2: Hijo de la sangre

Lazo de Sangre” Fic Twc de MizukyChan

Capítulo 2: Hijo de la sangre

—¡Eres un maldito Tom! —gritó el pelinegro lo más fuerte que pudo y salió corriendo de su casa, dejando la puerta abierta.

El rastudo se vistió rápidamente, recriminándose ¿Cómo no se aseguró de que no hubiera nadie en la casa? Sabía que Bill era muy quisquilloso con sus novias, por no decir que las odiaba a todas, pero de ahí que le viera en plena acción era simplemente lo más estúpido que hubiera podido hacer.

Corrió a toda velocidad, siguiendo lo que parecía ser un rastro negro, que sin duda eran las ropas de su gemelo, pero Bill era más alto y sus pasos más ligeros, sin contar la tardanza que tuvo en vestirse, sólo ocasionó que se quedara perdido en la entrada del bosque oscuro.

Caminó con lentitud, orientado por el escaso brillo de las estrellas que se filtraba por entre las densas copas de los árboles. Nunca se había internado en el bosque. Corría una leyenda sobre extrañas criaturas fantasmales que lo habitaban y aunque él no creía en fantasmas  «Más vale prevenir»  Se decía mentalmente.

Estuvo allí lo que le pareció una eternidad, y sin duda, sólo habían sido unos minutos, que comprobó en el celular que aún traía en su pantalón.

—¿Dónde demonios estás Bill? —gritó lo más fuerte que pudo, pensando que su gemelo le escucharía, pero el pelinegro estaba lejos de allí.

Una extraña sensación de angustia y miedo le llenó el pecho, se llevó las manos al área del corazón y supo de inmediato que no era él quien lo sentía y se angustió aún más. Desde pequeño había protegido a su hermano de todo lo que le asustaba y ahora no estaba ahí para abrazarlo y consolarlo.

De hecho, hacía ya tres años, que no podía ni siquiera tocar a Bill. No podía comprenderlo, el pelinegro simplemente se alejó de él, ya no se escabullía por las noches a su cuarto, ya no le pedía que le contara historias, ya ni siquiera quería que le defendiera de los abusones de la escuela.

Tom se sintió solo, increíblemente solo y buscó llenar su soledad con mujeres. De hecho se buscó una novia, su primera novia formal. Pero eso fue la gota que rebalsó el vaso. Aquella tarde en que la llevó a conocer a su familia, Bill salió de la casa enfurecido, porque ya no era como antes que lloraba cuando algo no le gustaba, ahora se llenaba de ira y así se fue de casa, llegando horas después vestido absolutamente de negro, con un piercing en la ceja, uno en la lengua y un tatuaje con un extraño símbolo en la nuca. No hubo una palabra, una explicación… nada, ese día perdió por completo a su gemelo.

Pero ese fue sólo el inicio del cambio, con tan sólo quince años y los hermosos rasgos femeninos que Bill tenía, le hacían el centro de bromas y posibles abusos de los homofóbicos del colegio. Tom quiso ayudarle en más de una ocasión, sólo ganándose severos insultos de parte de su propio hermano. Pero eso fue sólo un tiempo.

Luego de eso, comenzó a frecuentar a los “freaks”, los “satánicos”, los “brujos”, cualquiera de esos nombres era sinónimo de problemas. Ni siquiera los matones de la escuela se metían con ellos.

Una leyenda urbana contaba que un chico a punto de graduarse, se metió con una de las brujas, tomando su cuerpo contra su voluntad, mancillando su nombre y burlándose de aquel acto en pleno colegio. El grupo completo se reunió y maldijo al chico, y aunque nunca se pudo comprobar si ellos estuvieron involucrados, él murió de un ataque al corazón causado por… miedo. Y, aunque todos sabían que era sólo una leyenda, nadie se acercaba al grupo, y por lo tanto, tampoco a Bill… incluyendo al rastudo.

Tom se sentía consternado, amaba a su gemelo, siempre lo cuidó, pensando que una criatura maravillosa, frágil y que necesitaba de su cariño, pero cada vez que quiso acercarse para “hacer las paces”, nunca pudo intercambiar más que unas cuantas palabras, la mayoría… insultos. ¿Qué había hecho cambiar al pelinegro?, siempre se preguntaba el chico ¿Habría sido su culpa? No quería pensarlo, pero temía que así fuera. En su casa simplemente lo dejaban ser, era eso o escuchar la cantidad de groserías que salían de la boca del menor de los Kaulitz.

—¡Bill! —gritó fuertemente, con la esperanza de que el pelinegro estuviera asustado y respondiera a su llamado.

Pero sólo el canto de los búhos y el concierto de los grillos se podían escuchar en toda esa inmensidad. Sintió escalofríos y se subió más el abrigo, pensando que eso lo calmaría, cuando la verdad era que el miedo, hacía temblar hasta sus rodillas.

—Bill, esto no es gracioso —gritó una vez más y guardó silencio, le pareció oír a lo lejos una risa de mujer.

—El pequeño es mío… —escuchó un susurro y eso fue el gatillante.

Sintió el más intenso pavor que recorrió toda su espina dorsal y corrió a toda velocidad, el problema es que no tenía ni la más remota idea de hacia dónde ir. No conocía el bosque, no recordaba por dónde había venido y lo más importante, no sabía cómo salir de él.

Bill salió de la caverna sin ayuda de ningún tipo de luz, sus ojos ahora completamente negros, se ajustaban perfectamente a la ausencia de claridad y admiraban satisfactoriamente la belleza de la noche.

Nadie dijo nada, tal vez nadie vio nada, tal vez nadie recordaba nada, pero sí sabía que no había sido una ilusión, fue absolutamente real, su cuerpo le mostraba que era así, los cambios… la transformación había comenzado.

—Suerte en tu misión —dijo Lestat detrás de él, en el umbral de la cueva—, la necesitarás.

—No creo en la suerte —respondió fríamente el pelinegro, sin voltear a verle, y prosiguió su descenso por la colina.

Todo a su alrededor parecía moverse, era como si cada ser de la noche se mostrara ante él como nunca antes, y sin poder evitarlo… sonrió, pese a lo extraño de todo, era encantador, surrealista y mágico.

Siguió caminando, repasando en su mente las palabras de Lilith, arrugando el ceño al pensar en Tom y preparándose para ser un alma en pena, por toda la eternidad.

&   Flashback   & 

—¿Qué soy ahora madre? ¿Qué clase de monstruo? —preguntó el pelinegro, limpiándose el mentón con su otra mano, liberándose de cualquier rastro de sangre.

—Oh mi pequeño Bill, no eres un monstruo —Sonrió ella a través del cuerpo de Lestat—. Eres uno de mis hijos favoritos, un “vampire” —El menor arrugó el ceño, visiblemente disgustado por la idea.

—Pero madre ¿Cómo ser un vampiro me traerá el amor de Tom? —preguntó profundamente irritado ante la perspectiva de alimentarse de sangre, por el resto de su vida.

—Ustedes están unidos Bill, desde antes de este mundo, por eso yo te esperé entre las sombras por tanto tiempo  —Volvió a sonreír.

—No lo comprendo. Además… —Dudó en verbalizar sus pensamientos, pero ella le obligó mediante sus ojos brillantes—. No quiero vivir sometido a la sangre de los malditos e insignificantes humanos de este mundo —Vomitó las palabras, soltando toda la ira acumulada por tantos años, contra todos aquellos que le humillaron, contra todas las zorras que le quitaron a su hermano, contra… todos.

—Te entiendo hijo mío, al igual que yo, no quieres ser un sumiso títere del destino —Ella le guiñó un ojo—. Por eso me buscaste —Él asintió—. Pero no tienes que preocuparte mi pequeño, no necesitas la sangre de ellos para existir.

—¿A no? —preguntó contrariado—. ¿No es acaso eso, lo que los vampiros hacen?

—No eres un vampiro cualquiera pequeño —dijo ella saboreándose los labios—, eres un “vampire”, una raza especial, una raza única, una raza rebelde y olvidada.

—No lo comprendo —susurró el pelinegro, siendo acallado por una caricia en su mano.

—Un “vampire”, tiene un lazo de sangre… una persona única de quien beber —explicó ella y el menor sonrió.

—¿Tom?

—Exacto, él es tu lazo y él vivirá tanto como tú vivas. Si algo te sucede a ti, él muere enseguida  —Siguió hablando la mujer.

—¿Y quién le protegerá a él?  —preguntó asustado el chico.

—Tú, por supuesto.

—Claro  —El pelinegro curvó sus labios en una tenue sonrisa y luego arrugó el ceño—Pero… ¿Qué pasará con él? ¿Será también un vampiro?

—No pequeño, él será tu esclavo, tu lazo con el mundo, consciente de todo. No será humano ni vampiro, un ser entre ambos mundos, para alimentarte y protegerte durante los días, cuando el sol brilla en lo alto —Siguió hablando ella, sin despintar su mirada de los negros ojos de Bill—. No necesitará alimento, pues tú beberás de él y él se llenará de tu esencia.

—No… —susurró el pelinegro.

—No tienes opción mi niño, si no bebes de él… pasarán los años y morirá como cualquier mortal y tú rondarás las tinieblas como un alma en pena —dijo ella casi con lástima—, no podrás suicidarte, porque ya estás muerto pequeño, pero tampoco podrás regresar con los mortales, porque ellos te verán como una abominación y te cazarán como cazaron a las brujas en la antigüedad, no te matarán, pero te harán sufrir.

—¿Deberé seguir bebiendo sangre? —preguntó con preocupación.

—La sangre te vigoriza, pero sólo la sangre de tu lazo, te vivifica y te empodera de tu verdadera fuerza —explicó ella—. Podrás beber de los humanos o… animales —dijo con asco—, luego de saciar tu sed, lamerás las heridas para que sanen y así nadie note tu presencia. Pero si no te unes con tu lazo, tendrás que ocultarte por el resto de tus días. Y la vida en las tinieblas es… aburrida —dijo con una sonrisa ladeada—, sin mencionar que los de tu propia especie te cazarán para destruirte, recuerda… no debes deshonrar a tu clan.

—Comprendo.

—Eres hermoso bebé, uno de los mejores. Ve con tu gemelo ahora, y tráemelo aquí.

—Sí madre.

&   Fin  flashback  &

 Bill siguió su camino por la ladera de la colina, se iría al bosque, no podría regresar a casa en estos momentos, no después de su transformación. Caminó y caminó lentamente, un paso a la vez, hasta que sintió que su pecho dolía, un temor absoluto lo inundó, supo que no era suya esa sensación, porque ahora que estaba muerto… no temía a nada.

—Tom… —susurró a la noche y corrió por entre los árboles en busca de su gemelo, sabía que estaba en problemas y a diferencia del rastudo, Bill sí estaría allí para socorrerlo.

Guiado prácticamente por el instinto, llegó hasta las orillas de un riachuelo que atravesaba el bosque, rodeado de inmensas hierbas y arbustos. Buscó y no pudo hallar nada, pero sintió su corazón latir a mil, supo que su gemelo estaba allí oculto, temeroso, de un lobo quizás.

—¿Tom? —llamó suavemente, sabiendo que con la tranquilidad de la noche, no había más ruido que su voz—. ¿Tom estás aquí? —Volvió a susurrar.

—¿Bill eres tú?  —Su voz sonaba quebrada, como si hubiese llorado.

—Aquí estoy Tom —Se mostró abiertamente, saliendo del abrigo de las sombras, entonces vio unas ramas moverse y un bulto correr a su encuentro, tirándolo al suelo en un abrazo apretado, necesitado.

—Estaba tan asustado, pensé que te habían matado Bill —dijo el chico sin soltarse del pecho de Bill, que yacía tendido sobre su espalda con las manos a los costados.

—Déjame Tom —dijo fríamente, pero sin hacer movimiento alguno para quitarse a su gemelo de encima.

—No quiero dejarte, pensé… pensé… que estabas muerto ¡Maldita sea! ¿No lo entiendes? Pensé que me habías dejado —Gritó desconsolado, alejándose del pelinegro para sentarse en el suelo, al lado del cuerpo delgado de su hermano.

—Ya estoy muerto Tom —susurró el pelinegro, sentándose frente a Tom, éste lo miró con extrañeza, pero siguió con su angustiado discurso.

—Me acabas de matar del susto y todavía insistes en burlarte de mí —Le regañó con tristeza, quitándose bruscamente una lágrima traicionera que salió de sus ojos.

—Es en serio Tom, ahora debes volver a casa con mamá y decirle que nunca volveré —Su voz sonó calmada, aunque por dentro su muerto corazón seguía latiendo de temor, estaba siendo decisivo, ya no volvería a su casa, ni a su familia ni a su Tomi, estaría solo… para siempre.

—No haré tal cosa. Si vas a huir —Tomó fuertemente la mano de su gemelo—. Me voy contigo  —Bill sintió mariposas en su vientre, pero retiró su mano.

—Hace años que no te interesas por mí ¿Cómo me sales con esto ahora? —Se angustió el pelinegro y sintió que todo su cuerpo temblaba, los cambios de la transformación se estaban completando, Tom le vio sacudirse y le abrazó con posesión—. ¡Déjame Tom!

—No lo haré Bill ¿No lo entiendes?… Te extraño —Apretó el abrazo y las pálidas mejillas del menor, se tiñeron de rojo.

—No sabes lo que dices   —Le acusó el menor.

—Sé lo que hago. Te quiero Bill, no puedo perderte, no otra vez, no lo soportaría —Su voz tan cerca de su oído le hizo suspirar y por primera vez en años, correspondió el abrazo.

—No puedo Tomi, esta vez es algo tan serio…

—Comprenderé… sólo cuéntame Bill.

—Soy un demonio —El mayor se separó y enfrentó su mirada, descubriendo que sus achocolatados  ojos estaban completamente negros y que rápidamente el hermoso rubor que se cernía en las mejillas de Bill, se transformaba en una palidez cadavérica que le atemorizó de inmediato.

—No puede ser…

&   Continuará   &

Vaya, debo advertir que el siguiente capítulo será muy fuerte. Si no quieren perder su hermosa inocencia mejor no lo lean jejejeje. No es que sea demasiado, pero ya saben que cada vez que hablamos de vampiros hay sexo de por medio jejeje, así que están advertidas. Besotes.

Escritora del fandom

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