3: De Pactos y Sentimientos

Capítulo 3: De Pactos y Sentimientos

15 años —

Tom apretó los ojos con pesadez, el calor le provocaba estopor y se sentía extrañamente cómodo, al grado de no querer acabar con esa sensación, pero un movimiento a su lado, le alertó. Abrió los ojos, sólo para encontrarse con una melena de cabello azabache muy cerca de su rostro. Aspiró el aroma proveniente de él y lo recordó todo.

Bill… —susurró, atrayendo al cuerpo con sus brazos para poder besar su frente.

Mmm —gimió el menor, estirando su mano por sobre el pecho del rastudo, para luego bajarla y meterla bajo la enorme playera, que Tom aun vestía, y acariciar ahí… directamente sobre su caliente y deliciosa piel.

Buenos días —saludó Tom, sintiendo mariposas en su vientre.

Los mejores —contestó el pequeño, levantándose para mirar el rostro de su compañero de cabaña.

Estoy de acuerdo —alzó un poco el rostro, para besar ligeramente al moreno.

Debemos deshacernos de las chicas Tomi —susurró Bill, estirando el cuello para mirar a los cuerpos aun dormidos y desnudos de sus vecinas.

¿Cuánto dura el efecto de las drogas? —Preguntó el de rastas en tono sensual.

No lo sé… hasta hoy supongo —respondió con un ligero rubor en sus mejillas, había captado la insinuación del otro chico y sintió como la anticipación, mandaba señales a su miembro. Además la cercanía de sus cuerpos sólo ayudaba a aumentar su calor y excitación.

Un sonido en la otra cama, les alertó y optaron por separarse y ponerse al menos su ropa interior. Tom le dio un beso en la mejilla a Pixie, quien abrió los ojos con una sonrisa.

Niñas lindas —dijo en tono meloso—, la noche fue maravillosa, pero Bill y yo debemos empacar, y creo que ustedes también.

Aaahhh, eso es lo malo de la “reunión” —se estiró la rubia, abrazando el desnudo y descubierto cuerpo de su amiga—, es sólo una noche.

En cosa de minutos, las chicas se vistieron y salieron de allí, aun risueñas y sin sospechar lo que había ocurrido justo en la cama de junto.

Bill… —Tom abrazó al menor por la cintura, justo cuando se quitaba la playera para darse una ducha—. No te cambies aun —le pidió, lamiendo sensualmente el lóbulo de su oreja derecha, un punto débil que había descubierto la noche previa.

Mmmm Tomi no hagas eso…

¿Por qué? —volvió a lamerlo—. Anoche te gustaba…

Aaahhh Tomi —giró en el abrazo y coló de inmediato su lengua en la boca de Tom, moviéndose con agilidad, buscando y llenándolo—. Me calientas tanto.

Eso es lo que busco… —guió los pasos hacia la cama y volvieron a caer, enredados entre brazos y piernas, buscando contacto y placer.

Házmelo otra vez Tomi —pidió entre jadeos, tironeando sus propios bóxers, hasta quedar completamente descubierto.

Será un placer.

Bill yacía de espaldas en la cama, mientras todo su torso era bañado por besos de mariposa, haciéndole gemir y endurecerse aun más. Quiso quitarle la playera a Tom, logrando sacar la más grande, pero aquella que cubría sus brazos, quedó intacta. Sin embargo, aquello no importaba en esos momentos… y aunque esta mañana no había rastro alguno de alcohol en su sistema, su cuerpo se encendió por completo ante Tom, buscando más contacto con el otro, tratando de volver a ser uno, con esa unión que sólo los amantes pueden lograr.

¿Qué debo hacer? —Preguntó el mayor, al estar justo frente al cuerpo del moreno.

Dame tu mano —pidió Bill, la misma claridad mental de estar sobrio, le recordaba que debía prepararse o de lo contrario su trasero dolería un demonio más tarde. Lamió tres dedos del rastudo, empapándolos con sus fluidos en forma tan sensual, que Tom se estremecía de sólo verle—. Ponlos uno a uno en mí.

Asintiendo, Tom hizo como le pidió el moreno, aprovechando para besarle y acariciarle cuanto podía, mientras lo hacía.

Aahh —Bill gimió fuertemente, al sentir que su punto era tocado—. Bien… Tomi hazlo tú ahora, vamos… entra en mí —decía con la respiración agitada.

Eres tan erótico Bill —susurró el rastudo al verle moverse bajo su cuerpo de esa manera, completamente excitado ante sus ministraciones.

Sujetando su miembro, lo guió hasta la rosada entrada de Bill y empujó, apretando los ojos al ser recibido por el calor y la humedad de aquella cavidad.

Aahh Tomi… —gimió el menor al sentir como le llenaba por completo.

Tan único…

Muévete Tomi… —susurró el pelinegro, al sentir a Tom del todo dentro de él.

Embestida tras embestida, gemido tras gemido, ambos cuerpos sentían que el cielo estaba a sólo unos centímetros, y que la entrada al paraíso era justamente el rostro del otro, mostrándose lleno de placer.

Aahh Bill…

Hazlo Tomi… lléname de ti.

No necesitó más que eso, su semilla caliente inundó todo el interior del moreno, quien al sentirla se corrió sobre su vientre, sin siquiera tocarse.

Te quiero… —dijo mirando a Tom directamente a los ojos.

Lo sé —fue la respuesta del otro. Quien se acercó y juntó sus labios con suavidad—. Puedo sentirlo.

Se abrazaron en la cama, acompasando sus respiraciones, y aguardando a que sus corazones dejaran de latir en forma desbocada. Sólo entonces se miraron y sonrieron.

¿Te duele? —Preguntó el rastudo, tenía quince años y con las clases de sexualidad de la escuela, sabía que el sexo anal no era igual que el normal.

No… —Bill tomó su mano y entrelazó sus dedos—. He practicado —el ceño de Tom se apretó y se puso sobre él, molesto.

¿Por qué?

Quería estar listo para ti. Quería que lo disfrutaras —respondió el menor sin apartar la mirada, sin sentir ninguna clase de vergüenza.

No…

Te lo dije Tom, me gustas desde que te vi —alzó su rostro y le robó un beso al mayor—. Los que estuvieron antes de ti no importan. Sólo quería hacerlo bien para ti, tú eres lo importante.

Soy un hombre Bill, y tú tienes la marca en el brazo izquierdo, necesitas una mujer —dijo el rastudo, sintiendo que sus palabras le condenaban—. Eres un sembrador. Necesitas una mujer.

No me gustan las mujeres Tom, y cuando te encontré supe que la puta marca no tenía sentido para mí —respondió sin titubear—. Y si el clan me excluye por ello… a la mierda con todos.

Un beso lleno de pasión dejó a Bill casi sin aire, sus brazos apenas alcanzaron a sujetar a Tom, y al abrir los ojos sonrió.

Te quiero —repitió el menor seguro de sus palabras.

Si me quieres… no vuelvas a hacerlo —dijo Tom con total seriedad—. Con nadie más. Yo quiero ser el único que toque tu cuerpo.

Entonces ¿me aceptas?

Te acepto y te quiero —respondió el rastudo—. Con todo y marca.

¿Es un pacto?

Lo es. Para siempre. Si te veo con alguien… lo mataré como el animal que soy, sin piedad ni misericordia. ¿Está claro?

Estas palabras lejos de asustar al pelinegro, le indicaban que los sentimientos de Tom eran tan reales como los suyos. Asintió y volvió a besarle, sintiendo mariposas bailar en su vientre.

&

Dos meses después, el pelinegro entraba al edificio en que estaban las habitaciones de los alumnos internos de la escuela “Masónica Gabriel’s”, la más prestigiosa y costosa de Magdeburg.

Knight, tienes correspondencia —anunció una mujer regordeta que funcionaba como recepcionista de la pensión.

Gracias señora Weissman —sonrió el pelinegro, recibiendo un sobre sellado con una marca de cera con una gran “T” en ella. Con todo el estilo de una carta antigua.

Debe ser por la reunión anual de la juventud masónica, Bill —dijo ella, tratando de recibir una confirmación de sus sospechas. El pelinegro sabía que a ella le gustaba curiosear entre las cosas de los estudiantes y simplemente asintió.

Debe ser eso —dijo agitando la carta y prosiguiendo su camino hasta su cuarto.

Pero no alcanzó a llegar a la puerta, cuando su teléfono móvil sonó con un timbre muy familiar. Volvió a sonreír y lo contestó.

Geo “man”, ¿cómo estás? —contestó con su voz risueña. Peleando con la cerradura.

Apuesto a que ya la recibiste —fue lo que dijo la voz al otro lado de la línea.

También te quiero primo —le molestó el moreno.

¿La tienes? —Insistió Georg por el teléfono.

Sí hombre. Tengo quince, ya pasé una “reunión” y fui invitado —dijo con la voz desinteresada—, lo raro habría sido que No llegara.

Siiiiii, por fin primo, ya eres un hombre —le molestó el otro chico.

Tengo un pene desde que nací Geo, creo que eso es prueba suficiente de que soy un hombre —rebatió el pelinegro—. Además, sabes que odio todo esto.

¿Estás solo? —Preguntó el otro con la voz preocupada—. No puedes ir por ahí diciendo frases como esas, Bill, ya hablamos de eso —le regañó—. Si tu padre se entera…

Qué importa Geo —gruñó sentándose en la cama.

Importa Bill… claro que importa.

Lo peor sería… no sé ¿ser desheredado? —siguió bromeando el pelinegro.

Ya basta Bill… sabes que eso NO es lo peor.

Tranquilo primo —rodó los ojos y sonrió—. Lo único bueno de esta estupidez es que estás tú, no estaré solo en ese lugar lleno de chiflados.

Eso es cierto Bill. ¿Ya viste la fecha?

Ni siquiera la he abierto.

¿Y qué esperas?

Dame un segundo Geo —se acomodó el celular en el cuello, mientras rompía el sello del sobre y sacaba la impecable invitación llena de letras cursivas en tonos dorados—. “Con motivo de blah, blah, blah que será el día sábado 24 del mes en curso… ¿la próxima semana?

Siiiiii —Bill podía visualizar a su primo haciendo la danza de la victoria—. Sólo una semana y te veré para que me des los detalles de “esa persona” de la que tanto hablas…

No creo que te diga nada al respecto Geo, es algo personal.

¿No me dirás que… es tu “Mate”? —Preguntó con la voz llena de admiración. Casi nadie encontraba a su “Mate” en las primeras “Reuniones”.

Jajaja, nos veremos pronto Geo, adiós —y colgó la llamada.

El pelinegro se quedó mirando la pantalla de su celular, donde la imagen de su Tom sonriéndole, le animaba a continuar con esta locura.

Nadie puede saberlo Tomi… Estamos solos en esto.

Abrió el menú de mensajes y tecleó algunas cosas y con una sonrisa, lo envió.

&

Gustav arrugaba el ceño al sentir el aroma a sexo que emanaba de su compañero de clases. No podía evitar sentir pena por él, sabía de los problemas familiares que tenía, aunque él nunca mencionara nada al respecto.

Te dará VIH si sigues así de promiscuo Tom —le regañó, pasándole los apuntes de Inglés, la clase que se saltó por ir a follar con otra compañera.

Nah… soy inmune a esas tonterías —respondió el rastudo con sinceridad, pero su amigo continuó.

O peor que eso… terminarás dejando a alguna embarazada.

Ppuff nada de eso —agregó el chico, llevándose instintivamente la mano al brazo derecho.

A causa de la herencia Taurina, Tom y el resto del clan, sabía que tanto hombres como mujeres no concebían hijos fuera de su familia. Esa era la importancia de encontrar a tu “Mate”, sólo con esa persona, podrías reproducirte y mantener la “pureza de sangre” de la manada. Además este tema alentaba la promiscuidad entre ellos en cada “reunión”. Sin contar con el enorme mérito de no contagiarte de enfermedades de transmisión sexual.

Tom, en serio, esto no es bueno para ti.

¿Que no es bueno? —dijo sarcásticamente el rastudo—, el sexo es buenísimo Gus, lo mejor para quitar el estrés.

Me refiero a que no es sano enfrentarte a tu padre de esta manera Tom —el rubio le miró con seriedad, advirtiendo como cada músculo de su amigo se tensaba.

Me llamó marica delante de todos Gus —gruñó el rastudo, apretando los dientes, había pocos alumnos en la sala, pero ese tema era algo muy privado y vergonzoso—. Le tengo que demostrar que no lo soy, tanto a él, como a todos los que le oyeron.

En esos momentos su celular vibró y para cambiar el tema, leyó el mensaje que aparecía “Te extraño demasiado” Billa.

Sin poder evitarlo sonrió genuinamente y Gus se percató de ello. Amistosamente, le quitó el teléfono y leyó el mensaje.

¿Quién es Billa?

La persona más hermosa de este planeta —sonrió bobamente el rastudo. Había sido una excelente idea utilizar ese nombre, así ambos se protegían de cualquier espía del clan.

El rubio sintió un escalofrío en su espalda, cuando vio un reflejo rojo en los ojos de su compañero. Pensando que era un brillo extraño causado por sus propias gafas, sacudió la cabeza y golpeó juguetonamente el hombro de Tom.

Estás enamorado.

Tal vez.

&

El día de la reunión masónica había llegado y un hiperactivo pelinegro aguardaba impaciente el vehículo de su primo.

¡Maldición Geo! —Gruñó al ver el deportivo aparecer por la esquina.

Hey Bill —saludó el castaño al estacionarse.

¡TARDE! —Gritó a todo pulmón.

Lo sé, había tráfico.

Tráfico que huele a sexo. ¡Idiota! —volvió a gruñir, ajustándose el cinturón.

No pude resistirme a esa rubia preciosa.

Más bien ella no se pudo resistir a ti, Geo, así es como funciona —le molestó el pelinegro, retocando el gloss transparente de sus labios.

¿Qué hay de ti, primo?, ¿algún buen polvo de camino?

No soy como tú Geo —se defendió el chico—, además… no tengo ganas.

¡¿Qué no tienes ganas?! —Se sorprendió el castaño—. Si el año pasado parecías conejo, follando a diestra y siniestra, tanto con nenas como con hombres, que asco.

¡Idiota! —le golpeó el hombro.

No hagas eso mientras conduzco.

Date prisa, no quiero llegar tarde y causar mala impresión. Suficiente tengo con mi padre —gruñó el pelinegro, silenciando su celular y revisando una vez más la hora.

Unos minutos más tarde, el deportivo se detuvo en las afueras de un edificio inmenso, decorado con una hermosa tela roja en el frontis. Bajaron y entregaron las llaves al valet parking. Caminaron a paso firme hacia el interior, saludando con la cabeza a los recepcionistas y tomaron su ubicación en el sector asignado a su familia.

&

La charla “absurda” para el menor, terminó pronto, dejando a los jóvenes con algunas horas libres para poder divertirse.

¿Qué quieres hacer? —Preguntó el castaño, arrancando el vehículo.

Vamos a comer y luego de regreso, estoy agotado.

¿Qué? —Preguntó Geo, asombrado por el cambio de su primo.

Estoy cansado.

Nunca estabas cansado para salir a divertirte conmigo, primo —le molestó el mayor—. Vamos, cuéntame qué pasó en la “reunión” pasada. ¿Encontraste a tu “Mate”?

No… —suspiró, recordando el delicioso aroma de Tom al despertar, y la sensación de sus rastas sobre su piel desnuda.

No te creo nada.

El celular del pelinegro vibró y con rapidez lo cogió al leer el nombre en la pantalla.

Hola… —tuvo que evitar mencionar su nombre, pues Geo estaba oyéndole.

La charla entre Bill y Tom se prolongó por unos instantes. Georg escuchaba las risas de su primo y se alegró por él, seguramente era alguien especial, cuando un semáforo le mostró luz roja, se detuvo y miró a su acompañante.

¡¿Qué es eso…?! —Susurró sintiendo que todo su cuerpo se paralizaba. Una luz rojiza rodeaba la figura del pelinegro, sin que éste pareciera notarla.

El sonido del claxon del vehículo a sus espaldas le hizo despertar y ver que la luz del semáforo había vuelto a cambiar y debía moverse. Bill le golpeó el brazo para que pusiera atención, pero el castaño sentía un sudor frío recorrerle la espalda. Finalmente se detuvo a penas tuvo la oportunidad.

Geo… ¿qué tienes? —Preguntó, al ver la palidez de su primo.

Tú…

Te llamo pronto, cuídate, bye bye —colgó la llamada con una sonrisa, que luego se volvió una mueca de preocupación—. ¿Qué? ¿Te sientes mal?

¿Con quién hablabas? —Contraatacó el castaño.

¿Eh?

Estabas raro… acaso… ¿era tu “Mate”?

Claro que no —Bill sabía que Tom no podría ser su “Mate” aunque lo deseara, eran hombres, y él mismo tenía la marca del sembrador, necesitaba una mujer para ello.

Pero tú… estabas no sé… brillando.

¿Qué?, ¿de qué demonios estás hablando Geo?, ¿cómo voy a brillar?

No lo sé… ¿has visto Dragon Ball? —Preguntó el castaño, tratando de explicar su visión.

No digas tonterías Geo, no veo animación y tú tampoco deberías hacerlo, te lavará el cerebro y terminaras siendo un nerd, o peor aún, terminarás leyendo historias Yaoi —se burló el pelinegro (aunque a mí me encantan jejeje)

Hablo en serio Bill, brillabas, como Gokú, era como tu aura… era roja, lo juro.

El pelinegro le tocó la frente y arrugó el ceño—. Creo que debemos volver, el sexo te está trastornando.

&

Al llegar a casa de los Lancaster, Bill no alcanzó a bajar del deportivo, cuando fue embestido en un abrazo por una chica alta de cabello largo y negro.

Bill, te estaba esperando, vamos a mi casa —dijo ella con descaro, atrapando los labios del pelinegro, quien de inmediato se soltó.

Ana, no…

¿Qué? Estoy sola en casa, vamos, no te arrepentirás… eso ya lo sabes —dijo ella, llevando la mano del chico hasta uno de sus senos—. Sé que te encanta.

No linda, ya no más…

¿Qué? ¿Por qué?

Estoy enamorado —concluyó y cogiendo su bolso, entró en la casa, dejando tanto a Ana como a Georg con la boca abierta.

&

Aburrido de tanta plática Taurina, Bill salió para poder fumar un cigarrillo al aire libre. Vistiendo sus ajustado jeans negros, y una delgada playera también negra, caminó tranquilamente sin darse cuenta de lo alejado que estaba.

Cuando un brazo fuerte le cogió y prácticamente le arrastró hacia un callejón desolado. El pelinegro abrió grandemente los ojos y enfrentó al tipo.

¡Qué demonios! —Le gritó.

Acaso no eres una nena —gruñó el hombre al escuchar su voz varonil pero lamiéndose los labios con malas intenciones.

Una nena sin tetas y con un enorme pene ¡Idiota! —Le gritó, sólo logrando enfurecer a su atacante.

Con que eres un marica —Le dio una bofetada, que le hizo sangrar el labio—. Te daré una lección por andar con esas ropas provocativas.

¡Y una mierda!

En esos instantes, el vehículo de Georg se estacionó cerca de allí, cuando divisó la figura del pelinegro. Preocupados por el bienestar de su pariente, los padres del castaño le enviaron a buscar al chico y traerlo de regreso a casa.

Geo caminó hacia el lugar en que vio a su primo por última vez, notando que el sector era peligroso y carente de luminosidad. Escuchó la voz molesta del pelinegro y sonrió. Era típico que le confundieran con una chica y le intentaran ligar.

¡Y una mierda! —Oyó y se asomó para socorrerle. Pero se quedó nuevamente petrificado al ver el aura roja rodear a su primo—. La lección te la daré yo, idiota.

Era demasiado extraño ver a un joven delgado y bajo de estatura sujetar a semejante mastodonte y propinarle un golpe tan grande que le dejara sin aire y le hiciera caer al suelo casi knock out, sin embargo, Georg era un Taurino también y había escuchado los rumores de la fuerza animal que recibías cuando estabas en situaciones límites, pensó que tal vez por eso, Bill estaba rodeado de esa aura tan poderosa, que te hacía estremecer de temor.

Así que pensabas violarme ¡Maldito idiota!

Georg se horrorizó al comprender las intenciones salvajes que habían surgido en su inocente primo. Cuando el sonido de su bragueta se oyó, cerró los ojos y se alejó de allí.

Veremos qué te parece una dosis de tu propia medicina —se escuchó la voz maliciosa de Bill.

El castaño no vio nada más, pero los sonidos de dolor y las súplicas del otro hombre al ser brutalmente ultrajado, le hicieron apretar los puños y desear no haber sido testigo de este hecho.

Regresó al auto caminando casi como un zombie, temeroso. ¿Acaso a él le ocurriría lo mismo cuando encontrara a su “Mate”?, ¿terminaría portándose como un animal, tal como había ocurrido con Bill? Sacudió la cabeza. De pronto pertenecer a los Taurinos, no era tan atractivo como lo pintaba su familia.

Continuará…

¿Qué le ocurrió realmente a Bill?, ¿era realmente el poder del toro lo que le impulsó a actuar así?, ¿qué pasará cuando se vuelva a encontrar con Tom?, ¿se enterará de que el rastudo lleva la marca en el otro brazo? No se pierdan la continuación.

Escritora del fandom

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