1: Parálisis de Sueño

Este fic está dedicado a Julie Kaulitz, quien no sólo me dio la idea, sino que compartió conmigo mucha información que será incluida en la historia. Gracias también a Ady, quien siempre me motiva con sus ideas. Espero cumplir con sus expectativas. Infinitas gracias a Xim_Alien, quien fue tan amable para crear este banner impresionante, que es perfecto para la historia. Gracias a todos por venir a leer.

Parálisis” Fic de MizukyChan

Capítulo 1: Parálisis de Sueño

Los G’s aguardaban en el aeropuerto, su vuelo se había retrasado dos horas. Era mucho tiempo como para simplemente sentarse a esperar, pero a la vez, muy poco como para salir a recorrer los alrededores.

—Te ves fatal, Gus —dijo Georg, ofreciéndole a su amigo una taza de café, gentileza del salón VIP del que eran miembros habituales por los constantes viajes con la banda.

El rubio recibió la bebida agradecido, pero un gran bostezo sólo incrementó el ceño apretado del castaño, quien sentó a su lado, palmeando el antebrazo de su amigo.

—¿Estás bien?

—Sólo tengo sueño, Geo, no es nada grave —respondió el otro, dando un sorbo a la humeante bebida—. Desde que nació mi hija, las cosas no han vuelto a ser iguales, aunque la adoro, me mata no poder dormir mis ocho horas diarias.

El castaño esbozó una amplia sonrisa—. Esos son los gajes del oficio de padre, amigo. Ya te acostumbrarás.

—Es que no entiendo por qué mi bebé siempre que despierta de noche, sólo se va conmigo. No acepta que su madre la abrace, sólo quiere a su papá —explicó el rubio, con el ceño apretado.

—Sabes que adoro a tu señora, Gus, pero creo que la bebé busca la energía positiva de su padre. Tú eres un ser bueno, por eso ella te prefiere a ti —respondió el castaño, dando un sorbo a su bebida—. Yo también me iría contigo si despertara de noche —bromeó, guiñándole un ojo a su amigo, quien sólo sonrió.

—Idiota —dijo entre risas.

—¿Qué haremos mientras esperamos? —Preguntó Georg, mirando la hora en su reloj—. Todavía queda bastante.

Gustav dejó el café a un costado y procedió a sacar su laptop de la mochila de mano—. Llamemos a los K. Debemos asegurarnos que ese par esté allí para recogernos. No podemos seguir dilatando los ensayos —la expresión seria de su rostro informó a Georg que nuevamente, el rubio volvía a tomar el ritmo de la banda.

Gustav abrió la conexión por skype y procedió a llamar a los gemelos, en Los Angeles, que era a donde se dirigían. Aguardó un par de minutos hasta que Tom apareció en la pantalla, luciendo desaliñado y con expresión cansada.

—¡Yo, Gus! —lo saludó el gemelo mayor—. Creí que ya venían viajando.

—Nop, el vuelo se retrasó —respondió el rubio—. Sólo me aseguraba que ustedes recordaban que llegamos hoy —agregó, haciendo notar el sarcasmo en su voz.

Tom no le dio importancia y sonrió—. Claro que lo recordamos. Bill ya está tomando una ducha. Todo está bien, Gustav, no te estreses. ¿Está Geo contigo?

—Aquí está —giró la pantalla, para que el castaño quedara a la vista.

—Yo, man —saludó Tom, elevando un puño en alto.

—Hola Tom —saludó de vuelta el castaño.

—¿No le has dado una dosis de café extra al papá oso? —Preguntó en tono de broma.

—Lo acabo de hacer —respondió—, pero está cansado, así que prepárate.

—Hey, estoy justo aquí, ¿lo recuerdan? —Mencionó el rubio, asomándose a la pantalla, haciendo reír a Tom.

—¿Y por qué tan gruñón, Gusti? Creí que la paternidad te hacía más tierno —comentó Bill, asomándose por detrás de Tom, llevaba sólo una toalla en la cintura y se estaba secando el cabello con otra toalla.

—Es que el jet lag que sufro cada vez que voy a L.A. me pone de malas —respondió el rubio—. No tiene nada que ver con mi hija.

—Aparte de los desvelos, sufres de jet lag, con razón estás tan histérico, Gus —dijo Georg, con el ceño apretado.

—Y eso no es todo —agregó el rubio, captando las miradas de los gemelos, que se acercaron más a la pantalla.

—¿Hay algo peor que eso? —Preguntó Bill, atándose la toalla a la cabeza.

—Cuando sufro de jet lag, me pasan cosas —mencionó Gus—, cosas raras.

—¿Cosas raras? —Tom arrugó el ceño—. ¿Qué cosas raras?

—Tengo muchas pesadillas —respondió el rubio y al ver que todos los ojos estaban puestos en él, prosiguió—. Creo que he sufrido un episodio de posesión.

—¿Pose…? —Bill estalló en risotadas, hasta que Tom le dio un codazo demasiado fuerte como para continuar con las carcajadas.

—¿De qué estás hablando, Gustav? —Insistió el barbudo gemelo mayor.

—He visto y escuchado cosas. Creo que ha sido más que una pesadilla, por un momento, creí que moriría. Por eso yo… —dejó la frase en el aire.

—Por eso no querías viajar a L.A. tan pronto —terminó Georg la frase por él.

—¿Eso te pasó la última vez que viniste? —Insistió Tom—. ¿Para FIA?

—Pero si te quedaste en nuestra casa —intervino Bill, sintiéndose espantado—. En nuestra casa no pasan esas cosas.

—Bill, acuérdate del fantasma —lo interrumpió Tom.

—Ese fue Pumba, no había ningún fantasma —respondió Bill, con una leve sonrisa.

Georg sacó su celular y comenzó a buscar algunas cosas en él, mientras los gemelos reían y hablaban con Gustav. Cuando por fin encontró lo que buscaba, intervino nuevamente en la charla.

—Creo saber lo que te ocurrió, Gustav —habló y todos los ojos se fijaron en él—. Se llama parálisis de sueño y es un trastorno que se produce justamente por estrés y falta de sueño —continuó relatando la definición que aparecía en la página de salud, mientras los gemelos asentían y Gus apretaba el ceño.

—No lo sé, Geo, todo se veía y se sentía tan real que no creo que sólo haya sido un trastorno de sueño, o lo que sea que diga google.

—Tranquilo, Gus —agregó Bill desde la pantalla—. Si te hace sentir mejor, podemos dejar que Pumba o Durkas duerma contigo cuando llegues a casa.

Gustav no pudo evitar soltar una risita ante aquello. Bill amaba a sus cachorros y siempre dormían a los pies de su cama, con excepción de las veces en que los espantaban con sus gemidos sexuales.

—Gracias, Bill —dijo con una sonrisa sincera. Pese a lo locos y despistados que podían ser los gemelos, eran amigos únicos en su especie y se sentía agradecido por tenerlos.

Continuaron hablando un rato más, hasta que el asistente que los Kaulitz enviaron para ayudarles, les informó que ya debían registrarse para abordar el avión.

El trámite se realizó con rapidez y en cosa de media hora, ya estaban sentados en sus respectivos lugares.

Gustav tenía el ceño fuertemente apretado y miraba su celular con atención.

—¿Qué pasa contigo? —Preguntó Georg, sentado a su lado.

—Creo que lo que se menciona en la parálisis de sueño, no es lo mismo que me ha pasado a mí —respondió el rubio—. Esa criatura se sentó encima de mí y era como si…

—Como si te robara el alma —una voz terminó la frase por él.

Los G’s movieron la cabeza hacia el asistente que estaba en el asiento frente a ellos y la expresión de sorpresa en sus caras, obligó al hombre a explicarse.

—Es un demonio antiguo que roba la energía… el alma de las personas —continuó.

—No —dijo tajante el castaño—. Lo que mi amigo padece se llama científicamente “Parálisis de sueño” y no tiene nada que ver con demonios, es sólo producto del estrés y la falta de sueño.

—La ciencia sólo pone palabras bonitas a aquello que no puede explicar —comentó el hombre sin sentirse ofendido.

—¿Puedes decirme qué demonio es el que provoca esto? —Preguntó Gustav, apagando su teléfono, obedeciendo a la señal de las azafatas.

—Le han dado muchos nombres a lo largo de la historia, Mohán, Trauco, Boto, Sombrerón, Incubo. Cambia el país y cambia el nombre, pero lo que hace es lo mismo —respondió el hombre.

—Espera, espera —intervino Georg—. ¿Incubo? Ese no es un demonio roba almas, es un demonio sexual —dijo un poco molesto—. ¿Puedes, por favor, dejar de asustar a mi amigo?

El movimiento de despegue les obligó a mirar al frente, dejando que la conversación quedara pendiente.

—Será mejor que descanses, Gus —sugirió el castaño—. Si duermes un poco, no vendrán los espíritus a robarte el alma —bromeó, pero el rubio no se veía para nada divertido.

—Esto no es gracioso, Geo.

—Gus, Gus, ¿qué rayos te pasa?

—Estoy preocupado, eso es lo que pasa —respondió alterado, pero en voz baja—. No me gustaría que me robaran el alma. ¿Qué pasaría si muero? ¿Quién cuidaría de mi hija? O lo que es todavía peor, ¿qué pasaría si me llevo a ese demonio conmigo a casa?

—Eso no pasará —Georg intentó calmarlo.

—Tendrás que hacerlo tú, Geo.

—¿El qué?

—Cuidar a mi bebé, si algo malo me sucede. Ella te quiere tanto como a mí —Gustav lucía realmente asustado-. No es por ser fatalista, pero todo está arreglado, es un documento legal que mi esposa y yo ya firmamos.

—No pasará nada, Gus. Sólo descansa, esto no es más que estrés, el tiempo me dará la razón o a google —terminó con una sonrisa.

El rubio se sintió estúpido un instante, él era un hombre de acción, no un ignorante que creía en supersticiones. Asintió a su amigo y reclinó su asiento, cerrando los ojos, mucho más relajado.

—Despiértame un rato antes de llegar, ¿okey?

—No te preocupes. Tu tiempo es mi tiempo —respondió el castaño y tras revisar su reloj, procedió a hacer lo mismo que Gustav, reclinó su asiento y cerró los ojos.

& Continuará &

Chan, chan, chan. ¿Qué les pareció? Pese a que toda la banda está aquí, nuestro personaje principal es Gusti, a petición de Julie. Esta historia está dividida en tres capítulos. Gracias por leer y están invitados a comentar.

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