The devil Inside 5

Perfect Love 2: The devil Inside (By MizukyChan)

Capítulo 5

Bill llegó con ojeras al hospital y se sorprendió de ver a Gustav en su turno de la mañana. El rubio ni siquiera lo saludó, así que el joven Kaulitz cogió una taza y se preparó un café muy cargado, esperando algún comentario con tintes sexuales, pero nada pasó. Finalmente, se sentó frente al escritorio en el que estaba su colega y golpeó la superficie de madera, con la taza.

—¿Qué rayos te pasa, Gus? —preguntó en forma de broma, al ver el salto que dio el chico en la silla—. ¿Qué, en serio no me viste llegar?

—Lo siento, estaba muy entusiasmado con la lectura —respondió el rubio, ruborizado.

—¿Y qué lees? —Bill se levantó un poco sobre la silla, para ver el libro sobre el escritorio—. ¿Es alguna historia para caballeros mayores? —Bromeó, pero se quedó en silencio al ver dibujos de lobos en las páginas que estaban abiertas.

—Cof, cof —carraspeó el chico, tomando el volumen en sus manos—. Sólo hacía algo de investigación.

—¿De lobos? —El pelinegro achinó los ojos—. ¿Investigas sobre Tom?

—Para ser sinceros, sí —Gus se arregló las gafas y miró fijamente al menor—. Quería buscar alguna relación entre el comportamiento de los lobos salvajes, y la pérdida de memoria que sufrió Tom.

Bill alzó los hombros, eso había ocurrido varios meses atrás, no entendía por qué su amigo, se había puesto a investigar ahora.

—Eso que me contaste ayer… —El rubio no quería mencionarlo en realidad, le había dolido mucho ver a su colega sufrir por las suposiciones que tuvo, sobre la posible infidelidad de Tom, a causa de las palabras de la doncella moribunda.

—Ya quedó olvidado, Gus —Bill dio un sorbo a su café—. Tú mismo me animaste a pensar que eran sólo las alucinaciones de una mujer envenenada.

—Es cierto. Absolutamente —El médico cortó por lo sano, era mejor que Bill pensara eso, aunque él mismo tuviera las dudas ahora—. Bill —Volvió a aclarar la garganta, se sentía un poco incómodo por lo que iba a preguntar.

—¿Eh?

—¿Puedo hacerte una pregunta muy personal?

—Claro.

—¿Tom y tú, han tenido relaciones? —Los colores calentaron las mejillas del pelinegro y trató de cubrirse con su café.

—Mmm, sí —susurró.

—¿Últimamente? —Presionó el rubio.

—Mmm —Bill quería que lo tragara la tierra, él era una persona de mente abierta, pero de todas formas, hablar de esos temas era un poco incómodo—. Sí.

—¿Cuándo?

—¡Gus! —Bill dejó la taza y contestó, bajando la cabeza—. Anoche —Se cubrió la cara con ambas manos.

—Dime Bill… no quiero ser rudo, es sólo por fines de la investigación —El rubio desvió un poco la mirada y procedió—. ¿Fue brusco contigo?

Bill se quedó estático. Su colega lo miró al no escuchar alguna queja, ni respuesta.

—¿Bill?

—Ahora que lo mencionas… —Bill sintió un nudo en la garganta—. Anoche Tom estuvo muy raro. Se contenía, reprimió su pasión.

—¿Podrías ser más específico?

—Hace unos meses, Tom comenzó a volverse mucho más apasionado sexualmente. En uno de nuestros encuentros, me… —Se revolvió incómodo en la silla.

—¿Te lastimó?

—Sí, pero estoy seguro que no lo hizo a propósito —Se apresuró a agregar.

—¿Te forzó?

—No, Gus, claro que no. Nunca me ha forzado. Pero aquellas veces, meses atrás, él estaba… demasiado activo, no terminaba nunca y mi cuerpo no podía ir a su ritmo —explicó.

—¿Cuándo fue eso?

—Hace unos ocho o nueve meses, cuando se fue a las montañas. Cuando perdió la memoria —Concluyó el menor.

—¿Y anoche, pasó lo mismo? —indagó el rubio.

—No exactamente. Tom estaba igual de candente, pero se reprimió para no dañarme, finalmente tuve que ayudarle a terminar de otra forma —Sus mejillas encendidas, le dieron al otro médico la respuesta que buscaba.

—Es algo natural, Bill.

—¿El qué? —cuestionó el pelinegro, quiso volver a beber de su café, pero repentinamente sus manos comenzaron a temblar, así que las dejó sobre sus piernas.

—Estaba estudiando algo del comportamiento de los lobos —Comenzó Gustav—. Cuando llegan a un estado adulto o madurez, se vuelven más activos sexualmente, porque es su época de apareamiento, deben buscar un compañero para tener crías.

—¿Me estás tratando de decir que Tom busca reproducirse?

—No creo que él lo sepa. Es parte de su naturaleza animal.

—No te refieras a Tom como animal, Gus —advirtió en un tono bastante amenazante.

—No me malinterpretes, Bill.

—¿Entonces?

—Digo que es algo natural en Tom, algo que ni tú, ni él conocen, es parte de su naturaleza de licántropo —Bill arrugó el ceño—. Creo que deberías estudiar esto, en caso de que él se vuelva violento.

—Él no es violento, Gus.

—Lo sé, pero su cambio a la madurez… lo puede desestabilizar —El rubio se quitó las gafas, con cansancio—. Comprendo cuanto se quieren ustedes dos y Dios sabe que quiero a Tom como un hermano, pero si enloquece… —Sus miradas se encontraron.

—Gus… —El médico rubio alzó la mano, para que le dejara terminar.

—Basta sólo una herida para que Tom te contagie y te vuelva uno de ellos.

—Eso es lo que él más teme. Jamás lastimaría a nadie, jamás transformaría a otra persona, no le daría su maldición a nadie. Lo sé, estoy seguro de ello.

—Los cambios en su comportamiento, irían contra su voluntad, Bill. Sería su lado salvaje, el que dominaría. Tom no sabría nada, hasta que el daño estuviera hecho.

—Dios mío.

—Vigílalo. Lee estos datos, podrían ayudarte a prevenir —Le entregó el libro.

&

El pelinegro no tuvo tiempo de leer el libro que le entregó su colega rubio, por más deseos que tenía de sentarse y estudiarlo a fondo. Quería comprender aquello que Gus había mencionado, sobre el cambio a la madurez del lobo. Quería ayudar a su Tom en todo lo que pudiera, siempre lo había querido, esa fue la principal razón por la que estudió medicina: para curar las heridas que le infringía su desquiciado padre.

Pero últimamente, parecía que sólo tenía dudas sobre su amado Tomi, ni siquiera en la cama podía satisfacerlo y eso le dolía… mucho. Y aunque se forzaba a creer que la doncella había dicho esas cosas, por la fiebre y el veneno, no podía evitar recordar sus palabras, sobre lo mucho que ella había disfrutado con ese ser sobre natural, y como lo había dejado satisfecho. Sacudiendo la cabeza, para quitarse la expresión de frustración de la cara, apretó los ojos.

—¿Se encuentra bien, doctor? —preguntó una señora a la que revisaba por tercera vez la presión.

—Sí, Dominique —Sonrió, pero aquella mujer mayor, notó que esa sonrisa era sólo un adorno en su rostro.

—Pues no lo parece, doctor. Se ve muy cansado —Esta vez, el pelinegro sí sonrió de verdad.

—Estudié un montón de años esta profesión y vienes tú y me diagnosticas a la primera —Bromeó el joven, cosa que hizo reír a la anciana también.

—Dicen que la vida enseña más que cualquier libro.

—Tienes razón, Dominique —El chico anotó los datos en su cuaderno y volvió a mirar a la mujer—. Estás mejorando mucho, pero necesitas seguir tomando tu medicamento, no queremos que esos desmayos se vuelvan a repetir.

—Lo haré, doctor Kaulitz. Gracias y adiós.

—Adiós, bella dama. Nos vemos en dos días.

La mujer dejó la pequeña salita y Bill tomó un hondo respiro. Apoyó la frente en el escritorio y empuñó las manos debajo de la mesa. Estaba agotado, física y emocionalmente. Sus pensamientos constantes de Tom y su extraño comportamiento, le alejaban del mundo, tanto así, que no se dio cuenta cuando la puerta se abrió.

—Bébete esto —La voz gruesa del médico más viejo, alertó al pelinegro—. Te ayudará a sentirte mejor.

—¿Qué es?

—Aspirina.

—¿Qué es eso?

—Algo que te ayudará a aliviar el malestar en tu cabeza —respondió el doctor Hans.

«¿Y qué hay para el malestar del corazón?» Preguntó en su mente, el más joven.

Tras ingerir la pastilla y beber todo el líquido cristalino del vaso, Bill trató de sonreír.

—Quiero comentarte algo —Comenzó el anciano, sentándose frente a Bill—. Tiene relación con los Hallagan —Con la mención de ese nombre, el pelinegro enfocó toda su atención en el hombre mayor—. Te conté que hace un tiempo ellos me llamaron para revisar a su hija.

Bill asintió—. La doncella embarazada a la que ayudé en el parto.

—Exacto, esa misma chica. Ayer te vi muy triste y creo que sé por qué estabas así —El pelinegro quiso evadir su mirada, pero el viejo se las arregló para mantener contacto visual—. Cuando ellos me llamaron, la chica tenía vómitos intensos, estaba deshidratada.

—Es normal, los primeros tres meses del embarazo, las mujeres sufren de nauseas constantes y vómitos matutinos —recitó el chico, como leyendo una definición.

—Pero no era eso, Bill —Los ojos castaños brillaron, mostrando toda su atención—. Ella presentaba un raro tipo de envenenamiento con hongos.

—¿”Raro”?

—Nosotros tres podemos identificar los síntomas de intoxicación por hongos, con sólo una mirada al paciente, ¿no es así? —Bill asintió—. En este caso no era igual. Y tuve suerte al descubrir entre los restos de sus vómitos, un trozo del hongo que ella ingirió, era un tipo extraño, que no se da en estos terrenos.

—¿No me diga que se da en las montañas del norte? —El pelinegro todo lo asociaba a la fatídica fecha en que su lobo se alejó de su lado y perdió la memoria.

—No, Bill. Eso es lo curioso. Ese tipo de hongo se da en el sur, en las reservas cálidas —Bill abrió grandemente los ojos—. Creo que la chica se mezcló con los mercaderes gitanos y alguno de ellos la drogó para seducirla. Esos tipos vienen en caravanas desde los lugares cálidos en estas fechas y se alejan cuando comienza el invierno.

—¿Cree que eso sucedió? —preguntó el menor con un tono lleno de esperanza.

—Estoy casi seguro de que eso pasó.

—¿Y por qué quería comentarlo conmigo?

—Porque cuando atendí a la chica, ella deliraba, decía que el hombre que la tomó era un lobo —Los ojos del pelinegro se abrieron grandemente—. Su padre por supuesto, estaba furioso de que su hija hablara tan abiertamente de su pecado sexual, es más de que se jactara de haber dormido con una criatura del diablo.

—¿Un lo, lobo? —La voz de Bill tembló.

—Para los Hallagan, hablar de una relación entre un humano y un animal, es lo mismo que hablar de las súcubus y los incubus, las criaturas sexuales del infierno —El pelinegro abría y cerraba la boca, sin decir nada—. Estoy seguro que algún gitano de esos que rondan el pueblo, le dio esa droga para excitarla y hacerla alucinar con la criatura que protege nuestro pueblo, Bill.

Y eso fue lo que hizo clic en la mente del médico más joven, dibujándole una sonrisa en el pálido rostro.

—Cualquier doncella de este lugar, sabe de la existencia del guardián de Berlín. No saben quién es exactamente, pero todas las leyendas que se han forjado entre los campesinos, nombran a la gran bestia como un lobo gigante. Es natural que la chiquilla quisiera presumir de su condición de gravidez y alegar que el niño de su vientre, era en realidad hijo del guardián, hijo del lobo. Y si con eso conseguía molestar a su padre, mucho mejor.

—Dios mío… —susurró el chico, sintiendo como el dolor de cabeza, ya no estaba presente en su cráneo.

—Yo sabía de la rabia que sentía la joven contra su padre.

—¿Eh? —Bill volvió a poner atención al más viejo.

—El señor Hallagan, podía aparentar ser un hombre muy devoto, pero en realidad tenía una “querida” escondida en el pueblo. Su hija lo sabía y lo odiaba por ello, por eso creí que ella era tan libidinosa al referirse a su encuentro con el lobo, lo hacía para molestar a su padre, para sacarle en cara que ella era tan desvergonzada como él.

—Por eso el padre quería matarla —agregó Bill—. Era la forma más conveniente de acallar los rumores: el de su amante y el de la inmoralidad de su hija.

—Exacto. Sin embargo, me inclino a pensar que ella era tan sucia con su lenguaje, porque todavía estaba bajo los efectos de los hongos alucinógenos.

—Cree que cuando me habló a mí sobre el padre de su hijo, también lo hizo por el efecto del veneno.

—Estoy seguro de ello, Bill —El anciano se pasó la mano por su cabello blanco—. Los Hallagan me volvieron a llamar hace unos meses, para revisar al menor de los hijos. Y en esa ocasión, la chica no dijo nada del supuesto lobo, así que asumí que todo lo que me dijo anteriormente, habían sido fruto de las alucinaciones.

—Comprendo.

—Bill, espero que ahora te sientas mejor. No desconfíes de Tom, no por este tipo de cosas —Alzó las manos, como si fuera algo sin importancia—. Ahora vete a casa y descansa.

—Pero aún no termina mi turno.

—Ya me las apañaré. Ve a descansar, tienes ojeras oscuras y no quiero que vayas a hacer un mal diagnóstico, por el cansancio.

—Eso jamás pasará.

—Lo sé —El viejo rió—. Por eso tengo que evitarlo, ve a casa y dale un beso a tu hijo Adam de mi parte.

—Gracias, doctor Hans.

&

El pelinegro llegó a casa temprano y aprovechó el tiempo para jugar con su pequeño. Le leyó un cuento y cuando le dio algunas tareas (dibujos que pintar), ocupó su mente en leer aquel libro que le entregó su colega del trabajo.

Primero hojeó el libro, mirando las coloridas ilustraciones y repasando los títulos más importantes, hasta que finalmente halló lo que buscaba: la fase de apareamiento. Arrugó el ceño, totalmente concentrado en lo que allí se mencionaba, sobre la especie lobuna, hasta que unas pequeñas manitas tiraron de su camisa.

—Ya está —dijo la dulce vocecita de su hijo—. Hice un lobo muy fuerte y grande —Le tendió la hoja con el dibujo de una gran bestia gris. Bill miró la obra de arte con ojo crítico y luego estalló en elogios para su pequeño.

Tras colgar el dibujo estratégicamente en la sala, ambos salieron a esperar a papi Towi, al jardín, y así aprovechar los rayos del sol que aún iluminaban el exterior.

&

Al llegar a casa, Tom estuvo tentado de aventar a sus dos hombres al lodo otra vez, pero la señora Amanda lo evitó con un: “la comida está lista”

Bill ya había ayudado a preparar el baño para su lobo, así que una vez estuvo limpio, todos se reunieron a comer. Escucharon las historias de los mercaderes como siempre, hasta que Adam llamó la atención de sus padres.

—Hay un niño indio que vino a jugar conmigo.

—¿En serio? —Tom preguntó sonriente, mirando a su pequeño, justamente Bill y él, habían hablado sobre eso el día anterior—. ¿Sabes cómo se llama?

—Se llama “hijo de la gran luna” —contestó el chiquillo con solemnidad—. Además él dijo que mi nombre significaba “El primer hombre” —Volvió a ponerle emotividad a la frase.

Bill y Tom se miraron con una sonrisa, ninguno de los dos había pensado en ese nombre, en realidad se lo había puesto su fallecida madre, pero fue Amanda, quien los iluminó.

—Tienes razón, pequeño Adam, tu nombre es el nombre que le dio Dios, al primer hombre que creó en este mundo —El niño sonrió ante la sabiduría de su abuela.

—Amanda sabe mucho sobre eso —agregó Bill, dando palmaditas a la mano de su hijo.

—¿Y te divertiste con él? —Siguió cuestionando su trenzado padre.

—Mmm —Asintió el niño, agitando sus rizos—. Lo invité a venir mañana, ¿está bien, papi Towi? —El chico lo miró, imitando el puchero de su padre pelinegro, causando una sonrisa en todos los presentes.

—¿Por qué haces eso? —indagó Tom, con ganas de romper a reír, al ver que el chico acentuaba más el puchero de sus labios—. ¡Oh, está bien!

—¿Tú sabes quién es, Amanda? —preguntó Bill, mirando a la mujer.

—Sí. Es un chiquillo adorable, de piel morena, hijo de unos mercaderes indios que están por aquí cerca. Traen unas telas muy buenas para vender —explicó la anciana.

—Está bien. ¿Puedes vigilar a los niños, mientras juegan? —indagó el moreno—. No me gustaría que aprendiera cosas raras, ya sabes —susurró casi al oído de la mujer, aprovechando la distracción del pequeño—, no quiero vaya a enterrar agujas en muñecos de paja y esas cosas.

La mujer hizo la señal de la cruz y negó con la cabeza—. No creo que los niños hagan esas cosas, pero yo me encargaré de ver a los pequeños.

—Gracias Amanda —comentó el mayor—. Ya oíste Adam, papá Bibi y yo te damos permiso para jugar con tu nuevo amigo, pero donde la abuela Amanda los pueda vigilar, ¿está claro?

—¡Sí papá! —Gritó el niño lleno de alegría.

& Continuará &

Escritora del fandom

1 Comment

  1. ¿Habrá obtenido Bill, alguna información útil de aquel libro sobre lobos? ¿Creen que el relato del doctor Hans, haya ayudado a recuperar la confianza en Tom? ¿Será este niño indio, una buena influencia para el pequeño Adam? Más respuestas en el siguiente capítulo.

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