4: En la noche

Saludos, gente bella, ya hemos llegado al final. Me he puesto muy contenta al ver los muchos comentarios de esta historia. Parece que a todos les gustó Giotto, salvo a Ady y a las chicas del #TeamTom forever jajajaja. Pero en fin, en mi humilde opinión, este es un final feliz, pero mejor espero a que lean y saquen sus propias conclusiones. Estaré feliz de leer y responder los comentarios. MUAK.

Irreplaceable” Fic Twc/Toll de MizukyChan

Capítulo 4: En la noche

Bill y Giotto se retiraron saludando con la cabeza, a cuanta persona se les cruzó por el camino, pero no se detuvieron a conversar con ninguna. Tal como mencionó el italiano, Bill se hallaba vulnerable y, por primera vez en la vida, Bill sólo deseaba obedecer y sentirse a salvo.

Al salir, Giotto pidió al parking las llaves de su coche y en cosa de minutos, ambos iban en dirección del hotel de Bill.

¿Te sientes mejor? —Preguntó el hombre, dando una mirada de lado al rubio.

Bill asintió y fingió una sonrisa. Giotto arrugó el ceño y sacó una mano el volante para tomar la de Bill—. No tienes que mentirme, tampoco es necesario que pretendas ser fuerte.

Pero tú mismo lo has dicho, estoy vulnerable y no quiero decir, ni hacer cosas de las que me arrepienta por la mañana.

Hey —Giotto, giró por una calle menos transitada y apagó el motor—. Bill, mírame —el rubio obedeció—. No vengo aquí para intentar aprovecharme de ti.

No es como si fuera una joven de quince años, ¿sabes?

En tu estado emocional, es mucho peor que eso, créeme —respondió el hombre, acariciando la mejilla del cantante.

Pero…

Estoy aquí en calidad del doble de Tom —sonrió—. Pero el que no te hace llorar.

Bill quiso reír, pero en realidad sus ojos se llenaron de lágrimas, que combatió para no dejarlas caer. Giotto simplemente guardó silencio y lo abrazó, repitiendo la acción de acariciarlo con la barba, para confortarlo, como supuso que el verdadero Tom haría. Sintió como Bill se relajaba en sus brazos y se separó un poco.

¿Continuamos?

Bill asintió—. Ya casi llegamos, o al menos eso creo.

Nada que el GPS no pueda solucionar. No te preocupes.

Continuaron la marcha y, efectivamente, sólo tardaron quince minutos más en llegar. Estacionaron y Giotto bajó con Bill, pero lo detuvo, sujetándolo por un brazo—. Espera.

¿Qué ocurre? —Preguntó Bill, notando que buscaba algo en sus bolsillos.

Esto —dijo, sacando un elástico para amarrarse el pelo en su chongo elevado—. Sé que te sientes más cómodo cuando tengo el cabello recogido.

Yo… —Bill cerró los ojos y pensó que sería muy fácil pretender que estaba con Tom, acostarse con este hombre quizás le quitaría la ira que lo llenaba cada vez que pensaba en Ibiza—. Gracias —dijo y dio un paso al frente, siendo recibido por los brazos del italiano.

Caminaron en silencio, hasta llegar al ascensor—. ¿Quieres tomar una copa? —Preguntó el rubio, presionando el número de su piso.

Okey —respondió Giotto, mirando de reojo el nerviosismo en el cantante. Se notaba que no era por ser inexperto en relacionarse con otras personas, ni social, ni sexualmente, era otra cosa, probablemente Tom estaba en su cabeza.

La puerta de la habitación se abrió y la luz se encendió. Tom Kaulitz estaba a punto de gritar “sorpresa”, pero el sorprendido fue él, al ver que alguien acompañaba a Bill. Guardó silencio y se quedó al costado de la cama, oculto de los recién llegados.

Gracias por la compañía, Giotto —dijo Bill, dejando su cartera en una mesita.

Bill, ven acá —el hombre envolvió al rubio en sus brazos y lo acarició con su cara barbada, para luego dejar un beso en su frente—. ¿De verdad quieres que me quede?

Para sorpresa del mismo Bill, negó con la cabeza—. Lo he pasado muy bien contigo. Me he sentido como un tonto y un sabio a la vez, pero necesito estar solo. Aclarar muchas cosas en mi mente y además…

No es el momento —Giotto terminó la frase por él.

Lamento si te pareció que…

No —lo interrumpió—. Recuerda que te dije que hoy estaría aquí como el Tom que no te hace llorar —lo volvió a abrazar y salió por la puerta—. Nos vemos en algún desfile.

Adiós —Bill agitó la mano y cerró la puerta.

Giotto caminó despacio hasta el ascensor y se quedó allí, mirando las elegantes puertas. Su mente corría deprisa, debatiendo entre pulsar la techa y salir para siempre de la vida de ese hombre con cara de niño que pedía a gritos guía en su vida, o regresar sobre sus pasos y besarlo hasta dejarlo sin aliento. Levantó la mano y la empuñó, sin presionar el botón.

Suspiró y negó con la cabeza. “No te enamoraste de mi, sino de ti cuando estás conmigo”. A quién quería engañar, esas pocas horas que había pasado con Bill le habían hecho sentirse muy bien, le gustaba analizar a Bill, le gustaba contarle cosas y descubrir, a través de sus expresiones, que tenía razón. Probablemente Bill era un chico que había sido separado de su núcleo familiar, ya le había dicho que su madre no era muy comprometida y que su padre lo había abandonado, al único al que tenía era Tom, por tanto siempre se había visto aprendiendo a la fuerza. Seguramente esa sonrisa rígida que mostraba en las diferentes fotografías, eran producto de ese aprendizaje.

Giró el rostro al corredor que llevaba a la habitación de Bill y sintió un nudo en la garganta, le gustaba esa sensación que dejaba Bill en su vida, esas ganas de ayudarlo, de mimarlo y, a la vez, de dejarlo tranquilo.

Finalmente oprimió el botón y las puertas del elevador se abrieron. Él quería ser el Tom que no hiciera llorar a Bill, sin embargo, Tom era su familia y Bill jamás podría llegar a amarlo como pareja, porque Tom era su hermano.

Soy un idiota —dijo en un susurró y se sonrió a sí mismo en el espejo.

Le había gustado conversar con el rubio, le había gustado sentirse vivo hablando con él, pero no era egoísta, y si enamoraba a Bill lo haría llorar por otra razón, le haría sentir culpa por amar a alguien que se parece a su hermano, a Tom a quien ama con la mayor de las purezas. Giotto creía en muchas cosas, pero no creía en la culpa, para él, ese era el sentimiento más horrible del ser humano y jamás en la vida, haría que Bill se sintiera así.

Estoy haciendo lo correcto —susurró muy bajito. Y con ese pensamiento, bajó del ascensor y salió del hotel.

&

Entre tanto, en la habitación del cantante, Bill tenía la mano en la puerta que acaba de cerrar y una extraña sensación vibró en su pecho. Se quedó quieto intentando descifrarla, pero no fue necesario, pues una voz lo hizo saltar.

¿El Tom que no te hace llorar? —El cantante fijó los ojos en la figura que salía de la parte más alejada de la habitación.

¿Tom?

¿Quién más? —Extendió los brazos y Bill corrió a ellos sin dudar. Se aferraron en un abrazo apretado y tierno—. ¿Has llorado?

No, cómo crees —respondió el rubio, con la voz amortiguada.

Tom hundió la cara en el cuello de Bill y olisqueó su perfume, para pasar la lengua por la línea del pulso, sintiendo como se aceleraba con su contacto—. ¿Él estaba fingiendo que era yo?

Sí, Giotto ha sido muy tierno conmigo.

Pero lo estaba haciendo mal.

Lo sé, pero no podía decirle lo que tú haces —se defendió el cantante, sonriendo en el abrazo—. No podía decirle lo que me gusta que me hagas. No podía darle pistas.

Buen chico —volvió a besar el punto del pulso y se balanceó para disfrutar más del cuerpo contrario, sin despegarse del abrazo—. Eso lo he averiguado a lo largo de muchos años.

Sí —Bill exhaló audiblemente, casi como gimiendo.

Que gusto verte, Bibi.

¿Qué haces aquí? —Preguntó Bill, sin alterarse, ni elevar la voz—. Se supone que nos veríamos después de esta semana.

Digamos que me habló la voz de la conciencia —No podía decir que había sentido celos al ver lo guapo que era Giotto. Bill se separó para verlo a los ojos y alzó una ceja, sabía cuando Tom mentía, así que el mayor confesó—. Te extrañaba un demonio —sonrió—. Se supone que te vería antes de esta estúpida Fashion Week, pero mi condenado avión se retrasó y al final terminé estancado en Berlín sin ti, lo sabes, te lo he dicho muchas veces por teléfono.

Pero estaba tan angustiado y tú no parecías estarlo… —contestó Bill, arrugando el ceño.

Bibi —dijo Tom, robándole un piquito—. No te preguntaste si tal vez ¿esa angustia no era tuya, sino mía?

Tomi —gimió Bill y lo apretó en un abrazo.

Déjame respirar y bésame —pidió el barbudo.

Bill no se hizo de rogar, separándose lo suficiente, buscó los labios de su hermano y se fundieron en un beso largo, húmedo y apasionado, que los dejó a ambos sin aliento.

¿Tom, Giotto es?

No necesitas decirme nada, lo vi con mis propios ojos —respondió Tom y volvió a besarlo con ganas.

Fue muy dulce conmigo.

No tanto como soy yo —agregó, guiando a Bill a la cama, para descender sobre él, besando y mordiendo cada pedazo de piel que pudo encontrar.

Sus respiraciones aumentaron de intensidad y, pronto, la habitación se llenó de gemidos de placer, hasta que la pareja expresó todo su sentir a través del acto de entrega más conocido en el universo.

Después del clímax, Tom se movió en la cama, bajando para quedar a la altura del pecho de Bill y se aferró a él, escuchando el latir desbocado de su corazón volviendo poco a poco a la normalidad—. Dios, como te extrañé.

Lo sé, lo sé —respondió Bill, abrazando su cabeza y dejando pequeños besos en su cabello.

Nadie me hace sentir de esta forma.

Lo sé.

Quisiera no tener que estar con nadie más, Bill.

Lo sé.

¿Por qué seguimos con esto?

Eso… ya no lo sé. Todo estaba muy claro al principio, pero ahora…

Bill, no quiero que existan otros Tom’s en tu vida. Ni tus amigos, ni tu carrera, Giotto, ni siquiera tus fans, Bill. Te quiero sólo para mí.

El cantante sintió el nudo en la garganta, el mismo que había venido sintiendo estos días lejos de su gemelo y reconoció la angustia de Tom ahí. Recodó las palabras de Giotto y ya no quiso ser egoísta.

Pararemos esto, lo prometo.

Debes hacerlo, Bill. Ya no soporto más esta separación absurda.

Ni yo, Tomi. Ni yo.

Ven acá —dijo y lo volvió a besar, mordiendo un poco su labio, para mostrale al menor lo mucho que lo deseaba, que añoraba tenerlo sólo para él—. Al menos tendremos esta noche.

Sí, al menos seremos sólo los dos esta noche.

& FIN &

La verdad es que no es un fin, porque la vida de los gemelos continúa y siempre habrá imágenes, comentarios y cosas que nos harán crear más fanfics con su vida, aunque para nosotros los escritores es sólo una idea, un “suponer”, porque no tenemos la fuente perfecta que nos relate lo que efectivamente sucede en sus vidas. Muchas gracias por estar aquí y por comentar.

Escritora del fandom

1 Comment

  1. Cómo quisiera que toll fuera real. Despues de lo que dijo Tom sobre que ellos tenían todo lo que se busca en una pareja menos el sexo, me emocioné un montón, pero ahora está pasando todo lo de Heidy y pues me rompen la fantasía. Y enserio, si no fuera por fics como este, creo que ya no estaría tan ingresada en la banda

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