2: Exodus

Perfect Love”

Capítulo 2: Exodus

La pareja esperó un rato en el bosque. Pero Bill estaba preocupado por Tom, el lobo estaba desnudo y hacía mucho frío. Trató de darle calor, abrazándolo, pero el pelinegro era tan delgado que no lograba su cometido y una lágrima se escapó de sus achocolatados ojos.

¿Qué pasa, mi amor? —Preguntó el rastudo, preocupado.

Estás helado, Tom, temo por tu salud —respondió mirándolo, con sus ojos aguados.

He pasado por cosas mucho peores y lo sabes. No soy débil, mi raza es poderosa —aseguró, besando la comisura de los labios contrarios.

Y hay algo más —El lobo le miró expectante—. Aún soy joven Tom, no sé si tendré el respeto de los demás —susurró el moreno, soltando de repente un temor que sólo minutos atrás, había surgido en su mente.

Desde hoy seremos los dos y yo te protegeré de todo mal que exista en el mundo —declaró el rastudo, completamente seguro de sus palabras.

¿Cómo lo harás? Ni siquiera conoces el mundo, Tom. —Se quejó el menor.

Conozco lo más malo del mundo, pero también conozco lo más hermoso de él, por ti, Bill —susurró, abrazándole fuerte.

Ya hemos esperado mucho, ¿no crees? —opinó, acariciando una de sus rastas.

Sí, la tierra ya no tiembla, debemos regresar antes de que vaya alguien de la ciudad y me vea fuera, sin grilletes —comentó, demostrando su seguridad. Tom se levantó y le extendió la mano para ayudarle a ponerse de pie también.

No te preocupes, Tom, ya nadie te tratará mal —comentó el pelinegro, apretando su mano.

&

Caminaron de regreso, iban a paso tranquilo, ni muy apresurados ni muy lentos, sólo lo suficiente como para entrar en calor. La casa Kaulitz, se hallaba en las afueras de la ciudad, pero el humo de los incendios era perfectamente visible a la distancia. Se oían gritos a lo lejos, sin duda, ese temblor había causado caos en todo el pueblo.

La propiedad aún estaba en pie, pero algunas murallas habían cedido y ahora yacían en el suelo. Se podía ver algunos brazos por debajo de ellas y el pelinegro reconoció los cadáveres, todos eran del grupo de empleados de la familia y algunos ayudantes de su padre.

Jorg Kaulitz, el padre del menor, también yacía bajo los muros, pero el joven no sintió ningún malestar, al contrario, su corazón le decía que la naturaleza se había cobrado por haberle causado tanto daño a uno de los suyos, a Tom.

¿Quieres que lo saque de ahí, Bill? —Preguntó el rastudo, al ver que el otro no dejaba de mirar el cuerpo sin vida de su progenitor.

No, Tom, se merece estar ahí. Ven acompáñame, debo ir a la caja fuerte. —Le tomó la mano—. Pero primero, vamos por algo de ropa. —Lo guió escaleras arriba, a la habitación de John, el jardinero, él tenía una complexión más musculosa y su ropa seguro le quedaría a Tomi—. Toma pruébate esto —pidió el pelinegro, pasándole unos pantalones oscuros, una camiseta blanca y una camisa escocesa muy mona.

Vaya, ropa limpia —La miraba casi con admiración.

Vamos Tom, es sólo ropa, lo bueno es lo que está bajo ella —agregó el moreno, alzando una ceja.

Después me gustaría practicar aquello de la otra vez —susurró el lobo, enrojeciendo hasta las orejas.

¿Qué? ¿Hacer el amor? —dijo para molestarlo.

Eso —Tosió, luciendo adorable.

Claro que lo volveremos a hacer, pero sin cadenas, sin el frío del piso, sin escondernos, lo haremos en libertar y en una cama y será maravilloso. Te lo prometo. —Le besó.

Me cambiaré —expresó, poniéndose las prendas.

&

Después del cambio de ropa, los chicos revisaron la casa. El sótano estaba destruido, si el pelinegro no hubiera sacado a Tom de ahí, también estaría aplastado.

Encontraron la caja fuerte y sacaron todo el dinero, las escrituras de propiedades y se fueron de ahí. Tomaron los caballos y se trasladaron al pueblo vecino.

El caos no era tan grande allí, cosa que les tranquilizó. Pagaron una posada por la noche, comieron y luego se retiraron a la habitación a descansar.

Mira, Tom, tenemos mucha suerte —susurró feliz, mirando uno de los documentos.

No sé leer, Bill. —El rostro del pelinegro se ensombreció.

No te preocupes por eso, Tom, te enseñaré —aseguró con una sonrisa—. Lo que quiero mostrarte es que el desgraciado de mi padre tenía propiedades en Berlín, podremos ir a vivir ahí. —Su sonrisa no podía ser más grande. Miró a Tom y sus ojos revelaban deseo.

¿Puedo besarte, Bill? —Pidió, y su pareja asintió lentamente. Ambos se sentían tímidos a causa de su inexperiencia.

Sí, claro que puedes.

El rastudo se acercó a Bill y puso sus labios sobre los otros con devoción. Se separaron un minuto y se miraron, sus ojos reflejaban pasión y lujuria, el deseo de volver a sentirse piel con piel.

Bill se levantó de la mesa, dejando todos los papeles ahí, y caminó a paso lento hacía la cama. Tom le miraba, el menor podía sentir sus ojos en la nuca. Se volteó y comenzó a quitarse la ropa, lenta… muy lentamente. Sus respiraciones se aceleraron.

El de rastas se puso de pie en seguida, y caminó hacia el moreno. Con cuidado, terminó de desvestir a Bill. Ambas respiraciones estaban agitadas y entrecortadas. El moreno podía sentir que Tom se contenía, no quería asustarle.

Pero lejos de estar asustado, el pelinegro quería disfrutar de su pareja, ahora en libertad. Comenzó a desvestirlo con más rapidez, sintiendo que tanto su miembro como el del lobo, estaban totalmente erguidos y dispuestos.

Te haré el amor, Bill —susurró el de rastas, recostando al menor sobre la cama, poniéndose sobre él y besándole dulcemente.

Con manos temblorosas por el deseo, Bill acarició la espalda contraria y atrajo más el otro cuerpo en un abrazo. Y con ese acto, sus miembros se rozaron, lo que les hizo gemir sonoramente.

Te amo Tomi —susurró en su oído, mordiendo su lóbulo.

En respuesta, Tom besó su cuello y bajó por su pecho, besando todo a su paso. Se detuvo en un pequeño y rosado pezón, arrancando un nuevo gemido, todo esto era nuevo y muy excitante para los jóvenes. El lobo bajó, besando su abdomen y al llegar a las delgadas caderas se detuvo.

Por un espasmo involuntario, Bill alzó sus caderas y entonces creyó morir. Su miembro fue rodeado por algo húmedo y cálido, se levantó un poco y vio que era la boca de su lobo.

Dios mío, Tomi, es genial —afirmó entre jadeos, el otro siguió al ver que le gustaba lo que hacía—. Ya basta —pidió el pelinegro, al sentir que las estrellas se aproximaban.

¿Por qué? ¿No te ha gustado? —Preguntó preocupado el rubio.

No es eso, cielo, es sólo que ya iba a acabar y quiero que lo hagamos juntos —expresó, besando los labios del lobo y de esa forma, saborear su propio sabor.

Oír tus gemidos me ha puesto a mil, creo que ya pronto acabaré —comentó el rubio, con sus mejillas sonrojadas.

Déjame hacerte lo mismo, cielo —pidió el pelinegro.

Está bien. —Cambiaron de posiciones y Bill procedió a atender su erección, con su boca.

El pelinegro lo escuchó emitir un gruñido y le encantó. Saber que podía dominar su lado salvaje por amor, le encantaba. Continuó con gusto lamiendo y succionando su masculinidad.

Ya basta, Bill —dijo roncamente.

¿Ya estás a punto? —preguntó el menor. Él asintió y lo depositó de nuevo en la cama, quedando el mayor encima.

Se besaron con pasión y comenzaron a rozarse mutuamente. Era alucinante la sensación que les causaba la fricción entre ambos cuerpos.

Aaahhh. Tooom —Gimoteó el menor y mojó sus estómagos.

Mmm —Gruñó su amado lobo, eyaculando también.

Ha sido fantástico —aseguró el pelinegro, abrazándolo y dándole espacio en la cama.

Dios mío, este fue mejor que el anterior, ¿no crees? —cuestionó con picardía.

Claro que lo fue. Además todo mejora con la práctica —comentó, besando sus labios con suavidad.

Duerme, cariño, porque mañana debemos partir temprano —Le besó castamente—. Me pregunto cómo será Berlín —susurró con ensoñación.

Será un lugar de libertad para los dos. —Bill se acomodó en sus brazos y el sueño les invadió.

&

Por la mañana, se levantaron temprano, desayunaron y compraron algo de comer para el viaje. Ni Tom, ni el pelinegro montaban muy bien, por lo que su paso no era muy presuroso, seguramente el viaje les llevaría dos días además de ese. Lo bueno era que tendrían a donde llegar.

Tom se veía feliz, y no era para menos, por primera vez en nueve años estaba libre y aún les quedaban días para preparar su encuentro con la próxima luna llena. Debían asegurarse de que el chico no fuera un peligro para nadie. Que no causara destrozos, y de esa forma, mantener su libertad, ya que ninguno de ellos, deseaba ver a Tom encerrado nuevamente.

¿Cómo te sientes esta mañana, Bill? —preguntó, con una sonrisa picarona.

De maravilla, amor mío —contestó igual de sonriente.

¿Sabes? He estado pensando algo que me preocupa —comentó, arrugando un poco el ceño.

Dime Tom —pidió el moreno, para que continuara.

No tengo un apellido —murmuró con seriedad—. No puedo tomar el tuyo, sólo porque sí.

Es verdad, Tomi. Sin embargo, las relaciones entre personas del mismo sexo no son bien vistas en la sociedad —explicó seriamente.

¿Lo ves? ¿Qué podemos hacer para no levantar sospechas? —consultó, acercándose al otro caballo.

Creo que debemos decir que somos hermanos —Se miraron—. Aunque no soy tan guapo como tú. —Sonrió le pelinegro.

Eres más bello que cualquiera, Bill. —Le aduló.

No digas eso, aún no has visto muchas mujeres —agregó el moreno, de pronto sintiéndome celoso.

Ninguna mujer se podría comparar a ti, jamás —aseguró, dándole la mano.

Será mejor que nos apresuremos —Rieron y continuaron con su viaje.

&

Por la noche se hospedaron en una posada, aún quedaba viaje por recorrer, pero en la oscuridad era mejor parar.

Sin embargo, Bill pensó que no había sido una muy buena idea al ver lo que pasaba en el interior. El lugar parecía más bien una taberna. Había mujeres semi-desnudas atendiendo las mesas. Su sangre hirvió de celos.

Queremos un cuarto. —Ordenó el pelinegro, al que parecía ser el dueño.

¿Una hora? ¿O toda la noche? —preguntó sonriendo, lo que les mostró un diente de oro, en aquella enorme boca.

Toda la noche —contestó Tomi—. ¿Podemos comer también?

Sí señor, pero sólo hay un menú. Sin quejas —comentó el hombre, limpiando unos vasos y les sirvió a los dos, llenándolos con un líquido amarillo—. Cerveza. Gratis la primera copa —dijo igual de sonriente.

La pareja se sentó en una mesa pequeña, mientras esperaban a que les llevaran la comida. Miraron a su alrededor y bebieron de sus vasos.

Nunca había probado la cerveza —comentó el moreno a su Tomi, sonriendo.

Yo tampoco, es espumosa —agregó el otro, sin dejar de sonreír.

Una mujer con los pechos al aire les trajo la comida, pan y una botella de vino. Tom vio sus pechos descubiertos y el pelinegro se sintió horrible. Para evitar discutir, el moreno comió en silencio y bebió mucho.

Estás muy callado —aseguró el rubio, rozando la pierna del otro, por debajo de la mesa.

¿Y qué quieres? Llevas dos días afuera y ya estás mirando a las mujeres —demandó furioso, alzando la voz.

Creo que estás mal interpretando las cosas, Bill —Quiso tomarle la mano, pero el menor lo evitó.

Te vi mirándola, a la mujer. —Gruñó el moreno, sentía sus mejillas arder.

Bill, sabes que aquí, delante de todos, no puedo demostrarte lo que siento, pero no me importan las mujeres, si la vi fue más que nada porque me extrañó el verla casi desnuda, ¿no se supone que las mujeres deben estar más cubiertas? —Le miró y sus ojos le decían que en verdad era sincero.

Lo siento, Tomi, creo que el licor se me subió a la cabeza —susurró, con las mejillas calientes y rojas.

Creo que yo también estoy así, anoche no bebimos más que agua —dijo riendo.

Y esto me hace reír —agregó el moreno, soltando una carcajada.

Y a mí también. —Rió él, junto al pelinegro.

Una mujer entonces les trajo más cerveza. Bebieron más y cuando los dos estaban algo mareados, dos mujeres se les acercaron.

¿Quieren divertirse, chicos? —cuestionaron con voz sensual, pero el menor cogió la mano de su amado y lo condujo hasta la habitación.

Lo siento chicas, pero mañana debemos viajar, no podemos desvelarnos —respondió, antes de cerrar la puerta.

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Una vez en el cuarto, el pelinegro le quitó la ropa a Tom y lo acostó. Luego se desnudó él mismo y se metieron juntos en la cama.

Lo siento, Bill. —Se disculpó con los ojos cerrados.

¿Por qué, mi amor? —Le acarició la cabeza.

Quería hacerte el amor cada noche de nuestras vidas, pero me muero de sueño —susurró con una sonrisa.

No seas bobo, el licor le hace eso a las personas, así que no te preocupes —Le besó los labios y se acomodó en sus brazos para dormir.

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El siguiente día fue igual, cabalgaron y rieron por el camino. Nunca un viaje le había parecido tan especial al pelinegro, pues ahora iba con su adorado Tom. Se detenían tanto para comer como para besarse, era un sueño hecho realidad.

Por la noche llegaron a otra posada, que por suerte no tenía mujeres semi-desnudas, donde pudieron descansar tranquilamente.

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Al día siguiente, con el sol fuerte en el cielo, divisaron la ciudad de Berlín. Era mucho más grande que el antiguo pueblo. Pidieron indicaciones y llegaron a la “Mansión Kaulitz”, como le llamaba la gente o la “Mansión embrujada”, como le decían los niños.

Vaya, sí que parece una mansión embrujada —comentó Tom, con una enorme sonrisa.

Entremos y veamos si en verdad hay fantasmas transparentes allí —dijo el moreno, bajando del caballo.

Entraron y, aunque todo estaba cubierto por sabanas blancas, sin duda el lugar necesitaba de mucha limpieza. El jardín estaba lleno de malas hierbas y había mucho que podar.

Necesitará mucho trabajo —declaró el rastudo, con una sonrisa sosteniendo la mano de su pareja.

Vamos al pueblo, me muero de hambre —sugirió el menor con una sonrisa.

Salieron de la casa felices, por fin estaban en su nuevo hogar.

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Llegaron a una posada y pidieron un abundante almuerzo.

Esto está realmente delicioso, ¿no crees Bill? —comentó el de rastas, con la boca llena.

Sí que lo está —respondió el otro, tragando un bocado—. Disculpe —Llamó a la joven que los atendió.

¿Necesitan algo más? —preguntó la jovencita, ruborizándose.

Me pregunto si puedo hablar con quien cocinó esto —habló sonriente.

Es mi mamá, está en la cocina —agregó la chica, roja hasta las orejas—. La puedo llamar si quiere —dijo apenas.

Si no es problema, me gustaría ofrecerle un nuevo trabajo —comentó sonriendo satisfecho.

Al cabo de un momento, los jóvenes terminaron de comer y una mujer madura llegó hasta su mesa, limpiándose las manos en un delantal.

Señores —Les saludó.

Soy Bill Kaulitz y él es mi hermano, Tom Kaulitz. Acabamos de llegar desde tierras lejanas —explicó, como solían hacerlo los hombres adultos.

Vienen a la mansión Kaulitz —aseguró ella, pues la noticia, ya era la comidilla del pueblo.

Nos gustaría que trabajara para nosotros —añadió Bill, otra vez, como todo un adulto.

Ya tengo trabajo aquí, señor, pero si me hiciera una mejor oferta… —Dejó la frase en el aire, y ambos jóvenes comprendieron.

Le pagaré la mitad más de lo que gana aquí y podrá vivir en la casa —ofreció el pelinegro. Por dentro, le gustaba como Tom le miraba en esos momentos.

¿Podría llevar a mi hija? Este no es lugar para una doncella —preguntó la mujer, esperanzada.

No hay problema. Empieza mañana, empaque y vaya a la casa por la mañana.

Cerró el trato con un apretón de manos y tras pagar la cuenta, la pareja se retiró.

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Has estado increíble. —Le alabó Tom, guiñándole un ojo.

Sólo he hecho lo que un adulto haría. Y ahora quisiera que me acompañaras a visitar al médico, me gustaría trabajar con él —explicó sonriendo.

¿Trabajarás? ¿Me dejarás solo? —preguntó el rastudo, casi asustado.

No amor, trabajaré sólo por las mañanas. Quiero ejercer lo que he estudiado —dijo seriamente, él pareció entender y asintió.

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Caminaron a la consulta del médico y él, aceptó encantado al hijo de Jorg Kaulitz, el gran científico, y se sorprendió de que se presentara con un hermano. Tuvieron que inventar que Tom había viajado mucho y que por eso no era tan conocido como hijo de Jorg, pero esa mentira fue suficiente para ser aceptado como un Kaulitz más.

Regresemos a casa, Bill, debemos limpiar nuestra habitación antes de que se oscurezca —dijo el de rastas, rozando la mano de su “fingido” hermano.

Como desearía tocarte y abrazarte en público, Tom —susurró muy despacio.

Lo harás en casa, amor mío —Le dio otro pequeño roce.

Cabalgaron hasta la mansión y subieron a la habitación principal, la más grande. Sacaron los cobertores y limpiaron, entonando suaves melodías. Encendieron una lámpara de aceite y se miraron en forma cómplice, entre las sombras que dibujaban las luces. Hicieron la gran cama y se rieron de la situación.

Prepararé un baño para los dos —ofreció el pelinegro, bajando hacia la cocina.

Te ayudo —agregó Tom. Sacó leña y encendió fuego para calentar el agua.

Al cabo de un rato, Bill le ayudó a transportar el agua caliente hasta la bañera. Y con lentitud, procedió a quitarse la ropa, hasta que Tom detuvo sus manos.

Déjame ayudarte —Con suavidad le quitó cada una de las prendas rozando la expuesta piel.

Con tan suave contacto, el pelinegro, sentía que toda su piel se erizaba de una manera muy, muy agradable.

Te amo, Tomi —susurró y procedió a desnudarle también. Sintiendo un beso profundo en sus labios.

Yo también te amo, Bill —Al estar desnudos del todo, Tom entró primero en la tina y se sentó—. Ven aquí cielo.

Lo puso sobre sus piernas, las que luego abrió, dejando a Bill en medio. Le abrazó y con suavidad comenzó a limpiarle. El moreno no podía verle y cuando giraba la cabeza, él le besaba la comisura de los labios. Y al cabo de un momento, el pelinegro pudo sentir la erección del rubio en su trasero, lo que le excitó todavía más.

Las manos fuertes acariciaban al menor, desde sus delgados muslos hasta sus rodillas. Y en un ataque de curiosidad, Bill con su propia mano, guió la otra a su creciente erección, Tom entendió que él también estaba necesitado.

El pelinegro se movió y al hacerlo, notó que el miembro debajo de él parecía calzar perfectamente. Repitió la acción y lo supo. Su entrada era rozada por él, por el duro pene de Tom y eso le volvió loco.

No sabía si eso era normal o natural y, francamente, no le importaba, simplemente quería sentirlo de nuevo. Se volvió a mover, pero esta vez, se alzó un poco y con su mano sujetó el miembro del rubio y lo guió hasta allí.

¿Qué haces? —preguntó, gimiendo.

Experimentar… mmmm… ¿Quieres hacerlo? —Le tentó, apretando los dientes, sintiendo una punzada de dolor al sentir la punta del miembro de Tom, entrando en su virgen agujero.

Gggrrr sí quiero….Oh Dios es grandioso. —Gimió muy alto.

Para Bill era un poco incómodo, pero probaría, con Tom, lo probaría todo.

Me voy a mover, ayúdame Tomi —pidió y se apoyó en sus rodillas y manos. El rastudo se acomodó detrás de él y esperó. Bill se impulsó hacia atrás y pudo sentir un gemido ronco y profundo de su amado, estaba completamente dentro de él—. Espera Tomi, espera un momento —gimió.

¿Te duele amor? Si te duele entonces no lo hagamos —dijo tratando de salir.

No salgas, Tom… muévete lentamente —Comenzó un vaivén suave, seguía siendo incómodo, pero de pronto Tom, tocó algo dentro del moreno que le hizo ver estrellas—Aaahhh ahí, justo ahí Tom, muévete más —Mandó y le ayudó a moverse, encontrándolo en cada nueva embestida, era increíble.

Dios mío Bill, es, es, es delicioso —afirmó con la respiración agitada.

Lo sé, lo sé Creo que esto es verdaderamente hacer el amor —comentó el pelinegro, jadeando fuerte.

Siguieron moviéndose cada vez más rápido. Bill creía que su miembro estaba a punto de explotar, cuando sintió que Tom se pegaba a su espalda, abrazándolo, y con su mano masajeó su miembro hasta que acabaron casi gritando.

Bill —Le llamó asustado, al salir de su cuerpo—. ¿Te he hecho daño, mi amor? —preguntó.

No para nada —respondió seguro, el pelinegro.

Te he hecho sangrar, cielo —Con sumo cuidado le limpió.

Seguramente es porque nunca había hecho esto, Tomi, no te asustes, me ha gustado mucho —confirmó el menor, feliz por lo que había acontecido entre ellos.

Te has entregado a mí y por eso te amo más que antes —susurró, secándole con cuidado el cuerpo.

Lo sé y acepto tu amor, Tom. —Tomó otra toalla y también le secó.

¿Quieres dormir? —Preguntó, secando su largo cabello.

Esta vez sí que estoy muerto —contestó feliz. La pareja se metió a la cama y se envolvieron en un abrazo—. Tomi, mañana iré al trabajo con el médico y tú quedarás a cargo de la casa —explicó el más delgado. Le preocupaba que no se creyera el papel de ser un Kaulitz y ya no ser más “la bestia”, que vivía atada en un sótano.

No tengas miedo, Bill, me comportaré y arreglaré el jardín, verás que puedo ser de utilidad —agregó el rubio, besando los labios contrarios.

Recuerda que eres un señor ahora —afirmó, girando en su abrazo y quedando frente a su pareja.

Lo sé, amor. Te amo, ahora duerme.

Buenas noches.

& Continuará &

¿Podrá Tom adaptarse a la vida de libertad? ¿Podrán los chicos vivir una vida común y corriente, pese a la luna llena? ¿Habrá alguien que recuerde a Tom, como hombre lobo? No se pierda la continuación y no olvides comentar.

Escritora del fandom

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