2: Sangre

Capítulo 2: Sangre

One tear of blood on the floor. Oh you’re beautiful, don’t you go. I need you so”

16 días habían pasado desde la muerte de Simone y Bill seguía luchando contra la voz que susurraba dentro de su mente.

—¡No!

El grito desgarrador hizo que Tom saltara de su cama y corriera hasta el cuarto de su hermano para ver qué sucedía. Se quedó de pie en la puerta, mirando como Bill luchaba en la cama contra sus fantasmas invisibles. Tenía una pesadilla, una horrible al parecer.

Se acercó con cuidado—. ¿Bill? —Llamó con suavidad, para no asustarlo todavía más—. ¿Bill? —Repitió. Parecía que el simple sonido de su voz calmaba los tormentosos sueños del rubio—. Tranquilo. Estoy aquí. No estás solo —continuó susurrando palabras tranquilas, hasta que el menor se calmó y su respiración volvió a ser normal.

Tom lo observó y decidió permanecer allí, en caso de que volviera a tener una crisis. Aunque secretamente, deseaba quedarse cerca, como cuando hacían antes, cada vez que Bill no podía dormir, ya fuera por temor a las tormentas eléctricas, o por los nervios de algún show. Lo extrañaba infinitamente y culpaba a la muerte de su madre por la ácida actitud que Bill había adoptado.

El cansancio le ganó y, finalmente, se durmió apoyado en el respaldo de la cama, con el cuello doblado y las manos en el cabello del rubio.

A la mañana siguiente, Bill se estiró en la cama y notó que había algo raro. Entró en pánico al sentir unas manos sobre él y abrió los ojos de golpe.

—¿Qué?

—¡Auch! —Gimió Tom al sentir un latigazo de dolor pasar por su cuello directo hasta su espalda.

—¿Tom? —Bill se sorprendió de ver a su gemelo en la cama, pero alzó las cejas, apenado al ver su extraña posición—. Cuidado —dijo y subió ambas manos hasta el cuello del otro, para masajearlo con suavidad. Tom mantuvo los ojos cerrados y el ceño apretado, mientras pasaba el dolor muscular—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Me quedé cuidándote —respondió el mayor, aún con los ojos cerrados—. Tuviste una pesadilla.

—Oh. —Todavía recordaba fragmentos de su sueño, así que no dijo más y se dedicó a mover las manos, llevando calor y alivio al cuello de su hermano—. ¿Te sientes mejor? —Preguntó, notando que llevaban mucho rato en la misma posición.

Tom abrió los ojos, notando lo cerca que estaban—. Sí, gracias.

Bill se alejó como resorte—. Yo debería darte las gracias, supongo.

—No es necesario.

—Me muero de hambre —dijo Bill, cambiando drásticamente de tema.

Tom notó el cambio de actitud, así que sonrió y preguntó—. ¿Quieres waffles?

&

El día había pasado relativamente bien, Tom incluso creyó que Bill estaba mejorando, pero sus esperanzas se rompieron al llegar la noche. Tan un solo un par de horas después de retirarse a dormir, Tom fue despertado por otro grito en la madrugada, pero esta vez no tenía relación con pesadillas, sino con su hermano borracho, arrojando los vasos contra la pared.

—¡Bill! —Gritó, para atraer su atención, parecía que el rubio le arrojaba los cristales a alguien porque gritaba “déjame en paz”, con cada nuevo vaso que lanzaba.

Sin esperar respuesta, Tom caminó velozmente y, ubicándose a espaldas de Bill, lo envolvió con sus brazos, deteniendo todos sus movimientos.

—¡Quieres calmarte!

—No la soporto, ella no me deja tranquilo. ¡La odio, la odio!

Tom lo giró y puso ambas manos en la cara de Bill, obligándolo a mirarle—. Ella no está aquí, Bill. Ella se fue. Solo estamos nosotros. Puedes odiarla cuanto quieras, pero no vayas a enloquecer, ¿está bien? Ella no lo valía. —Los ojos llorosos y desenfocados de Bill, lentamente visualizaban la figura de su gemelo y, tras varios parpadeos, asintió—. Solo somos los dos. No necesitamos a nadie más, solo a nosotros, ¿te acuerdas?

—Sí.

—No a papá, no a mamá, ni siquiera a Gordon.

—Solo tú y yo.

Bill bajó la mirada al piso y vio unas gotas de sangre. Recordó la tina llena del líquido oscuro cuando encontró a su madre.

—Ella quiere volverme loco, Tom —dijo suavemente, alzando una mano, notando que la sangre procedía de un corte entre su pulgar y el índice.

—Pero no la dejaremos, Bill. Haremos lo que siempre hacíamos cuando ella interfería con nuestras cosas.

—¿Qué?

—Hacemos música.

—No puedo, Tom. —Bill se desesperó y se alejó de su hermano, negando con la cabeza— No hay nada en lo que pueda pensar. No hay nada más que la noche, los gritos, y los ecos que escucho en mi cabeza. Y… sangre en el piso.

—Olvida la sangre —dijo Tom con calma, notando que la mayor parte de la tragedia había pasado y Bill recuperaba la compostura y la sobriedad—. Deja que cure tu herida.

—Mi herida no es nada en comparación con lo que está haciéndome, Tom. Lo está invadiendo todo, mi mente, mis razón, mi vida.

—Sshh. —Tom lo envolvió en un abrazo—. Ella nunca tuvo control sobre ti, no dejes que ahora que está muerta, haga lo que nunca pudo hacer estando viva. Ella no lo merecía.

—¿Por qué eres tan duro con ella?

—Porque escuché lo que dijo aquella vez, cuando decidiste escapar, no solo de su casa, sino de todo el continente. —Los ojos de Bill se abrieron mucho, asustado—. Ella no aceptaba que amaras a un hombre.

—Dijo que era un enfermo, que no era normal y que no te dejaba serlo.

—Y eso es absolutamente falso. Nunca hemos sido normales porque… somos gemelos —sonrió—. Pero no tenía derecho de decirte enfermo, por aceptar que eras gay. Ella —apretó los dientes—, no tenía derecho a humillarte. Por eso la odio, por eso no sufrí con su muerte, por eso acepté correr contigo a L.A. sin siquiera mirar atrás. Prefería no verla a ella nunca más en la vida, que perder mi conexión contigo, Bill.

—Estoy… tan cansado…

—Ven, yo te llevaré a descansar. —Con mucho cariño lo tomó de la mano y lo guió de vuelta a su habitación, donde, en silencio, curó su herida y lo acompañó hasta que se durmió.

Esa noche, Bill no tuvo pesadillas.

& Continuará &

¿Qué piensan? ¿Bill cederá ante la locura por causa de los susurros de Simone? ¿O Tom logrará sacarlo adelante? Espero les guste lo que viene.

Escritora del fandom

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