Under my skin

OJO: Este one-shot fue creado en la época Humanoid, cuando Bill escribió la canción «Attention» y se tatuó el corazón, publicándolo con la frase «Give back my heart that you body rejected»

Pero el título del one-shot es por la canción de Sinatra y por eso quiero dedicar este fic a Shugaresugaru, porque hace unos días estaba pensando en esta canción y no me acordaba del nombre y ella puso un link con el tema y al oírlo completo, me terminó de inspirar para la reconciliación que tenía planeada. ¡Que lo disfruten!

«Under My Skin»

Tom despertó con el sonido de un mensaje en su teléfono. Gruñó y giró para cogerlo de la mesita de noche. Achinó los ojos para leer y soltó un suspiro.

“Tom, ¿ya llegó Bill a casa?”

“Vino en coche, pero lo envié de regreso en taxi”

“El tatuaje era muy grande y tuve la sensación de que podría desmayarse”

“Sé que estás enfermo, pero avísame, ¿ok?”

—Maldición, Bill, lo hiciste de nuevo —gruñó el castaño.

El mensaje era de su amigo Darryl, el único en quien Bill confiaba lo suficiente para tatuarle la piel. ¡¿Qué demonios se habría hecho ahora?! ¿Por qué habría mentido, diciendo que estaba enfermo? Y lo más importante, ¡¿por qué rayos lo hizo en secreto?! Bill siempre le confiaba los planes que tenía antes de tatuarse. Y siempre, sin excepción, él lo acompañaba.

Se sentó en la cama y oprimió el botón de marcación rápida.

—Vamos, contesta… —pidió silenciosamente, pero nada pasaba.

Insistió dos veces más, hasta que por fin, la suave voz del rubio respondió—. ¿Tom?

—¿Dónde estás?

Bill titubeó. Pese a que su voz no mostró ninguna diferencia, Tom lo conocía demasiado bien, como para saber cuándo se cuestionaba entre decir la verdad y mentir—. Estoy en una pizzería. —Era cierto, el mayor lo adivinó por el suspiro que vino después.

—Dime dónde, voy por ti.

—Pero…

—Dime —mandó y el menor no pudo menos que obedecer.

.

En cosa de cuarenta minutos, los gemelos estaban de vuelta en casa, estaba atardeciendo. Bill lucía un poco pálido y Tom sabía que era producto del tatuaje que se acababa de hacer. Pese a que ya tenía varias figuras entintadas en la piel, cada vez que algo nuevo aparecía, su cuerpo lo resentía y ardía.

—Ve a la habitación, te prepararé un té de manzanilla —dijo el castaño, caminando hacia la cocina.

Bill bajó la cabeza y con pasos lentos, se dirigió a las escaleras y luego a su cuarto. Tom había dicho “ve a la habitación” y no “a nuestra habitación”. Seguramente continuaba molesto, los jodidos medios habían arruinado todo.

No.

Él había arruinado todo. Nunca debió hacer ese viaje solo, nunca debió hacer caso de las manipulaciones de David, nunca debió seguirle el juego a esa chica.

Se sentó en la cama, sin despegar la vista del piso. Le dolía su nueva adquisición, pero no quería quitarse la playera aún. No quería armar más conflicto con su hermano.

No se dio cuenta del tiempo que pasó, hasta que Tom entró a su cuarto con una taza humeante en sus manos.

—¿Te sientes bien? —Preguntó el mayor, dejando el té en el velador—. Te ves un poco pálido. ¿Te duele el tatuaje?

Bill alzó la cabeza de golpe—. ¿Cómo lo…?

—Darryl me preguntó si habías llegado con bien. Eso me recuerda —cogió su móvil y envió un mensaje al tatuador, para que no siguiera preocupado.

Bill estiró sus manos para tomar la taza y dar un sorbo a su té. Estaba caliente, pero reconfortante. Sopló y dio otro sorbo. Sentía la mirada del mayor, pero no se atrevía a responderla.

—Déjame verlo —pidió Tom. Su voz sonó tranquila, pese a la extraña situación.

—Tom, no… —Bill quiso negarse, pero la cálida mano de Tom en su brazo lo derritió. Jamás podría decirle que no a él.

Dejó la taza de vuelta en el velador y procedió a intentar quitarse la playera. Se quejó cuando el brazo izquierdo se dobló, pero rápidamente Tom le ayudó a terminar de quitar la prenda. Se quedó quieto y cerró los ojos al escuchar el jadeo de su gemelo.

—¡Mierda! —Gruñó—. Mira el tamaño de este parche.

Con mucho cuidado, Tom guió el cuerpo de su hermano hasta dejarlo recostado en la cama. Se sentó justo a su lado y tocó el borde del adhesivo, temblando.

—Hazlo rápido o me dolerá más —dijo el rubio, con los ojos cerrados y el ceño apretado.

Tom obedeció y quitó el parche blanco. Sus ojos se abrieron como plato al ver el dibujo tatuado en el pecho del menor—. Es…

—Mi corazón, el que tú me devolviste, el que rechazaste —las palabras sonaron claramente como un reproche y Tom arrugó el ceño.

El castaño no dijo nada, se dedicó a repasar con la mirada cada detalle de aquel nuevo símbolo. Era atemorizante, a decir verdad, más que por el dibujo en sí, por lo que representaba, era claro que Bill sentía que lo rechazaba, pero…

—Será mejor que te vayas, necesito dormir —Pidió el rubio, apoyando la mano en sus ojos, no quería ver a Tom en esos instantes, porque se desmoronaría y, pese a las culpas que cargaba, ya no podía continuar humillándose, no más.

Tom carraspeó—. Está bien. —Se levantó de la cama y fue hasta la puerta, pero antes de salir, agregó—. Tómate el té, te hará sentir mejor.

Tras cerrar la puerta, se apoyó en ella, soltando un suspiro. Le dolió el corazón escuchar un sollozo ahogado. Quiso entrar otra vez y abrazar a Bill, besarlo hasta dejarlo sin aire y luego hacerle el amor, pero…

—No… —susurró y regresó a la cocina. Necesitaba un trago.

Sentado frente al televisor, con la mirada fija en el aparato apagado, se sobresaltó al sentir un lametón en su mano. Era su campeón, dándole apoyo moral.

—Hey, compañero —lo saludó, acariciando sus orejas bicolores. Sus ojos se fijaron en el blanco y negro—. ¿Recuerdas cuando Bill llevaba rastas?

Su perro movió la cabeza y le dio otro lametón—. Sí te acuerdas —sonrió—. Soy un idiota —dijo bajito y Durkas se echó a sus pies—, un gran idiota.

Pasó más de una hora, Tom había bebido la mitad de la botella de coñac, sin mezclarla con nada. Estaba un poco mareado, pero no del todo borracho, como hubiera deseado. Se suponía que debía trabajar en el estudio por la noche, pero en lugar de bajar al sótano, subió las escaleras y caminó directo a la habitación de Bill.

Tomó aire y abrió la puerta. El rubio estaba boca arriba, con los ojos cerrados y el ceño apretado. Estaba adolorido, podía sentirlo. Le dolía el corazón, el de tinta y el real.

Se sentó en la cama, junto al cuerpo de su gemelo y cerró los ojos, tratando de contener las emociones que lo embargaban. Se sintió traicionado cuando David hizo los arreglos para que Bill fuera al evento que lo juntaría con Verina. Sabía que era algo de farándula, se suponía que sería para ganar más publicidad mientras Tokio Hotel volvía, pero hacer que esa mujer se metiera entre ellos, había sido el colmo.

El gran error de Bill fue ocultarlo, pues la conexión entre ellos lo delató, además de las malditas fotografías que los implicaban, que terminaron de destruir la confianza del mayor.

—Bill… —susurró el castaño—. Lo siento mucho —estiró la mano y deslizó sus dedos por la piel inflamada del tatuaje.

Para el menor ese leve roce fue como una descarga eléctrica, que lo obligó a abrir los ojos de golpe—. ¿Tom? —No se atrevía a usar el diminutivo… todavía—. ¿Qué haces aquí?

El aludido alzó la mirada y trató de enfocarla en los ojos tan iguales a los suyos—. Vine a asegurarme de que estuvieras bien.

—Bebiste —afirmó el rubio y se sentó en la cama, provocando con esta acción, una cercanía peligrosa para ambos.

—Necesitaba aclarar mi cabeza.

—Pero el alcohol no te aclara nada, te confunde más.

—No esta vez.

Con un rápido movimiento, el mayor se inclinó hacia adelante, uniendo sus labios con los de Bill, sin manos, ni presiones, solo para indicar lo que quería.

El rubio correspondió de igual forma, temeroso de abrazarlo y arruinar todo.

Se separaron levemente, sintiendo el aliento del otro en sus mejillas. Mantuvieron los ojos abiertos, brillantes y emocionados.

—Te amo… —dijo Bill en apenas un susurro—, pero ya no confías en mí. Me lastimaste. —Pero no se alejó del rostro de su gemelo—. Yo también te lastimé y lo siento.

—Estoy herido todavía, sabías que me había comprometido contigo con todo mi ser, lo dejé todo por estar a tu lado, Bill.

El rubio quiso bajar la cabeza, pero con la mano en la barbilla, Tom lo impidió.

—Lo siento —repitió apenas en un susurro.

—¿Por qué el tatuaje? —Preguntó Tom, recostando a su hermano y acomodándose a su lado en la cama, dándole calma con ese sutil movimiento.

—Por lo que me dijiste… la última vez. —Había sido una pelea tonta, con el orgullo y el corazón rotos, ambos se gritaron cosas que no pretendían decir—. Ahora, el corazón que te di, volvió a mí. Estás grabado en mi piel.

Tom soltó una risita y Bill se molestó, girando en la cama, hasta darle la espalda—. Hey.

—Te estás burlando de mí, otra vez.

—No, cariño. —Bill abrió los ojos grandemente al oír la última palabra, pero no volteó—. Bill, no necesitabas marcar tu bello cuerpo con esto.

—Mi corazón.

—Ya no es tuyo, nunca más será tuyo —dijo Tom, poniendo su mano en la cadera del otro, girándolo para verlo a los ojos—. Cuando nos unimos, tú me entregaste el corazón y dijiste que sería mío…

—Para siempre —lo interrumpió.

—Exacto.

—Pero tú…

—Yo estaba molesto y tenía una puta razón para estarlo. Pero nuestra promesa era eterna. Tu corazón es mío para siempre, así como el mío es tuyo.

Bill arrugó el ceño y estiró los labios, en un suave puchero—. Pero me gustaba la idea de tenerte en mi piel.

—Pues deja que arruine tu momento de cursilería, porque mi frase es mucho mejor, Bill.

—¿De qué estás hablando? —Preguntó con una sonrisa, pasando sus brazos por el cuello del mayor al saberse perdonado.

—Tú me tienes en la piel. Pero yo te tengo bajo la piel, tan profundo en el corazón que ya formas parte de mí. “I’ve got you… under my skin”

—¡Es una canción! —Exclamó indignado—. Me quieres conquistar con canciones de otros, eso es imperdonable. —Fingió indignación.

Sacrificaría lo que fuera con tal de tenerte cerca, a pesar de la vocecita de advertencia que viene cada noche a repetirme, casi gritando… —Siguió cantando.

Bill continuó—. ¿Qué no sabes, tontito, que nunca ganarás? ¿Por qué no usas tu mente y vuelves a la realidad? —Bill se detuvo y se sentó en la cama—. Espera, esa parte del tema no me gustó.

—Lo sé, porque ya gané, ¿no es así?

Bill lo miró y alzó su ceja perforada y coqueta—. ¿Qué cosa ganaste?

—Gané de vuelta este corazón. —Tocó el pecho del rubio.

—La verdad, es que pese a mi tristeza, nunca dejó de ser tuyo.

Tom se sentó junto a Bill y esta vez, lo envolvió con sus brazos y lo besó deliciosamente.

Un gemido del menor alertó los deseos de Tom, quien se separó lo suficiente para verlo y ofrecerle una sonrisa—. Ni siquiera lo pienses, cariño.

Bill hizo un puchero.

—Ni creas que te voy a perdonar tan fácilmente, Bill Kaulitz. —Sus facciones se tornaron serias, pero luego agregó, con una sonrisa picarona—. Estás recién tatuado, debes descansar y sanar. No quiero verte rascando mi corazón y dejándolo hinchado y feo. —Se separó para besar el mencionado dibujo—. Este corazón es demasiado bello como para dañarlo.

—Es todo tuyo, Tomi. Estás grabado en mi piel.

—Y tú, mi amado Bill, estás bajo mi piel.

& FIN &

¿Gustó? Nada de sexo para este fic, solo romance. La frase que publicó Bill cuando se tatuó el corazón fue tan dolorosa, que quise darle otra versión. Una pequeña reconciliación. De verdad espero que lo hayan disfrutado.

Escritora del fandom

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