15: Luna de miel (Parte 2)

Hola gente bella, este es la segunda parte dedicada a la luna de miel, hay una leyenda en medio del capi. Les cuento, en cada costa de Chile, en la que existe un área rocosa, se dice que hay una “Cueva del pirata” Yo crecí visitándolas cada verano con mi familia y escuchando las historias sobre ellas, eso además de un cuento de una señora de Coquimbo (Tierra de piratas), me animó a compartirla aquí. Espero les guste. Besos.

Regalo Especial” Fic Twc de MizukyChan

Capítulo 14: Luna de miel (Parte 2)

Bill estaba tan ansioso por saber cuál era la sorpresa que Tom le tenía, que despertó muy temprano. Su querido esposo aún dormía plácidamente, su respiración era acompasada y serena, así que al verle tan tranquilo, se le ocurrió una forma sexy de despertarlo. Se escabulló hacia abajo en la cama y comenzó a darle suaves lamidas al miembro flácido del mayor. Al sentir la humedad, Tom dio un gemido y en el mismo sueño, se giró para dar un mejor acceso a su masculinidad, la que rápidamente cobraba vida. El moreno siguió lamiendo, esta vez con más ánimo y su pene comenzó a reaccionar. Otro gemido se escuchó.

Biiiiiiill —Jadeó roncamente. El pelinegro no estaba seguro si el otro había despertado o pensaba que estaba soñando, así que siguió con lo suyo, hasta que una mano se posó lentamente en su cabeza— ¿Qué tal si lo hacemos juntos? Sería muy egoísta de mi parte quedarme con todo el placer. —Como siempre, Tom solo pensaba en los demás.

Te amo tanto, Tomi, quiero que hagamos el amor.

Claro mi vida. —Se abrazaron y se besaron profundamente.

El moreno se aferró a los fuertes hombros de Tom, mientras sus manos lo recorrían con maestría. Sus bocas se buscaban entre sí y lentamente se fundieron en uno. Tom entró cariñosamente en el estrecho canal del pelinegro y comenzó a embestirme deliciosamente, justo como le gustaba a su esposo. Estuvieron moviéndose al compas impuesto por el mayor, hasta que se corrieron juntos.

Te amo, Tomi.

Yo también te amo. Y más vale que nos arreglemos o perderemos la sorpresa.

Aaahhh la sorpresa. ¡Vamos, vamos, vamos! —Casi gritó Bill, saltando de la cama.

Tendrás que aguantar un poquito el hambre, porque comeremos cuando lleguemos ahí, ¿está bien?

No te preocupes, estoy tan emocionado que me olvidé hasta de las ganas de vomitar jajaja.

Después de arreglarse, Tom llevó a su pareja de la mano hasta lobby del hotel, ahí había varias parejas más. Esperaron cerca de 15 minutos hasta que el administrador habló.

Queridos huéspedes del hotel, los hemos reunido aquí para darles las instrucciones de la expedición de hoy —dijo con parsimonia—. La isla celebra su aniversario durante esta semana y prepara una expedición por los lugares más bellos que posee. Ahora serán transportados hacia el puerto desde donde saldrá la embarcación. Allí se reunirán con el resto de las personas que participarán en esta travesía. Les solicitamos poner mucha atención a las instrucciones que recibirán allí. ¿Tienen alguna pregunta? —Indagó mirando a todos los presentes—. Nadie, perfecto. Él es el señor Jones, él los llevará, pueden seguirle.

Toda gente fue saliendo ordenadamente, Tom y su esposo iban cogidos de la mano. Y Bill sonreía como bobo, sintiéndose muy emocionado, gritando en su cabecita «¡Vamos a una excursión!»

Te luciste Tomi, esta sorpresa es espectacular —comentó, besando su mejilla.

Busqué en internet y me enteré de este viaje, por eso, apenas llegamos nos inscribí.

Gracias, cielito lindo. —El camino fue corto desde el hotel hasta el puerto. Al bajar, Bill esperaba ver un yate lujoso para la excursión, pero se quedó con la boca abierta al ver un crucero allí, bueno no era gigante, pero sí bastante grande—. ¡Es enorme! —Exclamó a Tom, apretándole la mano de pura emoción y nerviosismo.

Es que este evento es muy importante —respondió e mayor, acariciando su mano con el pulgar—. Vamos, sigamos al resto. —Sugirió, besando levemente la frente de su marido.

Al subir, todos fueron llevaron a la cubierta, el pelinegro se sentía muy pequeño en ese lugar, pero Tom le infundía confianza, ya fuera con sus pequeños roces, o con sus bellas sonrisas. La gente conversaba contenta y no era para menos, era una experiencia muy emocionante.

Señores pasajeros. —Se oyó una voz femenina por los parlantes—. Antes de comenzar nuestra travesía, les pediremos que pasen por las casetas dispuestas en las orillas de cubierta. Allí deberán sacar una llave con un número, que será usada al atardecer. Por favor, no vayan a perderlas. Gracias.

Vamos Tomi, ojala nos toque juntos —dijo Bill emocionado, casi arrastrando a Tom a una de las casetas. Había una chica allí con una caja oscura, no se veía nada del interior.

Hola. —Saludó la mujer—. Meta la mano y saque una llave, por favor.

¿Para qué es la llave? —peguntó el trenzado.

No le podemos decir nada hasta el atardecer —respondió sonriente.

No importa Tomi, así es más emocionante. —El pelinegro fue quien metió primero la mano y sacó la llave—. Número 302.

El mío es 65. No estamos juntos. —Tom arrugó el ceño, al ver su número.

No se preocupen, no tiene nada que ver con estar juntos o separados —dijo la chica al ver sus semblantes tristes.

Menos mal —agregó el menor, suspirando.

Deben seguir por la cubierta ahora. —Informó la mujer.

Gracias —contestó la pareja al unísono.

Mientras esperaban a que todas las personas sacaran sus llaves y números, Tom sacó la cámara y empezó a fotografiar a su flamante esposo.

Vamos bebé, posa para mí. —Pidió sensualmente.

No puedo hacer ninguna pose sugerente, porque las verán mis hermanos —respondió, sonrojándome.

Pero las fotos sexies serán para mi colección personal. —Confesó Tom, besando su oreja, estremeciendo al pequeño.

Vamos, caminemos por la proa. —Pidió el pelinegro, mirando hacia abajo, al mar—. Es bellísimo.

No tanto como tú. —Afirmó Tom, besándolo en la mejilla.

Señores pasajeros, ahora que todos tienen sus llaves, iniciaremos el viaje. —Anunció la misma chica por parlante—. Las primeras horas nos movilizaremos mar adentro. Pueden disfrutar del paseo en cubierta o pueden bajar a los pisos inferiores a disfrutar del piso Restaurant, o del piso Gimnasio, o si tienen suerte pueden pasar al divertido Casino del crucero. Sea lo que sea que escojan, disfrútenlo.

Debes comer algo cielo —dijo Tom tras escuchar las instrucciones—. No quiero que mis bebés pasen hambre.

Mi vida, vas a tener que dejar de llamarme bebé cuando nazca el niño.

O niña, aún no estamos seguros.

Es verdad, pero lo que sea lo amaremos mucho. —Afirmó, sobándole la pancita sobre la playera.

Claro que lo amaremos, será nuestro regalito del cielo —dijo Tom y puso sus manos junto a las de su esposo sobre el vientre—. A comer.

Sí, quiero algo de fruta y tostadas y huevos y no sé, algo más —comentó el moreno saboreándose.

Puedes pedir todo lo que quieras cielo, pero debes mantenerlo en tu estómago.

¿Por qué lo dices?

Porque estamos en un barco, ¿no te mareas?

No… debe ser porque es un crucero, no se siente nada, es genial. —Sonrió y “Clic”, Tom sacó una foto.

Te veías precioso.

Bajaron al restaurant y como era de esperarse, Bill pidió muchas cosas, se sentía muy antojado de mezclar los sabores. Tom sólo reía de sus ocurrencias y no entendía cómo podía hacer semejantes mezclas.

Después de comer una tonelada, el pelinegro casi le rogó a Tom que bajaran al casino. El joven nunca había estado en uno, porque su padre decía que eran “antros del diablo”. Su querido esposo accedió a este capricho y fueron a la tercera planta.

Sólo prométeme que no te enviciarás. —Pidió el mayor con el rostro serio.

Sólo quiero jugar a las maquinitas, Tomi anda.

¿Sólo las máquinas?

Es que no sé jugar nada con cartas —Confesó avergonzado, Tom lo vio y sonrió.

Y tal vez la ruleta, pero nada más. —Afirmó rotundo.

Lo que digas, mi vida.

Pasaron por “Caja” y compraron una tarjeta. Fueron a las máquinas traga monedas. La verdad, Bill no tenía idea de cómo funcionaban. Tom tampoco era un experto, pero le dio algunas instrucciones simples a su marido, quien se emocionó al pararse frente a una máquina con muchas luces de colores. Puso la tarjeta, seleccionó una apuesta del juego y tiró la palanca. Pasó un segundo, los dibujos se movían con velocidad, hasta que las luces de la máquina se encendieron y una bocina comenzó a sonar, asustando al pelinegro.

¡Arruiné la máquina, Tom! —dijo Bill, completamente aterrado, esperando que alguien viniera a golpearlo por haberla estropeado.

Creo que no es eso, cielo —dijo el de trenzas muy calmado y con una gran sonrisa.

¿Qué pasa? —Bill vio venir dos hombres vestidos de taje.

Señor, ¿cuál es su nombre? —Preguntó uno, muy serio. El chico llegó a pensar que lo llevarían a la cárcel del barco. ¿Había calabozos en los barcos?

Soy Bill Trumper de Kaulitz.

¿Puede acompañarnos?

¿Por qué? —preguntó muy asustado.

Para que pueda cobrar su premio.

¿Premio? —De pronto lo comprendió. Claro, no era un desperfecto de la máquina, era que había ganado un premio, por eso Tom había mantenido una sonrisa en sus labios. Gruñó mentalmente, gritándose «Soy un tonto»

Sí señor, ha obtenido el premio mayor de esta máquina. ¿Vamos?

Sí, señores. —Afirmó Tom, tomándole la mano y siguiendo a los hombres.

En la “Caja” cargaron el enorme premio a la tarjeta. Tom sonreía pacíficamente.

¿Por qué estás tan tranquilo? Me gané un premio millonario —preguntó el moreno, con las mejillas sonrojadas.

Es sólo suerte de principiantes —comentó besándolo en la mejilla—. Si vuelves a jugar… perderás.

No lo creo, tengo demasiada suerte.

¿Demasiada?

Claro, me salvé de un suicidio, te conocí a ti, nos enamoramos, tendremos un bebé. ¡Soy… el hombre más jodidamente suertudo del mundo! —Exclamó, moviendo los brazos.

Bueno, si lo ves así, pues yo soy el segundo. —Compartieron un beso tierno.

¿Me llevas a la ruleta?

Lo que usted ordene, señor suertudo. —Caminaron hasta la mesa y compraron unas fichas para la ruleta. El pelinegro tomó una buena cantidad, demasiado según Tom, pero se arriesgó y apostó al “doble cero”, la apuesta más difícil y azarosa de todas—. Ese es el número más complicado amor.

No te preocupes, es la suerte. —El hombre hizo girar la ruleta y las personas que apostaron, vitoreaban sus números. Bill apretó la mano de Tom hasta que se detuvo, desde donde estaban ni siquiera podía ver los números, así que escuchó cuando el encargado dijo fuerte.

Doble para el “Doble cero”. —Y puso muchas fichas al lado de las que ya estaban ahí, las de Bill.

¿Qué significa eso, amor? —preguntó el pelinegro en el oído de su esposo.

Que has vuelto a ganar, suertudo. —Y lo besó en los labios.

¿Quiere volver a jugar? —cuestionó el hombre del casino—. Al parecer, este es su día de suerte.

No gracias, nos retiramos. —Tom orgulloso de su decisión, lo ayudó a tomar las fichas y volver a la “Caja”. Cambiaron todo en efectivo y era mucho dinero.

Con todo este dinero podremos comprarle muchas cosas al bebé, cielo.

Tienes razón. Aunque yo también tengo dinero ahorrado, esto nos vendrá muy bien.

&

Después de unas horas, la voz en los parlantes se volvió a oír, porque querían preparar a los viajantes, les mostrarían un lugar histórico de la isla.

La gente subió a cubierta, impresionados por el paso del tiempo, ya que estaba atardeciendo y los tonos dorados del sol bañaban todo el borde costero.

Señores pasajeros. —Se escuchó la voz del parlante—. A su derecha podrán apreciar dos de los lugares más misteriosos de la isla. La primera es “La cueva del pirata” y a su lado “El salto de la princesa”. —Se oyó un “ooohhh” de la multitud al ver la estructura rocosa.

Cuenta la leyenda que estas islas eran asoladas por piratas en tiempos antiguos, pero aun así las riquezas de aquí eran tan grandes, que los soberanos se negaban a abandonar las islas. En una noche de tormenta, regresaba uno de los reyes, tras haber hecho negocios en tierras lejanas. Venía con su hija menor, a quien había prometido en casamiento con el heredero de aquellas tierras. Pero su barco fue emboscado por los temidos piratas. Robaron muchas cosas, pero el Capitán pirata se llevó lo que a él le pareció lo más valioso, “la hija del rey”.

Qué romántico. —Soltó de repente el pelinegro, le encantaban las historias de ese tipo.

El Capitán pirata, lejos de tratar mal a la joven princesa, la halagó y la complació en todo lo que podía, ganándose el corazón de la chica. Pero como el padre era un rey, no detuvo sus esfuerzos hasta que la recuperó. Sin embargo, la princesa estaba enamorada. —La mayoría de los presentes miraba hacia las rocas, suspirando, mientras la historia proseguía.

El Capitán pirata, lejos de ocultarle cosas a la chica, le mostró cómo funcionaba su vida y su “negocio”. Le mostró la cueva donde se ocultaban después de sus atracos, y le dijo que en caso de que los separaran, el guardaría su barco en la cueva y escalaría todas las noches para esperarla. Y así lo hizo, todas las noches venía a juntarse con su amada. Sin embargo, el rey se dio cuenta de las escapadas nocturnas de su hija y la hizo seguir, al descubrir que se encontraba con el pirata y lo que es peor, que llevaba una criatura en su vientre de ese desalmado, optó por matar al villano. —Bill soltó un jadeo, sintiendo empatía por la chica enamorada y embarazada.

Pero la historia aún no terminaba—. Una noche, el rey siguió sigilosamente a su hija y al ver al hombre lo encaró. El pirata no se defendió, pues se trataba del padre de su amada y fue herido de muerte. La chica desconsolada, puso las manos en su vientre y corrió en dirección del abismo y se lanzó, ella no podría vivir sin su amado.

Oh que triste —dijo el moreno, Tom lo rodeó por los hombros con su brazo.

Les llamamos justamente a esta hora, porque dicen las leyendas, que las parejas que son sinceras en su amor, pueden ver la silueta del fantasma de los amantes que murieron trágicamente, pero que aún se reúnen cuando cae el sol. Les invitamos a mirar y abrir sus mentes y corazones para que vean a la pareja.

Bill cogió a Tom de la mano y miraron en dirección del “salto de la princesa”. El pelinegro sabía que era muy sugestivo y se sintió tan identificado con la princesa embarazada que no podría vivir sin su amado, que se dejó llevar y mágicamente los vio. Apretó la mano de Tom y buscó su mirada, él estaba muy concentrado y lo miró impactado.

Los vi. —susurró el de trenzas, muy bajito.

Yo… yo también… o sea nuestro amor es sincero. —Afirmó, con unas lágrimas cayendo por sus mejillas.

Tranquilo, no llores, no necesitas ver fantasmas para saber que mi amor por ti es eterno y real. —Sonrió, acariciando su pelo.

Es que las hormonas me ponen muy sensible.

Lo sé amor, ven aquí. —Lo envolvió en un abrazo.

Pasada aproximadamente media hora, en que algunos veían a la pareja y otros no, la voz por parlante se oyó de nuevo.

Queridos pasajeros, el momento de la intriga se acabó. Esta mañana cada uno de ustedes recibió una llave con un número. Verán, el final de esta expedición es una fiesta de disfraces, la llave que tienen corresponde a un casillero donde está guardado su disfraz, el número indica cuál es el casillero que deben buscar. Pero eso no es todo, cada disfraz posee un antifaz, que impedirá que sean reconocidos de inmediato. La idea es que las parejas se alejen y se encuentren durante la fiesta. Habrá un premio para las primeras parejas en encontrarse.

Oh Tomi, al final si nos vamos a separar —dijo Bill un poco triste.

Pero nos volveremos a encontrar, estamos destinados a estar juntos —dijo besando su mejilla—. Vamos, algo haremos para reconocernos.

Sí, tienes razón.

Pueden pasar a buscar sus disfraces al nivel dos. —Se oyó de nuevo la voz.

&

La joven pareja se separó para ir en busca de sus disfraces. El pelinegro iba cabizbajo, pensando que su suerte se había acabado, ya que con un antifaz sería muy difícil encontrar a su Tomi, y más por la gran cantidad de gente que había en el barco. Número 302, su disfraz era de soldado. La ropa cubría todo su cuerpo, además el traje en sí era ancho, por lo tanto menos esperanza había de que Tom lo encontrara, con ese atuendo tan diferente a su estilo. Se vistió en silencio y se puso el antifaz.

En otro pasillo, el de trenzas llegó al Número 65 y sacó un disfraz de pirata, qué coincidencia, pensó al recordar la historia de amor que les contaron en cubierta. Se disfrazó y la pañoleta cubría totalmente sus trenzas, lo que haría más difícil ser reconocido. Se sintió un poco inseguro, había mucha gente y él sólo quería estar con su moreno, además no quería que él se alterara por su embarazo.

Señores pasajeros les invitamos a pasar al salón de la fiesta. —Pidió la voz por los parlantes, una vez que el tiempo para vestirse hubo terminado.

Cientos de personas en diferentes atuendos entraron al salón, que había sido decorado exquisitamente para la ocasión. Sin embargo, todas parecían desorientadas al estar sin sus acompañantes. Una orquesta tocaba música en vivo, lo que provocaba que la gente se volviera a buscar a sus parejas para bailar. De pronto un soldado se paró al lado del cantante preguntándole algo, los músicos asintieron. La gente no se daba cuenta de lo que acontecía.

Dar play (Tema “Te quiero mucho” de Angel Parra Trio)

De repente una melodía se oyó, conocida para varios de los asistentes, que tarareaban junto con la orquesta, el soldado tomó el micrófono y comenzó a cantar.

No puedo creer que es verdad/ que tanta felicidad/ Haya llegado hasta a mi/ y simplemente aprendí/ que el cielo siento alcanzar/ pensando que voy a amar/ por eso no puedo así/ quitar mis ojos de ti/

Tú tienes que perdonar/ mi insolencia mira/ toda mi culpa no es/ me enamorado esta vez/ difícil es resistir/ sin ti no quiero vivir/ por eso no puedo así/ quitar mis ojos de ti/

CORO

Te quiero mucho/ mi bien compréndelo/ te quiero mucho/ con toda intensidad/ te necesito/ te digo la verdad/ Te quiero mucho/ y pido sin cesar/ que no me dejes/ ya que te encontré/ y voy amarte siempre/ quiero amarte/

No puedo creer que es verdad/ que tanta felicidad/ haya llegado hasta a mi/ y simplemente aprendí/ que el cielo siento alcanzar/ pensando que voy a amar/ por eso no puedo así/ quitar mis ojos de ti/

CORO

Te quiero mucho/ mi bien compréndelo/ te quiero mucho/ con toda intensidad/ te necesito/ te digo la verdad/ Te quiero mucho/ y pido sin cesar/ que no me dejes/ ya que te encontré/ y voy amarte siempre/ quiero amarte/ siempre. siempre quiero amar/

El chico de trenzas, en cuanto el soldado comenzó a cantar lo reconoció como su adorado esposo. Abriéndose paso entre la multitud se acercó a la juez del concurso y le dijo que el joven que cantaba era Bill Trumper, su esposo. Al terminar la canción, la jueza se acercó al cantante y le pidió que le acompañara. Bill al ver al pirata con sólo un ojo tapado, reconoció de inmediato el hermoso color chocolate de ellos y se lanzó a sus brazos.

Toooooommmmm. —Gritó pegándose a su cuerpo.

Bien señores, ustedes son la primera pareja en juntarse, el premio es pasar este fin de semana en este crucero a todo lujo.

¡Aaahhh! —Gritó el pequeño—. Te dije que era un jodido suertudo —Afirmó al de trenzas.

Los felicito y ahora los invito a seguir participando de la fiesta. —La mujer se retiró.

¿Quieres bailar apuesto soldado? Puedes aceptar por las buenas, o te puedo secuestrar por las malas. ¿Qué me dices?

Acepto por las buenas, pero me gustaría que me secuestraras por la noche —contestó el pelinegro, alzando una ceja coquetamente.

Todo se puede arreglar, apuesto soldadito. —Agregó sonriendo con malicia.

& Continuará &

Sí, Bill y Tom son unos jodidos suertudos ¿Por qué? Por la escritora disfruta de regalar cosas que no le pertenecen jajajaja. Próximo capítulo “Regreso a casa” esperaré con ansias sus comentarios. Besos a todos y nuevamente, gracias por leer.

Escritora del fandom

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