2: Café en buena compañía

Encuentro” Fic twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 2: Café en buena compañía

Bill balanceaba sus manos unidas cuando llegaron al mall que el día anterior recorrió casi sin parar intentando encontrar a Tom.

—¿A dónde me llevas? —Preguntó el pelinegro, notando que seguían caminando por el pasillo, ignorando las escaleras que conducían hacia el patio de comidas del cuarto piso.

—Al Starbucks —respondió el trenzado, dando un leve apretón a la mano del otro.

—Pero está arriba, en el piso cuatro —dijo Bill, levantando el dedo índice, señalando hacia arriba—. Le pregunté al guardia de la entrada ayer, para no perderte y él me dijo que estaba en el patio de comidas. De hecho me tomé un Capuccino esperándote.

Tom arrugó el ceño, definitivamente no iban a encontrarse ayer, todo había jugado en su contra—. Mira allí —dijo señalando el notorio cartel de la cafetería. Era mucho más pequeño que el puesto del patio de comidas, pero definitivamente se notaba que era Starbucks.

—Ay no, con razón —dijo Bill sonriendo.

—Al menos ahora estamos juntos.

—Y voy a memorizar tu teléfono —dijo Bill, poniendo cara de resolución. Tom simplemente sonrió y se acercó lo suficiente para dejar un beso en la frente del otro.

—Eres adorable —dijo en un susurro apenas perceptible, por tanto el pelinegro no lo oyó.

Ordenaron un café y sonrieron sin razón, por cada cosa que decían, parecían dos adolescentes enamorados, hasta que Tom se puso serio.

—Bill, me gustaría que me acompañaras más tarde —dijo en voz baja.

Bill notó el cambio de humor del otro y asintió, pero su naturaleza curiosa le llevó a preguntar—. ¿Es algo grave? Te has puesto tenso. Si en realidad no quieres que vaya, no es problema, puedo regresar a casa y…

—No, Bill. Justamente te estoy invitando porque es algo importante, no es grave, sólo… importante, es algo familiar, el motivo que me trae hasta Berlín cada año —bajó la mirada—. Es la razón por la que no podré estar contigo la noche buena, aunque me muero de ganas.

—¿Oh? Está bien, Tom. Iré contigo.

Bebieron sus cafés, dándose miradas y sonrisas furtivas, pero Bill no pudo evitar volver a preguntar—. ¿Veremos a tus padres?

—Nop —respondió el trenzado—. Mi padre está muy comprometido con la empresa y debe asistir a todos los eventos de fin de año. Mi madre, nos abandonó hace ya muchos años y tiene una vida nueva. Apenas y recibo una llamada suya un par de veces al año.

Al notar la expresión de melancolía del trenzado, Bill tomó su mano y la acarició con el pulgar—. Lo siento mucho.

—No te preocupes, ya soy un adulto. Prefiero mil veces que mis padres estén separados a tener que seguir escuchando sus peleas, esos sí fueron malos tiempos —respondió Tom y le dio una sonrisa a Bill, sujetando la mano que lo acariciaba, para envolverla con las suyas—. Te llevaré a ver a mi abuelo.

—¿Tu abuelo?

—Sí, mi viejo, Edward. Ed, para los amigos —agregó con una sonrisa.

—Se nota que lo quieres mucho. Tus ojos se iluminaron cuando lo mencionaste —dijo el pelinegro, sonriendo también.

—Lo quiero mucho. Está muy viejo, ahora está en una casa para ancianos. La hermana de mi padre, mi tía Emily, lo cuida durante el año —explicó—, pero en las fiestas de fin de año, ella viaja para reunirse con sus hijas que están en América, así que me hago cargo de cenar con él, para que no esté solo en Navidad y año nuevo.

—¿Y tu padre lo acepta? —Preguntó Bill, arrugando el ceño.

—Como te dije, mi padre está más comprometido con la empresa que conmigo, así que si me quedó con él, probablemente también termine cenando solo en Navidad —respondió el trenzado, arrugando el ceño, luego agregó—. No es que lo odie, sólo extraño los tiempos en familia y a veces siento que con Ed estoy más acompañado que en casa.

—Lo sé —dijo Bill, soltando un suspiro—. Mi tía Emma es adorable, pero no me siento cómodo aquí, no para pasar un tiempo tan íntimo como las fiestas de fin de año. Es como si invadiera su espacio, a veces creo que por eso Andy es tan pesado conmigo.

—Disculpa si sueno como un entrometido, ¿pero por qué pasas las fiestas en Berlín? —Preguntó el trenzado, dando un sorbo más a su delicioso latte.

—Mi mamá murió hace dos años, en esta fecha. Suelo deprimirme mucho. Papá no sabe qué hacer conmigo y piensa que estar en compañía de mi tía me hará sentir mejor porque ella se parece mucho a mi mami, pero resulta que es todo lo contrario, me siento más solo en realidad —respondió el pelinegro.

Tom acarició su mano y luego dijo—. Mira esto —lo soltó para sacar una pequeña cajita de su bolsillo—. Lo compré para ti, ayer. Es tu regalo de Navidad.

—Tomi —Bill casi chilló de la emoción, recibiendo la pequeña cajita—. ¿Puedo abrirla, o debo esperar hasta mañana?

—Como quieras, es tu regalo —contestó el otro con una sonrisa.

Bill abrió la caja y vio una bella estrella con tres estrellas concéntricas en un colgante de plata—. No puedo creerlo —dijo Bill, alzando la vista para mirar a Tom con una expresión de asombro.

—¿Acaso la viste aquella vez que compartimos habitación?

Tom arrugó el ceño—. ¿Ver qué? ¿Qué cosa? ¿Ya tienes un colgante así?

—No —Bill sonrió—. Tengo un tatuaje así.

—¿De verdad, dónde? —Preguntó Tom, emocionado.

—En la cadera.

Tom se sonrojó sin saber por qué y titubeando un poco, preguntó—. ¿Podría verlo?

—Tendría que estar desnudo para ello —respondió el pelinegro con una sonrisa coqueta que aumentó el sonrojo en el trenzado.

—¿Podría? —Insistió Tom.

—Tal vez, si fuiste un chico bueno durante el año —bromeó el pelinegro.

Continuaron hablando y bromeando sobre la estrella, el café y otras cosas. Dos horas pasaron y, cuando Tom miró el reloj, sonrió—. El tiempo vuela cuando estoy contigo.

—Ninguna cosa mala pasa cuando estoy contigo —agregó Bill, con el mismo tono jovial que había empleado todo ese día—. Mi mala suerte parece desaparecer cuando estás cerca.

—Ya te lo dije, le mandamos la mala suerte a tu primo Andy —bromeó el trenzado, sacando una carcajada más fuerte al pelinegro.

—Pero cambiando un poco de tema, ya es hora de la visita a mi abuelo —dijo Tom, con semblante serio—. Entenderé si no quieres ir. Allí no todos los ancianos están cuerdos, ¿sabes? Algunos ya presentan síntomas de demencia senil y…

—Entiendo, Tom. Y sí, quiero ir.

—Bien.

Tomaron un taxi hasta la residencia de ancianos y se registraron en las visitas. La enfermera le dio una sonrisa cálida a Tom, pues lo reconocía por sus visitas anteriores y sabía lo feliz que se ponía a Edward cada vez que Tom venía en diciembre.

Entraron a la sala común y Tom miró con cuidado hasta encontrar a su abuelo. Caminó tomando de la mano de Bill y se puso frente a él.

—Hola, Ed —saludó con cariño.

El anciano alzó la vista y sonrió complacido—. Sabía que vendrías otra vez —dijo y se puso de pie—. Y no vienes solo.

—Él es Bill, un gran amigo mío —dijo Tom—. Bill, él es Edward, mi abuelo.

—Soy Ed para los amigos —agregó el anciano, extendiendo la mano, que Bill apretó con cariño.

—Mucho gusto, Ed.

Conversaron animadamente, mientras Tom preparaba unas tazas de café para ellos. Ed le contó al pelinegro anécdotas graciosas de Tom cuando era pequeño y ambos bromearon sobre los regalos de Navidad.

Finalmente, el anciano suspiró contento y dijo—. No hay nada mejor que un café en buena compañía.

Los jóvenes se miraron entre ellos, estando de acuerdo con la afirmación y Ed sonrió al ver un brillo especial en los ojos de su nieto.

Se despidieron con la promesa de pasar juntos el día siguiente y el anciano se durmió feliz.

Regresaron en taxi a casa de los tíos de Bill y Tom sujetó sus manos antes de besarlo dulcemente en los labios—. Este ha sido un día precioso gracias a ti.

—Y tú has sido como el príncipe que me ha liberado de la mala suerte con un beso —dijo sonriendo y luego bajó la mirada—. Eso sonó taaaan cursi.

—No fue cursi, fue lindo. No soy príncipe. Insisto en que no tienes mala suerte, pero lo del beso me ha gustado mucho —se acercó para repetir la acción anterior, pero esta vez, Bill lo sujetó del cuello, profundizando un poco—. Mmm, definitivamente la parte del beso me ha gustado mucho más.

—Y a mí —respondió el pelinegro.

La puerta se abrió y el pesado de Andreas se asomó sólo para molestarlos, sin embargo, cuando quiso bajar un peldaño para acercarse más a Bill, resbaló con la nieve y casi cae de bruces.

—Cuidado Andreas, no querrás seguir con la racha de mala suerte, ¿o sí? —Tom habló con tono serio y el rubio, volvió a meterse en la casa.

Bill mantuvo la mirada en el pecho del trenzado, para que su primo no viera la enorme sonrisa que tenía en la cara por la broma de Tom.

Tom sonrió al ver la expresión risueña de Bill y dijo—. Será mejor que entres, hace frío aquí.

—¿Nos vemos mañana? —Preguntó Bill, esperando una respuesta afirmativa y Tom le dio un guiño.

—Sólo si no supondrá problema para tu familia.

—No lo será.

—Bien, vengo por ti a las 11, le daremos un buen almuerzo a Ed.

Se dieron otro beso en los labios y, con una gran sonrisa, se separaron… sólo hasta el día siguiente.

&

Bill pasó la noche buena con su familia ese día y mientras cenaban, preguntó muy bajito—. ¿Sería mucho problema si paso el día de mañana con Tom?

Su tío bajó el tenedor y miró a su sobrino con ojos de preocupación—. ¿Quién es ese Tom?

—Oh, es un amigo —Bill relató a la familia cómo había conocido a Tom, su tía ya tenía una idea y Andreas, se dedicó a hacer muecas de burla cada vez que expresaba lo bien que lo pasaba con el chico.

—Si te sientes cómodo con él, no veo por qué no —respondió el hombre—. Pero lleva un teléfono contigo, es posible que tu padre llame.

—Oh, claro. Gracias, tío —Bill sonrió de oreja a oreja.

—No veo qué puede haber de divertido en pasar las fiestas con un montón de viejos locos —dijo Andreas, haciendo que todos lo miraran con los ojos muy abiertos.

—Todos llegaremos a esa edad, hijo —respondió su madre, arrugando el ceño—. No me gustaría que me dejaras tirada en un asilo, sin visitarme.

Andreas abrió grandemente los ojos, él adoraba a su madre y nunca tuvo la intención de ofenderla, él sólo deseaba molestar a Bill.

—Lo que hace tu primo es algo muy noble, Andreas. Deberías aprender de él —comentó su padre, retomando la cena.

Nuevamente, la mala acción del rubio se volvió en su contra—. Lo lamento —susurró, aunque muy en el fondo no lamentaba molestar a Bill.

Después de un rato, la familia se levantaba de la mesa y Bill ayudó a su tía con los platos. En la privacidad de la cocina, la mujer tomó las manos del pelinegro y lo miró a los ojos—. ¿Estás seguro de no querer pasar el día de Navidad con nosotros? ¿No te sentirás triste?

Bill abrazó a su tía, ella de verdad se parecía mucho a su madre—. Gracias por preocuparte por mi, tía —dijo soltándose lo suficiente para verla a los ojos—. De verdad estaré bien. Extraño a mamá, siempre lo haré, pero Tom me hace sentir bien, hace que sienta que he dado vuelta la página. Es como si se hubiera llevado la mala suerte de estas fechas.

La mujer sonrió y asintió—. Está bien, pero llevarás mi celular y me llamarás para asegurarme de que estás bien.

—Lo haré.

Ya en su cama, Bill tomó el teléfono que su tía le había prestado y marcó el número de Tom, al segundo timbre la voz masculina del chico sonó—. ¿Hola?

—Tom, soy Bill.

—Ahhh —suspiró—. Estaba pensando en ti.

—¿De verdad? —Bill sintió como sus mejillas se calentaban.

—Sí. Quería darte las gracias por pasar el día conmigo y Ed.

—Ah, eso fue un placer —dijo Bill y prosiguió con un toco más coqueto—. Yo creí que pensabas algo más…

Tom soltó una risita—. Vale, me has pillado. Es cierto que nos hemos conocido hace poco y ya hemos compartido habitación, pero no puedo evitar pensar en la estrella.

Bill también rió, justamente él había pensado en lo mismo—. Compartimos habitación, pero no hicimos nada más que dormir, así que eso no cuenta.

—Bill —dijo, poniéndose serio—. Me gusta bromear y eso, pero…

El pelinegro arrugó el ceño—. ¿Qué pasa?

—Eres un chico atractivo, nadie lo puede negar, pero no me gustaría que lo nuestro fuera sólo un tonteo aquí, en Berlín. Me gustas, Bill.

El aludido sonrió, sin ser visto—. A mi también me gustas, Tom.

—Sigamos compartiendo estos días, hasta el año nuevo, ¿te parece?

—Es un trato.

La pareja continuó hablando hasta media noche y se despidieron deseándose feliz Navidad, con la promesa de pasar juntos el día siguiente y, si la buena suerte los acompañaba, quizás mucho tiempo más.

& FIN &

Ya se han aclarado los malos entendidos. ¿Creen ustedes que en realidad la mala suerte se ha pasado a Andreas? ¿Les gustó Ed? Pues espero que hayan disfrutando de esto. Gracias por su visita.

Escritora del fandom

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