Puntos especiales

Saludos, gente bella, sé que este fic es una continuación de los Juegos de Guerra, pero será un lemon ardiente, así que si quieren leerlo igual, pues deben saber que Tom era el sargento del batallón 483 y que Bill fue un ciborg que debía espiar a los soldados humanos, pero que al final fue rescatado por Tom y ha vuelto a ser tan humano como es posible. Y tras dicho eso, pueden leer el one-shot.

Fic Twc/Toll de MizukyChan

Puntos especiales”

El pelinegro gruñó al mover el cuello. Estaba adolorido y cansado.

—Tengo que admitir que tu idea de bautizar al batallón 483 como Batallón Fantasma, fue increíble. Los del alto mando nos temen y los soldados se emocionan al hablar de nosotros.

—Todas mis ideas son brillantes —respondió Tom con su sonrisa coqueta.

El sargento se quitó las pesadas botas, dejándolas junto a la puerta, mientras procedía a quitarse el resto de la ropa. Había sido un día especialmente agotador. Habían entrado a tres simulaciones en menos de 24 horas y, al no ser del todo conocidos, tuvieron que luchar con uñas y dientes para ser escuchados por los humanos al otro lado de las líneas.

—Al menos el paquete fue entregado —dijo el pelinegro, quitándose la ropa también.

—Costará que lo acepten de inmediato, pero hemos dejado la duda en sus mentes.

Tom sostuvo una toalla y caminó desnudo hasta las duchas—. ¿Vienes?

—Sí, debo limpiar estas cosas —dijo, mostrando su espalda a Tom, dejando al descubierto sus entradas para computador. Hacía mucho tiempo que ya no las usaba, pero debía mantenerlas limpias para no ganarse algún tipo de infección.

Tom arrugó el ceño, no le gustaba recordar que Bill no era del todo humano, pues había organismos en su cuerpo que le ayudaban a poder movilizarse. Relajó su frente y estiró una mano—. Ven aquí.

Bill sujetó su mano y sonrió al ser abrazado por los fuertes brazos del sargento.

Compartieron una ducha rápida de limpieza, no podían darse el lujo de desperdiciar recursos, pues todavía estaban ocultos en la base subterránea, pero ya con eso sintieron que volvían a la vida.

Tom terminó de atarse una toalla a la cabeza y caminó hasta Bill, quien luchaba por limpiarse bien los puntos de la espalda—. Deja, yo te ayudo —dijo el sargento.

—No me gusta molestarte con esto —admitió el pelinegro—. Sé que te incomoda.

—Nada de ti me incomoda —respondió Tom, procediendo a dejar un suave beso en el hombro del chico.

—No mientras —rió el pelinegro, sintiendo escalofríos.

—Tú, ni nada de ti me molesta, son ellos los que me cabrean, porque no era necesario llenarte de esto para tu operación —dijo Tom, sintiendo de pronto que volvía a molestarse.

—Recuerda que mi padre y Jost eran un poco especiales —dijo Bill, alejándose del sargento.

—Regresa aquí, soldado —dijo Tom con voz firme.

—Deja, ya lo hago yo —respondió Bill, estirándose para pasar la toalla por esos puntos.

—Le he dado una orden, soldado —mandó Trumper, con el ceño apretado.

Bill giró y vio la expresión seria de Tom. Bajó la cabeza y caminó hacia él—. Sí, señor —respondió, pero su voz ya no se oía tan segura.

—Gira —volvió a mandar el sargento y Bill obedeció. Tom limpió y secó con cuidado cada orificio y procedió a poner la toalla sobre los hombros del pelinegro—. Esta noche, a las 1100 vendrá a mi cuarto, cabo mayor Kaulitz.

—¿Con qué propósito, señor?

—Tengo que comprobar que no es un espía en mi batallón, Kaulitz. Estas marcas me han recordado que fue un ciborg y que tal vez, podría intentar desbaratar nuestros planes contra las máquinas —la seriedad y dureza en la voz de Tom habrían intimidado a Bill, pero sabía que se trataba de algo más, de algo que ellos tenían pendiente desde hace algún tiempo.

—Sí, señor.

Bill tomó su uniforme y salió del área de las duchas, caminando a paso presuroso hacia su habitación. Debía prepararse para esa noche.

&

A las once de la noche exactas, la puerta de la habitación del sargento Trumper fue golpeada. Tom abrió y sonrió al ver al joven pelinegro—. Pasa.

Bill entró y sonrió, le gustaba como olía el cuarto de Tom, no era desagradable como algunos de los otros cuartos.

—Quítate la ropa, Kaulitz —mandó Trumper con el mismo tono frío usado aquella tarde en las duchas.

—Sí, señor —respondió Bill y lentamente, se quitó prenda por prenda, hasta quedar usando sólo sus bóxer.

—Ven acá —ordenó el sargento.

El pelinegro se puso de pie frente al hombre, su cuerpo estaba mucho más tonificado que la última vez que lo vio así. Estiró una mano y la pasó por uno de sus brazos, comprobando que estaba formando músculos—. Estás más fuerte, Kaulitz.

—Sí, señor —respondió Bill, aguantando la necesidad de gemir al sentir la piel caliente de las manos de su líder—. Me he estado ejercitando, señor.

—¿Cuál es el motivo? —Preguntó Tom, alzando una ceja.

—Soy miembro de un batallón de soldados de elite, señor, mi deber es estar al nivel.

Esa respuesta hizo sonreír a Tom, quien hizo una seña para que girara. Bill lo hizo, sintiendo escalofríos al percibir la mirada penetrante del hombre a sus espaldas.

Tom estiró una mano y la pasó por el omóplato del chico, deslizándose hacia abajo—. Debo asegurarme de que sea humano, Kaulitz.

—Lo entiendo, señor —respondió el pelinegro, notando que su voz salía más temblorosa esta vez.

—Debo tocar ciertos puntos que estimulan sólo a los seres humanos, para comprobar que ha dejado de ser una máquina sin emociones, Kaulitz —agregó Tom, acercándose lo suficiente para pegar su cuerpo a la espalda del más joven.

—Comprendo, señor y estoy dispuesto —contestó sin dudar, sintiendo como la emoción comenzaba a arremolinarse en su vientre.

—Bien. Comencemos —dijo Tom y pasó sus manos por los dos brazos de Bill, descendiendo delicadamente, sintiendo como el joven se estremecía ante su toque. Se separó lo suficiente para quitarse su propia camiseta y pegó su torso desnudo a la espalda del pelinegro, repitiendo la acción, escuchando como la respiración del otro se aceleraba. Ambos estaban excitados.

Sin decir nada, Tom comenzó a dejar besos por toda la espalda de Bill, notando como se removía y gemía sin parar. Giró el cuerpo del pelinegro y procedió a hacer lo mismo, besando los pezones del chico, endureciéndolos de inmediato.

—Primera etapa concluida —dijo Tom, con voz ronca de deseo—. ¿Desea que continúe, Kaulitz?

—Sí, señor. Debe asegurarse que soy humano, por el bien todo el batallón.

—Buena respuesta, Kaulitz.

Tom estiró una mano y Bill la sujetó sin dudar. Dieron unos pocos pasos hasta la cama y se recostaron ahí. Tom miró al pelinegro y pasó una mano por su cabello con gentileza, admirando sus hermosas facciones, comprendiendo por qué su padre quiso utilizarlo para sus sucios planes. Bill era la viva imagen de vulnerabilidad, alguien por quien morirías con tal de protegerlo.

—Bésame, Kaulitz —mandó el sargento y sin dudarlo, Bill se pegó a su boca, buscando acceso para profundizar.

Gimieron en la boca del otro, mientras sus cuerpos se abrazaban desesperados, mostrando lo mucho que habían anhelado este encuentro.

A tirones, Bill quitó los pantalones de Tom, dejando a ambos en ropa interior, logrando que sus roces fueran todavía más deliciosos. Gimió de placer y echó el cuello hacia atrás, cuando Tom comenzó a dar lametones por su blanquecina piel.

—¿Tienes alguna marca, bajo esta tela? —Preguntó Bill, tocando su bóxer.

—Sólo tiene una forma de comprobarlo, sargento —respondió el pelinegro con una sonrisa traviesa.

Tom aguantó las ganas de morder al chico y comenzó a quitar su ropa interior y la suya también. Se detuvo un instante, para admirar la hombría de Bill, que palpitaba ante sus ojos, él no era de las personas que se deleitara mucho en mirar, siempre había sido un hombre de acción, pero ver el miembro erecto, sin bello a su alrededor, les obligó a humedecer sus labios.

—¿Te gusta lo que ves? —Preguntó Bill, travieso—. Me esforcé para que luciera bien.

Tom no respondió con palabras, descendió bruscamente y lo metió en su boca. Como hombre, sabía exactamente qué puntos especiales tocar, para hacer disfrutar al otro y lo logró. Bill era gelatina bajo su cuerpo, su voz ronca, gemía y su respiración se aceleraba con cada nueva lamida.

—Ah… —gimoteó el chico al verse sin atención. Tom había saltado de la cama, dejándolo totalmente expuesto y necesitado. Dando una mirada alrededor, vio que el sargento removía entre sus cosas hasta dar con una loción que usarían como lubricante, agradeció por ello, no era virgen, pero no había estado con alguien en mucho tiempo y estaba consciente que por muy caliente que estuviera, necesitaba preparación.

—Lamento la espera —dijo Tom, abriendo la tapa para humectar sus dedos—. Voy a buscar otro de tus puntos especiales, Kaulitz.

—Hágalo, sargento. Por el bien del batallón. No puede permitirse tener espías en sus filas —respondió el pelinegro, girando sobre el colchón, dejando expuesto su trasero, que por cierto, no tenía ninguna marca de entrada, salvo su pequeño esfinter, el cual estaba listo para recibir a Tom.

Tom tragó pesado y separó las nalgas del chico, buscando, tanteando, provocando. Gimió de gusto al ver como la piel de Bill respondía tan bien a sus caricias.

—Levanta —mandó y Kaulitz, procedió a apoyarse sobre sus antebrazos, para levantar mejor el trasero.

El sargento volvió a tragar pesado y sintió como su polla daba un bote de gusto. Pronto estaré allí, pensó con lujuria y procedió a infringir un poco de presión en su índice hasta cruzar el anillo.

Bill gimió de gusto, era incómodo, pero pronto se acostumbraría. Se balanceó hacia atrás, para embestir su cuerpo por completo contra el dígito invasor, jadeando al sentirlo dentro del todo.

Tom sentía todo el calor que Bill tenía en su interior y deseó poder poseerlo rápido, pero no lo haría, disfrutaría de este momento y de cada momento que compartiera con ese delicado espécimen. Retiró un poco el dedo, para ingresar otro más, sintiendo como la cavidad se apretaba contra él, empezó a moverse lentamente, buscando otro de los puntos especiales que diferenciarían a un humano de una máquina.

—Ah… —gimió fuertemente el pelinegro—. Ahí, justo ahí…

Tom sonrió satisfecho. Repitió el movimiento un par de veces más y luego los retiró, para aplicar más humectación y así ingresar un tercero. Cuando vio sus tres dedos en el cuerpo de Bill, miró su polla y supo que le costaría ingresar, Kaulitz era muy estrecho y su miembro necesitaba acción.

El pelinegro jadeaba pesado y sentía que no duraría mucho si continuaba así. Giró el rostro hacia atrás y Tom casi eyacula ante su cara de placer—. Debes hacerlo ahora, Tom. Me correré si no entras en mí.

No hubo que repetir la petición. Tom sacó sus dedos y procedió a humectar su carne. No tenían preservativos allí, pero no importaba, deseaba sentir todo lo que Bill tuviera para darle.

—¿Estás listo? —Preguntó el sargento y sólo entonces, vio un deje de duda en los ojos del chico. Arrugó el ceño y bajó para poder besarlo, recostándolo sobre la cama—. No te haré daño, ¿sí? —Bill asintió.

Tom lo envolvió en sus brazos y procedió a girarlo sobre la cama, para que quedara cómodo, la espalda de Bill estaba pegada a su pecho, en una cucharita llena de cariño, besó su cabeza y con cuidado, deslizó una mano por su torso, cintura, hasta la pierna, que procedió a levantar levemente. Bill comprendió la idea y la apoyó en la cama. El sargento separó un poco las nalgas del chico y apoyó la punta en la entrada y comenzó a dejar besos en el cuello de Bill, relajándolo, mientras lentamente dejaba entrar la punta.

—Ah… —se quejó el chico, moviendo su pierna para darle más espacio al mayor y dejó que entrara. Era mucho más grande de lo que había pensado y sentía el calor abrasador con cada centímetro que se movía.

—¿Estás bien?

—Me acostumbraré —respondió el chico, dejando que entrara del todo en su cuerpo.

Se quedaron quietos, mientras Tom lo abrazaba por la cintura, pegando todavía más sus cuerpos unidos—. Me gusta tenerte así, Bill —dijo, dejando de lado su apellido.

—Me gusta que estés dentro de mi, Tom —respondió el otro, girando lo suficiente el rostro para recibir un beso lento.

Lentamente, Tom comenzó a moverse, siseando al sentir la estrechez del cuerpo contrario, pero deleitándose en los pequeños soniditos que escapan de la boca de Bill. Siguieron moviéndose así, poco a poco, hasta que el pelinegro se retiró por completo de la erección de Tom y lo miró a la cara—. Necesito que encuentres ese punto especial —y procedió a ponerse en cuatro, junto a Tom, quien sonrió complacido—. No me harás daño, lo sé.

El sargento volvió a humectarse la polla y se ubicó justo detrás de ese tentador trasero que ya estaba abierto para él—. Voy a entrar —anunció y entró, sorprendiéndose de la facilidad con que se deslizó. Gimió de gusto y su voz ronca hizo gemir a Bill también.

Embistió lento, buscando aquel punto que sabía haría gritar a Bill, balanceó su pelvis, buscando y disfrutando en el proceso, hasta que un chillido de placer, le alertó de su éxito. Sólo entonces, retrocedió y comenzó la diversión. Sus embestidas se hicieron más fuertes y profundas, golpeando una y otra vez el punto que hacía gemir a Bill y que a él, lo estremecía de placer. No iba a durar mucho, aunque podía deslizarse con facilidad, el pelinegro era apretado y el calor lo estaba quemando de lujuria.

—Ya, falta poco.

Bill se apoyó mejor en la cama y movió una de sus manos para tocarse a sí mismo. En unos segundos estalló de placer, con un grito ronco.

Tom sintió los espasmos en su propio miembro y se corrió calientemente dentro del chico. Embistió un par de veces más, dejando todo ahí, y con cuidado salió de Bill.

—Felicidades, Kaulitz —dijo el sargento, envolviendo a Bill en un abrazo—. Has pasado la prueba.

El pelinegro correspondió el abrazo y, todavía con la respiración entrecortada, contestó—. No estoy muy seguro, señor. Creo que deberíamos repetir el examen, sólo para estar seguros.

Tom lo besó, quitándole el poco aire que entraba a sus pulmones y rió de gusto—. Tienes razón, Kaulitz. Por el bien del batallón, hay que repetir esta investigación.

—Debe haber más puntos especiales que sólo los humanos tienen, señor.

—Voy a encontrar cada uno de esos puntos en ti, Kaulitz. Te lo aseguro.

Ambos sonrieron y se volvieron a besar. Continuaron bromeando y besándose por un rato, hasta que el sueño los invadió.

Al despertar, Bill sonrió somnoliento, era cierto que intentaban salvar a la humanidad del Nuevo Orden, pero él no podía dudar que Tom lo había salvado a él y ese era su mayor motivo para sonreír.

& FIN &

¿Y qué tal? ¿Les gustó? Espero que sí. Bueno, con esta escena hot, le decimos adiós definitivamente a los Juegos de Guerra. Gracias a todos quienes participaron en esta aventura. Besos a todos y será hasta la próxima.

Escritora del fandom

4 Comments

  1. Jajaja vaya manera de descubrir si seguía siendo cyborg o no..estoy de acuerdo con Kaulitz más vale seguir con la exploración ^//^ estos muchachos vaya que se divierten

    • jajajajaja, es cierto, Ady, más vale prevenir que curar y es mejor que ellos se diviertan tocando esos puntos «hot», en lugar de caer en las garras de los cyborg jajajajaja.

  2. Me encanto !!!.

    • Muchas gracias

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