2: Irreemplazable

Irreplaceable” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 2: Irreemplazable

Caminaron lentamente, uno junto al otro, en silencio, meditando, notando como el mundo transcurría con normalidad, mientras ellos disfrutaban del buen tiempo y de la compañía del otro.

Es una hermosa vista, ¿no crees, Bill?

El cantante asintió, Giotto tenía razón, el paisaje era hermoso, aun en medio de la ciudad, ese pequeño jardín decoraba de verde la calle.

Entraron al restaurante y buscaron una mesa en el jardín. Bill inspiró profundamente, con los ojos cerrados y Giotto admiró las facciones del cantante, sin decir una palabra.

La camarera se acercó a tomar sus pedidos y mientras esperaban, Giotto giró el rostro y miró el paisaje, mientras Bill admiraba su perfil. Era un hombre muy guapo, casi tanto como Tom, pero no era igual a él. Nunca nadie sería igual a Tom.

¿Has escuchado la expresión “no te enamoraste de mi, sino de ti cuando estás conmigo”? —Preguntó el italiano, regresando la vista al cantante.

No —respondió rápidamente, pero arrugó el ceño, mientras la repasaba en su mente.

Tiene sentido, ¿no crees?

No, el amor es… ya sabes, amor, entrega, todo.

Sí, pero muchas veces las personas se sienten vivas…

Eso es lo bello del amor, sentirse vivo —lo interrumpió Bill.

Giotto alzó la mano, pidiendo a Bill un instante para terminar su idea—. Pero a veces la persona no está realmente enamorada —Bill ladeó la cabeza, arrugando el ceño—. A veces es sólo química y esa sensación de mariposas en el vientre, lleva a la persona a creer que está de verdad enamorada y se siente feliz cuando está con su pareja, pero infeliz cuando está sola. Eso no es amor.

Mmm…

Pongámoslo así, una persona debe amarse a sí misma para poder ser capaz de amar a alguien —dijo Giotto y esta vez, Bill rió.

Eso es un cliché.

Es una verdad universal, Bill. Cuando te amas a ti mismo, tienes auto-estima, ¿verdad? —Bill asintió—. Pues, si te amas, no necesitas que otro te ame, para saber que eres valioso. Y no me refiero sólo a una pareja, sino a todo.

¿A todo? —Bill apoyó los codos en la mesa y la cara en sus manos. Esto se estaba tornando filosófico y no sabía si le gustaba, pero era interesante. Además, la voz de Giotto era encantadora.

Si confías en ti mismo, no necesitarás la aprobación de tus amigos para seguir con tus metas, con tus sueños, para alcanzar tus objetivos.

Pero tus amigos te ayudan a cumplir tus metas, ¿no es así?

Lo es, si es que son metas en conjunto. Pero cada uno tiene sus metas individuales —respondió el italiano, dando un sorbo de su copa de vino blanco—. Vaya, esto está bueno.

Bill también dio un sorbo. Era temprano, pero comerían y un buen vino nunca estaba de más.

Es cierto.

La camarera llegó con su comida y ellos guardaron silencio, hasta que se retiró. Bill dio un primer bocado y gimió de gusto—. Esto está buenísimo.

Giotto lo imitó y sonrió, estando de acuerdo—. Esa es la expresión que deberías tener cuando hablo del amor, Bill, puro éxtasis y pasión.

¿Ahora estás coqueteando conmigo? —Bromeó el rubio, pero siguió comiendo.

El italiano no negó, sólo continuó comiendo, hasta que volvió a romper el silencio—. Si de verdad te amas a ti mismo, Bill, cuando la pareja correcta llega a tu vida, ambos trabajan en equipo, en proyectos como pareja, siempre respetando las metas e ideales que cada uno tiene de forma individual.

Bill recordó cuando era pequeño y soñaba con ser una estrella de rock, recordó la tristeza que sintió cuando no ganó el concurso de talento, pero Tom sostuvo su mano aquella noche en su cama y le dijo que los jurados eran idiotas y que él lo convertiría en una estrella. Recordó el nacimiento de Tokio Hotel y… sus ojos se llenaron de tristeza.

Giotto notó la melancolía que invadía a su compañero y guardó silencio.

Terminaron de comer y el ánimo de Bill seguía por los suelos. Giotto optó por llamar a la camarera y pedir un postre que Bill no conoció por el nombre, pero gimió de gusto cuando lo probó.

Eso está mejor —dijo el italiano, notando como el brillo volvía a los ojos del rubio.

Gracias —susurró Bill, tomando otra cucharada del postre.

Hay que hacer todo lo posible para que un lindo rostro como el tuyo vuelva a sonreír.

Ya estás coqueteando de nuevo —respondió con una sonrisa.

¿Y qué, si así fuera? —Preguntó Giotto, moviendo las cejas, haciendo reír al rubio.

Bill dejó de reír y bajó la cuchara—. No podría, ¿sabes? Eres un encanto y es muy agradable hablar contigo, pero… te pareces mucho a Tom y no quiero…

¿Y si fingimos?

Bill ladeó la cabeza—. ¿Fingir?

Salgamos esta noche. Finjamos que soy Tom.

# Guess I need to find someone like you. If this is what I have to do #

Bill rió—. Eres un loco.

Giotto se levantó y corrió su silla para estar muy junto a Bill—. Cierra los ojos.

Bill obedeció y sintió la presencia del italiano a su lado. Sintió como tomaba su mano y sintió como se acercaba a él. Creyó que lo besaría, pero en cambio, Giotto acercó su cara barbada a la de Bill, acariciándolo con ella y luego, con mucha suavidad, le dio un beso en la frente.

Bill se sintió desarmado, su corazón se rompió y el nudo de su garganta explotó. Abrazó a Giotto con fuerzas y se aferró a él como si la vida se le fuera en ello. El italiano correspondió su abrazo, sin decir una palabra que rompiera el hechizo del momento, en cambio, hizo círculos en la espalda del rubio, mientras le sentía suspirar y luchar contra las lágrimas.

Se quedaron así varios minutos, hasta que Bill se separó, un tanto avergonzado por su comportamiento y miró a Giotto con los ojos brillando—. Gracias —dijo.

Espero verte otra vez, Bill. Me gustaría ser el Tom que no haga llorar.

Gracias, pero eso es imposible. Tom es… irreemplazable.

Lo sé.

& Continuará &

Escritora del fandom

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