Medida publicitaria 6 (P.2)

Fic TWC de LadyScriptois

Ejercicio 6.2

— Ya. En serio, dime a dónde vamos. – pidió por séptima vez el pelinegro desde que salieron del apartamento de la banda.

—Te estoy diciendo la verdad. – le respondió Tom mientras conducía.

—Está bien, no me digas. – se cruzó de brazos y frunció el ceño, girando el rostro para mirar por la ventana.

El de rastas simplemente reía por la terquedad de Bill.

Pasaron dos días desde que estaban en la etapa de calentamiento para el nuevo ejercicio de Olivia, así que Tom decidió invitar a Bill a una cita. Al principio el menor se negó diciendo que no era necesario, pero el guitarrita insistió e insistió hasta que su hermano aceptó salir con él.

Cuando Bill le preguntó si debía ser cuidadoso con su vestimenta el mayor le dijo que se vistiera lo más cómodo posible y empacara al menos dos conjuntos y así hizo el menor. Vistió una playera blanca, un jean ajustado y zapatillas deportivas del mismo color.

Según Tom, su hermanito parecía un ángel.

Bill veía atento el camino y se sorprendió cuando el paisaje urbano iba cambiando por uno más natural. Estaban saliendo de la ciudad. No podía ser cierto lo que Tom dijo, ¿Verdad?

Que equivocado estaba y lo comprobó cuando la Cadillac de detuvo frente a un muelle.

—Te dije que era en serio. – le recordó Tom cuando vio la carita sorprendida de su hermano.

—Vamos… – dijo Bill emocionado.

Ambos bajaron del auto asegurándolo bien y el cantante siguió a su gemelo.

—Es este. – le indicó deteniéndose al lado de unos de los yates más grande y lujosos del muelle. — ¿Te gusta?

— Es… ¡Wow! – dijo anonadado.

—Entremos. – le propuso con una sonrisa. Solo le importaba que a Bill le gustara.

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— ¿Estás seguro que sabes conducirlo? – le preguntó tímido a Tom cuando ya estaban en la cabina de manejo, luego de que el mayor le mostrara todo el yate.

—Sí. No es tan difícil. – contestó poniéndolo en marcha y alejándose del muelle. La cara de susto de Bill le causaba gracias.Bill, tranquilo. Lo se conducir.

— ¿E… en serio? Porqué según lo que sé, no has tomado alguna clase.

—Claro que sí. Me enseñaron esta tarde.

— ¡Oh Dios!… Eso no me tranquiliza. – dijo preocupado.No te alejes mucho. Si nos estallamos no demoraran mucho en encontrarnos. – dijo miedoso ante un Tom que se derretida por la carita asustada de Bill.

—No te preocupes. – puso el piloto automático y abrazó meloso a Bill y le dio un beso en la frente, como acostumbraba hacerlo para calmarlo.

Varios minutos después se alejaron lo suficiente para no ver más allá que mar en todo su alrededor y el mayor detuvo el motor.

— ¿Por qué se detiene? – preguntó el menor pensando que posiblemente el yate se apagó por una falla.

—Llegamos.

— ¿A dónde? – preguntó al ver que solo había agua alrededor.

—Cenaremos en medio del mar. ¿Te gusta la idea?

—Si… − dijo sonriendo maravillado y ruborizado por la idea tan romántica de Tom. — Aunque no es lo que los jóvenes normales harían…

—Nosotros no somos jóvenes normales.

—Pero Olivia dijo…

—Esta no es una cita como la que ordeno Olivia. Es una cita entre tú y yo. – aclaró haciendo sonrojar más a Bill.

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— ¿Sabes lo que haces?

—Claro que sí. Soy un chef – le giñó el ojo.Aunque si quieres puedes pedir comida a domicilio.

—Jajajaja. – rio irónico. — Que buena idea. – dijo acercándose a la cocina.Estas haciendo un desastre. Déjame ayudar. – pidió tomando un cuchillo para picar adecuadamente las verduras que Tom intentó cortar.

—No lo hagas. Debo hacerlo yo. – dijo el de rastas negándose.

—No quiero a morir por no poder masticar esto. – le mostró un trozo de verdura que supuestamente Tom troceó para ser comida.

—Está bien. – dijo resignado al saber que su hermano no se reusaría.Espérame aquí, ya vuelvo.

— ¿A dónde vas?

—Buscare algo.

Pasaron varios minutos desde que Tom se marchó y Bill estaba concentrado en la cocina cuando sintió que alguien le colocaba algo y lo amarraba en su cintura y luego en su cuello.

— ¿Qué haces? – rio al ver como Tom le ponía un delantal.

—No quiero que te ensucies. Este muy hermoso hoy. – le halagó terminando el amarre del protector en el cuello de Bill y besando la zona donde se encontraba tatuado el símbolo de Tokio Hotel.Brindemos. – le propuso tomándolo de la cintura y haciéndolo girar para luego pasar dos copas con champagne que sirvió anteriormente.

— ¿Por qué? – preguntó riendo al sentirse nervioso en esa situación.

— Por mi lindo hermanito. – le dijo haciéndole sonreír tontamente.

— ¿Por mí? – murmuró.

Tom asintió chocando su copa con la de Bill y tomando un sorbo sin despegar la vista de los rosados labios de su gemelo que quedaron húmedos por la bebida.

Quería tomar de ellos.

El menor dejó de sonreír y se puso más nervioso al notar donde Tom estaba enfocando su vista y acortaba la distancia de sus rostros. Lo iba a besar. Tom lo iba a besar y él quería que lo besara. Notó la respiración de su gemelo más cerca y su mirada perdida ahora en sus ojos. Faltaba tan poco para que sus labios se rosaran. Sintió su espalda baja rozar con el mesón de la cocina y las manos de Tom rodear su cintura. Lo iban a hacer, oh si…

—Piiiiiiiiiiiiiiii – la comida del horno estaba lista. Los gemelos inmediatamente se separaron cuando aquel sonido les hizo dar cuenta de lo estuvieron a punto de cometer.

—Yo… yo la saco. – dijo Tom. Era primera vez que se le veía nervioso y sonrojado, tal y como lo estaba Bill.

—Si… sí. Terminaré con esto para que podamos comer. – Bill volteó y finalizó su tarea torpemente y con las manos prácticamente temblando por lo acelerado de su pulso.

&

Los gemelos tomaron la cena prácticamente en silencio, siendo bastante incomodo el momento. No porque estuvieran arrepentidos, no porque no lo hubieran deseado, sino porque no sabían que pensaba el otro.

Tom creí que Bill no habló casi desde ese momento porque no le gustó que estuviera a punto de besarlo, y Bill se mostraba decaído pensando que Tom se había arrepentido, así que nunca hicieron algún comentario al respecto. No querían incomodar al otro.

Luego de tomar la comida Bill se dirigió a las afueras del yate y se apoyó en la baranda de la proa admirando el paisaje.

—Sabía que te gustaría. – le comentó Tom uniéndose a él.

—Si, en la ciudad no se puede ver el cielo tan estrellado.− comentó mirando al cielo. — ¿Qué haces? – preguntó sonriendo al ver como Tom tendía una frazada en el piso y acomodaba varios cojines en él.

—Nada. – contestó sin dejar de hacer lo que hacía. — Tal vez podamos quedarnos aquí un rato antes de ir a dormir.− le propuso. — Ven.− le pidió sentándose en la frazada que había colocado. — La noche esta helada.

Bill no dudó en ir y sentarse entre las piernas de su hermano apoyando la cabeza en su pecho y siendo abrazado por los cálidos brazos de su hermano quien apoyó su mentó en su hombro, para luego acobijarlos a ambos bajos una manta.

—Mejor nos quedamos hasta ver el amanecer. ¿Sí? – le pidió a Tom.

—Pues, si no te da sueño. – aceptó.

—Claro que no.

—Entonces, está bien.

—Oye… mañana es la cita con Olivia. – le dijo girando un poco para poder ver el rostro de Tom

—Sí. Debemos partir temprano.

—Tengo curiosidad, ya sabes, por el nuevo ejercicio. ¿No te parece extraño?

—No, creo que no.− rio. — Estoy acostumbrado a que me pidan cosas así.

— ¿Así como? – preguntó confundido. — Nunca hemos hecho algo que involucre netamente al cuerpo del otro.

—Tu no, pero yo sí. – le dijo confundiendo más al menor.

— ¿Cuándo? – cuestionó curioso.

— ¿Te acuerdas cuando teníamos…– pensó un momento. — creo que catorce años? Estábamos muy entregados a la banda y mamá se preocupaba porque te veía muy delgado.

—Lo recuerdo.− dijo recordando que incluso lo amenazó con ganar un poco de peso o no asistiría más a los ensayos.

—Bueno, luego en aquellas vacaciones nos mudamos temporalmente al departamento de la banda y mamá me encargo que estuviera pendiente de tu salud física, que le informara si te notaba más delgado o si aumentabas de peso. Ahí fue cuando aprendí aquella táctica.

—Así que por eso cuando volvimos no me dijo más nada… – dijo para sí mismo aclarando una duda que siempre tuvo.

—Exacto. Cuando mamá te vio me dijo que la estuve engañando y que estabas más delgado, pero cuando te hicieron la evaluación médica para la escuela me creyó porque ganaste casi tres kilogramos.

— ¿Cómo hiciste? Porque a decir verdad, eso no es nada y seguía comiendo igual. Además antes no me vestía tan ajustado y era imposible que se notara a simple vista. Ni si quiera yo lo sabía. Recuerdo que estaba muy asustado cuando subí a la balanza.

—Tuve que buscar otros métodos. – dijo sonriendo al recordar todo lo que tuvo que aprender a hacer. — No me aseguraba de tu estado con mirarte, sabía que hubiera sido muy incómodo para ti sentirte observado por mí en cada instante.

—Entonces, ¿Cómo? – preguntó ahora realmente interesado. No sabía nada de eso.

—Por el tacto. Lo hacía las veces que jugábamos o te hacia cosquillas. Hay ciertas partes en tu cuerpo que me daban señales.

—Tienes que estar mintiendo, yo sentía mi cuerpo igual.

—Lo sé, es de otra manera. Se gana creo que con práctica, ya que es casi imperceptible y con tener memoria sensorial.

—Muéstrame.− le pidió.

—No.

— ¿Se te olvidó como hacerlo?

—No, pero hace mucho frío.

—No importa, vamos. Hazlo.− le pidió nuevamente muy interesado. — ¿Qué tengo que hacer?

—Nada Bill, no lo haré.

—Vamos. – le rogó. — Quiero saber. Yo nunca noté algo extraño cuando jugábamos. Ahora tengo curiosidad.− dijo ganándose otra negación. — Por fa, por fa.− pedía como un niño pequeño.

Luego de minutos rogando lo logró.

—Pero así no puedo. – dijo refiriéndose a la posición. — Debes estar extendido. – le indicó rompiendo el abrazo para que Bill pudiera levantarse.

—Está bien.− dijo obediente y acostándose en la frazada, apoyando su cabeza en uno de los cojines.

— ¿Así? – le preguntó a Tom.

—Si.− dio la aprobación para luego darse valor a sí mismo.

Hace mucho que no lo hacía y no creía que sentiría lo mismo que cuando tenía catorce años al acariciar la piel desnuda de Bill.

—Tengo que… – tragó grueso. — tengo que levantar tu camisa.

—Hazlo.− le autorizó Bill.

Cuando los dedos fríos de Tom tomaron el borde de su camiseta blanca se estremeció levemente y aún más al sentir como a medida que la levantaba los dedos del de rastas rozaban ligeramente su piel.

—Tienes… tienes que irme explicando para entender mejor. – dijo el menor sintiéndose un poco expuesto ante Tom.

El de rastas asintió intentando concentrarse en que era solo lo que hacía hace años atrás y olvidándose de tocar la piel de Bill de otra forma que precisamente no era la que utilizaba para saber cómo se encontraba el cuerpo del pelinegro.

—Bien. Es algo bastante sencillo. El primer punto está en las costillas. Las tuyas siempre se han marcado por lo que es difícil hacerlo por la vista, pero aprendí a diferenciar de esta forma. − decía pasando delicadamente la yema de uno de sus dedos por la zona nombrada. — El movimiento de mi dedo no es recto, y el recorrido lo hace como si estuviera pasándose por pequeñas montañitas. ¿Lo sientes? – lo volvió a hacer esta vez más lento haciendo temblar un poco al menor.

—A…aja.

—Las montañitas son tus costillas. Cuando comencé a hacerlo sobresalían más, así que lo de su uniforme del movimiento era más notorio, pero ahora es muy ligero. Aunque era más ligero cuando tenías catorce. Por eso sé que estas más delgado, pero no por que hayas bajado de peso, sino porque has crecido. Como no es tan diferente a antes no hay motivo para alarmarse. − terminó y luego miró a Bill notando el rubor de sus mejillas y se sintió más animado. — El otro punto este. – señaló. — De donde parten tus costillas. Cuando nos extendemos, como lo estás tú, esa zona suele hundirse, así que tocaba desde aquí.− apoyó su dedo en la mitad del pecho de Bill. — y luego bajaba.− lo hizo lentamente si pender el rastro de como su dedo recorría el cuerpo de Bill. —Según lo profundo que sentía la caída, sabia también si había algún cambio ¿Estas entendiendo?

—Sí, sí. ¿Qué sigue? – dijo totalmente avergonzado por estar disfrutando tanto que Tom lo estuviera tocando.

—Esta parte es más sencilla. No sé cómo, supongo que es porque somos gemelos.− sonrió.

Se posiciono mejor quedando un poco sobre Bill y miró entre su cuerpo y el del menor el recorrido que hacia su mano hasta hacer posesión de la marcada cadera del pelinegro.

— Esta es la forma en la que sigo cerciorando de que te mantienes saludable. Lo he intentado con otras personas, pero no funciona, o es muy grande o muy chica, pero tu cadera siempre ha encajado perfectamente en mi mano. – terminó de explicar para luego mirar a Bill. Rojo en su totalidad y estremeciéndose. Pensó que era por el frío, así que tomó el borde la camisa del menor que reposaba casi a la altura de su pecho y la bajó cubriéndolo.

— ¿Bill? – le llamó al ver que no reaccionaba.

— ¿Ah? Sí, sí.

— ¿Esta bien?

—Si… uhm solo, hay un poco de calor.− decía sin atreverse a mirar a Tom a los ojos.

Tom se dio cuenta que mentía y que el único calor que había en el ambiente era el que emanaban sus mejillas.

Sintiéndose orgulloso de lo que provocó en Bill, se incorporó y luego lo ayudó a levantar teniendo que volver a sostenerlo por su cadera por que el cuerpo del menor aún se estremecía y sus piernas estaban un poco adormidas a causa de las acciones anteriores del mayor en él.

—Esta es mi parte favorita de tu cuerpo.− dijo aun sin soltarlo y acariciando con sus pulgares la zona. – Y el tatuaje la hace ver más linda aun.

—Y… uhm… ¿Cómo salí en la evaluación? – dijo con la respiración agitada, soltándose del agarre e intentando pasar por alto las palabras de Tom que lo hicieron sentir más calor en sus mejillas.

—Siempre estas perfecto para mí.

Continúa…

Gracias por leer.

Publico y rescato para el fandom TH

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