Túnel

«Túnel»

Había pasado ya un mes del accidente en el que Tom Kaulitz perdió la vida. Su gemelo, Bill, estuvo todo es tiempo internado en el hospital con múltiples fracturas y un estado de inconsciencia que los médicos explicaron como un mecanismo de defensa innato.

Simone llegó al hospital, a su visita diaria, portando un ramillete de hermosas margaritas. El aroma era relajante, pero delicado, uno de los favoritos de su hijo Tom, a quien había dejado uno exactamente igual, horas atrás cuando lo visitó en el cementerio.

Estaba a punto de llegar a la puerta sin custodia de su hijo, cuando algo llamó poderosamente su atención. Risas, delicadas y melodiosas risas.

Bill —susurró, con el corazón latiendo a mil.

Abrió la puerta de golpe y vio al menor de sus hijos, sentado en la cama, mirando a la silla vacía junto a él, riendo sin parar, hasta que la vio en el umbral. Bill calló tan repentinamente que su madre se sintió como una intrusa.

Oh, por Dios… —soltó el ramo de flores y llevó ambas manos a su boca.

Hola mamá —saludó el rubio—, ha pasado tiempo.

Bill… —La mujer bajó las manos y prácticamente corrió a la cama, abrazando fuertemente a su hijo—. No puedo creerlo. ¿Por qué nadie me ha avisado?

¿Avisarte qué?

Que has despertado —respondió sin más—. ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

No, no, tranquila. Estoy bien.

Llamaré al doctor… —dijo Simone, separándose de su hijo, caminando a la puerta. Al agacharse y recoger las flores, recordó—. ¿Bill?

¿Sí?

Ella volteó, con las margaritas en la mano y preguntó—. ¿Con quién hablabas?

Con Tom —respondió con simpleza.

Oh… —Ella no dijo nada. Ahora no podía lidiar con eso—. Voy por el doctor.

Cerró la puerta a sus espaldas y caminó lentamente por el pasillo hasta que llegó al puesto de enfermeras. Una de las mujeres la miró con preocupación y preguntó—. ¿Se siente usted bien? Se ve un poco pálida.

Mi hijo —susurró en respuesta—, ha despertado.

La enfermera, una mujer joven que tuvo que lidiar con decenas de periodistas cuando Bill fue trasladado a esa habitación, abrió los ojos grandemente y tomó el teléfono, alertando al doctor de cabecera de los Kaulitz.

&

Un par de semanas transcurrió desde la repentina recuperación del ex cantante de Tokio Hotel. Tras recibir el alta médica, Simone insistió en cuidar de su bebé en su propia casa, pero todo lo relacionado con Bill se había convertido en un suceso extraño tras otro. La mujer se sentía en medio de la dimensión desconocida, cada vez que lo escuchaba reír o hablar, porque físicamente estaba solo, pero nadie hablaba consigo mismo de esa forma, con pausas, como si realmente hubiera alguien más ahí, con él, acompañándolo y alertándolo de su presencia.

¿Mamá? —Llamó el rubio, abriendo la puerta—. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué insistes en espiarme?

La mujer sonrió y simplemente le dio un manotazo en el brazo—. Nada de espiar, soy tu madre y tengo derecho de saber con quién hablas, eso es todo.

Bill nunca más mencionó que hablaba con Tom. Cuando estuvo en el hospital, fue su doctor quien le explicó cómo ocurrió el accidente y la consecuencia fatal de éste. El médico le recomendó tener terapia con un psiquiatra, para poder aliviar el vacío que provocaba la pérdida de alguien tan cercano como un hermano gemelo.

Pero Bill sabía que ellos no entenderían, Tom y él eran tan unidos, tan cercanos, que eran prácticamente una sola persona. Almas gemelas. Tom nunca se fue realmente, sólo cambió de estado, pero seguía ahí, junto a Bill. Nada había cambiado entre ellos, su relación sólo se había transformado.

&

Las situaciones incómodas y extrañas, finalmente le pasaron la cuenta a los deteriorados nervios de Simone, quien pidió a los G’s, cuidar a Bill un par de días, hasta que ella recuperara la calma y pudiera rescatar su cordura.

Gustav conducía en silencio, mirando reiteradamente por el retrovisor a su colega de la banda, temeroso de que presentara un ataque de pánico, pues el accidente que le arrebató la vida a su hermano, fue justamente de esa forma.

¿Te sientes bien, Bill? —Preguntó Georg, sentado junto al rubio en el asiento trasero—. No has dicho una palabra desde que subimos al coche.

Sólo estoy pensando en algo —respondió crípticamente el joven, dedicando una de sus sonrisas de fotografía al bajista.

¿Piensas? Eso es nuevo —dijo Gus, en tono de broma, ganándose un manotazo en la cabeza, por parte del otro rubio, quien simplemente rodó los ojos.

Esos chistes son de Tom, Gusti. No los gastes.

Ante la mención del guitarrista, los G’s, guardaron silencio. Para ellos no había sido fácil lidiar con la prensa y la muerte de su mejor amigo. Pero les parecía sumamente extraño que Bill no pareciera afectado en lo más mínimo.

Tenemos que celebrar —dijo el cantante, causando un ceño fruncido en sus dos colegas.

¿Qué vamos a celebrar? —Preguntó Geo, con los puños apretados.

Que nos volvemos a reunir —contestó con una sonrisa.

¿Estás bien, Bill? —Repitió el rubio, dando miradas de soslayo por el retrovisor.

Lo estoy, o más bien, pronto lo estaré.

Los sentidos de los G’s se activaron de inmediato, esa frase les anunció que Bill planeaba hacer algo. Sus mentes pensaron en la fatídica palabra “suicidio”, pero el rubio no se veía para nada deprimido, no lloraba, no se escondía, no dormía más de lo necesario, ni siquiera tenía los trastornos alimenticios que sufría por el estrés de los tours.

Se dieron miradas cómplices y a espaldas del rubio, se encargaron de hacer guardia, para que Bill no saliera sin supervisión y no estuviera cerca de objetos filosos o pisos altos, ni nada que le diera una oportunidad de unirse a su hermano y dejarlos a ellos… más devastados.

Sin embargo, muy por el contrario de lo que esperaban, Bill estaba igual que siempre, comía sanamente, cuidaba de su imagen y conversaba de temas triviales. Lo único que confirmó las extrañas advertencias de Simone, fue las veces en que lo oían murmurar o hablar en susurros, como si se secreteara con alguien, o como cuando lo veían sonreír a alguien que no eran ellos. Muchas veces sentían un escalofrío recorrerles la espalda, pero nunca hablaron de eso con Bill. Hasta que…

¿Han escuchado alguna vez la leyenda urbana del túnel?

Los G’s se dieron miradas incrédulas y negaron la cabeza.

¿Qué? —Preguntó el baterista—. ¿Leyenda urbana?

¿Desde cuándo lees sobre leyendas urbanas? —Preguntó Geo con una sonrisa—. Eres todo un cobardica. Le tienes terror a los cuentos de miedo.

No todas las leyendas urbanas son de terror —respondió Bill a la defensiva.

No es el punto, Bill —agregó el castaño.

Sólo les hice una pregunta. No hay necesidad de ponerse así —comentó Bill, cerrando su laptop, preparándose para volver a su habitación.

No es el punto, Bill —repitió Georg, tomando la muñeca del rubio, impidiendo que se fuera.

¡¿Y cuál es el maldito punto?! —Exclamó el chico, soltando el pc sobre la mesa, con un ruido fuerte.

Cuéntanos la leyenda, Bill —pidió Gus, moviendo su silla, para ver de frente al rubio. Georg hizo lo mismo. El cantante, respiró hondamente, tratando de calmarse y, finalmente, se sentó, mirando a los otros dos.

Se trata del túnel de Lefortovo, en Moscú —empezó suavemente—, se dice que es un túnel maldito porque han ocurrido muchos accidentes ahí. —Los G’s lo miraron con los ojos bien abiertos y asintieron, alentándole a continuar—. Las teorías científicas dicen que en ese lugar bajan tanto las temperaturas en invierno, que es por eso que los vehículos patinan y se producen los terribles accidentes que parecen realmente absurdos.

Tiene sentido, el hielo hace patinar las llantas de los coches.

¡Pero los videos de las cámaras de seguridad del túnel muestran los accidentes y de verdad, no tienen ningún sentido! —La voz de Bill subió una octava.

¿Y eso qué significa? —Preguntó Georg, sintiéndose de pronto, inseguro de tener esa conversación.

Significa que algo provoca esos accidentes, algo que no se ve… —su voz tembló levemente—, hay una conexión con otro plano, con una dimensión paralela y, en ese túnel, esa dimensión… se junta con la nuestra.

Gustav sintió un escalofrío recorrerle la espalda, tenía un mal presentimiento, uno muy malo, pero no pudo evitar preguntar—. ¿Lo has visto? ¿Cómo?

En YouTube —respondió el rubio—. Mira, aquí. —Bill abrió nuevamente su pc y actualizó la página que tenía abierta.

El video mostraba una fila de vehículos y un camión al costado extremo derecho. De pronto, otro camión lo embistió y ambos rodaron por el túnel, ocasionado una gran conmoción. Era un video de la cámara de seguridad, mostrando un accidente como cualquier otro. Aunque había ciertos detalles que hacían de este caso, algo insólito… El camión iba al costado extremo, junto a la pared del túnel, era imposible que el otro camión lo embistiera, porque prácticamente el otro camión no estaba allí, surgió de la nada para chocar al camión.

Oh, por la santísima virgen —dijo Georg, comprendiendo lo que Bill les decía—. Esto me está dando miedo.

¿Y el cobardica soy yo? —Preguntó irónicamente Bill.

Es oficial, odio las leyendas urbanas —afirmó el castaño.

Es suficiente, Bill. Geo necesitará pañales esta noche. —Gus lo echó todo a broma, temeroso de preguntar lo obvio.

Me gustaría visitarlo —dijo el cantante, logrando que el corazón espantado de los G’s dejara de latir un segundo.

¡¿Qué, estás loco?! —Geo, se levantó y sin decir nada más, se retiró a su habitación.

¿Quieres tener otro accidente, Bill? —Gus se quitó las gafas y se frotó los ojos cansados—. ¿Crees que no fue lo suficientemente doloroso para nosotros perder a Tom?

Él no… —Bill calló de golpe y simplemente salió de ahí.

Gustav suspiró. Bill estaba perdiendo la razón. No presentaba los síntomas comunes de la depresión por la pérdida de su gemelo, no lloraba su partida, no sufría su duelo, porque todavía no lo aceptaba. Lo que era peor, estaba buscando formas oscuras de auto-convencerse de que él seguía ahí. Tendrían que buscar ayuda profesional para él. Era inminente.

&

Bill accedió a asistir a las terapias con el psiquiatra que sus amigos habían contratado para él. Pensó que la mejor forma de que lo dejaran tranquilo, era justamente esa. Pero él no había dejado de investigar sobre el misterioso túnel de Lefortovo y la posibilidad de conectar con otra dimensión, un espacio-tiempo que posiblemente le podría devolver a Tom.

Meses habían pasado desde el accidente en que el gemelo mayor perdió la vida y Bill decidió que el día que cumpliera un año sería la fecha idea para probar sus teorías.

¿Estás seguro de esto?

No había estado más seguro de algo en toda mi vida.

Pero si esto no resulta de la forma que esperamos… podrías morir también.

Si vuelves, será perfecto. Si muero, me libro de la miseria de no tenerte conmigo, en cualquiera de los casos es un win/win.

Tienes razón

Una silueta, tan alta como Bill, se acercó hasta el rubio y ambos se estremecieron, deseosos de poder tocarse. Cosa imposible… por el momento.

Muero por tocarte otra vez.

Apostemos a ganador.

Los dos se sonrieron y luego la figura translúcida preguntó.

¿Ya tienes acompañante?

Sí.

¿Quién es?

Andy

¿Andy? ¿Nuestro Andy?

El único al que no le he mencionado nada de esto.

¿Debiste mantenerlo en secreto?

Lo sé y lo siento.

Okey, lo siento. No quise regañarte, es sólo que… Andy es nuestro amigo.

Será injusto lo sé, pero…

Es él o nosotros.

Y yo apuesto por nosotros.

Te amo, Bill

Y yo a ti, Tomi.

&

El día del aniversario de la muerte de Tom, todos fueron a la ceremonia religiosa que se celebró en su honor. Hubo llantos, discursos, despedidas y para Bill… esperanza.

Por la tarde, como estaba acordado, Andy sacó a Bill a dar un paseo, para despejarse de la tristeza del aniversario de la muerte de su gemelo. Los G’s estuvieron de acuerdo, porque pese a que había pasado el tiempo, la situación todavía era muy dolorosa. Lo que ellos no sabían era que el viaje sería en avión, hasta la ciudad de Moscú.

Al bajar del avión, un coche los esperaba. Bill había alquilado uno mucho antes, planeando cuidadosamente esta experiencia. Tenía esperanzas, pero también estaba preparado para lo peor.

¿Quieres conducir tú, Bill? —Preguntó gentilmente el rubio platinado.

Nah, sabes que me gusta recordar cuando Tom me llevaba como princesa a todas partes.

Claro, aunque la princesa barbuda era él. —Ambos rieron.

Activaré el GPS para que nos llevé. Debemos cruzar el túnel Lefortovo y seguir derecho hasta nuestro hostal —explicó Bill, con las palabras fríamente calculadas.

Lo que mandes, jefe —respondió Andy, completamente ignorante de las intenciones del ex cantante.

Cuando llegaron a la entrada del túnel, Andy se estremeció—. ¿Creo que está haciendo más frío de lo que esperaba?

Puedes encender la calefacción. A mí no me importa —dijo Bill, mirando ansiosamente hacia los costados.

Iban conduciendo por el carril más cercano a la pared del túnel, Bill sintió un hielo a su lado derecho y una voz que le susurró “ya es hora”. Entonces, como en cámara lenta, su visión periférica notó la aparición de un coche oscuro, exactamente igual al suyo, que venía cruzando la pared del túnel, para estrellarse directamente en su costado.

El impacto fue tremendo y, perdiendo el control, Andy giró el volante, provocando que el vehículo diera varias vueltas, hasta que finalmente se detuvo.

Andy abrió los ojos, adolorido—. ¿Bill? —Llamó con la voz rasposa, tragando pesadamente y sintiendo el sabor de la sangre en su boca.

El rubio a su lado no reaccionó. Andreas quiso estirar la mano, pero un dolor agudo se lo impidió. Una fractura.

¿Bill? —Llamó otra vez, pero no había caso. El cuerpo del rubio a su lado, yacía inerte.

Sin embargo, en un universo paralelo, un accidente exactamente igual había ocurrido, los autos se estrellaron y se volcaron por la fuerza del impacto.

¿Bill? —La voz ronca del mayor de los gemelos se dejó oír en medio del caos de bocinazos y ruidos de otras colisiones simultáneas.

¡¿Tomi?! —A la voz exaltada, se agregaron los ojos muy abiertos del cantante—. ¡Oh, por Dios! ¡Resultó!

¿Resultó? ¿Qué resultó? ¡Casi nos matamos, Bill! —Tom trató de quitarse el cinturón para examinar la cabeza de su hermano, que al parecer se había lastimado en el choque.

¿No lo recuerdas? —Preguntó el rubio.

¿Qué cosa? ¿El choque? Pero si acaba de ocurrir, Bill, por Dios, creo que tienes un trauma craneal o esas chorradas médicas.

Bill dejó salir un sollozo de gusto y simplemente se dejó abrazar por Tom, cuando por fin se deshizo del cinturón de seguridad.

¿Te sientes bien? ¿Qué te duele? ¿Por qué lloras como si hubiéramos muerto?

Oh, Dios, oh, Dios. Tomi, Tomi, tenía mucho miedo. Te extrañé tanto.

El gemelo mayor arrugó el ceño, pero abrazó con fuerzas a su pequeñito—. No te preocupes, aquí estoy, mi vida. Aquí estoy.

& FIN &

Quiero dar las gracias a AilenDArgenio quien me dijo que mirara a Dross para buscar inspiración y justamente, uno de sus videos sobre el túnel Lefortovo, fue el que me dio la idea para esta leyenda urbana.

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *