Reverse 5

«Reverse I» Fic de Alter Saber

Capítulo 5: Descenso

«La lujuria merece tratarse con piedad y disculpa cuando se ejerce para aprender a amar»  -Dante

Mi vida amorosa nunca ha sido realmente activa, es decir, aun cuando tenía rollos de verano y compartía uno que otro roce con una chica, jamás llegué a sentir un especial apego a ellas, ni siquiera una diminuta dependencia que me obligara a permanecer a su lado. Y en el sexo, no había nada novedoso, siempre la misma secuencia: Lujuria – Desenfreno – Liberación.

A decir verdad, no he tenido una vivencia que me provoque algo similar a la «Pasión».

Emma Jackson fue la primera mujer con la que estuve; llevábamos 3 meses saliendo y un día mientras sus padres no estaban; probé mi suerte, me lance por ella y no opuso resistencia; se entregó con tal facilidad al acto que estábamos consumando, que empezaba a dudar de la pureza de la que tanto se jactaba.

Esa experiencia me enseño la valía de las personas en términos propios de ese campo:

+1: Personas sexualmente activas que buscan con desesperación satisfacer sus frustraciones sexuales sin reparar en la carencia de afecto.

0: La gente rutinaria que establece un calendario para tener sexo, fijando los días en los que se debe alcanzar el clímax; como si de trabajo se tratara.

-1: Criaturas en vía de extinción que consuman sus emociones en un hermoso escenario al que le llaman – «Hacer el amor». Está especie hace parte de la minoría; ellos han rechazado las excusas de la sociedad y se han enfocado en impregnarse de la esencia de sus parejas, como si de un buen vino se tratara. Encontrarles es sin duda, la más grande de las aventuras y el mayor de los tesoros.

N/N: Individuos dispuestos a tener sexo sólo con aquellos que les resulten atractivos, no lo consideran una necesidad y pueden aventarse a las contradicciones que ofrece el amor, sólo sí la persona se hace merecedora de ello.

En ese entonces, pensaba que ésta escala me dejaba por fuera de todas las diferentes opciones mencionadas. No prescindía del sexo, tampoco lo consideraba una obligación, jamás había probado lo que era hacer el amor y no estaba disponible para tantear variables que podrían generarme bien sea plenitud o frustración.

No, hasta ese momento estaba decidido a pasar mis días venideros sin anhelos, ni aspiraciones; enfrentaría mis conflictos existenciales en soledad. Sí, así viviría y quizás en alguna parte del trayecto por razones fortuitas, encontraría la placidez con la que he deseado convivir desde los 6 años.

Pero la realidad que tenía en frente, me estaba azotando con una fuerza desgarradora.

– ¡ESTO ES ABSURDO!

¿Quién demonios en su sano juicio deja que un completo desconocido lo toque sin siquiera oponer una microscópica cantidad de obstinación?

Escaseaban las palabras en ese instante, no podía, simplemente me era imposible contraatacar, o ¿No quería hacerlo? Ya ni siquiera pensaba con claridad. Me nubla los sentidos, su descontrol me está contagiando.

Sus labios están desesperados, pero sus movimientos no son torpes; por el contrario me domina como si fuera de su propiedad. Su lengua está pidiendo a gritos que le permita el ingreso y sin detenerme a considerarlo, entreabro un poco mi boca y Tom juega conmigo. Rodea mi cintura con sus brazos y me acerca tanto a él, que puedo sentir la dureza de sus pectorales, los cuales están en contacto con las palmas de mis manos; aprieta mi parte trasera y se desliza a lo largo de mi cuerpo en un gesto incitante que me funde en un sinfín de espasmos que envían corrientes eléctricas por todo mi ser.

– Lo podía ver.

Las escaleras de piedra similares al periodo barroco de Europa, dispuestas en forma de espiral, que daban la apariencia de no tener un fin. Las paredes cubiertas de arenilla espesa, acompañadas de grandes candelabros que se encargaban de iluminar el pasaje; lo veía, podía observar el descenso que me iba a llevar directo al infierno; y no me importo.

Ni todos los mecanismos de defensa, ni todas las barreras, ni siquiera la cordura de la que tanto me he fiado durante estos últimos años; nada, absolutamente nada de eso me serviría para hacerle frente. No podía huir, Tom me había atrapado y sus intenciones estaban más que dichas, él no me permitiría escapar, es más, me lo tenía prohibido.

Estaba encadenado, mi voluntad dejo de pertenecerme para ser exclusivamente suya; manipulándome a su antojo, sin preguntar, sin reparar, sin consultar y siempre imponiendo sus pretensiones por encima de las mías.

Él dejo de besarme, nuestros labios se separaron con delicadeza, sumiéndose en una caricia casi nula; pensé que quizás había saciado su cuota de curiosidad y me dejaría ir; pero:

Qué equivocado estaba.

Tom cogió mi mano y mientras la desplazaba hacia un área de alto peligro; posicionó sus labios en mi cuello, empezó a succionar y repartir pequeños besos en todo mi lateral, hasta que se detuvo, se acercó a mi oído y su susurro fue la oportunidad que tuve para desaparecer de su campo visual, retirarme y buscar la suerte en otro lugar que me apartara de éste sensual demonio que juraba con su mirada, carcomer hasta el último de mis huesos. Sin embargo, no la aproveche y como sí se tratara de una resolución impuesta, posé mi mano sobre su miembro.

Ese contacto tan efímero, desencadenó el más tentador de los sonidos:

– Ahhh! Bill…

Tom gimió con dulzura y que mi nombre fuera pronunciado por sus labios, me hizo estremecer.

Los músculos de su cuerpo se tensionaron y en respuesta a mi caricia, él empezó a suplicarme con la mirada que acelerará el ritmo, me exigió con un encanto enceguecedor que le diera placer.

– Bill, más, quiero más.

No lo podía creer, Tom me estaba implorando atención y yo no había hecho más que complacerle, estaba hipnotizado, quería darle justo lo que me estaba pidiendo y en un movimiento rápido, desabroché su enorme jean y pasé al contacto directo con su hombría; su reacción fue enternecedora. Tom escondió su rostro en mi cuello, sus mejillas tenían un sutil color rosa, y sus labios entreabiertos no hacían más que repetir:

– Ummm, Bill. ¿Qué esperas? Hazlo ya.

Él imponía sus deseos y daba por hecho que yo los llevaría a cabo; pero, ¿Qué seguiría después de esto? ¿Acaso estaba dispuesto a comportarme como una marioneta que espera que su amo decida moverla para obedecer?

¡NO!

¡De ninguna maldita manera eso es posible!

Algo dentro de mí se removió con locura y sin reflexionar en las consecuencias de lo que estaba a punto de hacer; levanté mi pierna más de lo que había estimado y golpee a Tom en sus partes sensibles. De repente sus ojos se cerraron con fuerza, cayó de rodillas y palideció al punto que creí que se desmayaría ahí mismo.

Tras unos escasos minutos, Tom empezó a entreabrir sus ojos, su mirada escalo y se estancó en la mía. Su vehemente observación, me hizo comprender de inmediato, que las posibilidades que tenia de salir vivo de ésta situación eran limitadas.

En un intento por suavizar su ira, me arrodillé frente suyo y le dije:

– Lo siento Tom, no quería golpearte ahí. Te juro que sólo deseaba apartarme.

Y como sí hubiese insultado a la mujer que lo trajo al mundo, Tom apretó mis hombros, sacudiéndome con una brutalidad desmesurada:

– ¿Por qué demonios querías apartarte? Me correspondes y luego me rechazas, ¿Quién putas te crees? Pensaba ser amable y bueno contigo, pero tú metida de pata te va a costar caro Bill.

Con una destreza impactante, Tom se me lanzó encima como sólo una bestia lo haría; me miro por escasos segundos y mordió mis labios, mi cuello y mi oreja:

– Vas a desear no haberme provocado. Te enseñaré algo que te será muy útil si no quieres que desate mi furia contigo; aprenderás a rogar y te puedo asegurar que sólo sí así lo deseo, voy a acatar tus estúpidas lamentaciones.

Tom dirigió su mano hasta mi inexistente erección (Sólo un masoquista podría sentirse eufórico en un evento tan aterrador como en el que me encontraba en esos instantes) y no me preguntó.

Introdujo su mano por debajo de mis boxers, rozo sus dedos alrededor de mi miembro y empezó a moverse con una velocidad abrumadora; fue inevitable, no pude contenerlo:

– Ahhh! Dios Tom…

Él maldito infeliz empezó a reírse y como si deseara escuchar más de mí, hizo que su lengua recorriera mi cuello; me estaba enloqueciendo, recibía oleadas de placer que parecían ir en ascenso.

– ¿Te gusta verdad? Admítelo, te encanta lo que te estoy haciendo. Poco te importa que sea un hombre el que te esté tocando. Vamos Bill, dilo, quiero escucharlo de ti.

Éste hombre estaba demente, ¿Por qué se encontraba irremediablemente excitado sino era él quien estaba en posición de saborear la gloria como yo lo hacía?

– Tom, Por favor.

– ¿Si? Dime, ¿Qué quieres?

– Más…

– ¿Más? Eres condenadamente hermoso y sacas provecho de eso. Estas siendo injusto y cruel conmigo Bill; pero, no te lo voy a negar.

Terminadas esas palabras; el ritmo aumentó y sus labios tomaron control de los míos y mis gemidos se mezclaban con sus movimientos; él estaba extasiado y yo a punto de ver las mismísimas estrellas.

Tan cerca del puto cielo que siempre me pareció inalcanzable, me encontraba entre las nubes, había escalado tan alto que no deseaba bajar nunca de allí y él estaba complacido al escuchar mi grito acompañado de mi entera culminación.

– ¿Lo ves Bill? No puedes resistirte, aunque quieras, Yo siempre terminaré por hacer lo que desee y justo ahora lo que más ansió es que entiendas tú papel en ésta historia.

– ¿Y cuál sería ese papel?

– Es muy simple, sí yo te ordeno, tú obedeces. Sino lo haces, podrías pasarlo un poco mal. Verás, aunque no lo parezca, pierdo los nervios con suma facilidad y si no fuera porque me prohíbo dañar un rostro tan delicado como el tuyo, ya te habría dado una buena hostia. Pero, no hay porque ser agresivos ¿Verdad? Tú serás un buen niño y te comportaras, yo sé que sí.

Al ver sus ojos supe que no estaba bromeando, Tom estaba decidido a tratarme como un juguete más de su colección, como un vil e insignificante títere; moviéndome a su gusto, abusando y disfrutando de mi sufrimiento.

¿Es que ni siquiera en Frankfurt iba poder escapar de la sumisión?

– Creo que te has hecho una idea equivocada.

– ¿Ah, sí? ¿Y en qué estoy errando?

– Cualquiera que tenga un miembro en su entrepierna reaccionaría de la misma manera en la que yo lo he hecho; independientemente de si la otra persona es hombre o mujer.

– Jajajaja, pero que testarudo eres. Eso no te lo cree nadie Bill. Te derretiste en mis brazos y me suplicaste por más, venga, eso no lo puede conseguir cualquiera; sólo Yo.

La autosuficiencia junto con esa pose de superioridad que tenía Tom en esos momentos, me hizo reconocer que sólo él podría lograr hacerme lanzar de un paracaídas tantas veces como el quisiera, sí con eso, sus manos van a seguir paseándose por mi cuerpo entero; saltaría sin dudarlo.

Pero él no tenía por qué enterarse de eso, ¿Cierto?

– ¡Ja! Pero si es que hasta un anciano decrepito es capaz de hacerme reaccionar así. No te la creas tanto «rastitas»; me da exactamente igual lo que quieras hacer. ¿Por qué no sales y te buscas a una tipa despampanante con la que jugar?

Si no eres tú, ¿Qué sentido tiene?

Bien, el malnacido era un seductor por naturaleza.

Sentí que mi corazón dejo de palpitar, mis ojos se abrieron con asombro y mis parpados no dejaban de moverse. Ante mi comportamiento, Tom volteó su rostro y llevando una de sus manos a su boca, soltó una risa juguetona; tras unos cuantos segundo, se calmó, regresó su vista a mí, acercándose a un paso lento y conciso.

Ante esa amenazadora caminata, comencé a retroceder hasta que mi espalda dio contra la puerta y sin forma de evadirlo, agaché mi cabeza.

Es que eres idiota rematado Bill, ¿No sabes hacer otra cosa que no sea intimidarte con su presencia?

Me era difícil sostenerle la mirada, sobre todo, cuando se movía de una forma tan tranquila, como si estuviera seguro que yo no tenía las fuerzas para irme de su lado, como si ese simple gesto fuera todo lo que yo necesitara para entender que no debía huir, como sí esperara pacientemente por una recompensa que sólo él podía propinarme; su sonrisa era mi perdición.

Cuando esa perfecta dentadura se mostraba ante mí, no podía hacer más que resignarme a ser suyo.

– Bill, Bill, Bill, ¿Qué voy a hacer contigo pequeño? Parece que aún no lo entiendes…

A escasos centímetros míos, pude sentir su aliento chocar cerca de mis labios; Tom, colocó una de sus manos contra la puerta y la otra en sus caderas; esa era la típica pose que un hombre adoptaba cuando se quería ligar a una mujer. Él era intimidante, pero no porque sus ojos fueran desafiantes, ni por su imponente estatura o por la rígida complexión de su cuerpo; era algo más.

Su presencia era formidable, casi monumental. Emanaba una esencia tan varonil que desataba suspiros ahogados por donde fuera que él pasara.

De repente, sus ojos me vieron e inclinando un poco su rostro para llegar a mi oído, pronunció:

– Me perteneces.

El estremecimiento que me provocó esa insignificante frase no tenía comparación con nada de lo que hubiese podido experimentar hasta el momento.

Tom se separó de mí, sonrió y salió de mi habitación. Sin embargo, cuando su mano se posó en el pomo de la puerta, se giró hasta mí y dijo:

– Yo de ti, me encargaba de eso en el baño.

Cerró la puerta y me dejo allí sin entender el motivo de esa afirmación tan fuera de lugar; no fue hasta que mi mirada viajo hasta el comienzo de mi ingle que pude comprender.

Algo había vuelto a crecer con impetuosidad y él causante de ello no iba a tomar la responsabilidad.

Sólo después de darme cuenta de esa prominente erección; desee con todas mis fuerzas que ese animal que me embistió con fiereza minutos atrás, volviera a tocarme, con igual e incluso más insistencia que la primera vez.

Porque en mi escala de valía sexual, Tom podría representar para mí, un indiscutible y estruendoso:

-1.

Continúa…

Gracias por la visita.

Publico y rescato para el fandom TH

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