INCUBUS 8

Incubus” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 8

& Anteriormente &

Al otro lado de la ciudad, un reverendo se limpiaba el sudor de la frente al leer un cartel, que mostraba la fotografía de su hijo. Maldijo por lo bajo y marcó a su celular. La llamada no entraba, así que decidió simplemente mandar un mensaje de texto.

Te quiero mañana en casa. Papá”

Después de limpiar el desorden de la sala, Tom se dirigió a su habitación soltando un suspiro en la puerta del cuarto de Bill, sabía que estaba despierto, hubiera jurado que le oyó sollozar y se sintió de lo peor. Se quitó la ropa y se metió en la cama, aguardando. Cerca de las doce usó sus poderes de Incubus para dormir al pelinegro y al pequeño Kazimir que desde que habitaba en ese lugar, huía siempre del trenzado.

Al asegurarse de que su amado pelinegro dormía, entró en su cuarto, se acercó a la cama y le vio atentamente, tenía rastros de lágrimas en las mejillas y su pecho dolió.

Lo siento, bebé —susurró, acariciando su rostro de porcelana.

Tomiiiiii —Le saludó con una sonrisa el moreno, cosa que descolocó al trenzado—. Mi Tomi —susurró y pintó una sonrisa en su rostro. Tom no pudo evitar sentirse mal y se aferró al cuerpo del pelinegro en un abrazo posesivo y susurró en su cuello.

¿Por qué, Bill? ¿Por qué no me puedes amar despierto? —Lo abrazaba fuertemente, el moreno le correspondía y le besaba dulcemente.

Tomi, mi Tomi… tranquilo —Le consolaba… sintiendo que su demonio nocturno no estaba bien.

Oh, Bill, ¿por qué me siento tan jodidamente perdido por ti? —preguntó sin importarle nada.

Te amo, Tomi —repetía Bill en su oído y entonces sus tímidas manos comenzaron a moverse sobre el cuerpo de Tom.

No, bebé, hoy no me siento con ganas, sólo quiero estar así contigo… ¿me dejas? —El moreno pareció comprender perfectamente sus palabras y se dejó abrazar por su demonio.

Tranquilo Tomi… mi Tomi… —Le besó con ternura y se durmieron así.

&

Por la mañana, Bill estaba de un humor radiante, había tenido un sueño maravilloso, donde Tom sólo le había abrazado mostrándole tanto cariño, que su corazón se sentía henchido de gozo. Se duchó y se puso ropa cómoda. Salió y olfateó el delicioso aroma del desayuno.

¿Tom? —Le llamó entrando a la cocina y no viendo a nadie—. ¿Tooooommmm? —Gritó hacia su cuarto, pero lo halló vacío. Sólo al tomar una tostada se percató de una nota doblada.

Bill lo siento, no quiero incomodarte con mi presencia, llegaré tarde. Tom”

El pelinegro arrugó el papel. «Tonto» Pensó y prosiguió a comer su desayuno.

Tomó su celular para llamar a Tom y decirle que no exagerara las cosas y descubrió un pequeño mensaje de su padre. Al verlo frunció el ceño. No se llevaba bien con el reverendo y el tono del mensaje le señalaba que la conversación no sería muy agradable. Decidió hablar con Tom antes de enfrentar a su progenitor.

¿Aló, Tom? —habló con un tono cordial.

¿Bill? —respondió sorprendido, como si realmente no esperara esa llamada.

Tom, deja de ser idiota y regresa al departamento —Le dijo medio en broma, pero el trenzado no supo que pensar, aún tenía el recuerdo doloroso de la noche anterior.

Lo siento, simplemente no quiero que te sientas mal por mi culpa.

Ven aquí ahora, no quiero tener esta conversación por teléfono —Ya no había tono de duda, Bill le estaba dando una orden y él simplemente debía obedecerle.

Está bien —respondió casi en un susurro inaudible.

Te espero. Y date prisa, porque debo salir —Colgó sintiéndose de pronto mal, por haber usado ese tono con Tom, después de todo él no era un niño, ninguno de los dos lo era.

Mientras esperaba, terminó de desayunar y limpió la cocina. Escuchó la puerta y casi corrió a la sala.

Hola —Saludó tímido. El trenzado miraba el suelo.

Bill… —El pelinegro corrió a él y lo abrazó.

¿No peleemos más? —El trenzado no entendía nada.

Yo…

Vamos… no somos niños… lo de anoche fue un error y nada más —Le miró a los ojos, completamente decidido—. ¿Todo está bien?

Sí —Admitió Tom con una sonrisa.

Genial. No sé por qué… pero nunca puedo estar enojado contigo —Asumió con un ligero rubor en sus mejillas.

Estás arreglado… ¿a dónde vas? —preguntó el trenzado de pronto un poco celoso, en realidad quería pasar el día con el moreno.

Mi padre quiere verme… me temo que haya pasado algo en casa —anunció con un tono sombrío, en serio no le gustaba visitar al reverendo.

¿Quieres que te lleve? —Se ofreció de inmediato, pero de pronto recordó cuando Bill le advirtió que su familia era su “vida privada” y que él no debía entrometerse—. Aunque…es tu vida y yo…

¿Tom? —Bill notó el dolor en los ojos del trenzado y recordó la primera pelea estúpida que tuvieron—. ¿De verdad? ¿No sería mucha molestia? Es bastante lejos —Los ojos del trenzado se iluminaron.

Me encanta conducir… —comentó sonriendo.

¿Tom? —El trenzado lo miró—. Nada… olvídalo.

&

Tom encendió la radio mientras manejaba y Bill cantaba cada canción que conocía y el resto lo tarareaba, con su voz dulce y delicada.

Deberías ser cantante —Le comentó en más de una ocasión el trenzado.

Jajaja no seas ridículo —Se reía el moreno. Todo iba bastante bien, hasta cuando estuvieron a punto de llegar. Tom notó de inmediato como cada músculo del pelinegro se tensaba.

¿Quieres que baje contigo? —consultó el trenzado con una clara señal de preocupación.

Prefiero que no… Tom… ¿no te molesta esperar en el auto? —Le miró y tomó sus manos, como pidiéndole disculpas por no llevarlo con su familia.

Ve tranquilo… te esperaré… si todo va bien me llamas y yo me doy una vuelta por estos lugares, pero si algo malo pasa, me llamas y nos regresamos de inmediato, ¿vale? —Le habló muy en serio, Bill le sonrió y bajó del vehículo.

Tom notó que Bill contestaba su celular y que seguramente era su padre, porque inmediatamente éste abrió la puerta de su casa. El hombre de cabello rubio se veía bastante molesto y tomó al pelinegro del brazo prácticamente arrastrándolo hacia la casa. Tom se molestó, nadie trataba mal a su chico, salió del auto y caminó a paso firme hacia la puerta que acababa de ser azotada. La golpeó con fuerzas hasta que el mismo hombre rubio, con una expresión furibunda salió a recibirle.

¡¿Tú?! —Le dijo en forma recriminatoria, reconociéndolo como otro de los miembros de aquel escandaloso anuncio del “Sweet Land”.

¿Dónde está, Bill? —preguntó el trenzado ignorando la mirada rabiosa del hombre.

¡Seguramente tú has pervertido la mente de mi hijo! —aseguró el hombre, mientras seguía a Tom que se había internado en la sala, arrodillándose al lado de Bill que lloraba cubriéndose el rostro con las manos.

Bill, ¿estás bien? —Le preguntó preocupado, el pelinegro negó con la cabeza—. ¿Qué le hizo? ¿Lo golpeó? —Encaró al hombre y lo tomó del cuello.

¿Quién te crees que eres, muchachito? —Le reclamó violentamente el hombre, rojo de ira por tal intrusión.

¡Soy amigo de Bill y no dejaré que nadie lo lastime! —respondió fuerte y claro. Soltó al hombre, regresando al lado del moreno, quien hipaba de pura tristeza.

¡Son todos unos malditos perdidos! Si no se arrepienten… ¡Arderán en el infierno! —Les gritó el hombre.

¿Pero de qué demonios está hablando? —Le volvió a encarar Tom.

¿De esto? —Le mostró el anuncio—. ¿Es un prostíbulo o qué?

¡Es una cafetería! —Gritó indignado el trenzado—. Vendemos dulces ¡Por Dios! —respondió totalmente engrifado.

No ensucies el nombre del Señor —Le advirtió el hombre.

No entiendo nada, ¿por qué está atacando a Bill? —Demandó, volviendo a encararle.

Jamás debió poner ese local —Le reclamó el padre.

Está demasiado equivocado. Bill lo está haciendo excelente, estamos obteniendo muchas utilidades y no hacemos nada malo —Defendió el trenzado.

Sólo son unos promiscuos —Le habló indignado.

¡¿Cómo puede decir algo así de Bill?! —Esta vez Tom se puso furioso, tanto que sus manos temblaban—. Su hijo es la imagen de la pureza e inocencia —Levantó a Bill que aún lloraba y salió de la casa.

¡No quiero que vuelvas! —Gritó el hombre. Tom se puso tan furioso que le dio una mirada lleno de su poder demoniaco, sus ojos se volvieron rojos de repente, el padre de Bill retrocedió unos pasos—. ¡Aléjate de mi hijo! —Le gritó.

¡Yo lo protegeré! —Fueron sus últimas palabras y se encaminó hacia el auto con Bill prácticamente colgando en sus brazos. El hombre azotó nuevamente la puerta.

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¿Bill? —Le habló una vez en el auto, con cuidado le ponía el cinturón de seguridad y le tomó una mano—. ¿Bill? —El chico no quería levantar la mirada… se sentía tan avergonzado por el escándalo provocado por su padre.

No debí haber venido… —susurró sorbiendo su nariz. Tom le pasó su pañuelo.

Cálmate… ¿él era…?

Mi padre… —Lloró aun más el pelinegro.

Tom no pudo aguantarse y le abrazó. Bill se aferró a él de manera desesperada. Lloró sobre su pecho hasta que se quedó seco, sintiendo las suaves caricias de Tom en su espalda.

¿Te sientes mejor? —preguntó tanteando el terreno. Quería mirarle, pero el moreno no quería alzar la vista.

Tom, llévame a casa… —Le pidió.

Mírame, Bill… —Le levantó la barbilla y vio los ojos inflamados del pelinegro, sintió una oleada de dolor y odio al mismo tiempo. Hacía mucho que no tenía en su cuerpo la llama de la maldad, y ese hombre la había encendido… se vengaría.

¿Tom? —Sus ojos se aguaron de nuevo. El trenzado le sonrió.

Vamos a casa —Encendió el vehículo y manejaron en silencio.

&

El viaje parecía eterno. Tom quería que Bill hablara, no quería que se sumiera en la desolación de los pensamientos negativos, él conocía bastante bien el resultado de eso: depresión y bajo ningún punto de vista quería que su pequeño sufriera.

Al llegar, Tom no terminaba de estacionar y Bill corrió a encerrarse en su cuarto. El trenzado se frustró, sin embargo, lo siguió en silencio, le daría espacio. Fue a la cocina, abrió el refrigerador y chasqueó los dedos, haciendo aparecer un enorme pote de helado de chocolate. Caminó al cuarto de Bill y entró, estaba con llave, pero sus poderes eran útiles para todo. Se sentó al lado del pelinegro y abrió el pote.

Mmm —Gimió de gusto—. El chocolate es lo mejor para pasar las penas —afirmó al aire, comiendo una cucharada del frío manjar. Bill sonrió.

Estás mintiendo —Le dijo y se limpió la nariz.

Yo no miento, soy la viva imagen de la honestidad —comentó fingiendo su voz para hacer reír al chico y lo consiguió.

No me gusta el chocolate —Le anunció—. Prefiero el de fresas.

No hay problema —Tom corrió a la cocina y repitió la operación, regresando con un pote de helado de fresa—. ¿Te tientas? —Le ofreció una cuchara.

Bien —La tomó y sentó al lado del trenzado, hundiendo el utensilio en el helado y llevándoselo a la boca, suspirando en el proceso—. Delicioso.

«Como tú» Pensó el demonio.

Eso es… —Le alegró el mayor—. Te ves mejor con una sonrisa.

Aunque hoy no ha sido un día para sonreír —Afirmó el pelinegro—. No… no me llevo bien con papá, por eso vivo solo desde que cumplí la mayoría de edad.

Créeme que no te culpo —Le animó el trenzado.

Gracias, Tom… por defenderme… —declaró, mirándole sinceramente.

Para eso están los amigos… además tú… —Le acarició la mejilla—. Nadie tiene derecho a decir nada malo de ti, eres demasiado bueno, ¿sabes? —Se sonrojó ante sus palabras, Bill sonrió.

Mi padre me ha tratado así desde que comencé a maquillarme —Confesó el moreno.

Eso es realmente estúpido, muchos hombres se maquillan… aunque ninguno se ve tan bien como tú jejejeje —Le dijo bromeando para no delatarse.

Gracias, pero no todos piensan así, generalmente si ves a un hombre con maquillaje piensas que es gay y yo… no lo soy —dijo con la voz segura y Tom sintió que su piso se rompía en mil pedazos.

Bill lo amaba en sueños, cuando su poder demoníaco lo controlaba, pero en la vida real, no era gay, no gustaba de los hombres, por eso había actuado de esa manera la noche anterior ante el “casi beso”, por eso lo rehuía como la plaga.

¿Y le dijiste eso a tu padre?

Lo intenté, pero él siempre busca formas para criticarme y mandarme al infierno. Por eso, la otra vez no quise que me acompañaras a casa, él me avergüenza —dijo y bajó la mirada triste—. O más bien, se avergüenza de mí.

Come más helado, no quiero que sufras, ¿ok? Si hablar de eso te hace mal… dejaremos el tema hasta aquí —Concluyó el trenzado.

Tom ¿Puedo pedirte algo raro? —preguntó el pelinegro, sonrojado.

Nada que venga de ti es raro para mí —respondió, acariciando su mejilla.

¿Puedes abrazarme? —Tom sonrió, dejó el helado en la mesita de noche y tomando a Bill los recostó a ambos en la deliciosa cama del pelinegro.

Lo acomodó más contra su pecho. La mente de Bill se remontó al hermoso sueño que había tenido, sintiendo a su amor platónico abrazado a su cuerpo, sin ningún deseo sexual, sólo cariño, se dejó arrastrar por el delicioso aroma de Tom y sintiendo sus cálidas caricias en su espalda, se durmió.

Tom no necesitaba dormir, pero cada vez que estaba en este tipo de situaciones con Bill, cedía a la calma que éste le suministraba, cerrando sus ojos se dejó llevar y se durmió al lado de su precioso pelinegro.

Una hora después, el deseo de comer despertó al moreno, quien al sentirse atrapado en los fuertes brazos de Tom, sonrió bobamente. Se removió despertando al trenzado, y como si despertara de aquellas veces en que hacía el amor con Bill, Tom lo abrazó fuertemente y besó sus labios como si fuera lo más natural del mundo… hasta que vio la expresión de pánico del menor y comprendió que la había cagado… de nuevo.

& Continuará &

Pobre Tom… ya no distingue cuando está despierto a cuando está dormido jejejeje. ¿Qué hará Bill ahora que fue realmente besado por Tom? Si ya le recalcó que no era gay… ¿saldrá huyendo de su departamento? ¿Se irá a vivir con Georg? ¿Y qué hará Tom? ¿Cómo le pedirá disculpas esta vez?

Escritora del fandom

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