3: Comienzo

Fashion” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 3: Comienzo

Everybody line up. The show is about to start

(Todo el mundo a alinearse. El show va a comenzar “Fashionista”)

Tom entró en los vestidores con rapidez, no quería enfadar a Bill y perder esta oportunidad de ganar algo de dinero, aunque fuera en forma de ropa, y al parecer ya había hecho suficiente para molestar a la “diva” sólo con su presencia. Se quitó la ropa y entró a la ducha de un salto, sin importarle que el agua saliera fría. Él estaba acostumbrado a usar el agua de esa forma para ahorrar en su propio departamento.

Bill por su parte, le seguía… caminando lentamente con la cabeza gacha, pensando en el por qué de las lágrimas de Tom y preguntándose por qué le importaba… trató de decirse a sí mismo que esto era sólo una apuesta que debía ganar y listo, pero había algo más… algo en los ojos de Tom, algo en su mirada ¿qué es?

Arrugó la nariz al sentir el fuerte olor a sudor y levantó la cabeza. Estaba en los vestidores y los intensos deseos de vomitar volvieron.

¡Oh Dios mío! —gritó, reprimiendo las nauseas.

¿Bill? —el de rastas se asustó al escucharle gritar y salió de la ducha, arreglándose apenas la toalla en la cintura.

¡Me muero! —se quejó el moreno en forma exagerada, agachado, apretando su estómago como si verdaderamente estuviera padeciendo un dolor muy intenso.

¿Bill? —para mala suerte de Tom, salió con tal rapidez que olvidó sus lentes y no veía más que figuras borrosas a su alrededor, así que estiró sus manos para no chocar con algo.

¡Dios Tom! —le volvió a llamar el moreno en forma casi suplicante y Tom casi cae al suelo para poder llegar a él.

¿Bill, estás bien? —trató de identificar al bulto que yacía en sus brazos, que afortunadamente sí era el moreno. Le ayudó a levantarse con cuidado.

Sácame de aquí por favor —pidió el pelinegro y luego sonrió al ver que Tom no tenía idea de cómo salir de allí casi ciego—. ¿En serio no puedes ver?

Lo siento —se disculpó y sin percatarse le acarició un brazo.

Tranquilo, creo que estoy exagerando —trató nuevamente de ponerse de pie, pero sin escapar de los brazos de Tom que trataba de ayudarlo y sin poder evitar un sonrojo por ello.

¿Estás seguro? —el rastudo se preocupó en serio por él y eso le agradaba al cantante.

Sí, siento haberte asustado. Ve a vestirte. Te esperaré afuera.

¿Bill? —las mejillas del rastudo se tiñeron de un rojo intenso.

¿Qué pasa?

¿Me podrías ayudar a encontrar mis lentes? —bajó la cabeza y se rascó las rastas, sin notar la sonrisa en el rostro del cantante.

Espera aquí —olvidándose del mal olor y sus nauseas, entró a las duchas y fue a la que aun estaba corriendo. La cerró y notó el agua fría, tomó los lentes y salió de allí en dirección a Tom que estaba en la misma posición, imposibilitado de hacer otra cosa por sí mismo, sin sus preciadas gafas—. ¿Por qué te bañas con agua fría? —preguntó mientras le entregaba sus lentes.

Costumbre supongo —fue la única respuesta.

Te espero afuera —Bill no podía evitar sentir esa opresión en su estómago, cada vez que Tom le respondía con algo como eso de forma tan natural. La gente no debería estar acostumbrada al sufrimiento. Eso es para la gente común, se dijo mentalmente y luego recordó que Tom era uno más de aquellos que él llamaba “gente común”.

¡Rayos! —reclamó, pateando el suelo con sus costosas botas de soldado.

&

Después de un rato, Tom salió de las duchas, completamente vestido y aun sonrojado hasta las orejas, esperando que en cualquier instante la “diva” le molestara o le insultara, pero nada de eso ocurrió.

¿Estás listo? —preguntó el pelinegro, mirándolo a través de sus grandes lentes de sol.

Sí, ¿iremos a tu casa o prefieres ir a mi departamento? —Tom preguntó con un  nudo en la garganta, al pensar en la cara de asco que pondría Bill al entrar en su humilde, pero limpio hogar.

No, hoy iremos a otro lugar —anunció el moreno caminando hacia su auto—. ¿Vienes? —preguntó al verle aun inmóvil.

Sí…

Tom se sentía intimidado, era la actitud del cantante sin duda, su arrogancia y su forma de arrugar la nariz cada vez que algo no le gustaba o era “feo”. Inconscientemente, el de rastas miraba su atuendo, la mayor parte de sus ropas estaban gastadas y sus rastas siempre causaban mala impresión, como si no fuera limpio y eso era casi intolerable en su mente. Además al ver las delicadas manos de Bill, se sintió casi un ser extraterrestre, pues las suyas estaban curtidas por el ejercicio, por las prácticas de su amada guitarra y por haber lavado tantos platos cuando trabajó en el restaurant durante las vacaciones que recién habían acabado.

Tom estaba cavilando en sus pensamientos, y no sintió que el auto se detuvo y era ligeramente sacudido por la fina mano del cantante.

Ya llegamos… deja de soñar —le regañó bromeando el pelinegro.

Tom miró alrededor y se encontró a las puertas de una gran clínica, seguramente muy costosa por el porte elegante que tenía la entrada.

¿Tienes a alguien enfermo? —preguntó de inmediato el rastudo, preocupado por el otro chico y su familia.

No, venimos por ti —el cantante le dio una hermosa sonrisa y Tom no entendió nada.

Estoy sano —dijo seguro de sus palabras y pensando que tal vez había oído mal al pelinegro.

Lo sé, es por tus ojos —agitó la mano quitándole importancia—. Anda… ven —sin saber por qué, Bill le extendió la mano, esperando que el rastudo la tomara, cosa que no pasó, pero sí le siguió. Bill no acostumbraba a tocar a las personas, sólo lo hacía cuando era necesario o cuando quería conseguir algo y el hecho de que Tom le rechazara… le dolió.

Muy buenas tardes joven Kaulitz ¿en qué podemos atenderle? —preguntó la chica de la recepción de manera coqueta y servil.

Necesito urgente ver al oftalmólogo —dijo él sin siquiera saludar a la muchacha.

Deme un segundo —pidió ella, mientras revisaba en su computador la disponibilidad del médico—. Tiene suerte, él llegará en diez minutos.

Perfecto —dijo él y se acomodó en los sillones de la sala de espera.

Tom le seguía en silencio, meditando todas las cosas que pasaban por su cabeza.

¿En qué piensas Tom? —preguntó el chico, moviendo el hombro del otro chico.

Pienso que no fue una buena idea aceptar este trabajo —dijo él y por primera vez, enfrentó la mirada del pelinegro—. ¿Por qué yo?, yo no soy de tu “pretty people”, al contrario, arrugas la nariz cada vez que me ves, perdóname pero será mejor que me vaya —se levantó para salir de allí y la mano de Bill en su muñeca lo detuvo.

No Tom, por favor.

¿Qué?

Por favor —suplicó el chico—. Te necesito ahora.

¿Y tus amigos?

Ellos son unos cabezas huecas no pueden ayudarme a estudiar —dijo el sentándose, fingiendo que estaba derrotado—, si no supero mis notas del año pasado, no volveré a tener mi mesada.

Eres un egoísta —le regañó el de rastas.

Lo sé, me criaron así, no puedo evitarlo —dijo el chico honestamente—, te necesito Tom.

¿Por qué yo? —preguntó mostrando ingenuidad en su mirada, cosa que provocó un escalofrío en la espalda del moreno.

Porque tú no eres un fan de mi banda, no estás loco por mi popularidad —dijo él volviendo a su pose de “diva”—, eres muy inteligente y además… lo necesitas.

Yo… —el rastudo se sonrojó.

Ves…

Aun así, no me gusta como tratas a las personas —volvió a regañar el otro.

Es algo que no puedo evitar —el cantante alzó los hombros victimizándose—, toda la vida me han enseñado a humillar a todo el mundo.

Dios… eso es tan egoísta.

Y tú eres tan… directo —Bill le dio una mirada de hielo—, nadie me habla como tú.

Pues deberás acostumbrarte, porque no voy a ser un lame botas.

No pido que lo seas.

Joven Kaulitz —llamó la chica por un parlante en la sala de espera—. El doctor Listing ha llegado y le espera en la consulta 285.

Vamos Tom —habló el pelinegro, levantándose del sillón.

Aun no entiendo por qué estamos aquí.

Digamos que es un adelanto de tu sueldo —agregó el cantante guiñándole un ojo.

Caminaron hacia el número 285 y llamaron. Un hombre alto de unos intensos ojos verdes les esperaba.

Vaya Bill ¿qué te trae por aquí? —preguntó cordialmente.

Quiero que ayude a mi amigo Tom —dijo el moreno, presentándole al de rastas, quien se sonrojó, porque aun no entendía que hacían allí.

Ven Tom, siéntate aquí —pidió el médico, sentándole frente un extremadamente complejo aparato para medir su capacidad visual.

Tom fue obediente y tras sacarse sus gruesas gafas negras, se sentó frente a la máquina y siguió las instrucciones del médico, quien tomaba anotaciones y finalmente le dijo.

Tienes un serio problema de miopía chico, pero con cirugía quedarías perfecto.

¿En serio doctor? —preguntó Bill muy emocionado ante la perspectiva. Tom sólo arrugó el ceño, él sabía de su problema y jamás reuniría el dinero suficiente para someterse a tan costosa operación.

Claro, tendría que someterse a una serie de exámenes para fijar una fecha —aclaró el Sr Listing.

Y entretanto ¿podría usar lentes de contacto? —preguntó el pelilargo emocionado.

Claro que sí. Los podrías hacer aquí, en la clínica —explicó el hombre.

Muchas gracias señor —dijo Tom a modo de despedida, esa conversación sólo se estaba tornando dolorosa de escuchar.

¿Les extiendo la orden? —preguntó el doctor al ver que Tom se iba, suponiendo que él era el interesado.

Sí señor Listing —respondió de inmediato Bill.

Tom salió de allí, dispuesto a regresar a casa y olvidarse de todo, no estaría dispuesto a que Bill se siguiera burlando de él, trayéndolo a esta clase de lugares. Pero nuevamente fue detenido por la mano del pelinegro.

Tom, mierda, cálmate —dijo respirando agitadamente, ya que tuvo que correr para alcanzarlo.

Deja de burlarte de mí Bill —fue lo único que respondió el rastudo, reanudando su marcha.

No —dijo el pelinegro, poniéndose de frente a él—. Te dije que no podría pagarte en dinero y ahora mi primer pago serán estos lentes.

¿Por qué?, ¿te da demasiada vergüenza que te vean con alguien que usa gafas?, ¿alguien que no alcanza tu nivel de perfección? —le soltó en la cara.

Tom, tú no… —Bill tartamudeaba sin saber qué decir, el rastudo había acertado de inmediato.

Lo ves…

Tú no me das vergüenza… eres increíble… tus ojos son hermosos —dijo mirando el suelo, con las mejillas completamente sonrojadas—. Hoy en el almuerzo y en los vestidores, vi tus ojos… son muy lindos.

Tom no podía creer lo que estaba escuchando, la “diva” de la escuela lo estaba elogiando, y además estaba avergonzado.

No es justo para el mundo no verlos, por esos lentes tan feos —dijo él, levantando los ojos, encontrándose con la sonrisa del rastudo—. Lo siento, pero es lo que siento.

Gracias… nunca nadie me había dicho algo así.

Es que nadie tiene la oportunidad de verte —dijo acercándose y tocó la mejilla de Tom, sin sentir asco, sin arrugar la nariz—, déjame mostrarte, déjame mostrarte al mundo, para que todos vean lo maravilloso que eres.

Esta vez fue el turno de Tom de sonrojarse. Asintió y Bill le tomó la mano, para asegurarse de que no escapara otra vez, y se dirigieron al laboratorio con la orden del doctor Listing.

Esperaron cerca de quince minutos y les llamaron, indicándoles que tenían en stock, las medidas que solicitaron y podrían llevárselas de inmediato.

Los jóvenes entraron a una sala pequeña, donde el contactólogo le explicó a Tom, como ponerse, sacarse  y limpiar los lentes. Le entregó los estuches para guardarlos, los líquidos de limpieza y unas gotitas refrescantes en caso de que sus ojos se resecaran con los nuevos lentes.

Wow —dijo Tom completamente asombrado por la nitidez con la que podía ver todo a su alrededor.

Sí… wow —agregó el pelinegro al contemplar la hermosa mirada  del rastudo a través del espejo.

¿Podré ejercitarme sin problemas?

Claro que sí, podrás jugar, saltar, incluso nadar sin problemas —comentó el cantante, siendo corroborado por el especialista allí presente, que dijo.

Espero que nunca vuelvas a usar estos —dijo el contactólogo sujetando sus viejas gafas negras—. Tienes una linda mirada.

Es lo que le decía yo —intervino el pelinegro, poniendo su mano en el hombro de Tom, sonriéndole con cariño.

Gracias Bill…

No hay de qué —sonrió el chico y para Tom esa sonrisa fue “sincera”. 

&    Continuará   &

¿Cuál será el siguiente cambio?, ¿podrán seguir llevándose bien?, ¿Hará algo Chantelle con su propia víctima?, ¿o Gustav le seguirá dando guerra? No se pierda la continuación.

Escritora del fandom

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