14 Pumba va al veterinario

Pumba y sus amigos” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Pumba va al veterinario

Pumba sentía un dolor intenso en la panza y al ver el terror en los ojos de Rafael, creyó por un instante que la muerte vendría por él, aunque tampoco estaba muy seguro de qué era la muerte, había oído rumores, había escuchado esa palabra en las películas que veían sus papis y en cada ocasión, su papi Bill terminaba llorando.

«Debe ser algo malo, muy malo» Terminó la reflexión en su cabeza.

—No te preocupes, mi hermoso espécimen de  edad inferior a la mía —comentó Oliver, agitando sus orejitas oscuras, contrastando con el pelaje blanco de su rostro—, el veterinario es un médico pero para seres como nosotros.

—¿Y por qué Rafael tiene tanto miedo? —Insistió Pumba, tratando de echarse cómodamente en el cojín que papi Bill dejó para él.

—Porque él, bueno… una vez el humano Alex lo sacó a pasear y fue descuidado. —Pumba podía ver que Oliver estaba conteniendo su ira—. Mi primo cruzó una calle y un coche lo atropelló. Estuvo inmovilizado durante todo un mes, fue muy angustiante, le dolía mucho. —Si hubiese sido humano, habría tenido el ceño fuertemente apretado, pero luego volvió el rostro hacia el cachorro y agregó—. Tú no tienes por qué preocuparte, estimado Pumba, tu lesión no parece semejante a la de Rafael, además Durkas estará junto a ti.

—¿Cómo estás tan seguro?  —Preguntó el perrito, alzando una ceja en su arrugado rostro.

—Porque está persiguiendo a tus padres por todas partes, los está agobiando, es una táctica de manipulación que solo los caninos inteligentes pueden utilizar —respondió y le dio una lamida a una de sus orejas, para confortarlo.

—Si el veterinario es un sitio tan horrible, ¿por qué crees que Durkas insista tanto para acompañarme? —Preguntó nuevamente Pumba, acomodando la cabeza en sus patitas.

—Porque te quiere mucho. Se nota que el hermoso can de elevada estatura y piel bicolor, es un ser de corazón generoso, que protege y estima a su familia.

—Sí, mi hermano es así.

Se quedaron un rato en silencio, hasta que Rafael llegó a su lado y le dio una lamida al cachorro en ambas orejas—. Espero que te sientas mejor, compadre.

—¿Dónde estabas, primo? —Indagó Oliver.

—Investigando —respondió una vocecita chillona, justo detrás de ellos.

—¿Buddy? —Habló Pumba, tratando de alzar la cabeza, pero se le hacía difícil, la panza le punzaba como nunca antes.

—Estuvimos revisando la escena del crimen, el lugar donde hallaron el cuerpo de Pumba con lesiones físicas —respondió el perrito negro.

Los ojos de Oliver brillaron de una forma misteriosa y agregó—. ¿Ves series policiales?

—Por supuesto —dijo de inmediato, mostrando sus pequeños colmillos. Rafael miró a ambos y negó con la cabeza.

—¿Cuéntame, por favor, cuáles han sido los resultados de sus pesquisas hasta el momento?  —Preguntó, el perrito blanco, utilizando más lenguaje policial.

—Descubrimos las cajitas de patitas de pollo que comimos todos en grupo, el día de ayer —respondió, pero hizo una pausa, para dar más misterio a su siguiente frase—, pero además, hallamos los restos de una presa más grande, que por el tamaño de las mordidas y el estado de descomposición, parecía ser posterior al horario en que estuvimos todos reunidos. Lo que nos lleva a la gran pregunta… ¿Pumba, comiste una patita de pollo por la noche, estando fría?

—Sí… —respondió en un murmullo.

—¡Santa madre perruna!  ¡Eso lo explica todo!  —Casi gritó Rafael, mirando al cachorro con los ojitos enojados—. Me asustaste mucho, pequeño.

—Estimado Pumba —dijo suavemente Oliver—, creo que estás familiarizado con la regla que dice que nada que sea comida de humanos se debe comer en frío, ¿verdad?  —El perrito asintió—. Muy bien, no vuelva a hacerlo, porque te dolerá la panza.

«Pero yo creí que fue el chocolate»  Pensó Pumba, pero prefirió guardarse ese comentario, porque había una regla más estricta que decía que no debían comer dulces, porque les salían parásitos en la panza y eso sí era repugnante.

—Bien, bebés —dijo papi Bill entrando en la sala—. David viene en camino.

Todos los perritos conocían a humano simpático que regañaba a los G’s y también a los gemelos, pero que al final siempre los trataba bien. Menearon sus colitas y se sentaron tranquilamente, para dejar en claro que ellos se portarían bien, estando solos.

—Vamos, pequeño —susurró el rubio, cargando a su hijito.

—El auto está listo —dijo papi Tom, desde la puerta—. Vamos, campeón —llamó a su favorito, quien obviamente sabía que sería parte de esa travesía.

Una vez en el asiento trasero del coche, Pumba se cubrió el hociquito—. Tengo miedo, hermano.

—No debes tenerlo, el veterinario te hará sentir mejor.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque he venido muchas veces, con Scotty.

—¿Quién es Scotty? —Preguntó Pumba, alzando la cabeza, entusiasmado con la nueva información que iba a recibir.

—Scotty fue parte de nuestra familia. Fue un héroe, mi héroe —respondió el moteado con solemnidad—. Yo llegué a la familia, siendo un cachorro, igual que tú, pero él ya era parte de la familia Kaulitz, fue un guerrero.

—¿De verdad? —Pumba estaba impresionado por la adoración que se veía en los ojos de su hermano mayor—. ¿Por qué?

—Scotty no vivió una vida fácil como nosotros. Él tuvo una familia que no fue buena, lo maltrataron mucho y años después, nuestros padres lo vieron y lo rescataron, pero ya era demasiado tarde.

—¿Eh?  —Pumba se sentó en el lugar, olvidando el dolor en su pancita.

—En sus años malos, una enfermedad comenzó a crecer dentro de él, se llamaba cáncer. Es una enfermedad mortal. —Pumba puso cara de pánico, eso quería decir que Scotty ya había muerto—. Los últimos años de vida de Scotty, fueron los mejores. Él me enseñó muchas cosas, pero sin duda lo más importante, es que conoció el amor de una familia, nuestros padres lo amaron mucho y lo levaban al mejor veterinario, para que no sufriera y siguiera viviendo lo más posible… hasta que un día… se fue al cielo de los perritos.

—¿Dónde está el papá de Simba?

—Exactamente, ahí, en ese lugar lleno de bellas nubes y estrellas. Ahí es donde está mi querido hermano.

—Lo querías mucho… —Afirmó y luego sintió un gran lametón en su cara.

—Lo mismo que te quiero a ti, chiquillo. —Sonrió.

Ahora Pumba se sentía más confiado, si Durkas decía que en este lugar te ayudan, entonces no tendría miedo, porque su hermano y sus papis, no dejarían que nada malo le sucediera. Lo protegerían como había hecho con Scotty.

—Desearía haberlo conocido —susurró.

—Le habrías encantado, Pumba, estoy seguro.

—Ya llegamos, bebés. —Anunció la melodiosa voz de papi Bill.

&   Continuará   &

Sí, había que incluir algo de nuestro antiguo amigo, ¿verdad? Y nada mejor que con su mayor admirador, Durkas. Espero les gustara. Besos a todos y que tengan un lindo día.

Escritora del fandom

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