12: Daños

Hola gente bella, hoy sabremos muchas cosas importantes, así que a poner mucha atención. Conoceremos a otro ángel y les dejaré una pic al final. La música para hoy, puede ser encontrada con el siguiente nombre: Bram Stoker’s Dracula movie soundtrack «Mind Dracula» Que disfruten el capítulo

Maldición II: Cazadores de Demonios” Fic Twc / Toll de MizukyChan

Capítulo 12: Daños

El ángel recordó con los ojos cerrados.

Ya no tenía escapatoria, era el fin, si Bill no aparecía, lo matarían.

«Este lugar es peor de lo que imaginé. Los ángeles son aun más despiadados que los demonios. Bill tiene razón, el ser ángel no te convierte en bueno» Pensó apretando los puños.

Escuchó ruidos, ya estaban ahí.

—¿Vasariah? ¿Tú? Todo lo que escuché era cierto —Preguntó el Almirante, venía con su traje de batalla.

—Depende de lo escuchó, Almirante —respondió de inmediato.

—No me hables con ese tono arrogante.

—Lo siento, Señor. Es solo que… fui engañado, señor.

—¿Por quién?

—No estoy seguro, pero presumo que fue Bill.

—¿Y por qué querría él, que robaras la espada del arcángel?

—No lo sé, Señor.

—Es todo por ahora.

—Sí, Señor. —El hombre lo dejó otra vez en la oscuridad.

Ahora tendría tiempo para pensar en una nueva estrategia.  Seguro ellos pensarían en sus mentiras y le propondrían algo, algo sucio, obviamente.

Estuvo en un letargo por media hora, hasta que de nuevo oyó ruidos y la puerta se abrió.

—¡Vasariah!  —Llamó fuerte un hombre grande. El verdugo.

—Aquí estoy, no es que haya salido a tomar el aire, ¿cierto?  —dijo con un toque de ironía.

—No te hagas el gracioso conmigo.

—¿A qué has venido? ¿A matarme? —Le espetó con fuerza al ver los filos plateados de las armas angélicas.

—No Vasariah, no vengo a eso exactamente.

—¿No me dirás qué…?   —El ángel palideció, prefería la muerte a eso, cualquier ángel prefería morir, antes que…

—Los del alto mando te perdonaron la vida, pero deben dar un castigo ejemplar y decidieron cortarte las alas.

—Pero sin alas, ¿cómo sabrán que soy un ángel?

—Eres un desterrado, Vasariah, en el cielo, todos sabrán de tu pecado.

—Entiendo. —Le tomó las muñecas y las ató a un cimiento que llegaba desde el techo al piso de la prisión. El cuerpo del rubio se tensó por completo. Escuchó el filo y lo sintió rasgar la carne del ala hasta quebrar el hueso.

—¡Aaahhh! —Gritó.

El dolor que sentía que le consumía las entrañas. Su espalda estaba abierta y solo había sido un ala. Sentía un líquido caliente chorrear hasta su cintura.

—¿Te vas a desmayar?   —Preguntó preocupado el verdugo.

—No te daré ese gusto  —contestó con orgullo, pero con la voz rasposa.

—Prosigo.  —Con su mano fuerte tomó el ala restante y pasó el filo con una fuerza brutal.

—¡Aaahhh!

Vasariah comprendió que había quedado completamente expuesto, vulnerable, sus alas nos estaba ahí, su espalda sangraba. El hombre lo soltó y cayó de bruces, ya no le quedaba ni un poco de fuerza para moverse.

—Esto te ayudará a cicatrizar —dijo el verdugo y le puso algo líquido en la espalda, justo sobre las heridas, que inmediatamente le alivió el dolor—. Duerme, el Almirante vendrá a hablar contigo más tarde. —Hizo caso, con el dolor atenuado por ese líquido, su mente se calmó.

Estaba vivo, desterrado, pero vivo, no podría haber algo peor que eso, ¿cierto? El sueño cayó pesado en sus ojos.

—¡Vasariah! ¡Vasariah! —Se oyó una voz a lo lejos—. Despierta, saluda al Almirante —Solo entonces comprendió que nada había acabado, que solo estaba empezando.

—Se-Señor   —dijo tartamudeando.

—¿Cómo te encuentras?

—Vivo   —respondió y agregó en su mente «Como si a este mal nacido le importara un carajo»

—Vengo a proponerte un trato.

—¿Un trato?  ¿Qué clase de trato?

—¿Te das cuenta de tu estado, Vasariah?

—¿De que soy un desterrado del cielo? Sí… me doy cuenta —contestó irónicamente.

—Pues, como desterrado, queremos pedirte un favor… que el común de los ángeles no suele hacer.

—¿Quiere que haga el trabajo sucio?

—Llámalo como quieras. ¿Aceptas o no?

—Depende del trabajo.

—No estás en posición de decidir, Vasariah. Lo Aceptas… o pronto tendrás un “Accidente”.

—Entonces está dicho, cuénteme Almirante ¿cuáles son los trapitos sucios del cielo?

—Bill.

—¿Bill?

—Escapó. Debemos ubicarlo lo antes posible. Está en la tierra.

—Lo sé, con el mocoso…  —dijo con los dientes apretados.

—Lo matamos. —Abrió los ojos como plato. Vasariah odiaba al chiquillo por una cuestión de celos, pero de ahí a eliminarlo, no, ni siquiera él era tan sucio para esa clase de cosas, pero al parecer en el cielo había gente más sucia de lo que creía.

—Al niño.  —Repitió el ser—. Lo matamos para que regresara, pero no volvió.

—Pero rastréenlo.  —Sugirió el rubio, si Bill no había vuelto después de la muerte de su humano, algo malo podría pasar.

—No podemos, hay algo que lo impide. Por eso te necesitamos, tú lo conoces, puedes dar con él.

—¿Y lo traigo? —Preguntó con ironía—. Bill es mucho más fuerte que yo.

—Solo localízalo y nosotros haremos el resto.

—Está bien, Señor, yo lo haré.

—Descansa, bajarás mañana.

Vasariah no era el único que recordaba. El pelinegro, dormido en su cama, tenía destellos de memoria a través de sus sueños, visiones de su vida anterior.

—Bill, no tienes que hacer esto.  —Señaló un joven apuesto.

—Sabes que sí, Gabriel. Creo que me tendieron una trampa, aún no estoy seguro de nada  —dijo el pelinegro tomándose el pelo en una coleta baja.

—Vasariah está aquí.

—No tengo nada que ver con Vasariah —agregó, guardando algunas cosas en una bolsa.

—Robó armas angélicas.

—¿Para qué haría algo así?

—Creo que quiere implicarte.

—Él y yo no somos nada.

—De todos modos cometió un crimen grave, de seguro será ejecutado.

—No sé si sentir pena por él o no.

—¿Qué te hizo, Bill? ¿Qué te hizo para que estés así de molesto con él? Tú lo amabas.

—Él solo me estaba utilizando, Gabriel, él quería lucirse cuando el día del juicio empezara, pero tú sabes que yo quiero impedirlo.

—¿Con el muchacho de la Tierra?  Sabes que no es, ni será posible.

—Podremos hacerlo, Gabriel.  —El pelinegro lo miró de frente con los ojos brillantes.

—¿Tuviste una visión, Bill? —Preguntó poniendo sus manos en los hombros del moreno.

—Nos vi  a nosotros. Nos amamos Gabriel. Él me dijo que me amaba.

—¿Estás seguro?

—Mis visiones nunca se equivocan.

—Pero… —Lo miró con sus penetrantes  ojos verdes—. Aun si se amaran, él es un demonio, te podría mentir. Y aquí, Bill, aquí hay tanta gente que te ama. —Sus ojos revelaban sus propios y profundos sentimientos, pero para el pelinegro eran solo palabras de aliento, su corazón ya estaba ocupado.

—Ya verás que no me mentirá, Gabriel. Lo lograré, tienen que haber una razón por la que el Padre me encomendó esta misión en primer lugar. Yo creo que él lo sabía.

—El Padre no está, Bill, no podemos confiar en él, ni siquiera estuvo aquí para darte esta misión.

—Pero él lo sabe todo.

—Lo sé, Bill, pero ahora serás un fugitivo, te buscarán y sabes que te hallarán —dijo acariciando sus suaves alas.

—Debo cortarlas, pero estoy desarmado.

El hermoso ángel Gabriel ya se esperaba algo así. Metió la mano bajo su capa y acarició el cinto de sus armas. Arrugó el ceño y casi sin fuerzas murmuró—. Te daré mi cuchillo. —Soltó un suspiro—. Y ahora seré tu cómplice.

—Gracias Gabriel.

—Golpéame.

—¿Qué?  ¿Para qué?

—Para que crean que me robaste el arma.

—Está bien… lo siento. —Dio un certero golpe en el ojo del ángel, que cayó al suelo inconsciente.

El joven pelinegro bajó a la tierra a un almacén abandonado y se quitó la chaqueta, dejando su torso desnudo. Abrió sus blancas alas y las miró por última vez, con un deje de ensoñación.

—Las extrañaré amigas —dijo con una pequeña sonrisa.

Tomó con seguridad el cuchillo, que resplandecía aún en la oscuridad, y con una sola estocada arrancó el ala izquierda.

—¡Aaahhh! —Gritó de dolor, cayó de rodillas mientras la sangre fluía por su herida. Cambió el cuchillo de mano y, aún tembloroso por el dolor, arrancó el ala derecha.

—¡Aaahhh! —Volvió a gritar, hasta desgarrarse la garganta.

Cayó de bruces al frío suelo, mientras la sangre brotaba de su espalda. La inconsciencia lo alcanzó y se durmió.

Por la mañana, tenía el cuerpo entumecido, pero sus heridas habían dejado de sangrar. Con movimientos torpes por el dolor, se sentó y revisó su bolsa, sacó una pequeña botella y con sumo cuidado, se aplicó un ungüento en los agujeros donde, solo horas atrás, estuvieron sus alas.

—Espérame, Tomi, ya voy por ti —dijo con una sonrisa, mientras se ponía la ropa de nuevo.

Usó su poder de transportación y llegó a una casa pequeña, pero que se veía acogedora, se dirigió a la habitación del niño y se extrañó de verlo tan quieto.

—¿Tomi?

—Hola, Bill. —Saludó el niño moviéndose poco—. Hoy me duele todo, mi querido ángel.

—Yo también estoy adolorido, pequeño.

—¿Voy a morir, Bill?

—No, te operarán y todo saldrá bien.

—Eres un ángel, no puedes mentir.

—Eso pasará, a no ser que algo muy malo suceda y yo me equivoque.

—¿Pero nos volveremos a encontrar, cierto?

—Así es. Siempre estaré contigo, Tom.

—Gracias, Bill.

(Dar play)

El pelinegro se removió en la cama, despertando del todo y arrastrando consigo a su pareja

—¿Tom?

—Dime, cielo.

—He soñado contigo, de cuando eras un niño y yo un ángel.

—¿A sí?  Yo también. —Se sentó en la cama y el pelinegro hizo lo mismo. El de trenzas se acercó a besarlo y una luz blanca llenó la habitación, logrando que ambos compartieran la siguiente memoria.

&   Flashback   &

El pelinegro entró en la habitación y descubrió el cuerpo del pequeño Tom cubierto de sangre.

—¡NO! —Gritó desesperado—. ¿Quién fue? —Lloró amargamente, abrazado al cuerpecito del chico de rastas rubias—. Noooo Tooooom. No te preocupes nos volveremos a ver, te lo prometo, haré hasta lo imposible por encontrarte, Tom, te lo juro.

La angustia que sentía en esos momentos era inconmensurable, había dejado su hogar en el cielo, se había arrancado las alas para no ser descubierto y así estar tranquilo con su futuro amor y ahora Tom, la razón de su existencia estaba en sus brazos, sin vida.

&   Fin Flashback   &

La luz de la habitación desapareció y la pareja se miró expectante, lágrimas comenzaron a caer por los ojos del pelinegro.

—Tomi.

—Dime cielo, ¿qué fue eso?

—Te mataron, Tomi, te asesinaron por mi culpa.

—¿Por qué por tu culpa?

—Porque ellos querían que regresara, ellos querían que hubiera guerra, pero yo… yo solo te quería a ti.  —Comenzó a llorar desesperado.

—Tranquilo, cariño, fue solo un recuerdo, yo estoy aquí, a tu lado.

—Un recuerdo muy doloroso, no quiero volver a perderte. Ya te perdí una vez, no podré soportarlo de nuevo.   —Lloró con gran amargura, como si nuevamente hubiera perdido a su amado Tomi.

—No lo harás, yo estoy contigo. Estoy aquí y te amo. Mírame. —Le separó para que tuvieran contacto visual—.  Te amo y nada cambiará eso, te lo juro.

Pero Bill no fue el único en tener recuerdos durante la noche. Tom también tuvo una extraña revelación.

&   Flashback   &

La versión pequeña de Tom descansaba sobre su cama. Su semblante era adolorido, le habían practicado quimioterapia esa mañana y se sentía muy mal, débil y cansado. Lo único que anhelaba era poder ver a su adorado ángel pelinegro: Bill. Él le contó que tuvo una visión en la que le operaban y se salvaba de su cáncer. Sin embargo esa visión jamás llegaría a completarse.

Dos seres angélicos llegaron de improviso a su habitación.

—Ustedes también son ángeles.   —Afirmó el chico de rastas.

—Sí, lo somos   —contestó el más moreno de ellos.

—¿Dónde está, Bill?

—No lo sabemos, queríamos preguntarte lo mismo.

—La última vez que lo vi, dijo que dejaría su hogar para venir conmigo.

—Ya veo. Tú lo tienes atado a la Tierra y a los humanos.

—No es que lo tenga atado, Bill quiere estar conmigo.

—¿Sabes cuál es la solución a ello?  —Preguntó el moreno.

—No.

—Que mueras. —Con suma rapidez sacó un arma filosa y la clavó reiteradas veces en su pequeño cuerpo. El niño no tuvo ni siquiera una oportunidad de defenderse.

—Creo que te excediste, Zacarías —dijo el otro ángel, limpiando la sangre del arma.

—Claro que no, en una guerra, es necesario hacer sacrificios.

Tras escuchar el nombre de su asesino, el niño expiró.

&   Fin flashback   &

Una vez levantados y tras haber compartido los recuerdos de la noche anterior, el pelinegro comenzó a gritar por la casa.

—¡Vasariah! ¡Vasariah! —Gritó el pelinegro desesperado— ¡Vasariah, maldita sea, aparece!

—Cálmate, Bill, no sabemos si él parecerá con solo pedirlo. —Le tranquilizó el de trenzas.

—No puedo calmarme. Tengo demasiados espacios en blanco en mi memoria, debo llenarlos para poder impedir la guerra y para que podamos vivir en paz. —Se sentó en un sofá de la sala.

—Creí que no confiabas en Vasariah.

—No lo hago, pero por el momento él es el único que puede darnos algo de información del cielo.  —Miró hacia el techo y volvió a gritar—.   ¡Vasariah aparece!

—Vaya, vaya, ¿alguien necesita de mi ayuda? —Dijo el rubio, quien apareció de la nada.

—No es que tengamos elección. —Ironizó el de trenzas, quien se ponía celoso nada más ver la cabeza rubia.

—Dime cariño, ¿qué deseas? —Preguntó apoyando una rodilla en el piso y tomando la mano de Bill, cual caballero de cuentos de hadas.

—Necesito que me ayudes a usar mis poderes de ángel.   —El otro pareció dudar.

—¿Por qué ahora, bombón?

—Porque los demonios se están haciendo cada vez más fuertes y tengo que defenderme.

—Me parece bien. —Le besó la mano, solo para enfurecer a Tom, quien se paseaba de un lado a otro, como un león enjaulado—. Solo tengo una condición.

—¿Cuál?

—Que seamos solo tú y yo.

—No, olvídalo.   —Sentenció de inmediato el de trenzas.

—Tom, cálmate.   —Pidió el pelinegro—.   Lo haré.

—Excelente.

—¿Vasariah?  Si hago esto, ¿crees que pueda recobrar mis recuerdos?

—Haré que me recuerdes a mí, cariño. —Le besó la mejilla—. Nos vemos mañana a las nueve.  —Y desapareció, tal como llegó.

—¿Por qué, Bill?  ¿Por qué no lo enfrentaste y le dijiste traidor de inmediato?

—Porque tengo un plan.

—No sé por qué creo que este plan no me va a gustar.

& Continuará &

¿Cuál será el plan de Bill? ¿Logrará saber Bill, qué fue lo que le hizo Vasariah en el pasado? ¿Podrá utilizar sus poderes? ¿Podrá Tom sobrellevar los celos? Todo esto en el próximo capítulo. Y como les prometí, una foto del ángel Gabriel, otro enamorado de Bill.

Escritora del fandom

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