas no podemos confiarnos —Arremetió nuevamente el trenzado.

Estoy de acuerdo con Tom —Apoyó el castaño— ¿Y qué se te ocurre? —preguntó entusiasmado.

Sólo un cartel, un afiche con nuestras fotografías —comentó Tom con una sonrisa de player.

¿Nuestras fotografías? ¿Para qué? —cuestionó Gus ajustando sus gafas.

Porque aquí vendemos nuestra imagen más que nuestros dulces —afirmó Tom como si fuera lo más obvio del mundo.

Nuestros dulces son buenos —Se quejó el castaño.

A ver chicos… —explicó Tom frotándose los ojos—. ¿No se han percatado que la mayoría de nuestros clientes son mujeres? —Los demás asintieron—. Es porque vienen a ver a los hombres guapos que trabajamos aquí —Bill lo miraba con atención asintiendo a cada palabra que decía, pero más que nada porque veía a Tom demasiado guapo hablando de negocios.

Creo que él tiene razón —comentó el pelinegro—. Creo que deberías hacerlo.

¿Alguien se opone? —preguntó el de trenzas, feliz de que su moreno lo apoyara.

No… estará bien, algo de publicidad extra siempre ayuda —Agregó Gus.

¿Y quién hará los carteles? —consultó el castaño.

Yo me encargo, tengo una amiga en una imprenta, estará encantada de ayudarme —Mintió sonriendo maligno y Bill arrugó el ceño pensando que se trataba de alguna novia del trenzado.

Gracias, Tom —agregó finalmente el pelinegro.

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Tras dejar a Bill en el departamento esperando la llegada de su cama nueva, Tom se dirigió a una imprenta donde trabajaba una de sus ex víctimas. Entró al lugar sonriente, como todo un galán y saludó a la chica.

¿Qué necesitas? —Le preguntó ella, muy coqueta.

Un cartel para hacer una promoción. Algo como esto —Sacó un papel donde tenía un bosquejo para el anuncio.

—“Sweet Land”, lo conozco, venden dulces exquisitos allí —comentó la chica.

Lo sé. Y quiero que pongamos estas fotografías en cada esquina del cartel —Le pasó una cámara y la chica vio las imágenes y sonrió.

Son guapísimos —Y le guiñó el ojo al trenzado, quien le devolvió el gesto—. Si me esperas un segundo te haré un bosquejo en el computador.

Claro —Tras unos minutos la chica le mostró al Incubus su modelo, el chico sonrió encantado y aceptó—. ¿Puedes imprimirlos ahora?

En color será lo más apropiado —Sugirió la mujer.

No hay problema, sólo hazlo —Pidió el chico.

En quince minutos ya tenía un número considerable de copias del anuncio que decía.

Sweet Land” la tierra de los dulces, te espera para cumplir tus deseos.

Te atenderemos con devoción.

Parecía un anuncio de tienda de masajes de dudosa reputación y Tom sonrió encantado. «Esto es lo que ellas realmente desean» Pensó y con un chasquido de dedos, los papeles volaron y se esparcieron por toda la ciudad. Luego regresó feliz al departamento.

& Continuará &

¿Qué consecuencias traerá este anuncio pornográfico? ¿Qué dirán los chicos cuando vean el anuncio por la ciudad? ¿Qué pasará con la relación de Bill y Tom? Todo se verá en el siguiente capítulo.

Escritora del fandom

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