INCUBUS 9

Incubus” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 9

& Anteriormente &

Tom no necesitaba dormir, pero cada vez que estaba en este tipo de situaciones con Bill, cedía a la calma que éste le suministraba, cerrando sus ojos se dejó llevar y se durmió al lado de su precioso pelinegro.

Una hora después, el deseo de comer despertó al moreno, quien al sentirse atrapado en los fuertes brazos de Tom, sonrió bobamente. Se removió despertando al trenzado, y como si despertara de aquellas veces en que hacía el amor con Bill, Tom lo abrazó fuertemente y besó sus labios como si fuera lo más natural del mundo… hasta que vio la expresión de pánico del menor y comprendió que la había cagado… de nuevo.

Tom se quedó estático, los ojos abiertos… expectantes a alguna reacción. Bill le miraba con una mezcla de horror y pena, hasta que finalmente logró que de sus labios saliera sonido.

Tom… me has… —La cara de espanto del pelinegro alertó de tal manera al demonio que optó por decir alguna mentira, algo que lo justificara de aquel hecho tan impulsivo, pero para él tan natural, ya que cada vez que tenía sexo con Bill, le besaba al despertar.

Bill eras tú, ¡OMG he besado a un hombre! —Gritó horrorizado y salió corriendo de la habitación, dejando a Bill mucho más confundido que antes.

¿Tom? —Salió el pelinegro del cuarto detrás del Incubus—. ¿Qué te pasa? —Le preguntó al verlo con las manos en la cabeza, sentado en el sillón.

Pasa que te besé… Dios Bill, lo siento… —Le miró y Bill alzó una ceja—. Cada vez que despierto abrazado de alguien, ese alguien es siempre una linda chica y obviamente la beso, por haber pasado la noche juntos —Se justificó.

Ah era eso —susurró, comprendiendo y bajando la mirada, imperceptiblemente triste—. Pero me besaste a mí.

Claro Bill estábamos abrazados, y tú… bueno ya lo he dicho antes, eres muy lindo, tanto como una chica —Le sonrió, el moreno se sonrojó mucho—. Lo siento —Le pidió tiernamente y tomó con suavidad sus manos.

Tom… es que… —Bill miró al cielo y con un gran suspiro preguntó—. ¿Crees que porque me veo así, yo podría… podría ser gay? —Le preguntó con ansias, queriendo saber de labios del hombre que le estaba robando el corazón, si era posible que le considerara gay.

Bill, tranquilo, tú eres muy bello, ni siquiera las mujeres con sus grandes pechos podrían compararse con tu belleza etérea —Explicó el trenzado.

¿Y crees que soy gay? —Insistió el pelinegro.

¿Y qué crees tú? ¿Lo eres?

No… —susurró inseguro.

Entonces no lo eres, ya te lo dije, no importa si te maquillas o vistes con ropas ajustadas, es como decían los antiguos “El hábito no hace al monje”. Si tú dices que no eres gay, entonces no lo eres —agregó muy seguro el Incubus.

Tom… gracias… es sólo que mi padre… él me ha condenado tanto por esto y yo… realmente no quiero ir al infierno por caer en las bajas pasiones que, ya sabes… que corrompen a la sociedad —Y el perfume de castidad de Bill nuevamente salió a flote, haciendo que Tom se lamiera los labios.

Ya no sufras por eso, no creo que alguien vaya al infierno sólo por satisfacer sus necesidades, después de todo, Dios te hizo con sexo por alguna razón, ¿no? —Le guiñó el ojo.

El tener familia, Tom, para eso es el sexo —Le aseguró el moreno.

No, Bill, es para poder disfrutar. Yo por ejemplo, me gustan las chicas y hacer… tú sabes… cosas… sería aburrido si no haces cosas, sería…

¿Amor?

Monótono, rutina, aburrimiento —Soltó sin pensar, diciendo el discurso que siempre se repetía cuando era demonio, y se asustó al ver la expresión horrorizada del otro chico.

No puedo creer que pienses así, te ves… tan… especial y resulta que sólo eres un maldito cerdo —Gruñó furioso y se fue a su habitación, cerrando de un portazo.

¿Bill? —Le siguió recibiendo casi la puerta en la cara—. ¿Por qué te pones en ese plan conmigo?

Yo creí que eras especial —Le gritó del otro lado de la puerta.

¿Y para qué quieres que sea especial? Ni siquiera eres gay, ¿qué más da como sea yo?, si nunca me vas a poner atención de otra manera, ¿para qué querría cambiar? —Le dijo fuerte el trenzado, ya se estaba cansando de esta situación. Y sin pensarlo, le estaba revelando sus más profundos sentimientos.

Eres hombre, Tom —Le gritó Bill con la voz casi quebrada.

Lo sé, eres mi amigo y te quiero, pero si me dieras una oportunidad para ser algo más que eso, te juro… te juro de verdad que haría hasta lo imposible por ser mejor… pero tú me ignoras y me rechazas, entonces ¿qué me dejas? Sólo volver a la vida que tenía antes de conocerte —expresó Tom, herido y extrañamente… hablaba con sinceridad.

Eras un promiscuo —afirmó Bill, más bajo esta vez, presa de las lágrimas.

Pero estaba tranquilo siéndolo. Ahora… todo se ha vuelto confuso… —Se sentó en el suelo con la espalda en la puerta—. Nunca, Bill, nunca había mirado a un hombre con otros ojos… y ahora que estás tú… quiero ser mejor y tú no me dejas…no…no es justo —Suspiró frustrado.

Bill ya no contestó y entonces el trenzado se puso de pie y tomando las llaves de su auto, salió del departamento, necesitaba calmar su mente, necesitaba buscar un culpable a esta rara situación que lo confundía… y a ese culpable… ya lo había encontrado.

El pelinegro abrazó su almohada y lloró en silencio, escuchó la puerta cerrarse y pensó con dolor en su corazón que había perdido a Tom para siempre, creyó que el chico se iría a revolcar con alguna ofrecida para sacarse esa estúpida pelea de la cabeza. Después de llorar con ganas y sus hipidos cesaron, se rozó los labios y suspiró.

Tom… me besaste… como si lo hicieras siempre —Sonrió bobamente—. Se sintió tan bien. Y luego voy yo y lo arruino todo —Se cubrió el rostro con las manos—. Soy un desastre, ¿por qué te aparto de mi lado, si te amo? ¿Por qué te alejo, si lo único que quiero es tenerte junto a mí? Soy un loco, y todo por culpa de mi padre, si él me hubiera apoyado, si no me condenara al infierno, yo podría amarte en libertad, Tom… pero es… un pecado.

&

En un callejón oscuro, Tom aparcó su hermoso y lujoso auto. Tras asegurarse de que nadie le veía, chasqueó los dedos y, haciéndose uno con las sombras, desapareció. Regresó a los infiernos buscando a la persona idónea para poder cumplir con su venganza.

Hey Tom, ¿qué tal amigo? —Un hombre guapo le palmeó la espalda en un semi abrazo.

Jared Leto —Le saludó el trenzado—. ¿Cómo estás, hombre?

Tal como me ves: “estupendo” —Ambos rieron.

Estos dos Incubus fueron los mejores amigos cuando llegaron a la edad en que podían manejar sus poderes ocultos. Solían salir juntos a cazar a sus víctimas humanas, pero había una gran diferencia entre ellos: Jared gustaba de los varones. Tom no le juzgaba, para él: vírgenes, eran vírgenes, o en otras palabras alimento, sin embargo él nunca se vio tentado a tomar sexualmente un cuerpo masculino… hasta ahora.

¿Sigues viviendo por estos suburbios, amigo? —Le interrogó el trenzado.

Claro, no hay mejor lugar que el hogar, además no soy como tú… me cuesta mucho mantener las apariencias como para instalarme allá arriba, en el mundo de nuestras presas jejeje —Ambos sonrieron—. Ven, tomemos algo —Le invitó.

Los dos guapísimos hombres reaparecieron en el mundo mortal, y fueron a un bar. Las mujeres al verles, prácticamente mojaban sus pantaletas, ya que su poder de Incubus era potente.

Voy a ir al grano, Jared —dijo Tom al dar el primer trago a su bebida.

Te escucho —Le imitó el pelinegro.

Necesito darle una lección a alguien —Volvió a beber.

¿Quién es?

Un obispo de una religión pequeña, al otro lado de la ciudad —confirmó el trenzado, vaciando su vaso con rapidez.

¿Un hombre?

Sí, me ha tocado los cojones y quiero darle una lección, ¿sabes de lo que hablo? —El otro chico asintió—. No quiero que lo hagas tú, quiero a uno de los tuyos, los del submundo, alguien horrible, para marcarlo de por vida —Tom hablaba escupiendo veneno de cada una de sus palabras.

¿Por qué tanto enojo, amigo? —Inquirió el oji-azul.

Se metió con algo mío… y tú sabes que no me gusta eso —agregó, bebiendo otro trago.

En fin… ¿es hombre?… vamos cuéntame —Le picó el chico.

Demonios, Jared, ¿desde cuándo tan “chismosa”? —Se rió el trenzado, recalcando el término en femenino.

Es que no entiendo, a ti no te van los hombres.

Claro que no, ya te dije se metió con mi pareja eso es todo, le ha lavado el cerebro y no quiere… no quiere… —Se enojó tanto que golpeó la mesa.

Dios mío… te enamoraste, Tom… no me lo puedo creer —El moreno rió y luego se puso serio—. Te ayudaré, no te preocupes. ¿Qué quieres que hagamos? ¿Lo matamos? ¿Lo cortamos? ¿Lo torturamos? ¿Le matamos la familia? Qué se yo… tú sólo dime y yo le doy una soberana paliza —aseguró el chico, palmeando la espalda de Tom.

Mira, Jared —Sonrió malicioso—. Este hombre es obispo, odia a los gays… que mejor que darle por el culo jejejejeje —Ambos chicos se rieron perversamente.

Por uno del submundo… eres un maldito, Tom, ¿lo sabías? —Reía malignamente—. Menos mal que el amor no te ha quitado el toque jejejejeje.

¿De qué hablas? Yo soy un angelito… A propósito estoy muerto de hambre.

Hay un par de vírgenes por aquí —Le aseguró el pelinegro— Hay una chica y un mmm —Se lamió los labios—. Un jovencito con identificación falsa, los mejores —Sonrió malvado.

¿Vamos a cazar? —Sugirió el trenzado y poniéndose de pie salieron del lugar.

Deja… yo me encargo —habló Jared y levantó una de sus manos y los escogidos salieron del bar para seguirles, con una sonrisa boba en los labios, sus ojos lucían una capa blanquecina, que indicaba que podían ver a su alrededor, pero no a sus victimarios—. ¿Iremos a tu casa, Tom?

No… —Dudó.

Bien, vamos abajo —Chasqueando los dedos, volvieron al infierno y abusaron de sus jóvenes víctimas. Tom sintió alivio a su hambre, pero se sintió sucio, indigno, traidor, infiel.

Jared, encárgate de ella por favor… debo regresar —El pelinegro, que aún follaba salvajemente a su chico, asintió y Tom volvió al lugar de su auto.

&

En el departamento, Bill miraba el reloj cada cinco minutos y ya estaba harto. Eran las 12.30 y Tom no llegaba, mañana trabajarían y él no había descansado lo suficiente.

De seguro mañana no hará bien su trabajo —Alegaba tratando de buscar una excusa para reclamarle su tardanza, pero en el fondo de su corazón sabía que no tenía derecho a reclamarle nada, nada en absoluto. Sintió un nudo en la garganta cuando escuchó las llaves de la puerta. Salió de su cuarto y le fue a ver—. ¿Tom?

¿Qué haces en pie? Es tarde —Le increpó el trenzado, sin acercarse, olía a licor y sexo y no quería que Bill lo notara.

Me preocupé porque no llegabas, es todo —dijo acercándose al trenzado.

Vete a dormir, mañana hay que trabajar —Le mandó el Incubus, mientras él se sentaba en el sofá y encendía el televisor, quitándole todo el volumen.

¿Estás bien? —Ya era tarde, Bill se sentó a su lado—. Hueles a alcohol.

Me gusta la vida, Bill, a veces bebo, eso no es malo —Se defendía el trenzado, sin mirarle, se sentía culpable y no quería ver a los ojos del moreno.

Lo siento, Tom —El demonio no pudo evitar confundirse y le miró a la cara.

¿Qué?

Lo siento, mi padre me ha enseñado cosas desde pequeño y yo no puedo pretender que todas las personas con las que me relaciono tengan las mismas creencias que yo —Se puso de pie—. Bien, ya lo dije, me voy a dormir.

Espera —Tom se paró y lo abrazó—. Lo siento —Bill pudo sentir el aroma del sexo en la ropa del trenzado y se sintió desfallecer, sentía que las lágrimas se agolparían en sus ojos cuando el Incubus habló—. Hoy hice algo tonto… realmente tonto, sin pensar… y ahora me arrepiento…, mucho —Su voz se quebró y lloró en los brazos del pelinegro.

Tom… —Ambos lloraron abrazados, hasta que el trenzado se calmó un poco.

Necesito bañarme. Apesto.

Duerme conmigo, Tom —Le pidió el pelinegro—. No quiero estar solo esta noche —Tom asintió. Fue a ducharse y entró en bóxer a la habitación de Bill, quien lo esperaba aún despierto. Se metió en la cama y de inmediato, el pelinegro le fue a abrazar.

¿Por qué los adultos cometemos tonterías? —preguntó nervioso, siendo envuelto por una mano protectora.

Si lo supiera, dejaría de hacer estupideces, te lo aseguro —Le besó la frente—. Gracias, Bill.

¿Por qué?

Por no juzgarme —Bill sabía que fue su culpa que Tom hubiera vuelto a caer en sus antiguos hábitos, comprendía que fue prácticamente él quien lo empujó a los brazos de alguna zorra y no tenía derecho a reclamar, mucho menos a juzgar y aun así besó el pecho de Tom.

Tú no eres malo, Tomi —El trenzado sonrió de inmediato, uno por el perdón y dos, por el diminutivo cariñoso.

Estoy cansado —Asumió el pelinegro.

Duerme, yo velaré tu sueño —Y luego de un rato, ambos se sumieron en las inmensidades del mundo de los sueños, felices en los brazos del otro.

&

Por la mañana, despertaron abrazados y Bill se levantó rápidamente, sabía que la había cagado con Tom y aún estaba a tiempo, para volver las cosas a como habían sido en un principio. Debía ponerse manos a la obra y recuperar a su amigo.

Buenos días —Le saludó el trenzado preparando el desayuno.

Buenos días, Tomi, ¿cómo has dormido? —Le dijo con su voz cantarina.

¡Excelente! —Confesó el chico.

Después de arreglarse, bajaron para ir a trabajar, Tom quiso abrirle la puerta del auto, como hacía siempre, pero Bill no le dejó.

Yo puedo —Le dijo simplemente, sin dejar de sonreír. Luego el trenzado encendió el vehículo y trató de rozar su mano al tomar la palanca de cambios, y el moreno quitó la mano.

«¿Qué pasa?» Se preguntó el Incubus. A lo largo del día, Bill evitó todos los pequeños contactos que siempre tenía con su amor platónico.

El trenzado se dio cuenta de esto desde la mañana y se enfadó por ello. Y en venganza encendió su poder de Incubus con las chicas del local, que se acercaban a él de manera bastante indecorosa.

En reiteradas ocasiones, Bill se tuvo que retirar al baño para limpiar las lágrimas secretas que se escapaban de sus ojos, y luego como si nada, volvía con su “nuevo” plan para recuperar a su amigo.

& Continuará &

¿No creen que el plan de Bill es estúpido? Yo sí, y él solito se dará cuenta de ello, no se preocupen, pero tendrá que aprender la lección. No se pierdan el siguiente capítulo. Y no olviden comentar.

Escritora del fandom

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