Me niego 35

«Me niego a ser tu hermano» Fic Twc

Capítulo 35

– Vamos cariño, que te quedas atrás si no entiendes nada.

– Mi amor, nunca me había dado cuenta de lo raro que era tu idioma hasta que me traes a Alemania – le abrazaba.

– Devon no es raro, es complicado – miraban las estanterías

– ¿Que te parece ese gris? ¿le gustará? ¿Bill? ¿el gris?

– No, creo que el gris no cariño, estaba mirando esas y me ha recordado que mejor les compramos esas figuritas que vimos ayer, ¿te acuerdas? aquellas del mercadillo

– ¿Esas cielo? ¿las rojas y verdes? ¿No crees que son un poco feas? – le besó

– Si,esas las rojas y verdes mejor esas, ya verás como les gustaran, no son feas, son diferentes, es que somos alemanes – le pellizcó el culo

– Auch amor, en público no me pellizque usted o acabaré haciendole cosas malas – le besó

– Vamos amor o llegaremos tarde a la cena – le cogía de la mano y salían de la tienda

Y es que los padres de Bill cumplían diez años de casados y veinte como novios y Bill había ido a Alemania a celebrarlo con sus padres. El pequeño de la familia Kaulitz, tras recuperarse del fátidico incidente que le mandó al hospital decidió empezar una vida nueva así como lo pensó durante su estancia en el hospital, probó en algunas ciudades y paises y había optado por instalarse nada más y nada menos que en Australia, un pais desconocido para él y perfecto. Empezó una nueva vida allí, buscó un trabajo normal de camarero en una heladería a pie de playa donde era totalmente irreconocible para todo el mundo, alguans que otras chicas le decían que se parecía a un cantante alemán y él bromeaba que le preguntaban mucho por ese Bill pero se quedaban asi las cosas, nadie le habia reconocido ni se imaginaban que era él mismo quien les estaba sirviendo helados. A Bill le fué la vida muy bien, pasaron cinco años desde que empezó su vida allí y no se podía quejar, tenía un apartamento a pie de playa y hacía cosas que nunca podía hacer como conocer gente sin que le juzgaran por quien era, eso le encantaba poder relacionarse con personas normales y hacer todo normalmente, hasta que conocío a Devon, un chico realmente perfecto para él, se conocieron en la heladería y jamás pensaban que iban a casarse tres años después, hoy en día Bill y Devon viven felizmente en una casa en la montaña ya que Devon se dedica a una empresa de madera cerca de la montaña aunque eso no les impedían poder ir a la ciudad cada vez que les apetecía. Bill se buscó un trabajo y su experiencia en la heladería le hizo poder conseguirlo en un restaurante cerca de casa, donde alternaba los turnos como cualquier tipo de trabajo. Una vida normal, feliz y muy deseada para el pequeño Bill, ese fin de semana habían viajado a Alemania para acudir a una cena que hacían sus padres y habían reservado un hotel normal y corriente acorde a sus sueldos, Bill estaba realmente feliz y radiante con Devon y su familia les veía felicies, actuaba realmente normal porque sabía que jamás se lo iba a encontrar.

Bill tocaba a la puerta de la casa de sus padres, se escuchaba gente, su familia mas intima estaba allí y Devon estaba como siempre nervioso, pasar tiempo con la familia de tu marido era realmente duro y mas cuando no tenian contacto diario.

– Amor, ¿llevo bien la camisa?¿me queda bien?

– Tranquilo Devon, estas guapisimo y relajate les caes muy bien

– Ya, pero no deja de ser tu familia, sabes que estas cosas no me gustan, y mas cuando me hablan raro.

– Hahah cariño no te hablan raro, intentan pronunciar tu idioma.

– No Bill, me hablan raro y me miran mal

– hahah Devon tranquilo que estas nervioso, ya verás como todo va a salir bien ¿vale?

– Si, no me sueltes de la mano, bueno si, sueltame que luego tu abuela nos mira

– hahhaha anda dame un beso – le besó – mamá, felicidades – le abrazó en cuanto les abrió la puerta

– Mi vida, mi Bill, pero que hombre estas hecho – se fundieron en un abrazo – Devon cariño que guapo que estas, no te veo desde navidades – le abrazó

– Pero si te mandamos fotos cada dos por tres mama, no seas exagerada, y la abu?

Bill y Devon eran muy queridos en la familia, hacían una pareja excepcional, todos estaban ilusionados cada vez que venían y la madre de Bill no dejaba de mandarles comida cada dos por tres, quería ocuparse de su pequeño allá donde estuviera. Todos se quedaban embobados viendoles cada vez que se miraban o se abrazaban o se tocaban o simplemente hablaban, eso hacia que Devon se sintiera intimidado por la familia y Bill le tranquilizaba, pero Devon se integraba muy bien con todos, sus familias se llevaban muy bien, pero a causa de la distancia no podian estar mas en contacto a menudo, pero eran muy felices, las dos familias, las dos partes, y sobre todo Bill y Devon estaban profundamente enamorados el uno del otro.

– Bill cariño, ¿sabes lo que me ha dicho tu tía la del pueblo? – le susurrò en el sofá

– Dime amor

– Me ha dicho que deberiamos adoptar ¿como lo sabe?

– haha es que siempre ha sido bruja cielo – le beso

– Si solo lo sabe tu madre y la mia, ¿como me puede preguntar por adoptar?

– Es que segun me ha dicho mi primo, nos falta el niño hahah

– Eso espero cielo – le beso – tengo ganas de tenerlo ya

– Y yo amor – ponia pucheritos – me muero de ganas por verle la carita

El feliz matrimonio, había decidido adoptar a un bebé, aún no sabían si sería niño o niña, pero se morían de ganas por verle la carita, una madre había decidido dar su hijo en adopcion porque se iba a vivir a Islandia a un barco y no podía ocuparse de su bebé y dado que su marido y ella tuvieron el accidente de quedarse embarazada, escogieron a la feliz pareja ya que en Australia era legal y muy queridos los matrimonios homosexuales, cuando les llamaron de la agencia, Bill y Devon no se lo podían creer, aun no querian decir nada hasta no tener al bebe en sus brazos, pero el feliz matrimonio estaba mas que ilusionado con la noticia, todo era perfecto para Bill y Devon, su vida era tan perfecta y soñada como nunca habían imaginado.

– Bueno chicos mañana sobre las doce ¿vale? – decía la madre de Bill

– Si mamá sobre las doce estaremos aquí aunque nos levantaremos antes – miró a su marido – vuestro regalo, tenemos que ir a por el hahah

– Ya os he dicho que me basta con que hayais venido chicos – les despedía en el taxi.

– Gracias a que su hijo ha podido pedir libre el fin de semana si no, nos hubiera sido imposible

– Es verdad mamá y el finde que viene tengo doble turno, así que gracias a Dios estamos aquí

– Como os quiero – les besó a los dos – llamadme cuando llegueis al hotel

– Pero mamá si nos deja en la puerta

– Llamadme he dicho, tened cuidado.

La pareja llegó al hotel y se estaban poniendo los pijamas mientras hablaban del regalo de los padres de Bill, al acostarse, Bill apoyó su cabeza en el pecho de su marido y miraba con orgullo como cada noche el anillo de casados que llevaba. Besó a Devon y ambos se durmieron.

Continúa…

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