Soberbia

SOBERBIA

Los adolescentes habían tocado bastantes puertas, su música era buena, sus letras eran potentes, pero carecían de lo más importante en el mundo del espectáculo, no tenían contactos.

Gordon, el padrastro de los gemelos, había hecho hasta lo imposible por concertar buenas entrevistas, pero siempre les contestaban con la misma frase: “son todavía muy jóvenes. Bill puede cambiar la voz en cualquier momento y todo se irá al caño”.

Un día, entristecido, se sentó en el garaje de su casa, a escuchar el ensayo de la banda. Bill, el más perceptivo del grupo, notó su melancolía y detuvo la canción.

¿Qué pasa, Gordon?

Sin levantar la cabeza, el hombre respondió—. Cancelaron el contrato del viernes.

Tom apretó los puños, pero Gustav le dio un apretón en el hombro, para calmarlo. Después de todo, no era culpa del adulto, al contrario, él siempre daba lo mejor de sí para ayudarlos.

Ya nos arreglaremos con otro concierto —respondió el pelinegro, sentándose a su lado—. Mientras seguiremos practicando.

No habían terminado el ensayo, cuando una llamada telefónica les indicó que ese mismo viernes tendrían otro show. No sería en un pub muy concurrido, pero les darían algo de comisión por las ganancias. Con una nueva sensación el pecho, los cuatro jovencitos festejaron con una gran pizza.

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El día llegó con rapidez y en medio de las luces, Tokio Hotel mostró su talento, dejando a muchos espectadores alucinados. Uno en especial puso mayor atención en ellos, el hombre de mediana edad y cabello negro, se levantó de su lugar entre las sombras y fue hasta la barra para tratar de contactar con el dueño del local y pedir referencias del grupo.

Fue así como Tokio Hotel, obtuvo a su primer manager, David Jost.

Los primeros años fueron duros, la adolescencia y la operación de Bill, bajaron las esperanzas de que la banda pudiera retomar su lugar en los raitings. Sin embargo, pese al largo período de ausencia, todavía había quienes los escuchaban y pedían.

Un día, Bill y Tom acompañaron a David a una entrevista con un alto representante de la industria musical. De forma grosera, el ejecutivo pidió que los “niños” esperaran fuera de la oficina, pero la ventana abierta, les permitió escuchar lo que los “adultos” hablaban.

La única forma de dar a conocer a tus niños, es logrando que se fusionen con alguien que ya tiene renombre —dijo el hombre, mirando fotografías en su escritorio—. ¿Qué tal él? Se llama Bushido, es rapero. Este tipo es de los que todo el mundo odia y tus niños, son los hijitos de papá que todas las niñas quieren como futuros esposos. —Explicó como burlándose de él—. Lo que tienes que hacer es juntarlos y verás como las carreras de ambos se disparan.

Pero sus estilos no tiene nada que ver entre sí. No habrá forma de juntarlos. —Rebatió David. Él pretendía que su banda triunfara por sus propios medios y no por azares de farándula.

No hay problema con ello —dijo el ejecutivo—. Puedo hacer circular algunos rumores sobre Bushido que tu cantante con cara de niña puede utilizar.

Antes de que haga cualquier cosa, le ruego que espere. Hablaré con la banda para ver qué opina al respecto. —Pidió David, en forma amable.

No tienes nada que discutir con esos niñatos, David. Tú eres el adulto aquí. Tú eres su manager, quien toma las decisiones. —Agregó el hombre con frialdad.

El pelinegro apretó los puños y se levantó—. Hablaré con la banda, gracias.

Al salir de la oficina, los gemelos fingieron ignorancia y caminaron con David hasta el coche. El adulto les relató todo lo sucedido a los chicos, sin omitir detalles.

¿Qué tan malo podría ser? —Preguntó Bill, con ingenuidad.

David le dio una mirada por el retrovisor y continuó manejando—. Puede ser peor de lo que imaginas, Bill. Si fuera tu padre no me gustaría ponerte en una situación comprometedora. Y creo que Tom tampoco lo aprobaría, ¿verdad?

Tienes razón —respondió el chico de rastas con una sonrisa de lado—. Hay que cuidar a este “niño”. —Hizo comillas, para burlarse del alto ejecutivo.

Pese a que la banda decidió no utilizar el recurso de rumores de farándula, Bushido sí hizo comentarios sobre Bill. Cosas hirientes y provocativas, pero los jóvenes lo ignoraron por completo y continuaron con sus esfuerzos por salir adelante.

Lamentablemente, la industria de la música puede ser muy cruel, si no estás en su corriente. El alto ejecutivo se comunicó con David, amenazando con terminar el contrato de los chicos, si estos se negaban a participar de este affair con Bushido. Fue así como obligó a los cuatro a asistir a una fiesta en la casa del rapero, en la cual debían tomarse fotos que confirmaran los rumores de su romance.

Bill estaba enojado, pero tanto su gemelo como sus compañeros de banda, estaban dispuestos a todo para protegerlo de cualquier acción hostil del individuo.

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La fiesta parecía ir normal, había mucha gente, tragos y comestibles. Bushido se mezclaba entre sus invitados, hasta que llegó con Bill, quien bebía un refresco sin alcohol.

Eso es un trago de niñas. Ven conmigo, te daré un trago de hombres —dijo el adulto, posando su mano en la espalda de Bill, prácticamente empujándolo hasta la barra con él, donde preparó un whiskey con hielo—. Bebe esto.

El pelinegro observó todos sus movimientos y recibió el vaso, pero ni siquiera lo probó.

Gracias —dijo y giró sobre sus talones, tratando de ubicar a su hermano.

Sé porqué estás aquí, Bill. Así que ven conmigo. —Nuevamente, no era una petición, si no una orden.

El aludido se estremeció y caminó a regañadientes con Bushido hasta su estudio.

Lo que sea que estés pensando, estás absolutamente equivocado, Bushido —dijo Bill desafiante, dejando el trago en el escritorio.

Claro que no estoy equivocado, nene. Tú estás aquí para aprovecharte de MI fama —respondió el tipo con arrogancia.

No tienes idea. Esto fue una maniobra de un ejecutivo, no tiene nada que ver conmigo, ni con la banda. —Se defendió el pelinegro.

Pero de todas formas ya estás sacando provecho de MI nombre, así que ahora, yo voy a sacar provecho de tus atributos. —Amenazó y dejando de lado su propio trago, se acercó peligrosamente hasta el joven.

Será mejor que me vaya. —Bill estaba furioso y haber escuchado al rapero decir la última frase, había terminado de colmar su paciencia. Sin embargo, no alcanzó a tomar el pomo de la puerta, porque una poderosa mano lo cogió por la chaqueta y casi lo hace caer al piso—. ¡¿Qué demonios te pasa?!

Ya te lo dije, es mi turno de sacar provecho.

Eres un idiota. Te crees la gran cosa por llevar ese estúpido tatuaje en el cuello. Te crees un tipo malo. —Su burló el pelinegro, quien lo enfrentó aunque por dentro temblaba de miedo.

Ah, pero hay una cosa, Bill —dijo con arrogancia—, yo SÍ puedo ser muy malo. —Encendió un cigarrillo y tras darle una calada, agregó—. Ahora, ven y hazme una mamada.

¡Hijo de perra! —Gruñó el pelinegro y prácticamente voló para golpear al idiota.

Lamentablemente, Bushido era un hombre mucho más fuerte y aprovechó el movimiento para inmovilizar a Bill y con maldad, llevó su cigarrillo encendido hasta la nuca del muchacho y lo apagó allí.

El pelinegro soltó un grito de dolor al sentir como su piel se quemaba.

Ahora también tienes una marca en el cuello, Bill —dijo el hombre, arrojando al más delgado al suelo—, pero tu marca es por convertirte en mi puta. —Rió maléficamente—. Ahora ven y hazme una mamada, si no quieres que le haga lo mismo a tu hermanito.

¡Jamás! —Bill tenía los ojos llorosos, pero estaba completamente indignado. Se levantó como pudo, dispuesto a salir de allí apenas pudiera. No contó con recibir una patada en pleno vientre.

¿Qué no te das cuenta, Bill? Tu banda de niñas no durará ni un mes más, si no haces lo que te ordeno. No serás nada sin MI fama. —Continuó burlándose.

De pronto, la puerta se abrió y los G’s junto a Tom, ingresaron al estudio. Bushido se quedó con la boca abierta, pero no bajó en ningún momento su postura de matón.

¿Así que han decidido unirse a nuestra fiesta privada, eh? Aquí, el bello Bill está a punto de darme una mamada.

Tom apretó los puños y se mordió el labio. Bajó la mirada, notando como su gemelo sujetaba su cuello con dolor. Caminó hasta él, se agachó a su lado y lo levantó.

¿Estás bien?

Este cretino, cree que soy una nena y me acaba de quemar el cuello con un cigarrillo. Dice que nuestra banda no llegará a ninguna parte si no usamos SU nombre y SU fama. Es un arrogante de mierda —respondió Bill, escupiendo las palabras con rabia y ponzoña.

Esto es un caso que va más allá del orgullo —comentó Georg, tocándose la barbilla, mirando al hombre con desdén—. Esto es soberbia pura.

Es un pecado capital —dijo Gustav casi en un gruñido.

Verás, Bushido, nuestro amigo Gustav, aquí presenté —lo señaló con la mano—, es una persona muy religiosa y él siempre busca formas para castigar el pecado. En tu caso, hablamos de un pecado capital. ¿Has escuchado de los pecados capitales? —Preguntó lleno de ironía.

¡¿Qué demonios les pasa a todos ustedes?! —Bushido, dio un paso al frente, buscando la salida, pero los G’s se interpusieron, sacando de sus bolsillos, afiladas navajas.

Somos una banda —respondió Bill—, pero aparte de eso, en nuestros días libres, como hoy, cazamos pecadores.

¿No te contó tu ejecutivo sobre nuestros inicios? —Preguntó Georg, girando peligrosamente su navaja entre los dedos, cual si fuera un juguete—. Solíamos tocar en la iglesia del barrio.

Nos hicimos músicos para estar al servicio de Dios. —Agregó Gustav, imitando los movimientos del castaño con su propia navaja.

¡Esto es una locura! —Gruñó el hombre y quiso escapar, golpeando al rubio, pero apenas puso la mano en la puerta, la navaja de Georg la ensartó allí—. ¡Aaahhh! —Gritó por el dolor y la bizarra situación que estaba viviendo.

Haciendo uso de todo su coraje, se quitó el cuchillo y abrió la puerta, aunque deseó no haberlo hecho. Al otro lado, la música seguía sonando, pero nadie bailaba, todos estaban tirados en los sofás y en el piso. A medida que caminaba por el salón se dio cuenta que no estaban solo borrachos o desmayados, estaban muertos.

¡¿Qué demonios ha pasado aquí?! —Gritó Bushido, lo más alto que pudo.

Los cuatro adolescentes salieron del estudio, caminando al mismo ritmo, sus rostros mostraban seriedad y un aire de sadismo.

Hoy te vamos a redimir de tus pecados mediante el dolor —Afirmó el pelinegro, encendiendo una vela.

En tiempos antiguos, cuando una persona tenía pensamientos indecorosos, se quemaba las palmas de las manos, para enfocarse en el dolor y así olvidar el pecado que se formaba en su cabeza. —Explicó Gustav, caminando hasta ubicarse detrás del adulto.

Ustedes están locos, son unos asesinos. —Gruñó Bushido, dispuesto a escapar, pero los gruesos brazos de los G’s lo retuvieron.

Tú eres el más pecador, nosotros somos las manos de Dios, tú eres un hijo del diablo —dijo Tom, ayudando a Georg a alzar la mano del hombre y abrir la palma, bajo la cual, Bill puso la vela encendida.

Bushido gritó cuando el dolor se hizo insoportable. Los jóvenes continuaron sermoneándolo, mientras le aplicaban diferentes clases de quemaduras en el cuerpo, todas podrían estar completamente ocultas, excepto la primera, en la palma de su mano.

Cuando al fin se vieron satisfechos, Bill habló—. Haré un comunicado de prensa, diré que me hiciste llorar con tus sucias insinuaciones y todo quedará en el olvido. Jamás volverás a cruzarte en nuestra carrera o la próxima vez, serás uno más de ellos. —Alzó la mano para mostrar los cadáveres en su salón.

Lo siento mucho —dijo el mayor con la garganta seca y medio desmayado.

Una cosa más. —Añadió Tom, tomando la mano de su gemelo—. Si vuelves a tocar a Bill o si quiera a pensar en él de forma lasciva, te cortaré la polla.

Bushido abrió los ojos aterrado, pero lo que vio lo sorprendió. Los jovencitos que lo habían torturado en nombre de Dios, estaba besándose descaradamente, cometiendo un pecado mucho más terrible que la soberbia. Sin embargo, no dijo nada, acataría la petición y saldría de la vida de esos lunáticos para siempre.

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Muchos años después, la banda Tokio Hotel era conocida mundialmente, sus temas se habían traducido al inglés, tenían un canal de videos y las entradas a sus conciertos se agotaban apenas salían a la venta.

A solo horas del estreno del nuevo disco “Kings of Suburbia”, las ventas anticipadas de la versión deluxe se ha agotado. —Leyó Bushido en voz alta. Arrugó el ceño y dejó el diario en la mesa de su escritorio—. Malditos niñatos.

Ya no son unos niños —dijo uno de sus colegas.

Nunca lo han sido. —Agregó tocando la cicatriz de la palma de su mano.

¿Por qué tanto rencor contra ellos? —Insistió su compañero.

Nada, mi amigo. Hay algunas cosas que es mejor olvidar. —De reojo miró un puntito rojo que parpadeaba. Lo vigilaban, siempre lo hacían, nunca lo dejarían en paz. Quizás debería tomar un arma y volarse la tapa de los sesos para ser libre, porque mientras esos cuatro estuvieran juntos, él siempre estaría en peligro.

& Fin &

MizukyChan: Esta es la primera entrega de los pecados capitales. Espero les gustara el aire de malicia de los chicos contra Bushido, que personalmente me cae muy mal. Y ahora repito la pregunta ¿Cuál es tu pecado favorito?

Escritora del fandom

2 Comments

  1. Lujuria y soberbia
    estan padrisimas querida Mizuky-sama
    en serio admiro tu forma de escribir y todos esos detalles
    casi puedo asegurar que esto llegaria al cine con mas nominaciones al oscar
    +1000000000

    • Muchas gracias (se sonroja) no creo que llegue al cine, pero me gusta mucho lo que hago y espero seguir apoyando al fandom con mis relatos. Un besote. MUAK

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