22: Antojos

Hola gente linda, yo sé que quieren leer sobre los antojos de Bill y en este capi les daré en el gusto, con una mezcla de cosas. Espero lo disfruten y por favor, nunca coman lo que pide el pelinegro, a no ser que estén embarazad@s jajaja. Besos y a leer.

Regalo Especial” Fic Twc de MizukyChan

Capítulo 22: Antojos

& Cinco meses y tres semanas, Viernes &

Esta había sido una semana muy estresante para el de trenzas, los antojos de su adorado pelinegro lo estaban volviendo loco. Y como él quería complacerlo en todo, había momentos en que sólo quería acostarse, dormir y olvidarse de todo hasta que el bebé hubiera nacido.

Ahora mismo estaba en la cocina revolviendo una taza de leche con chocolate, para que su esposo pudiera relajarse y dormirse. Se acercó a la pieza en silencio y oyó un suave murmullo, ¿acaso estaría hablando por celular? Se asomó con cuidado y lo vio de rodillas en el suelo, con las manos apretadas y con los ojos fuertemente cerrados. Se quedó ahí, escuchando.

Y también, Padre Celestial, cuida a mi querido Tom, que está haciendo lo posible por cuidarme. Protege a mi amado bebé y bendícelo para que sea tan inteligente como su papá, Tom, que tenga sus habilidades para tocar instrumentos y que tenga su paciencia y bondad. Y Padre, yo sé que estoy embarazado y es normal que me pasen todas estas cosas extrañas, pero ayuda a Tom a soportarme, creo que lo estoy enloqueciendo, por favor Dios, que pueda entenderme y no se moleste conmigo, porque lo amo tanto… que si se cansa de mí, no sabría qué hacer. Y creo que eso es todo. Muchas gracias por escucharme, Padre, y dejo esta plegaria en el nombre de tu amado Hijo, amén.

El muchacho de trenzas se quedó de piedra, él se había esforzado mucho en complacer a Bill y no ponerle malas caras. Pobrecito, su pequeño se sentía triste y era por su culpa. Entró del todo en la habitación y puso una enorme sonrisa.

Hola, bebé.

Hey —dijo contagiado por la sonrisa.

Te traje tu leche caliente. Toma. —El otro la recibió sin dejar de sonreír.

Gracias ,Tomi, eres mi ángel.

No, soy más terrenal, soy tu esposo je, je, je.

Igual pienso que eres un ángel —rebatió dando un sorbo a su bebida—. Esto está delicioso.

Igual que tú —comentó coqueto.

Esa semana no se habían tocado, ya que el menor había tenido antojos tan extraños, que el de trenzas terminaba completamente agotado.

Ven acá, cielo. —El menor palmeó la cama a su lado.

Termina tu leche primero. —Así lo hizo el pelinegro. Pero cuando se abrazaron, ambos bostezaron llenos de cansancio—. ¿Estás bien? —preguntó preocupado.

Sólo muerto de sueño, como tú.

Tienes razón, ¿lo dejamos para mañana? —le meneó el piercing del labio sensualmente.

Encantado.

Y se quedaron profundamente dormidos.

& Sábado &

El de trenzas se estiró, buscando el calor que le faltaba, pero no lo encontró. En su lugar, un delicioso aroma dulce terminó de despertarlo. Se levantó con flojera al baño y se puso una bata, estaba helado. Se asomó a la cocina y vio a su pelinegro con un delantal blanco, afanado moviendo cosas y chequeando un sartén.

Buenos días. —Anunció desde el marco de la puerta.

Hola cielo, tenía hambre por eso no te esperé. —Explicó, depositando un beso en los labios del trenzado.

No te preocupes, este aroma también me ha despertado el hambre.

Siéntate, ya están listos los waffles. —Se sentaron a comer, escuchando música y disfrutando de la compañía del otro.

Amor —dijo el mayor mirando con ternura al otro—, estaba delicioso, pero quiero comer algo salado. —Bill abrió los ojos como plato, su conexión estaba funcionando otra vez.

Sí, yo también lo siento.

¿Qué te apetece?

Siente. —Llevó una mano de Tom a su abultado vientre—. Tu bebé quiere hamburguesas.

No puedo creerlo, estaba pensando en lo mismo.

¿McDonals?

Exacto. —La pareja se vistió rápidamente y de vez en cuando Tom tocaba la pancita de Bill que se movía bastante ese día.

Manejaron hasta el McDonals más cercano a su casa y se instalaron en una mesa. El de trenzas sólo quería una hamburguesa doble con queso, pero al llegar se tentó con papas fritas, nuggets y un postre. Al sentarse, sostuvo la mano de su esposo y ambos suspiraron felices.

¿Estás bien? ¿O quieres algo más? —Preguntó esta vez el pequeño—. Has comido mucho hoy.

Tienes razón, pero no puedo evitarlo, es como si lo necesitara.

Así me siento yo con mis antojos —añadió Bill, frotando su estómago.

Pero en mi caso, no sé qué será.

He leído en revistas de maternidad, que a veces los antojos los tiene el marido. —Explicó el moreno, mirándolo con curiosidad.

¿Pero crees que esté teniendo tus antojos?

Hasta el momento se me ha antojado lo mismo que a ti —respondió sosteniendo su mano—. Pero para mí, es sólo nuestra mágica conexión.

¿Si tú lo dices? ¿Qué te parece si vamos al parque?

Me encantaría.

Así, después de comer, la joven pareja se dirigió al parque y se sentaron a mirar a las personas pasear y se divirtieron inventando historias sobre la gente que veían a su alrededor. A la hora de almuerzo ambos regresaron a casa y se fueron directo a la cocina. Tom se puso un mandil y fue a la caja de las verduras sacando varias papas.

¿Qué haces? —preguntó el pelinegro.

Papas fritas —contestó el de trenzas sin arrugarse.

Me leíste la mente. —Agregó Bill, frotándose la panza y dibujando una gran sonrisa.

Me demoraré un poco, pero quiero papas naturales.

Y yo también. —Su esposo se acercó y le besó la mejilla—. Te ayudaré. —Y así ambos se pusieron a preparar el almuerzo, que consistiría sólo en papas fritas.

Después de un rato, Tom dijo—. Ya está listo, siéntate amor, yo te sirvo.

Gracias, estás hecho todo un caballero hoy. —Comieron con voracidad, Bill se reía de la extraña actuación de su pareja—. Estaba delicioso —dijo con un suspiro.

¿Sabes qué haría todo más perfecto? —Ambos se miraron y al mismo tiempo dijeron.

¡Pastel de chocolate!

Yo lo saco. —Ofreció el de trenzas, sacando del refrigerador una torta de chocolate. Bill sacó los platillos y Tom se puso a cortar dos trozos abundantes.

Mmmmm. ¡Que rico! —Exclamó Bill, saboreándose los labios.

Exquisito. ¿Quieres más? —preguntó su esposo, al ver ambos platos vacíos después de solo unos minutos.

Mmmmm ¿no será Gula? —dijo haciendo un puchero el pelinegro.

Claro que no, estás embarazado.

Entonces sí. ¡Qué delicioso pastel! —Aplaudió varias veces.

En verdad está muy bueno. — Terminaron y dejaron sólo un trocito pequeño. Ambos se miraron cómplices y se pusieron a reír.

De pronto la música se puso sensual y los dos chicos dejaron de reír. Algo dentro de ellos se encendió. La conexión nuevamente se puso “ON” y con un simple roce de sus dedos, Tom atrajo a Bill y lo sentó en su regazo, Bill atacó su boca saboreándose del sabor del chocolate recién comido. Puso sus brazos en el cuello del de trenzas y profundizó más el beso, su esposo le correspondió ávido de deseo. Las manos del de trenzas estrujaron las nalgas de su esposo y le escuchó gemir, lleno de placer. Se estaban quedando faltos de aire.

¡Cama, ahora! —Mandó el más pequeño, ambos estaban demasiado ansiosos por todas las noches que, presa del cansancio, no habían podido compartir.

Vamos, amor. —Tom lo cogió en brazos. Pese a los kilos extras que Bill tenía, no era problema para el trenzado levantarlo así.

Tomi, Tomi, te deseo tanto. —Se siguieron besando y con suavidad se comenzaron a quitar la ropa.

Ah, Billy, te extrañaba. —El de trenzas lo depositó lentamente sobre la cama, lamiendo el cuello de su pelinegro.

Mhmhm Tooomiiii más —Su esposo siguió lamiendo y mordiendo el pecho de su esposo, con lujuria y cariño a la vez.

¿Te gusta eso? —preguntó mordiendo un rosado pezón.

Aaahhh rico. —Cambió al otro pezón y el gemido se repitió—. Ya Tomi, no me hagas esperar más, te necesito ahora. —Ambos estaban tan duros que dolía.

Te voy a preparar.

¿Es necesario?

Claro, no te haré daño. —Y ubicándose entre las piernas de su esposo, lo dilató y con cuidado entró en él. Se le escapó un sonido gutural y es que, pese a todo el amor que tenía por su Bill, cuando la pasión se apoderaba de sus cuerpos, la sangre ardía.

Gime, Tomi, gime para mí.

Y tú tampoco te reprimas, bebé. —Los dos se arquearon de placer al profundizar más las estocadas, Bill estaba completamente ido al sentir como Tom le golpeaba su punto de placer.

Tomi, Tomi, Tomi, voy a…

Y yo también. —Bill llegó al orgasmo primero, apretando sus paredes internas, logrando que las últimas estocadas de su esposo fueran el motivo de su liberación.

Trataron de recuperar el aliento, aún siendo uno. Pero Tom sabía que luego las cosas se ponían incómodas, así que con suavidad, salió de aquella zona tan cálida y con una sonrisa lo abrazó. Bill puso su cabeza en el hueco del hombro de su trenzado y respiró pausadamente, sintiéndose pleno y amado.

Ha estado maravilloso. Parecía que podías leer mis pensamientos.

Me encantó hacer el amor contigo, aunque estoy muy cansado.

Y yo también. ¿Durmamos un rato? —Los jóvenes se durmieron profundamente y luego de media hora el de trenzas comenzó a removerse en la cama, deseaba algo, deseaba volver a comer.

¿Bill? ¿Bill? —Este se movió en los brazos de su esposo, hasta que abrió los ojos.

¿Qué pasa, Tomi? —preguntó bostezando.

¿Por qué no me haces esos waffles de la mañana? —Pidió besando la frente del pelinegro.

No quiero, quiero seguir durmiendo. —Sólo bastó eso para que la panza del de trenzas se contrajera en un doloroso espasmo, que le hizo apretar los ojos fuertemente.

¡Aaayyyy! —Se quejó. El más pequeño lo miró angustiado.

¿Qué te pasa?

Me duele. —Afirmó, apretando su vientre con ambas manos.

¿Te duele el estómago?

No lo sé, es porque no me das en el gusto con los waffles, es como uno de tus antojos.

¿Tomi? —Bill lo miró como a un niño malcriado—. ¿Estás bromeando?

¡No! —respondió sincero—. Me duele.

Está bien, ahí voy. —Se vistió y se encaminó a la cocina, seguido por el de trenzas, que al ver a Bill ponerse el mandil, se arrepintió de su petición.

Bill, no, espera. —Se acercó y lo abrazó por la espalda—. Olvídalo.

¿Estás seguro? Yo sé cómo duele —dijo besando sus labios castamente.

Mejor comamos algo agri-dulce, algo como…

Mangos —respondió el pelinegro en forma instantánea, pasándose la lengua por los carnosos labios.

Sí, mangos. ¿Tenemos? —Bill abrió el refrigerador y revisó.

Sí, somos suertudos. —Sacaron dos y los trozaron.

Están deliciosos.

Sí, ¿verdad? Tomi, lo siento.

¿El qué? —preguntó con la boca llena de fruta.

Creo que esto es por mi culpa. Anoche recé para que entendieras mis antojos y mira lo que pasó.

Bueno, tenemos claro que Dios escucha tus oraciones, así que sigue pidiendo por la salud de nuestro bebé. Y ahora bésame. —Con eso dieron el tema por zanjado.

Por la tarde, estuvieron viendo televisión y conversando de nada relevante, sólo de las cosas buenas de la vida, hasta que nuevamente el de trenzas sintió la imperiosa necesidad de comer.

¿Billy, cariño?

Dime amor.

¿Quieres comer algo?

¿Algo extravagante?

Sí… ¿qué te parece… sopa de mariscos?

Mmmm mariscos, son afrodisíacos, ¿sabías?

No necesitamos cosas afrodisíacas en nuestra relación.

Lo sé, somos muy calientes. —Bill sonrió y alzó una ceja de forma coqueta, pero tierna.

Pero cielo, ¿quieres sopita?

Claro que sí. —Y así, una vez más, se dirigieron hacia la cocina. Al cabo de un rato, la sopa estaba lista y tras arreglar la mesa se sentaron a comer—. Qué bueno que teníamos esos tarros de mariscos —dijo feliz el pelinegro.

Se me antoja algo más —comentó el de trenzas, mirando a Bill en busca de una pista.

¿Mayonesa?

Exacto. —Sacó la mayonesa y la pusieron en sus platos.

Esto se ve raro, pero tengo muchas ganas de probarlo —dijo el más pequeño.

Lo sé, come tranquilo. Mhm… está riquísimo.

Mhmm, tienes razón. Me siento tan feliz… Mira Tomi, el bebé se mueve. —El mayor se puso de pie y tocó el vientre del contrario.

Hola hijito, ¿cómo estás, bebé?

Está feliz, porque estamos compartiendo estas rarezas ja, ja, ja.

Bill, siento no haberte entendido antes. De ahora en adelante me preocuparé de satisfacer todos tus caprichos, por loco que parezcan.

Gracias, amor. —Un sonoro ruido del estómago del de trenzas los alertó— ¿Estás bien?

No, creo que no. —Se puso la mano en la boca y corrió al baño.

Dios mío, Tomi.

El pobre trenzado, vomitó hasta el alma. Luego de unos momentos en el frío piso del baño, se levantó y se limpió la boca.

¿Por qué mi estómago no lo resistió, Billy?

Creo que en mi caso, el bebé se come todo y como tú no tienes un bebé adentro, simplemente colapsaste.

Eso sí que fue un colapso. Necesito algo caliente.

Un agua de yerbas, ven yo te la preparo. —Nuevamente se fueron a la cocina, pero esta vez Tom lucía realmente pálido y desganado.

Gracias, Bill —dijo al recibir la taza con la infusión.

No podía ser todo perfecto. —El menor achinó los ojos.

Por lo menos entiendo tus días malos, como tus primeros tres meses. Lo siento, Bill, de verdad. Has sufrido tantas cosas y eso que no he padecido tus cambios hormonales.

Pero siempre has estado a mi lado, así que no tengo verdaderos motivos para quejarme.

Te amo, Billy, gracias por darme a este hijo maravilloso que está dentro de ti.

Gracias a ti, por ser tan bueno conmigo.

Te amo… —Sonrió, pero luego arrugó el ceño—. Estoy muerto.

Creo que lo mejor es que nos vamos a dormir.

Vamos, Billy.

& Continuará &

Jajajajaja, lo siento. Puse a Tom con antojos y el pobre colapsó bien feo al final, en fin, ¿alguien quiere seguir leyendo? Aún o tenemos ninguna noticia de la mamá de Bill ni de su padre, el reverendo. Esperemos que todo siga bien y no aparezca a arruinar la felicidad de los chicos. No olviden comentar. Besitos y nunca mezclen la sopa de mariscos con mayonesa, podría tener un efecto adverso en sus guatitas. Bye bye.

Escritora del fandom

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