Sin daños a terceros 2

Capitulo 2

& Tom’s POV &

Parado en el umbral de la puerta de la habitación, vi como cerraste la puerta sin mirar atrás. Siempre fuiste el más fuerte de los dos Bill… siempre. Sólo tomaste la decisión de no dañar a nadie por nuestro loco y prohibido amor y seguiste tu camino, pero yo… yo no puedo simplemente dejarte marchar… yo te amo demasiado para que nuestro encuentro haya sido algo… fugaz. Para mí, saber que estás aquí, esta ciudad, me abre puertas, me da… esperanzas.

Volví a la cama y tomé el celular en mis temblorosas manos. Estaba ansioso y busqué tu número. Allí estabas… Bill Kaulitz… y el botón parpadea… “¿Llamar?”

¿Lo llamo? ¿Ahora? ¿Y si es muy pronto? ¿Y si lo asusto? ¿Y si no quiere hablarme? ¿Y si me vuelve a decir que no haremos daños a terceros?

Dios… ¡Me vuelvo loco! —Grité a la nada—. ¿Por qué Dios? ¿Por qué ahora? Ahora que es… TARDE.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y no pude evitar derramarlas y gritar a todo pulmón mi amor por ti. Siento como el nudo en mi garganta se incrementa con mi llanto, impidiéndome respirar con normalidad. Una nausea inunda mi estómago y me pregunto… ¿por qué sólo yo sufro?, ¿por qué Bill no quiso darse una oportunidad conmigo, si sabía que lo amaba con locura? Pero no saco nada con culparlo… de seguro él está tan jodido como yo ahora.

Volví a tomar el celular y veo su nombre brillando en la pantalla. Y susurro.

Te amo Bill… ¿Por qué nos encontramos tan tarde? Estoy seguro de que, si no estuviéramos casados, te vendrías conmigo en un segundo. Lo sé por cómo nos amamos anoche. Y ahora… ¿Cómo voy a seguir con mi papel de esposo, si sé que tú estás aquí, en esta misma ciudad?

Dejé el teléfono en la mesa y me fui a duchar. Ya le llamaré después… o al menos eso creía.

& Bill’s POV &

No sé de dónde saqué las fuerzas para salir del apartamento, sin mirar atrás. Dentro de mí, sabía que era lo correcto, pero mi corazón se quebraba, era la segunda vez que me separaba de Tom.

La primera: por el divorcio de nuestros padres y esta vez: por mi culpa. Por no querer perder la comodidad en la que me encontraba con un trabajo perfecto y una esposa perfecta, pero mi vida es una mierda… nada de esa perfección me sirve si no estoy con ese único ser al que he amado mi vida entera. Soy un cobarde… soy un maldito… lo sé. Seguro él estará pensando que no lo amo lo suficiente y que por eso me conformé con un polvo y lo mando al olvido… pero si él supiera que me estoy desangrando por dentro, que lamento tanto estar casado, que lamento tanto haberlo encontrado tan… tarde.

Oh Tomi… te amo tanto… Oh Dios… ¡¿Por qué?! —susurré, ahogando el llanto y el taxista me miró con lástima, y claro si supiera mi historia… claro que me tendría lástima o tal vez… me gritaría a la cara que soy un malagradecido y que debería arrepentirme del revolcón que me di, porque estuve a punto de terminar lo único bueno que tengo ahora… “una familia”

No puedo evitar que se me escapara una lágrima y ahogué el llanto que quería salir… Debo componerme ahora que llegue a casa, Helen me preguntará donde he estado y debo estar calmado, para no gritarle a la cara que estuve con el amor de mi vida.

Pagué el taxi y bajé limpiando mi rostro. Tomé las llaves y entré a la casa. Prácticamente corrí al baño y me encerré ahí. Lavé mi rostro y me miré al espejo y el reflejo me dijo “Eres un maldito, te presentas con la cara muy lavada después de lo que hiciste, la traicionaste, si ella se enterara… moriría de dolor, ya sabes lo sensible que es”

Billy, amor ¿Ya llegaste? —preguntó dulcemente.

Ahora voy —Grité desde el baño y me preparé. Salí y caminé hacia la cocina.

¿Quieres desayunar? —indagó muy amable.

Sólo café, no me siento muy bien —Sonreí a la fuerza, la verdad es que tenía un nudo en el estómago.

¿Cielo? —Me miró con unos ojos picarones, como si hubiese hecho algo malo, la conocía tan bien que no podía ocultarme nada.

¿Qué hiciste? —Le di un sorbo a mi café.

Sé que hoy es sábado y que querías descansar, pero…

¿Pero qué? —dije un poco más rudo de lo que quise sonar.

Tengo una amiga… mi primera amiga aquí —contó emocionada.

Vaya que bueno ¿Y hay algo más?

Que la invité a almorzar a ella y a su esposo esta tarde… ¿Te molesta? —cuestionó, mirándome como cachorrito.

No claro que no, es necesario que tengas amigas, no hay problema —Genial, ahora tendría que hacer el papel del esposo ideal, delante de perfectos desconocidos, estupendo.

¿Cómo estuvo tu emergencia de anoche? —preguntó cambiando de tema. Me paré para no encararla.

Horrible —Y me fui a mi habitación a cambiarme de ropa.

&

En el Cadillac Escalade negro iba el matrimonio Kaulitz escuchando música suave.

Dime nuevamente ¿Por qué voy a este almuerzo? —preguntó el de trenzas, sin dejar de ver el camino.

Porque me amas mucho y además porque quiero que conozcas a mi nueva amiga y a su esposo —respondió, retocándose el brillo en los labios.

¿Los Messer? ¿Por qué Messer? ¿Son Americanos? ¿Italianos? Tú sabes que no me gustan los extranjeros —Comenzó su perorata el trenzado, pero paró al sentir el toque de su esposa en su rodilla.

Sí, son Messer, pero no son extranjeros, o al menos eso me pareció, bueno hoy podemos preguntarles, pero no te aflijas te encantarán —Le dio una suave sonrisa.

¿Y por qué tengo que gastar mis hermosas entradas del partido de futbol? —Siguió quejándose el trenzado.

Vamos no seas tacaño, ni siquiera te gusta demasiado el futbol. Se las das o si te cae bien… lo invitas —Ella suspiró—. Sería extraño sabes…

¿El qué?

Ella me dijo que su esposo era guapísimo y tú también lo eres, si salen juntos, creo que deberíamos ponernos celosas jajaja.

Jajaja —El de trenzas tragó duro y siguió conduciendo.

Pero yo tengo plena confianza en ti Tom —Ella volvió a acariciarle la rodilla y él apretó los dientes, recordando los besos que le dio a su gemelo. Si ella supiera o sospechara, la confianza se iría al demonio.

Mientras conducía, en la mente del trenzado se revivían las escenas de pasión que vivió con su amado pelinegro y aun así seguía manteniendo la misma expresión. Si Bill lo había querido así, que se separaran por el bien de sus mujeres, él respetaría su decisión, aunque se muriera por dentro, lo único que haría… sería guardar en su memoria para siempre, la noche que compartieron y el número de teléfono en su celular.

Estacionaron el auto y bajaron tomados de la mano. Sarah tocó el timbre y sonrió por última vez a Tom, la puerta se abrió mostrando a una joven pelirroja muy bella, quien los recibió con una enorme sonrisa.

Sarah amiga, que emoción —Ambas mujeres se abrazaron afectuosamente y luego la morena presentó a su esposo.

Helen, él es mi Tom —El hombre le dio una sonrisa y ella correspondió, le dio un pequeño beso en la mejilla.

Hola Tom, eres tan guapo como dijo Sarah, pero pasen por favor —Todos entraron y un delgado pelinegro apareció en la sala.

¿Ya llegaron nuestros invitados? —preguntó muy cordial, cuando su mirada chocó con la del trenzado y se paralizó.

Bill cariño, ellos son los Kaulitz, ella es Sarah y él es Tom —Les presentó. Bill, con mucha cautela se acercó.

Hola un gusto —Sarah le besó la mejilla y Tom se aprovechó y le dio un abrazo.

Hola Bill —dijo él, muy contento.

Pero pasemos a la mesa, está todo listo, mi querido Bill me ayudó —Sonrió Helen. Todos la siguieron y se sentaron.

Yo te ayudo Helen —Se ofreció Sarah, poniéndose de pie de inmediato, dejando a los hombres solos.

¿Messer? —preguntó curioso el de trenzas, apretando a penas la mano del pelinegro, quien no la apartó.

Es una larga historia —dijo y arrepintiéndose… corrió la mano—. ¿Qué haces aquí?

En realidad no estoy muy seguro, creo que nuestras esposas se conocen de algo —explicó, alzando los hombros.

Debe ser el destino —Suspiró el pelinegro, el otro le miró y sonrió asintiendo.

Es que nunca debimos ser separados —dijo el trenzado completamente seguro.

Pero ya es…

Tarde… lo sé

Quizás en otra vida Tom.

Pero el destino nos sigue reuniendo Bill ¿No te das cuenta?

¿Y los terceros?… nuestras esposas.

¿Por qué siempre es alguien más? Primero nuestros padres, ahora nuestras esposas ¿Por qué nunca estuvimos nosotros primero? —preguntó el mayor casi con indignación, pero manteniendo la voz suave, para no ser oídos.

No lo sé Tom —Las mujeres los miraban comunicarse animadamente, claro que sin escuchar lo que decían, y decidieron entrar con los platos.

¿Todo bien? —preguntó Sarah, al ver que Tom bajaba la mirada.

Claro, Bill me acompañará al juego de futbol ¿No es así Bill? —Cambió el tono el trenzado, para pillarlo desprevenido, mostrándose completamente inocente.

Ah… claro, el partido —Las mujeres estaban fascinadas.

Genial, entonces mañana me traes con Helen y me quedo con ella mientras ustedes van al partido —Sugirió la esposa de Tom, cerrando el acuerdo.

Perfecto —Aceptó sonriente la pelirroja.

Sirvieron los platos y las mujeres contaron cómo se conocieron. Resulta que la noche anterior cuando sus esposos se fueron por “algo urgente” ellas se quedaron solas y decidieron comer juntas y así fue como nació su amistad. Los hombres las miraban embobados ¿Cuántas posibilidades existían de que algo así pasara? Sólo una palabra reinaba en sus cabezas “destino”.

Tom pensó para sí mismo, que él había dejado que Bill siguiera con su decisión de dejar hasta allí su romance y ahora resultaba que sus esposas se conocían y querían que ellos se hicieran amigos, entonces qué más daba todo lo demás, qué importaba que fuera “tarde”. Ahora la vida les estaba mostrando una nueva oportunidad y él no la desaprovecharía.

Se citaron para el día siguiente a las cuatro para “el partido” y tras despedirse cada cual retornó a su familia… pero los hombres nunca habían sentido tanta emoción en sus vidas antes, estaban llenos de dudas y sin embargo, estaban ansiosos por volver a encontrarse y entregarse sin barreras a su amor prohibido.

Continuará…

Gracias por seguir leyendo.

Escritora del fandom

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